Angelo Musco. E. A. Berta ha hecho traducir para Angelo Musco de la lengua literaria al dialecto siciliano una comedia inédita. El homenaje no es de los más significativos dada la manía teatral del escritor que trabaja (!) hasta para marionetas, pero tiene sin embargo su valor. Angelo Musco es ya alguien en la historia del teatro italiano y ha logrado imponer el teatro dialectal de su región.

Cincuenta años de vida unitaria han sido en gran parte dedicados por nuestros políticos a crear la apariencia de una uniformidad italiana: las regiones deberían haber desaparecido en la nación, los dialectos en la lengua literaria. Sicilia es la región que más activamente ha resistido esta manumisión de la historia y de la libertad, Sicilia ha demostrado en numerosas ocasiones vivir una vida de carácter nacional propia más que regional. Cuando se escriba la historia del Risorgimento y de los últimos sesenta años teniendo como objetivos la verdad y la exactitud más que el deseo de suscitar artificialmente estados de ánimo arbitrarios, que la voluntad de hacer creer que existe lo que sólo se desearía que existiese, muchos episodios de la historia interna aparecerán bajo otra luz, y la causa de la efectiva unidad italiana (en cuanto es necesidad económica real) saldrá beneficiada. La verdad es que Sicilia conserva su independencia espiritual que se revela más espontánea y fuerte que nunca en el teatro. Se ha convertido en gran parte del teatro nacional, ha adquirido una popularidad en el septentrión y en el centro que denota la vitalidad y el apego a un hábito difundido y fuertemente arraigado. Es vida, es realidad, es lenguaje que recoge todos los aspectos de la actividad social, que pone en relieve un carácter en todo su multiforme expresión, lo esculpe dramática o cómicamente. Tendrá un notable influjo en el teatro literario; servirá para agilizarlo, contribuirá, con la virtud eficaz del ejemplo, a hacer decaer esta producción provisoria del no ingenio italiano, producción de hombres togados, falsa, pretenciosa, carente de todo estremecimiento de búsqueda, de toda posibilidad de mejoría.

Luigi Pirandello, Nino Martoglio especialmente, han dado al teatro siciliano comedias que tienen un carácter de vitalidad. Pero en verdad su fortuna se debe en gran parte a Angelo Musco. Actor por instinto, se presenta con todas las desigualdades y la impulsividad de un hombre rico de vida interior, que en cada interpretación irrumpe salvajemente en manifestaciones de una plasticidad sorprendente. Es vida ingenua, sincera, que encuentra en el movimiento plástico la expresión más adecuada. El teatro retorna a sus fuentes originarias: el actor es verdaderamente intérprete recreador de la obra de arte; ésta se confunde con su espíritu, se descompone en sus elementos primordiales y se recompone en una síntesis de movimientos, de danza, elemental, de expresión plástica; pierde su literatura verbal y vuelve a ser vida física, vida de expresión integral: todo el cuerpo se convierte en lengua, todo el cuerpo habla. Ciertamente, el ser dialectal, el adaptarse a las manifestaciones humanas más próxima a la originalidad humana, dan este carácter específico al teatro siciliano, dan todas estas posibilidades expresivas a Angelo Musco. Pero es la acostumbrada cuestión del huevo y la gallina: Musco tiene el teatro que se merece sólo porque se lo merece, porque lo comprende, lo revive. Y su mérito no es en realidad siempre igual: comete a veces el error de forzar interpretaciones imposibles porque la obra está vacía de toda expresividad. Pero se torna grande cuando el autor da al menos un tema artístico que ofrezca posibilidades de continuación, de integración. Basta recordar a Angelo Musco en Liolà de Luigi Pirandello, una de las más bellas comedias modernas que la torpe crítica seudo moralizadora ha hecho retirar casi del todo del repertorio.

(Marzo 29 de 1918)

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