"Silvestre Bonnard" de Anatole Frunce en el Carignano. Silvestre Bonnard, puesto en escena no es más el Silvestre Bonnard de Anatole France. Lo concreto de su personalidad no resiste la adaptación de la novela en comedia. Su vida está en la palabra, es cerebración de toda la realidad y se disuelve en la escena o se colora de elementos extraños, que chocan con los originarios, dando lugar a una acción escénica a veces trivialísima, privada como está de toda espiritualidad, pura máquina teatral que se arrastra a ras de tierra. Bonnard, como Bergeret, como otras creaciones de France, son concebidas líricamente, antes que dramáticamente. Son momentos polémicos del espíritu del autor, más que desinteresadas fantasías artísticas. Tienen algo de Sócrates en los diálogos platónicos y son artísticamente definidos, no pueden ser trasladados a otro clima distinto al que, quizás arbitrariamente, haya fijado el autor; en ese arbitrio está su única razón de ser, ese arbitrio es su justificación.

En la comedia Silvestre Bonnard se convierte en un personaje de novela popular, un mimoso protector de los huérfanos y de los pupilos. La ironía corrosiva esparcida en la novela se disipa en la escena: Bonnard se aproxima al papá Martín del repertorio de Ermete Novelli y pierde casi del todo a Anatole France. La comedia se ha sostenido a pesar de algunos incidentes, gracias especialmente a la interpretación que ha compuesto Ruggero Ruggeri del protagonista.

(Noviembre 8 de 1917).

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