"La maschera e il volto" [La máscara y el rostro] de Chiarelli, en el Carignano. La máscara: el complejo de gestos exteriores que los hombres asumen bajo el estímulo de la realidad social que los circunda. La máscara es la pátina superficial de las costumbres, de la moda, de lo snob, el precipitado de todas las reacciones entre la vida individual y la vida colectiva, entre la vida de un individuo y la vida de esa determinada categoría social en la cual el individuo tiene las raíces de su particular existencia. ¿Quién logra arrancar del propio rostro esa máscara, quién logra vivir no según las ignoradas violencias de la convención social, sino únicamente según los dictados del propio yo más profundo, de la sinceridad que pese a todo existe en el fondo de la conciencia de cada individuo? Los tres actos de Luigi Chiarelli representan justamente la historia de uno de estos individuos, las aventuras tragicómicas, las experiencias interiores y exteriores de uno de estos individuos. Las representan de un modo curioso, deformándolas, exasperándolas, exteriorizándolas con muchas palabras, con muchos detalles, con mucha convención, pero logrando alcanzar efectos de representación, logrando fundir en un complejo agradable y espiritual muchas banalidades, muchos lugares comunes, muchas afirmaciones del sentido común más común.

El autor ha construido voluntariamente la máquina convencional que rige los tres actos; él no esconde la voluntad de lo convencional, no tiende trampas al público, su labor es como una campana de cristal y deja transparentar su rostro que sonríe maliciosamente sin la máscara de la falsa seriedad dramática y artística. Su obra es, por lo tanto, obra de sinceridad y tiene un gran valor para la educación estética del público, para corregir el gusto del público apocado y ramplón por la falsa grandeza y el artificio hábilmente escondido en el teatro corriente. La historia es ésta. El conde Paolo Grazia descubre que su mujer lo engaña, sorprende el flagrante adulterio de su mujer cuando su casa está llena de huéspedes y todos los ojos de la sociedad están fijos en él. El conde Paolo es colocado como el tipo que asume la máscara social del marido; todos conocen lo que piensa sobre cómo debe comportarse un marido con la mujer adúltera: matarla, el autor le ha hecho repetir hasta la saciedad sus ideas al respecto. Sin embargo el marido no mata; el rostro comienza a aparecer pero la máscara está todavía demasiado pegada a la piel.

La mujer parte, desaparece y el conde simula haberla matado, haberla precipitado al lago. Se constituye preso, es absuelto; el abogado que lo defiende es el amante de su mujer. De retorno a su casa recibe el homenaje de todas las mujeres, se convierte en el ídolo ridículo del gran mundo. La máscara se desgarra del todo, debería haber servido para evitar el ridículo, se convierte en la fuerza de atracción de otro ridículo, peor para quien más siente, para quien es más refinadamente él mismo. Pero el juego debe continuar: un cadáver de mujer se ha encontrado en el lago: deberá reconocer a su mujer, deberá preparar el funeral. La mujer viva regresa a él en ese instante y mientras el funeral se desarrolla, un nuevo idilio comienza, esta vez entre dos sin máscara, entre dos que han sufrido a través de la experiencia del propio dolor el bautismo saludable de la pátina convencional que la sociedad unta sobre las conciencias. Y el conde debe huir al exterior, para no ser condenado por las leyes que han absuelto al asesino pero que castigarían al simulador de crimen. En los tres actos actúan otras máscaras características, maridos filósofos, mujeres adúlteras, los acostumbrados personajes de comedia, todos adaptados al grotesco central, a la representación deformada de la vida habitual del teatro de costumbres, vueltos vivientes por la voluntad constructiva del autor que con mucha habilidad y mucha flexibilidad de ingenio los compone de agradable modo.

La comedia ha tenido un éxito discreto. Se repite. La compañía Talli dio una interpretación muy esmerada y eficacísima: actores principales Betrone, la Melato, Gandusio y Paoli.

(Abril 11 de 1917)

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