"'Non amarmi cosí" [No me ames así!] de Fraccaroli, en el Carignano. Los hombres de espíritu son una parte muy importante de la vida social moderna y son muy populares. Ellos sustituyen a la verdad un chiste que hace reír, a la seriedad un chiste que hace reír, a la profundidad un chiste que hace reír. El ideal de su vida espiritual es el salón elegante, la conversación fatua y brillante del salón, el aplauso discreto y la sonrisa velada de los frecuentadores de salones. Reducen toda su vida al nivel de la mediocridad espiritual de la vida de salón, muchas palabras, amable escepticismo, con alguna ligera rociada de sentimentalismo melancólico. El hombre espiritual se ha vuelto aún más importante a través de la última encarnación que han sufrido los salones, es decir en las redacciones de los diarios burgueses. El hombre espiritual ha agrandado así el círculo de su auditorio y ha vuelto espiritual todo: la política, la guerra, el dolor, la vida y la muerte, obteniendo muchos aplausos y ganando muchas monedas. Arnaldo Fraccaroli que es uno de los hombres espirituales mejor cotizados ha ofrecido en su última comedia "'Non amarmi cosí!", un brillantísimo ejemplo de cómo el hombre espiritual para el alegre solaz de sus clientes, disminuye las cosas serias.

El tema genérico es éste una mujer, ante la revelación de que su marido no la comprende, estalla en una rebelión, se repliega sobre sí misma, profundiza su propio yo interior. Un genio dramático, Ibsen, habría dado a este drama la sugestión definitiva de su fantasía poética, pero Ibsen no era un hombre espiritual, era un artista, que vivía profundamente la vida de sus criaturas; por lo que no tuvo fortuna en los salones ni en los teatros que son su magnificación empeorada. Arnaldo Fraccaroli ha corregido a Ibsen, lo ha vuelto placentero y amable; lo ha latinizado. Margarita de Fraccaroli, es más fácil de comprender que Nora; las causas del choque entre marido y mujer están en Fraccaroli al alcance de todos los espíritus empolvados. Margarita ama mal a su marido, es la muñeca cansadora porque ama demasiado, porque besuquea demasiado, porque nunca deja solo a Luciano, porque, y esto es el colmo de la paradoja profundísima, hace demasiado fácil la vida de Luciano, afilándole las plumas, haciéndole encontrar siempre en su lugar y en el momento más oportuno el paraguas, el sobretodo y las galochas. Luciano dice que Margarita es aburrida y el drama se precipita. Margarita no deja la casa conyugal. El hombre de espíritu encuentra que esta solución sería una exageración y los salones aborrecen las exageraciones. Margarita es una complicada alma moderna (con desarrollo de alegre final). Se deja hacer la corte por un imbécil pero no para hacer celar al marido, no por nada es un alma complicada. La corte del imbécil sirve para enmascarar a otro fingido amante, cuya personalidad, a través de estas amables complicaciones, permanece inmersa en el oscuro fondo, en el misterio. Y es esta oscuridad, este misterio, que conduce al alegre final, a la reaproximación de las dos almas; tras ellas queda el fondo del misterio; la amenaza inmanente de un nuevo drama a soldar de nuevo, para hacerlos volver prudentes. " ¡Maridos, no juguéis con las armas cargadas!", es la profunda verdad que Fraccaroli instila en el alma y la conciencia de sus auditores y la vía es facilitada por un lubricante infalible: la divina melancolía, con los cirrus sobre el horizonte y el pálido rayo de sol que ilumina y emblanquece los semblantes de los héroes.

El hombre de espíritu ha alcanzado su objetivo. Ha encontrado en el Carignano el salón de imbéciles mejor dispuestos a comprenderlo y a aplaudirlo. El hombre de espíritu es siempre un hombre afortunado. También lo es si su espíritu ha pasado por todos los filtros de papel de las revistas internacionales y ha conservado todos los hedores y sus mohos: de los filtros de Ibsen a los de Pierre Wolf y de sus Marionette.

(Abril 5 de 1917)

www.gramsci.org.ar