"Liolà" de Pirandello, en el Alfieri. Los tres actos nuevos de Pirandello en el Alfieri no han tenido éxito. No han tenido al menos el éxito necesario para que una comedia se vuelva rentable. Pero Liolà es, sin embargo, una bella comedia, tal vez la mejor de las comedias que el teatro dialectal siciliano haya logrado crear. La falta de éxito del tercer acto, que ha determinado el retiro momentáneo de la obra, se debe a razones extrínsecas: Liolà no termina, según los esquemas tradicionales, con una buena cuchillada o con un matrimonio y por ello no ha sido recibida con entusiasmo; pero no podía terminar sino como lo hace y por lo tanto terminará por imponerse. Liolà es el producto mejor de la energía literaria de Luigi Pirandello. En ella Pirandello ha conseguido despojarse de sus hábitos retóricos. Pirandello es un humorista por determinación, lo que quiere decir que demasiado a menudo la primera intuición de sus obras llega a sumergirse en un pantano retórico de moralidad inconscientemente predicatoria y de mucha verbosidad inútil También Liolà ha pasado por este estadio y entonces se llamaba Mattia Pascal y era el protagonista de una larga novela irónica intitulada justamente: Il fu Mattia Pascal, publicada hacia 1906 en "La Nuova Antologia" y reimpreso por Trèves. Enseguida Pirandello ha vuelto a pensar en su creación y de ahí ha surgido Liolà; la trama permanece la misma pero el fantasma artístico ha sido totalmente renovado; se ha vuelto homogéneo y se ha convertido en pura representación, libre totalmente de ese bagaje moralizante y astutamente humorístico que le daba su razón de ser. Liolá es una farsa pero en el mejor sentido de la palabra, una farsa que se liga a los dramas satíricos de la Grecia antigua y que tiene en el arte figurativo vascular del mundo helénico, su correspondiente pictórico. Es de pensar que el arte dialectal, tal como se expresa en estos tres actos de Pirandello, se enlaza con la antigua tradición artística popular de la Magna Grecia, con sus coqueteos, con sus idilios pastorales, con su vida de campo, llena de furor dionisiaco, de lo cual tanto ha quedado todavía en la tradición campesina de la Sicilia, de hoy, allí donde esa tradición se ha conservado más viva y más sincera. Es una vida ingenua, rudamente sincera, en la que aun parecen palpitar las cortezas de los robles y las aguas de las fuentes; es una floración de paganismo naturalista, en la cual la vida, toda la vida es bella, el trabajo es una obra de alegría y la fecundidad irresistible prorrumpe de toda la materia orgánica.

Mattia Pascal, el melancólico ser moderno, de ojo estrábico, el observador de la vida, vuelta a vuelta cínico, amargo, melancólico, sentimental, se convierte en Liolà, el hombre de la vida pagana, lleno de robustez moral y física, porque es hombre, porque es él mismo una simple humanidad vigorosa. Y la trama se renueva, se vuelve vida, se vuelve verdad, se vuelve también simple, mientras en la primera parte de la novela primitiva era retorcida e ineficaz. El tío Simón se desespera porque quiere tener un heredero que justifique su tenaz labor, con la que ha acumulado una riqueza: es viejo y culpa de la esterilidad a la mujer que no ha comprendido que Simón quiere un heredero, quiere un niño a cualquier precio y está dispuesto a fingir ser él el padre. Una sobrina que ha comprendido el estado de ánimo del viejo y ha sido hecha madre por Liolà, propone a Simón convertirse en el padre del futuro ser, le propone que simule ser el padre y el viejo acepta. La mujer legítima se siente herida, se siente humillada porque no ha hecho otro tanto. Para convertirse en la patrona, hace lo mismo. El tío Simón tiene un hijo legal. Mas es Liolà quien da vida a estas nuevas vidas y da vida a la comedia; Liolà que tiene siempre la garganta llena de cantos, que entra siempre en escena acompañado de un coro báquico de mujeres, acompañado por sus tres hijuelos naturales que son como pequeños sátiros que obedecen al impulso de la danza y del canto, que están amasados con sonidos y con danzas como las criaturas primitivas de los dramas satíricos. Liolà quería desposar a Tuzza, la sobrina de Simón, antes que se hilvanara el truco del heredero ahora que existe el heredero legal, Tuzza querría ser desposada pero Liolà no quiere, no quiere renunciar a sus cantos, a la danza de sus hijuelos, a la vida dionisíaca del trabajo alegre, y el puñal de Tuzza se quiebra en sus manos que sin embargo, no conocen el odio ni la venganza. Pero el público quería sangre o matrimonio y por eso el público no ha aplaudido.

(Abril 4 de 1917)

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