Il tramonto di Guignol. [El ocaso del Guignol]. El Guignol italiano está por morir. Su nombre está estrechamente ligado al de la compañía de Alfredo Sainati. La compañía se ha convertido hace pocos días en propiedad del millonario esteta, Luca Cortese, el último de los dannunzianos, y el millonario esteta, resultando el propietario de ésta y de muchas otras compañías dramáticas italianas, se propone renovar la tradición teatral italiana alimentándola con dinero y con objetivos y propósitos más estrechamente artísticos. La muerte del Guignol italiano no puede tardar en ocurrir, si estas intenciones de Cortese no caen en el abismo de la indiferencia, como tantas veces ha sucedido para propósitos semejantes.

La historia de la suerte del Guignol se cuenta pronto. Es la historia de aquel muchacho de la fábula que partió por el mundo porque deseaba saber cuál era el significado exacto de la banal expresión: "siento que se me pone la piel de gallina". Y viajó, viajó, atravesó extraños países encantados, países de bandidos, de brujas, de monstruos fabulosos, de aquellos que se suelen decir horripilantes; pero inútilmente: su piel seguía siendo piel de hombre y nada quería saber de volverse piel de gallina. Y había ya desesperado de alcanzar su intento decidiéndose a regresar a su casa, convencido que la piel de gallina era solo una graciosa invención para que se volvieran buenos los niños caprichosos, cuando un acontecimiento de policía urbana puso fin a su expectativa: mientras pensativo, preocupado por la duda de ser un monstruo, diferente de los otros hombres, inferior a los otros hombres, por ser menos sensible que ellos; fue bañado de la cabeza a los pies por un barreño de agua friísima. El milagro floreció; su piel se arrugo temblando y de sus labios, espontánea, irresistible, brotó la frase: "Siento que se me pone la piel de gallina." Guignol sobre el escenario busca de recrear el extraño, milagroso país de las ocas; el país de lo horrible, de lo escalofriante que debería producir a los peregrinos que a él viajan, estremecimientos, encogimientos de corazón, trastornos capilares y epidérmicos, como en el tiempo en que las serpientes de cascabel del brazo de los megaterios paseaban, voraces bajo los árboles transformados en racimos humanos por los primitivos aborígenes de los palafitos. Guignol ha hecho del teatro un gabinete endemoniado para bestializar a los espíritus. El terror es un instinto animal, no es un acto del espíritu. El Guignol no hace trabajar el cerebro; busca trastornar el sistema nervioso. Pero ¿qué persona inteligente se deja manipular los nervios de esta manera? Guignol quiere provocar miedo; pero las personas inteligentes no tienen miedo a los ojazos endemoniados. El temor es ciertamente un hecho humano, con todos los matices del terror, de la alucinación loca, del delirio. Mas para que ellos se vuelvan elemento artístico, debe encontrarse una expresión lingüística que los transforme en acto humano, en elemento dramático graduado según la importancia relativa que tienen en la vida del hombre. Guignol por el contrario, ha hecho del terror físico todo el drama de la vida del hombre; por lo tanto ha reducido al hombre a física pura, a pura máquina material. El origen marionetístico del Guignol ha causado este efecto: ha convertido en marionetas también a los hombres del teatro propiamente dicho.

El Guignol italiano ha tenido, sin embargo un mérito. Ha servido para crear una compañía de primer orden. Ha servido para formar actores excelentes. La reproducción plástica del terror exige inteligencia y estudio. Si el Guignol no tiene valor estético lingüístico, tiene valor estético plástico. Sus intérpretes deben adquirir a través de un esfuerzo consciente, y una labor interior infatigable, una gran capacidad física de expresión, una capacidad de renovación que haga posible la variedad y la novedad de los gestos. Alfredo Sainati ha logrado constituir así una compañía no común, por su concordancia y homogeneidad. Él mismo y la señora Starace Sainati, son actores no comunes que han demostrado saber salir de su repertorio especial, conservando, sin embargo, aquellas posibilidades dramáticas que les han permitido hacer la fortuna del Guignol, aun cuando, los hombres no quieran volverse ocas estremecidas. Y estas posibilidades dramáticas, afirmadas especialmente en algunas representaciones de la Fiaccola sotto il moggio [La antorcha bajo el camino] deben haber persuadido al millonario esteta Luca Cortese, que valía la pena hacer un esfuerzo para reconquistar para el arte, a artistas que si han querido buscar éxito, han debido adaptarse a estimular la parte animal del animal hombre.

Así el Guignol italiano está por morir de muerte violenta, aun cuando lenta y angustiosa, porque no le será posible encontrar otros intérpretes del valor de los Sainati. El último drama del Grand Guignol será por lo tanto la muerte misma del Guignol, ya decidida pero que, para no ser menos que el carácter del personaje, será lentísima como una tortura china.

(Marzo 13 de 1917)

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