"In principio era il sesso"... En el principio era el verbo... No, en el principio era el sexo.

Frente a determinadas manifestaciones de espíritu público, vosotros que tenéis necesidades lógicas, quedáis en principio aturdidos. Dado como presupuesto un cierto hecho, esperareis otro que fuera su consecuencia lógica. Veréis que por el contrario esto no se verifica y se verifican otros ilógicos en lugar de aquellos, veréis que entran en juego nuevas fuerzas elementales, instintivas, imponderables en el cálculo de probabilidades.

Asistid a las representaciones de la Borelli. Tenéis aún los oídos ensordecidos por las alabanzas a la Borelli, por las críticas por la audaz elegancia de la Borelli, por la gran eficacia dramática de la Borelli. Id a observar la proyección de un film de la Borelli. Por una extraña fortuna no caigáis en el lazo que inconscientemente se os ha tendido. Permaneced dueños de vosotros mismos. Podéis establecer en vosotros mismos un observatorio. Observad. Permaneced pasmado. Os parece increíble. Inclinad luego la espalda y recordad que a la afirmación: al principio era el verbo, alguien la ha sustituido por otra: al principio era el sexo.

Entendámonos bien. El sexo como fuerza espiritual, como pureza, no como baja manifestación de animalidad. Y bien: es preciso estudiar el caso Borelli como un caso de sexualidad. No hay otra vía para comprenderlo, para explicarlo y también para liberarse de él. No quiero decir que el caso Borelli sea totalmente peligroso como para exigir la intervención del famoso hierro quirúrgico. Sin embargo esto es poco agradable y el castrar un cierto número de personas puede hasta ser útil a los fines de una más perfecta humanidad.

Dante ha puesto el problema sexual en términos elevadísimos. En el episodio de Francesca de Rimini dice que la forma más alta de la sexualidad está dada por el hecho que el amor entre dos es necesario, es inevitable. Existen dos mitades de un todo: se buscan y cuando se han hallado se funden en una sola cosa. Sin embargo sucede ahora el siguiente hecho: Existen mitades que en lugar de una sola mitad tienen dos, tres. Algunas podrían ser la mitad de todos los hombres. El elemento "sexo" ha dominado en ellas de tal modo todos los otros atributos, todas las otras posibilidades, que se convierte en una suerte de magia fascinante.

Todos los hombres encuentran allí algunos de los complementos de sí mismos y se sienten sugestionados. Es una especie de misterio órfico que se construye inconscientemente.

Orfeo con el sonido de su lira llevaba tras sí hasta las plantas y los animales. El mito simboliza la unión completa de la sugestión musical total, como fuerza que atrae todo cuanto puede ser musicalizado. El fenómeno ha dado ocasión a algunas creaciones literarias. Guy de Maupassant ha escrito un pequeño poema en el que una mujer, el "sexo" atrae a sí a todas las criaturas vivientes, que la siguen inconscientemente, tal como seguirían a un santo o a un apóstol que hubiera sabido encontrar la palabra más simple que sacudiera el alma hasta las raíces.

Con las debidas limitaciones, es lo que sucede con la actriz Lyda Borelli. Esta mujer es un trozo de humanidad prehistórica, primordial. Se dice que se la admira por su arte. No es cierto. Nadie puede explicar qué es el arte de la Borelli, porque no existe. La Borelli no sabe interpretar ninguna criatura distinta de sí misma. Ella mide simplemente los períodos, no recita. Por eso prefiere las obras en verso y tiene predilección por Sem Benelli que escribe por la música de las palabras antes que por su significado representativo. Por eso es que la Borelli es la artista por excelencia del film en el que lengua es sólo el cuerpo humano en su plasticidad siempre en renovación.

El elemento "sexo" ha encontrado en el escenario su moderna posibilidad de contacto con el público. Y ha arrebatado las inteligencias. El caso Borelli si puede ser bello para quien lo suscita no es ciertamente reconfortante para quien se deja agarrar por él. El hombre se ha esforzado enormemente por reducir el elemento "sexo" a sus verdaderos límites. Dejar que se dilate de nuevo en menoscabo de la inteligencia es muestra de bestialización, no por cierto de elevación espiritual.

(Febrero 16 de 1917)

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