"Le tre pene de Pierrot" [Las tres penas de Pierrot] de Berta en el Carignano. En estos últimos tiempos Edmond Rostand ha sacado de su gaveta solamente una comedia suya, I due Pierrot [Los dos Pierrot] escrita en los años juveniles. La comedia debía haber sido representada en un teatro de París enseguida de su ejecución, pero cuando iba a ser puesta en escena, murió Teodoro de Banville, el poeta poco conocido de la mayoría, que sobre Pierrot y sus aventuras sentimentales, había escrito delicadísimas filigranas, bocetos escénicos en los cuales su lirismo se fundía admirablemente con la acción, creando pequeñas obras maestras de expresión lingüística perfecta.

Edmond Rostand tuvo respeto al gran muerto y tal vez temor a la comparación que no podía faltar. Su renuncia fue también, por lo tanto, un acto de probidad. Y Augusta Berta que en tiempos no lejanos ha hecho de la probidad la tonta divisa de su actividad literaria, no ha vacilado en presentarse con la vestidura de umbra (los latinos con espíritu llamaban sombras a los parásitos) de un grande. Su manía de literato fracasado y deficiente se ha desahogado obscenamente sobre una creación poética colectiva que había encontrado ya una expresión individual, definitiva. Ya ha cocinado sobre el desgraciado Pierrot un guiso repugnante que adula los malos instintos del público, ora con la más vulgar galantería de ambiente reservado, ora con un sentimentalismo pruriginoso en versos martelianos en los cuales no hay poesía sino la afirmación repetida hasta la saciedad de ser poesía. Es esta baja vulgaridad lo que ofende principalmente el gusto de quien ha leído a Banville, esta chata gelatinosidad en la cual el amor, la vida, los celos, las relaciones sexuales son vistos, concebidos y expresados como se los suele leer en las publicaciones de cuartel: "Il amore illustrato", el "Capriccio" o la "Sigaretta". Se ha seguido el habitual sistema de la tricotomía [tríada] simétrica, de los tres puntales leñosos: las tres cenas, como ayer eran las tres edades, de la piedra, del hierro y del oro. La acción es nula: Pierrot toma mujer, Pierrot va a ser traicionado por su mujer, Viviana la florista, con el Marqués de Priola (otra dulzarrona caricatura que sustituye al brío y al espíritu de don Giovanni de la comedia francesa, los manoseos prostibulares bajo la mesa) Pierrot que mata al rival y luego muere envenenado por elección espontánea con el perfume de una flor oriental. Y sobre estos tres puntales de madera, cuánto caldo de fideos, qué repugnante riego de mugre recogida con el estropajo de todos los deshechos poéticos de la literatura de un céntimo. Un verdadero bazar del mal gusto: una amena justa de monsergas rimadas, de tonterías triviales sobre el viejo repertorio de motivos poéticos. Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno, armados de colchones y disfrazados de marqueses de Priola, de Pierrot y de Viviana no podrían decir más abusivos lugares comunes. Mientras escuchaba, el cerebro seguía, para aliviarse el martirio, el trabajo del poeta. Ante afirmaciones como ésta: "--Quién ha nacido al aire libre, no tolera el aire encerrado--"; frente a rimas como éstas: "paese e maionese" [país y mayonesa], "gatto e cioccolato" [gato y chocolate], mi cerebro contraponía fúlgidas imágenes que regalo a Berta para su próxima tricotomía: La vita è uno spiraglio / or sentare di mughetto, or puzza d'aglio-- o --la vita é una sanguetta / chi vuol cavarsi sangue se la metta; * dispuesto a mandarle por correo las otras que en obsequio a la brevedad omito.

* La vida es un respiradero / o huele a muguete / o apesta a ajo / la vida es una sanguijuela / quien quiera sacarse sangre que se la ponga.

Los tres actos de Berta han sido aplaudidos. Ha contribuido mucho al éxito una equivocación de Lydia Borelli (Pierrot) que en cierto momento equivocándose de sexo dijo: "estoy lista" por "estoy listo"... La inteligencia del público ha captado al vuelo la gracia indefinible de un error semejante, prueba de la intensa femineidad de una artista excelsa como la Borelli y ha estallado en una 'verdadera ovación. Son cosas que ocurren; otra comedia tuvo éxito porque a "timonata" el actor había sustituido "limonata". El gran actor Tolentino es grande especialmente por la fama que se creara diciendo con inexpresable convicción: "hijo, soy tu padre" en lugar de "padre, soy tu hijo", ante Ermete Zacconi trocado en un anciano.

Esperando el día en que pueda precipitarse desde la Mole Antonelliana a semejantes tramposos de aplausos, releamos las fantasías poéticas sobre Pierrot de Teodoro de Banville.

(Febrero 8 de 1917).

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