"La Nemica" [La enemiga] de Niccodemi en el Carignano. Dario Niccodemi se ha construido un mito teatral y esto sirve para explicar en gran parte el éxito espectacular de las obras del afortunado escritor ítalo-francés. Viene de repensar las ideas de Ricardo Wagner sobre el drama musical y de refugiarse en la antología medieval germánica para poder dar el máximo realismo poético a las criaturas de su fantasía y hacer más sustancialmente sugestiva su música, trasladando el auditorio a un mundo sobrenatural en el cual el lenguaje musical sea imaginado posible y natural. Pero lo que en Wagner es búsqueda afanosa de mayor sinceridad fantástica, en Niccodemi es un medio para el éxito. Su mundo mitológico es la aristocracia; el público que llena los teatros y vuelve rentable la profesión de escritor dramático, es la pequeña burguesía. La insinceridad de Dario Niccodemi busca su justificación, busca volverse natural y posible suavizándose. Una idea moral elementalísima, o que alcance a hacer presa enseguida en el público sentimental, pronto a conmoverse y a volverse sauce llorón, se convierte en sustancia del drama, no por su propia fuerza, por su profunda humanidad, sino porque sirve de cauterio y destaca dos clases, dos concepciones a cuál más ficticia y artificial: la aristocrática y la pequeño burguesa. Los choques que de ahí se derivan, los discursos que posibilitan hacer la pequeña prédica, toda la mala literatura de los escritores sociales del bajo romanticismo francés como Eugenio Sue o Dumas (hijo), se dan cita y tocan el corazón y arrancan el aplauso. Así en el Aigrette, así en esta novísima Nemica. La ficelle es siempre la misma. En la Nemica la trama, es también más complicada y las entrañas son aún más violentamente sacudidas. Roberto de Nièvres es odiado por su madre; una muchacha que lo ama, la hija de un notario que quisiera volverse duquesa, rechazada por él, le revela un misterio: Roberto es hijo de un amor culpable de su madre, es un intruso que ha usurpado al segundogénito las riquezas, el título, toda la fortuna y las sonrisas de la vida. El alma medieval de la madre odia en él la culpa, la usurpación. Gran golpe. Niccodemi evidentemente había ubicado su obra sobre esta desviación feudal del alma de una madre. De otro modo no se comprendería el personaje del notario Regnault, depositario de todos los escándalos aristocráticos y que es introducido a propósito para preparar el choque entre madre e hijo. Pero en el segundo acto el drama se complica y alcanza el colmo del éxito externo. En la escena culminante Roberto llega a saber que Anna de Nièvres no es en realidad su madre, que él es hijo natural del duque fallecido. La revelación de la hija del notario no era exacta pero es utilizada magníficamente para la progresión de los efectos. En el tercer acto el desenlace se coordina con la guerra. Roberto y su hermano Gastón van a combatir, Gastón muere y su última palabra "madre" une de nuevo los lazos entre Roberto y Anna de Nièvres; Roberto reencuentra una madre. El efecto era seguro y el éxito fue grande, también por la excelente interpretación de la compañía Di Lorenzo-Falconi. El análisis hecho al principio es el único que puede hacerse: es preciso justificar el éxito porque no se lo puede explicar con razones que interesen de cerca al arte.

(Noviembre 9 de 1916)

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