"Las memorias de don Rodrigo" de los hermanos Quintero en el Alfieri. Una sucesión de pequeños cuadros apenas esbozados, de figurillas cómicas, sentimentales y grotescas, forman toda la comedia de los hermanos Quintero: Las memoras de don Rodrigo. Ninguna novedad ni de ambiente ni de caracteres. Don Rodrigo es un viejo español que enriquecido a través de una vida de penurias y de trabajo infatigable se ha formado una filosofía de la vida discretamente banal y convencional y escribe sus memorias en las que muchas famas usurpadas encontrarán su implacable ajusticiador. En torno suyo y a su filosofía, gira el mundo circundante: los hijos, idiotas o incapaces que lo llevan a la ruina, los nietos que se adaptan para extraer de lo que hubiera sido motivo de elegancia y de bon ton los medios de vida, y de relaciones encasilladas según los tipos que puedan provocar el epigrama y el desprecio en los labios del solitario. Y así como don Rodrigo, o más bien dicho los hermanos Quintero, no son demasiado profundos observadores de la vida o filósofos demasiado agudos, así los hechos que deberían ser apostillados por el protagonista son, a menudo, fastidiosamente monótonos, fatuamente superficiales y la comedia si no hubiera sido dirigida por Ermete Novelli y una joven colaboradora suya, Hesperia Sperani, hubiera caído sin infamia y sin alabanza.

(Marzo 18 de 1916)

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