-55- Originalidad y orden intelectual. Una máxima de Vauvenargues: "Es más fácil decir cosas nuevas que poner de acuerdo las que ya han sido dichas".* Se puede actualizar esta máxima en sus elementos. Es más difícil instaurar un orden intelectual colectivo que inventar arbitrariamente principios nuevos y originales. Necesidad de un orden intelectual, junto al orden moral, y al orden... público. Para crear un orden intelectual, necesidad de un "lenguaje común" (contra neolalismo intelectual y bohemismo). Originalidad "racional"; también el filisteo es un original, así como el disoluto. En la pretensión de la originalidad hay mucha vanidad e individualismo, y poco espíritu creador, etcétera.

Cfr. Cuaderno 8 ( XXVIII). p. 60.

 

-56- Buen sentido y sentido común. Manzoni hace una distinción entre sentido común y buen sentido (cfr. Los novios, cap. XXXII sobre la peste y sobre los untadores)*. Hablando del hecho de que a pesar de todo había algunos que no creían en los untadores, pero que no podían sostener su opinión contra la opinión vulgar difundida, escribe: "Se ve que era un desahogo secreto de la verdad, una confidencia doméstica; el buen sentido existía; pero permanecía oculto, por miedo al sentido común".*

Cfr. Cuaderno 8 (XXVIII), p. 8 bis.

 *Untore: individuo que, en el siglo XVIII. se creía contagiaba la peste a los milaneses untándoles con un veneno, [T.]

 

-57- La realidad del mundo externo. Cfr. Tolstoi. vol. I de los Racconti autobiografici (Infanzia-Adolescenza, ed. Slavia, Turin, 1930, p. 232 (cap. XIX de la Adolescenza titulado precisamente "L'Adolescenza"): "Pero ninguna corriente filosófica me fascinó tanto como la del escepticismo, que en cierto momento me condujo a un estado próximo a la locura. imaginaba que fuera de mi nadie y nada existía en todo el mundo. que os objetos no eran objetos, sino imágenes, las cuales se me apa­recían sólo cuando fijaba la atención en ellas, y que apenas dejaba de pensar en ellas, aquellas imágenes se desvanecían inmediatamente. En una palabra, me hallaba de acuerdo con Schlegel al considerar que no existen los objetos, sino nuestra relación con ellos. Había momentos en que, bajo la influencia de esta idea fija, llegaba a rozar la locura, a tal pun-to que rápidamente giraba sobre mí mismo hacia el lado opuesto, espe­rando sorprender el vacío (le néant) allí donde yo no estaba".

 

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