-44- La técnica del pensar. Sobre este tema debe confrontarse la afirmación contenida en el prefacio del Anti-Dühring * donde se afirma que "el arte de operar con conceptos no es algo innato o dado en la conciencia común, sino un trabajo técnico del pensamiento, que tiene una larga historia, ni más ni menos que la investigación experimental de las ciencias naturales." **

*3era. ed., Stuttgart, 1894, p. XIX.

** Citado por Croce en Materialismo storico ed economia marxista.

Al citar este pasaje, Croce hace notar, entre paréntesis, que no se trata de un concepto "peregrino", sino que había llegado a formar parte del sentido común ya antes de Engels. Pero no se trata de la mayor o menor originalidad o peregrinidad del concepto, en este caso y para lo que nos importa ahora; se trata de su importancia y del puesto que debe ocupar en un sistema de filosofía de la praxis, y de ver si tiene el reconocimiento "práctico y cultural" que debe tener. A este concepto es preciso remitirse para entender lo que Engels quiere decir cuando escribe que luego de las innovaciones realizadas por la filosofía de la praxis, de la vieja filosofía queda, entre otras cosas, la lógica formal; afirmación ésta que Croce cita en su ensayo sobre Hegel, acompañándola de un signo de admiración. El estupor de Croce por la "rehabilitación de la lógica formal" que aparece implícita en la afirmación de Engels debe ser vinculada, por ejemplo, a la doctrina del Hegel sobre la "técnica" del arte y a toda una serie de opiniones que constituyen la suma de su efectivo "antihistoricismo" y abstractismo metódico (las "distinciones", cuyo principio "metódico" se jacta Croce de haber introducido en la tradición "dialéctica", se convierten de principio científico en causa de "abstracción" y de antihistoricismo en su aplicación formalista). Pero la analogía entre la "técnica" artística y la "técnica" del pensamiento es superficial y falaz, por lo menos en cierto sentido. Puede haber un artista que "consciente" o "reflexivamente" no conozca nada de la elaboración técnica precedente (su técnica la tomará ingenuamente del sentido común); pero esto no puede ocurrir en la esfera de la ciencia, en la cual existe progreso y debe existir progreso, en la cual el progreso del conocimiento está estrechamente vinculado al progreso instrumental, técnico, metodológico, y también íntimamente vinculado al mismo, como en las ciencias experimentales, en el estrecho sentido de la palabra.

Además, vale la pena plantearse el problema de si el idealismo moderno, y particularmente el crocismo, con su reducción de la filosofía a una metodología de la historia, no es esencialmente una "técnica", si el concepto mismo de "especulación" no es esencialmente una investigación "técnica", entendida ciertamente en un sentido superior, menos intrínseco y material que la investigación que culminó en la construcción de la lógica formal escolástica. Parece que no se halla lejos de tal punto de vista Adolfo Omodeo [Critica, del 20 de julio de 1932, p. 295] cuando escribe:

"(Loisy), que había hecho la experiencia de los sistemas de teología, desconfía de los de la filosofía. Teme que una fórmula de sistema mate todo interés por la historia concreta, que una deducción más o menos dialéctica aniquile la plenitud humana de la efectiva formación espiritual. Y en verdad, en todas las filosofías poskantianas, junto con la aparición de una visión panhistórica, existe una activa tendencia metahistórica que querría tener como resultado un concepto metafísico del espíritu. Loisy advierte la misma necesidad que en Italia ha engendrado la tentativa de reducir la filosofía a mera metodología abstracta de la historia, contra la vanidad metafísica que desprecia 'la grosera materialidad de la historia'. Loisy aclara bastante bien su concepto en el problema de la moral, descarta las fórmulas filosóficas porque éstas, con una consideración reflexiva de la moral, anulan el problema de la vida y de la acción moral, de la formación de la personalidad y de la conciencia: lo que nosotros solemos llamar la historicidad del espíritu, que no es corolario de filosofía abstracta. Pero quizá la exigencia es llevada demasiado lejos, hasta desconocer la función de la filosofía como fiscalización metódica de nuestros conceptos".

En la afirmación de Engels es preciso ver, aun cuando expresada en términos no rigurosos, esta exigencia metódica, que es tanto más viva cuanto que la referencia sobreentendida es hecha, no para los intelectuales y para las llamadas clases cultas, sino para masas populares incultas, para las cuales es necesaria aún la conquista de la lógica formal, de la más elemental gramática del pensamiento y de la lengua. Podrá surgir el problema del lugar que tal técnica debe ocupar en los cuadros de la ciencia filosófica; es decir, si ésta forma parte de la ciencia como tal y ya elaborada, o de la propedéutica [pre enseñanza] científica, del proceso, de elaboración como tal. (Así, por ejemplo, nadie puede negar la importancia, en química, de los cuerpos catalíticos, aun cuando de ellos no queden rastros en el resultado final). También para la dialéctica se presenta el mismo problema: esta es un nuevo modo de pensar, una nueva filosofía, pero también, por lo mismo, una nueva técnica. El principio de la distinción sostenido por Croce, y, por lo tanto, todas sus polémicas con el actualismo gentiliano *, ¿no son también cuestiones técnicas? ¿Puede separarse el hecho técnico del filosófico? Pero se lo puede aislar con fines prácticos, didácticos. Y realmente, es de señalarse la importancia que la técnica del pensamiento tiene en los programas didácticos. Tampoco se pueden hacer comparaciones entre la técnica del pensamiento y las viejas retóricas. Estas no creaban artistas, ni creaban el gusto, ni proporcionaban criterios para apreciar la belleza, sólo eran útiles para crear un "conformismo cultural" y un lenguaje de conversación entre literatos. La técnica del pensamiento, elaborada como tal, no creará, ciertamente, grandes filósofos, pero dará criterios de juicio y de verificación, y corregirá las deformaciones del modo de pensar del sentido común.

* Giovanni Gentile, 1875-1944, pensador, ministro de Educación (1922-24), dirigió la Enciclopedia italiana, de sus obras se destacan Teoría general del espíritu (1916) y La filosofía del arte (1931).

Sería interesante un examen comparativo de la técnica del sentido común, de la filosofía del hombre de la calle, y la técnica del pensamiento reflexivo y coherente. También en ese orden de cosas vale la observación de Macaulay sobre las debilidades lógicas de la cultura formada por la vía oratoria y declamatoria.

Debe profundizarse la cuestión del estudio de la técnica del pensamiento como propedéutica [pre enseñanza], como proceso de elaboración, pero es preciso ser cuidadosos porque la imagen de "instrumento" técnico puede inducirnos a error. Entre "técnica" y "pensamiento en acción" existe mayor identificación que la que hay en las ciencias experimentales: entre "instrumentos materiales" y ciencia propiamente dicha. Quizá sea concebible el caso de un astrónomo que no sepa servirse de sus instrumentos (puede haber recibido de otros el material de investigación que debe ser elaborado matemáticamente), porque las relaciones entre "astronomía" e "instrumentos astronómicos" son exteriores y mecánicos, y también en astronomía existe una técnica del pensamiento, además de la técnica de los instrumentos materiales. Un poeta puede no saber leer ni escribir; en cierto sentido, también un pensador puede hacerse leer y escribir todo lo que le interesa de los demás o lo que él mismo ya ha pensado. Porque leer y escribir se refieren a la memoria, son una ayuda para la memoria. La técnica del pensamiento no puede ser parangonada a estas operaciones, y de ellas se puede decir que importa enseñar esta técnica, como importa enseñar a leer y a escribir, sin que ello interese a la filosofía, lo mismo que el leer y escribir no interesan al poeta como tal.

"Los instrumentos mentales y morales de que el hombre dispone son siempre los mismos (?): la observación, el experimento, el razonamiento inductivo y deductivo, la habilidad manual (?) y la fantasia inventiva. Según el método con el que estos medios son usados se tiene una orientación empírica o científica de la actividad humana, con esta diferencia entre ambas: que la segunda es mucho más rápida y tiene un rendimiento mucho mayor" (Mario Camis, (L'aeronautica e !e scienze biologiche. en Nuova Antologia del 16 de marzo de 1928)

Ejemplos de un modo de razonar simplista que, según la opinión común, es el modo de razonar de la gran mayoría de los hombres (los cuales no se controlan y por lo tanto no advierten hasta qué punto el sentimiento y el interés inmediato enturbian el proceso lógico). El razonamiento de Babbitt sobre las organizaciones sindicales (en la novela de Sinclair Lewis): "Una buena asociación obrera es una cosa buena porque impide los sindicatos revolucionarios que destruirían la propiedad. Sin embargo, nadie debe ser obligado a entrar en una asociación. Todos los agitadores laborales quo intentan obligar a quien sea a entrar en una asociación deberían ser ahorcados. En pocas palabras, y entre nos sea dicho, no habría que permitir ninguna asociación; y como ésta es la mejor manera de combatirlas, todo hombre de negocios debería pertenecer a una asociación de empresarios y a la Cámara de Comercio. La unión hace la fuerza. Por eso todo solitario egoísta que no forma parte de la Cámara de Comercio dcbería ser obligado a afiliarse".

El razonamiento de don Ferrante es impecable formalmente, pero errado en las premisas de hecho y en la presunción del razonador, de donde nace el sentido del humorismo.

El modo de razonar de Ilich en la novela de Tolstoi La muerte de Iván Ilich ("Los hombres son mortales, Fulano es hombre, Fulano es mortal, pero yo no soy Fulano", etcétera)."

Cfr. Cuaderno 4 (XIII). pp. 55 bis.54 bis y 57-57 bis.

 

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