-36- La afirmación de Eddington: "Si en el cuerpo de un hombre se eliminase todo el espacio carente de materia y reuniésemos sus protones y electrones en una sola masa, el hombre (el cuerpo del hombre) estaría reducido a un corpúsculo apenas sensible al microscopio"*, ha sacudido y puesto en movimiento la fantasía de G. A. Borgese (cfr. su librito).

*Cfr. La naturaleza del mundo físico, ed. francesa, p. 20.

Pero ¿qué significa concretamente la afirmación de Eddington? Si se reflexiona un poco, se verá que nada, fuera de su significado literal. Si la reducción descrita más arriba fuese realizada (¿por quién?) y se hiciese extensiva a todo el mundo, las relaciones no cambiarían, las cosas permanecerían como son. Las cosas cambiarían solamente si los hombres o determinados hombres sufriesen esta reducción, de suerte que se produjese, hipotéticamente, la realización de algunos capítulos de los Viajes de Gulliver, con los liliputienses, los gigantes y Borgese-Gulliver entre ellos.

En realidad, se trata de puros juegos de palabras, de ciencia novelada, y no de un nuevo pensamiento científico o filosófico; se trata de una manera de plantear los problemas apta solamente para hacer fantasear las cabezas vacías. ¿Es que, acaso, la materia vista al microscopio no es ya materia realmente objetiva, sino una creación del espíritu humano, que carece de toda existencia objetiva o empírica? Se podría recordar a este propósito el cuento hebreo sobre la muchacha que ha sufrido un daño pequeño, pequeño ... como un rasguño. En la física de Eddington y en muchas otras manifestaciones científicas modernas, la sorpresa del lector ingenuo depende de la circunstancia de que las palabras usadas para indicar determinados hechos son obligadas a indicar arbitrariamente hechos completamente distintos. Un cuerpo sigue siendo "macizo" en el sentido tradicional, aun cuando la nueva física demuestra que el mismo está constituido por 1/1.000.000 [una millonésima parte] de materia y de 999.999 partes de vacío. Un cuerpo es "poroso" en el sentido tradicional y no en el sentido de la "nueva" física, incluso después de la afirmación de Eddington. La posición del hombre sigue siendo la misma; ninguno de los conceptos fundamentales de la vida es conmovido en lo más mínimo y, mucho menos aun, liquidado. Las glosas de los diversos Borgese servirán solamente, en última instancia, para tornar ridículas las concepciones subjetivistas de la realidad, que permiten semejantes juegos triviales de palabras. Escribe el profesor Mario Camis*: "Considerando la insuperada minuciosidad de estos métodos de investigación, nos venía a la memoria la expresión de un miembro del último congreso filosófico de Oxford, el cual, según hace referencia Borgese, hablando de los fenómenos infinitamente pequeños, a los que tantos prestan hoy atención, observa que "éstos no pueden ser considerados independientemente del sujeto que los observa". Son palabras que inducen a muchas reflexiones y que replantean, desde puntos de vista completamente nuevos, los grandes problemas de la existencia subjetiva del universo y del significado de las informaciones sensoriales en el pensamiento científico". Por lo que parece, éste es uno de los pocos ejemplos de infiltración, entre los científicos italianos, del modo de pensar funambulesco [acrobático] de ciertos científicos, especialmente ingleses, acerca de la "nueva" física. El profesor Camis habría debido reflexionar sobre el hecho de que si la observación tomada de Borgese hace pensar, la primera reflexión sería ésta: que la ciencia no puede ya existir como ha sido concebida hasta ahora; debe ser transformada en una serie de actos de fe en las afirmaciones de cada experimentador, dado que los hechos observados no existen independientemente de su espíritu. ¿Es que acaso no se ha manifestado todo el progreso científico hasta ahora en el hecho de que las nuevas experiencias y observaciones han corregido y ampliado las experiencias y observaciones precedentes? ¿Cómo podría ocurrir esto si la experiencia no pudiese reproducirse, aun si, cambiando el observador, no pudiese ser controlada y ampliada, dando lugar a nexos nuevos y originales? Pero la superficialidad de la observación de Camis resulta del contexto mismo del artículo en el cual se hace la cita referida, puesto que allí Camis explica implícitamente que la expresión de que se envanece tanto Borgese puede y debe entenderse en un sentido meramente empírico y no filosófico. El escrito de Camis es una crítica de la obra On the principles of renal función de Gösta Ekehorn (Estocolmo, 1931). Se habla allí de experiencias sobre elementos tan pequeños que no pueden ser descritos (se entiende que en sentido relativo) con palabras válidas y representativas para los demás, y que, por lo tanto, el experimentador no logra aún separarlos de su propia personalidad subjetiva para objetivarlos: todo experimentador debe lograr la percepción con medios propios, directamente, siguiendo minuciosamente todo el proceso. Hagamos la siguiente hipótesis: que no existan microscopios y que sólo algunos hombres tengan la fuerza visual natural igual a la del ojo normal armado de microscopio. En esta hipótesis, es evidente que las experiencias del observador provisto de una vista excepcional no pueden ser separadas de su personalidad física y psíquica: no pueden ser "repetidas". Sólo la invención del microscopio hará parejas las condiciones físicas de observación y permitirá a todos los hombres de ciencia reproducir la experiencia y desarrollarla colectivamente. Pero esta hipótesis permite observar e identificar sólo una parte de las dificultades; en las experiencias científicas no sólo está en juego la fuerza visual del ojo. Como dice Camis: Ekehorn cortó un glomérulo de riñón de rana con una cánula "cuya preparación es obra de tanta fineza y tan ligada a las indefinibles e inimitables intuiciones manuales del experimentador, que el propio Ekehorn, al describir la operación del corte al sesgo del capilar de vidrio, dice que no puede enunciar los preceptos con palabras, sino que debe contentarse con una vaga indicación". El error consiste en creer que semejantes fenómenos se verifican solamente en el experimento científico. En realidad, en cada fábrica, para ciertas operaciones industriales de precisión existen especialistas individuales, cuya capacidad se basa simple y solamente en la extrema sensibilidad de la vista, del tacto, en la rapidez del gesto. En los libros de Ford se pueden hallar ejemplos a ese respecto: en la lucha contra la fricción, para obtener superficies sin la mas mínima granulosidad o desigualdad (lo que permite un ahorro notable de material) se han dado increíbles pasos adelante, con la ayuda de máquinas eléctricas que comprueban la adherencia perfecta del material, como el hombre no podría hacerlo. Es de recordar el hecho, referido por Ford, de un técnico escandinavo que logró dar al acero tal igualdad de superficie, que para separar dos superficies unidas entre sí es preciso el peso de varios quintales.

*Nueva Antología del 1ero. de noviembre 1931, en la sección Ciencias biológicas y médicas.

Por consiguiente, lo que observa Camis no tiene ninguna vinculación con las fantasmagorías de Borgese y sus inspiradores. Si fuese cierto que los fenómenos infinitamente pequeños en cuestión no pueden ser considerados como existentes independientemente del sujeto que los observa, ellos no serían, de ninguna manera, "observados" sino "creados" y caerían en el dominio de la pura intuición fantástica del individuo. Habría, entonces, que plantear el problema de si el mismo individuo puede crear (observar) "dos veces" el mismo hecho. No se trataría de ningún modo de "solipsismo" [Forma radical de subjetivismo según la cual solo existe o solo puede ser conocido el propio yo], sino de demiurgia [creación divina] y hechicería. Entonces el objeto de la ciencia no serían los fenómenos (inexistentes), sino estas intuiciones fantásticas, como ocurre en la obra de arte. El rebaño de los hombres de ciencia que no goza de facultades demiúrgicas, estudiaría científicamente al pequeño grupo de grandes científicos taumaturgos [magos]. Pero, al contrario, si a pesar de todas las dificultades prácticas inherentes a la diversa sensibilidad individual, el fenómeno se repite y puede ser observado en forma objetiva por varios científicos, independientes los unos de los otros; ¿qué significa la afirmación de Borgese, sino que se hace una metáfora para indicar las dificultades inherentes a la descripción y a la representación objetiva de los fenómenos observados? Y no parece difícil explicar esta dificultad: 1) por la incapacidad literaria de los hombres de ciencia, didácticamente preparados hasta ahora sólo para descubrir y representar los fenómenos macroscópicos; 2) por la insuficiencia del lenguaje común, forjado también para los fenómenos macroscópicos; 3) por el desarrollo relativamente pequeño de estas ciencias microscópicas, que esperan una ulterior evolución de sus métodos y criterios para ser comprendidas por muchos por medio de la comunicación literaria (y no sólo por visión directa experimental, que es privilegio de poquísimos); 4) es preciso recordar también que muchas experiencias microscópicas son indirectas, en cadena, y que su resultado "se ve" en los resultados y no en el acto (tale es el caso de las experiencias de Rutherford).

Se trata, en todo caso, de una fase transitoria e inicial de una nueva época científica, que ha producido, combinándose con una gran crisis moral e intelectual, una nueva forma de "sofística" que retoma los clásicos sofismas de Aquiles y la tortuga, del montón y del granito, de la flecha lanzada por el arco y, que no obstante, no se mueve, etc. Sofismas que, a pesar de todo, han significado una fase en el desarrollo de la filosofía y de la lógica y que han servido para refinar los instrumentos del pensamiento.

Cfr. Cuaderno 4 (XIII), pp. 54 bis-55 y 60; y Cuaderno 8 (XXVIII). p. 79.

 

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