-28- La inmanencia y la filosofía de la praxis. En el Ensayo se hace notar que en la filosofía de la praxis se usan los términos "inmanencia" e "inmanente" [propio], pero que "evidentemente" este uso es sólo "metafórico". Muy bien. Pero, ¿se ha explicado así qué significan inmanencia e inmanente metafóricamente? ¿Por qué estos términos continúan siendo usados y no han sido sustituidos? ¿Sólo por el horror de crear nuevos vocablos? A menudo, cuando una nueva concepción del mundo sucede a una precedente, el lenguaje precedente continúa siendo usado, pero en forma metafórica. Todo el lenguaje es un continuo proceso de metáforas, y la historia de la semántica [significado de las palabras] es un aspecto de la historia de la cultura, el lenguaje es al mismo tiempo una cosa viviente y un museo de fósiles de la vida y de la civilización. Cuando adopto la palabra desastre, nadie puede acusarme de tener creencias astrológicas; cuando digo "por Baco", nadie puede creer que soy un adorador de las divinidades paganas. Sin embargo, dichas expresiones son una prueba de que la civilización moderna es también un desarrollo del paganismo y de la astrología. El término "inmanencia" tiene en la filosofía de la praxis un preciso significado que se esconde debajo de la metáfora, y esto es lo que había que definir y precisar. En realidad, esta definición habría sido verdadera "teoría". La filosofía de la praxis continúa a la filosofía de la inmanencia, pero la depura de todo su aparato metafísico y la guía sobre el terreno concreto de la historia. El uso es metafórico sólo en el sentido de que la vieja inmanencia es superada; ha sido superada y, sin embargo, es siempre supuesta como eslabón del proceso del pensamiento del cual nace lo nuevo. Por otra parte, ¿el nuevo concepto de inmanencia es completamente nuevo? Parece que en Giordano Bruno, por ejemplo, hay muchos rasgos de tal nueva concepción; los fundadores de la filosofía de la praxis conocían a Bruno. Lo conocían, y quedan trazas de obras de Bruno anotadas por ambos. Además, Bruno no careció de influencia sobre la filosofía clásica alemana, etc. He aquí muchos problemas de historia de la filosofía que no dejarían de tener utilidad.

El problema de las relaciones entre el lenguaje y las metáforas no es simple, muy por el contrario. El lenguaje, entretanto, es siempre metafórico. Si quizás no se puede decir exactamente que todo discurso es metafórico con relación al objeto material y sensible indicados (o al concepto abstracto), para no ensanchar excesivamente el concepto de metáfora, se puede decir que el lenguaje actual es metafórico respecto de los significados y del contenido ideológico que las palabras han tenido en los precedentes períodos de civilización. Un tratado de semántica --el de Michel Breals, por ejemplo-- puede dar un catálogo histórica y críticamente reconstruido de las mutaciones semánticas de determinados grupos de palabras. Por no tener en cuenta este hecho, es decir, por no tener un concepto crítico e historicista del fenómeno lingüístico, derivan muchos errores, tanto en el campo de la ciencia como en el campo práctico: 1) un error de carácter estético que hoy va corrigiéndose cada vez más, pero que en el pasado era una doctrina dominante, es la de considerar `bellas" en sí ciertas expresiones, a diferencia de otras, en cuanto son metáforas cristalizadas; los retóricos y los gramáticos se derriten por ciertas palabrejas en las que descubren quién sabe qué virtudes y esencialidades artísticas abstractas. Se confunde la "alegría" libresca del filólogo [lingüista] enamorado del resultado de algunos de sus análisis etimológicos y semánticos con el goce propiamente artístico. Recientemente se produjo el caso patológico del escrito Lenguaje y poesía de Giulio Bertoni. 2) Un error práctico que tiene muchos adeptos es la utopía de las lenguas fijas y universales. 3) Una tendencia arbitraria hacia el neolalismo [lalo- prefijo de hablar; neologismo de neologismo], que nace del problema planteado por Pareto y los pragmáticos del "lenguaje como causa de error". Pareto, como los pragmáticos, en cuanto creen haber originado una nueva concepción del mundo, o por lo menos haber renovado una determinada ciencia (y, por lo tanto, de haber dado a las palabras un significado, o por lo menos un matiz nuevo, o de haber creado nuevos conceptos), se hallan ante el hecho de que las palabras tradicionales, en el uso común especialmente, pero también en el uso de la clase culta y hasta en el de los especialistas que trabajen en la ciencia misma, continúan manteniendo el viejo significado a pesar de la renovación del contenido, y reaccionan ante ello. Pareto crea un "diccionario", manifestando la tendencia a crear una lengua "pura" o "matemática". Los pragmáticos teorizan abstractamente sobre el lenguaje como causa de error (véase el librito de G. Prezzolini). Pero, ¿es posible quitar al lenguaje sus significados metafóricos y extensivos? Es imposible. El lenguaje se transforma al transformarse toda la civilización, con el aflorar de nuevas clases a la cultura, por la hegemonía ejercida por una lengua nacional sobre otras, etc.; y precisamente asume metafóricamente las palabras de las civilizaciones y culturas precedentes. Nadie piensa hoy que la palabra "desastre" esté ligada a la astrología, ni se presuponen erradas las opiniones de quien la usa; así, un ateo puede hablar de "desgracia" sin ser considerado partidario de la predestinación, etc. El nuevo significado "metafórico" se extiende con el extenderse de la nueva cultura, que, además, crea palabras totalmente nuevas y las toma en préstamo de otras lenguas, con un significado preciso, es decir, sin el halo extensivo que tenían en la lengua original. Así es probable que para muchos el término "inmanencia" sea conocido, comprendido y usado por primera vez, sólo con el significado "metafórico" que le ha sido dado por la filosofía de la praxis.

Cfr. Cuaderno 3 (XIII), pp. 35-55 bis.

 

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