-24- El lenguaje y las metáforas. En algunos puntos del Ensayo se afirma, así, sin ninguna otra explicación, que los primeros escritores de la filosofía de la praxis emplean los términos de "inmanencia" e "inma­nente" sólo en sentido metafórico;* parece que la pura afirmación es en si misma exhaustiva. Pero la cuestión de las relaciones entre el lenguaje y las metáforas no es simple, todo lo contrario. El lenguaje, entre tanto, es siempre metafórico. Si tal vez no se puede decir exactamente que todo discurso es metafórico con respecto a la cosa u objeto material y sensible indicados (o al concepto abstracto) para no ampliar demasiado el con­cepto de metáfora, se puede sin embargo decir que el lenguaje actual es metafórico con respecto a los significados y al contenido ideológico que las palabras han tenido en los anteriores periodos de civilización. Un tratado de semántica, el de Michel Bréal,** por ejemplo, puede ofrecer un ca­tálogo histórica y críticamente reconstruido de las mutaciones semánticas de determinados grupos de palabras. De no tener en cuenta este hecho, y por lo tanto del no tener un concepto crítico e historicista del fenómeno lingüístico, derivan muchos errores tanto en el campo de la ciencia como en el campo práctico: 1] Un error de carácter estético que en la actualidad va corrigiéndose cada vez más, pero que en el pasado fue doctri­na dominante, es el de considerar "bellas" en si ciertas expresiones a diferencia de otras en cuanto que son metáforas cristalizadas; los retóri­cos y los gramáticos se derriten por ciertas palabritas, en las cuales descubren quién sabe qué virtudes y esencias artísticas abstractas. Se confunde la "alegría" totalmente libresca del filólogo que se acongoja por el resultado de algunos de sus análisis etimológicos o semánticos con el goce propiamente artístico: recientemente se ha dado el caso patoló­gico del escrito Linguaggio e poesia de Giulio Bertoni.*** 2] Un error prác­tico que tiene muchos seguidores es la utopía de las lenguas fijas y universales. 3] Una tendencia arbitraria al neolalismo, que nace de la cuestión planteada por Pareto y los pragmatistas a propósito del "lenguaje coma causa de error". Pareto, como los pragmatistas, en cuanto que creen haber originado una nueva concepción del mundo o al menos haber innovado una determinada ciencia (o haber por consiguiente dado a las palabras un significado o al menos un matiz nuevo, o haber creado nuevos conceptos) se encuentra ante el hecho de que las palabras tra­dicionales, en el uso común especialmente pero también en el uso de la clase culta e incluso en el uso del sector de especialistas que tratan la misma ciencia, continúan manteniendo el viejo significado no obstante la innovación de contenido y reaccionan. Pareto crea su propio "dicciona­rio" manifestando la tendencia a crear su propia lengua "pura" o "matemáti­ca".' Los pragmatistas teorizan abstractamente sobre el lenguaje como causa de error (ver el librito de G. Prezzolini). ¿Pero es posible quitar al lenguaje sus significados metafóricos y extensivos? Es imposible. El lenguaje se transforma con la transformación de toda la civilización, por el aflorar de nuevas clases a la cultura, por la hegemonía ejercida por una lengua na­cional sobre otras, etcétera, y precisamente asume metafóricamente las palabras de las civilizaciones y culturas precedentes. Actualmente nadie piensa que la palabra "desastre" esté vinculada a la astrología y se considera inducido a error sobre las opiniones de quien la usa; así incluso un ateo, puede hablar de "des-gracia" sin ser considerado creyente en la predestinación, etcétera. El nuevo significado "metafórico" se extiende con la extensión de la nueva cultura, qua por otra parte crea también palabras totalmente nuevas y las toma en préstamo de otras lenguas con un significado preciso, o sea sin el halo extensivo que tenían en la lengua original. Así, es probable qua para muchos el término de "inmanencia" sea conocido y comprendido y usado por primera vez sólo en el nuevo significado "metafórico" que le ha sido dado por la filosofía de la praxis.

Cfr. Cuaderno 7 (VII). pp. 61 bis, 64 bis-65, 65 bis-66

 

 http://www.gramsci.org.ar