CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 5-I-1937; L.C. 880-881]

Cara Iulca,

tampoco mi memoria es muy buena (en el sentido de que me olvido de las cosas recientes, mientras que recuerdo a menudo con todo detalle cosas de hace diez o quince años), pero estoy seguro de que muchas veces lo que tú contestas no contesta a lo que yo había escrito. Pero no importa gran cosa. Lo importante es que me escribas todo lo que te pase por la fantasía... espontáneamente, o sea, sin esfuerzo, con ligereza. Yo releo varias veces tus cartas; las primeras veces, como se leen las cartas de las personas más queridas, "desinteresadamente", por así decirlo, o sea, con el único interés de mi afecto por ti; luego las releo "críticamente", para intentar adivinar cómo estabas los días que has podido escribirme, etc.; observo también la escritura, la mayor o menor seguridad de la mano, etc. En suma: de tus cartas intento obtener todas las indicaciones y significaciones posibles. ¿Crees que es pedantería? No lo creo. Tal vez haya en todo esto un poco de "carcelitis", pero no la vieja pedantería tradicional que, por lo demás, hoy yo sería capaz de defender ásperamente contra cierta facilonería superficial y bohemia que ha procurado ya muchos disgustos, y todavía los procura y los procurará. Hoy me gusta más un Manual del cabo que los Refrattari de Vallès. ¿Divago acaso? Por lo demás, tú me escribes muy bien acerca de los chicos y mis continuas quejas se deben al hecho de que ninguna impresión, ni siquiera tuya, Iulca, que siento como parte de mí mismo, puede sustituir la impresión directa; ¿no crees que también tú verías en los hijos algo nuevo o diferente si los miraras junto conmigo? Pero los chicos mismos serían distintos, ¿no crees? "Objetivamente" distintos, precisamente. Cara, quiero que abraces a tu madre de mi parte, con mucho afecto y con una infinidad de buenos deseos por su día. Creo que siempre has sabido que me es difícil, muy difícil, exteriorizar mis sentimientos, y eso puede explicar muchas cosas ingratas. En la literatura italiana se ha dicho que si ya Cerdeña es una isla, cada sardo es una isla en la isla, y recuerdo un artículo muy cómico de un escritor del Giornale d'Italia que en 1920 intentaba explicar así mis tendencias intelectuales y políticas. Pero es posible que haya en ello algo de verdad, la suficiente para poner el acento (en verdad que no es poco poner el acento, pero no voy a meterme a analizar: diré el "acento gramatical", y tú podrás divertirte sin reservas y admirar mi maniática modestia).

Cara, te abrazo con toda ternura,

Antonio.

 

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