CARTA A DELIO GRAMSCI

[Fecha indeterminada, L.C. 890]

Carissimo Delio,

yo no sé si el elefante puede (o podía) evolucionar hasta convertirse en la tierra en un ser capaz, como el hombre, de dominar las fuerzas de la naturaleza y utilizarlas para sus propios fines: no lo sé en abstracto. Concretamente, el elefante no ha tenido el mismo desarrollo que el hombre, y desde luego que no lo tendrá ya, porque el hombre se sirve del elefante, mientras que el elefante no se puede servir del hombre, ni siquiera para comérselo. Lo que piensas de las posibilidades del elefante de adaptar sus patas al trabajo práctico no corresponde a la realidad: de hecho el elefante tiene como elemento "técnico" la trompa, y desde el punto de vista "elefantesco" la utiliza espléndidamente para arrancar árboles, para defenderse en ciertas circunstancias, etc. Tú me habías escrito que te gustaba la historia, y de este modo hemos llegado a la trompa del elefante. Yo creo que para estudiar historia no hay que fantasear demasiado acerca de lo que habría ocurrido "si"... (si el elefante se hubiera erguido para dar mayor desarrollo al cerebro, si..., si...; ¿y si el elefante hubiera nacido con ruedas? ¡Habría sido un tranvía natural! ¿Y si tuviera alas? Imagínate entonces una invasión de elefantes como las de langostas.) Es ya muy difícil estudiar la historia realmente acaecida, porque de una gran parte de ella se ha perdido todo documento; ¿cómo se puede perder el tiempo en formular hipótesis sin fundamento? Además, en tu hipótesis hay demasiado antropomorfismo. ¿Por qué tenía el elefante que evolucionar como el hombre? Quién sabe si algún viejo sabio elefante, o algún ocurrente joven elefantito, desde su punto de vista, no formula hipótesis acerca de las causas por las cuales el hombre no tiene trompa. Espero una larga carta tuya acerca de este tema. Aquí no ha hecho mucho frío, y además este año no estoy tan expuesto al frío como los años pasados. Hay flores abiertas todavía. No tengo ningún pájaro aquí, pero veo siempre en el patio dos parejas de mirlos, y unos gatos que los acechan para cazarlos; pero los mirlos no parecen preocuparse, y están siempre alegres y son elegantes en sus movimientos.

Te abrazo,

Papá.

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