CARTA A DELIO GRAMSCI

[Roma, julio de 1936; L.C. 860]

Carissimo Delio,

me alegro mucho de saber que ninguna de mis cartas te ha disgustado (he sabido que por aquella época has estado malo, pero no sé nada seguro) y tienes razón cuando dices que uno no puede ofenderse porque le digan cosas justas en tono justo. Ahora creo comprender por qué no te he escrito nada a propósito del desacuerdo entre la maestra y tú sobre la obra de Chéjov: creo que era porque la cuestión, tal como tú la planteabas, era la formulación de un dogma sociológico de escasa importancia, de esos que Engels dice que llenan los bolsillos de los que así creen poder ahorrarse el estudio concreto de la historia. Pero tú no tienes más que doce años, y no creo que lleves los bolsillos llenos de dogmas escolásticos; por lo demás, tienes tiempo suficiente para vaciarte los bolsillos y amueblarte el cerebro. No quiero discutir contigo porque tengo un horrible dolor de cabeza; pienso sólo que tienes doce años y, aunque hace ya mucho tiempo que no veo fotografías tuyas, te imagino muy alto y de aspecto serio, muy serio (delante del fotógrafo). Te he mandado un reloj. ¿Te gusta? Tus recuerdos no son muy precisos, pero no importa. Será difícil encontrar una pelota de celuloide con un cisne dentro: yo la había traído de... Milán. Te beso fuerte,

Papá.

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