CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 16-VI-1936; L.C. 853-854]

Carissima Iulca,

no te he escrito la vez pasada porque, como ya te he indicado, me es muy difícil escribirte, a ti y a los chicos. Tengo que hacer un grandísimo esfuerzo, y después de escribir me quedo mucho tiempo descontento y desilusionado. En otro tiempo no era así, y hasta el recuerdo de ese pasado, cuando me gustaba tanto escribirme con vosotros, me desanima y me amarga. He esperado la fotografía de Delio junto con la de Giuliano: y también la tuya. Los chicos cambian tan deprisa en esta edad que parecen personas distintas de una fotografía a otra. Giuliano me parece completamente cambiado. ¿Y tú? No sé qué pensar exactamente de lo que me escribes. Comprendo todas las dificultades que tienes que superar antes de acostumbrarte a la idea de venir, y luego para decidirte prácticamente a subir al tren a la hora x del día x, y, sin embargo, me parece que hay, además de eso, otra cosa que te detiene y que no consigo captar. Leo tus cartas, que me parecen escritas por una persona fuerte y completamente dueña de sus medios: no tienes que abandonarte a la inercia y retrasarlo siempre. Eso me daña mucho, porque también yo tendría que tomar decisiones, y estoy irresuelto en espera de tu decisión, positiva o negativa, pero segura. Mi vida no depende de mí; depende de las autoridades de policía en primer lugar, y, luego, de muchas otras circunstancias. Quiero escribirte ahora una serie de ideas que me acosaban cuando estaba en la cárcel: intentaba contestarme a la pregunta "¿quién me ha condenado a la cárcel, o sea, a llevar esta vida determinada de este modo determinado?" La respuesta no era fácil, porque, en realidad, además de la fuerza principal que determina el acto en su complejo, existen muchas otras fuerzas que consciente o inconscientemente intervienen en la determinación concreta de una circunstancia o de otra, las cuales se sienten a veces con más intensidad que el acto principal. En suma, quiero decirte que tu incertidumbre determina la mía, y que tienes que ser fuerte y valiente para darme toda la ayuda posible, del mismo modo que yo querría hacer contigo, aunque desgraciadamente no puedo. Te abrazo,

Antonio.

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