CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 14-XII-1935; L.C. 847-848]

Cara Iulca,

he recibido tu carta y Tania me ha contado lo que le ha escrito Genia a propósito de tu estado de ánimo y de tus condiciones de salud. Has de tener en cuenta que no estoy en condiciones de escribirte como debería y querría (ya es mucho que haya conservado una conciencia bastante clara de lo que soy y de lo que querría ser). No he comprendido bien lo que me ha contado Tania, pero creo poderte decir que nuestros estados de ánimo se parecen mucho. Por tanto, creo que harías una cosa magnífica viniendo a Italia; desde todos los puntos de vista. Por tu salud, que tal vez se restableciera de modo definitivo, y por mí, que necesito sentirte cerca, reanudar profundamente los vínculos que siempre nos han unido, pero que desde hace demasiados años se han convertido en algo etéreo y abstracto. Cara, yo te he esperado siempre, y siempre has sido uno de los elementos esenciales de mi vida, incluso cuando no tenía ninguna noticia precisa de ti, o recibía cartas tuyas escasas y sin sustancia vital, y hasta cuando yo no te escribía porque no sabía qué escribirte, cómo escribirte, porque me parecía que tú no querías darme ningún punto de apoyo y de contacto. Creo que ha llegado el momento de terminar con esta situación, y eso puede conseguirse si tú vienes aquí, porque yo no puedo moverme. Estoy, desde luego, muy desgastado, y me parece difícil que vaya a recuperar mis fuerzas de otros tiempos; pero creo que tú puedes hacer mucho por mí, y creo que también yo puedo hacer algo por ti, no mucho, pero sí algo. Creo, además, que tienes que tomar una decisión enérgica en seguida, teniendo en cuenta las circunstancias, pero sin dejarte vencer por las circunstancias, aunque no sean sencillas. Cara, pongo en lo que te escribo todo mi afecto, aunque no se vea en las palabras escritas. Por lo demás, tú recuerdas que en 1923 yo no era muy elocuente, y, sin embargo, sé que tú sentías toda la profundidad de mis sentimientos por ti, que no han cambiado en absoluto, o, sin duda, se han robustecido y se han hecho más serenos, porque ahora están, junto a nosotros, nuestros dos chicos. Te abrazo fuertemente,

Antonio.

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