El problema de la dirección política en la formación y el desarrollo de la nación y del Estado moderno en Italia. Todo el problema de la conexión entre las varias corrientes políticas del Risorgimento, o sea, de sus relaciones recíprocas y de sus relaciones con los grupos sociales homogéneos o subordinados existentes en las varias secciones (o en los varios sectores) históricos del territorio nacional, se reduce a este fundamental dato de hecho: los moderados representaban un grupo social relativamente homogéneo, razón por la cual su dirección sufrió oscilaciones relativamente limitadas (y, en cualquier caso, según una línea de desarrollo orgánicamente progresivo), mientras que el llamado Partito d'Azione no se apoyaba concretamente en ninguna clase histórica, y las oscilaciones sufridas por sus órganos dirigentes se componían en última instancia según los intereses de los moderados: la afirmación atribuida a Vittorio Emanuele II de que "tenía en el bolsillo" el Partito d'Azione, o algo parecido, es prácticamente exacta, y no sólo por los contactos personales del rey con Garibaldi, sino también porque de hecho el Partito d'Azione fue dirigido "indirectamente" por Cavour y el rey.

El criterio metodológico en el cual hay que fundar el examen es éste: que la supremacía de un grupo social se manifiesta de dos modos, como "dominio" y como "dirección intelectual y moral". Un grupo social es dominante respecto de los grupos adversarios que tiende a "liquidar" o a someter incluso con la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines o aliados. Un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la conquista del poder); luego, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga firmemente en las manos, se hace dominante, pero tiene que seguir siendo también "dirigente". Los moderados siguieron dirigiendo el Partito d'Azione incluso después de 1870 y de 1876, y el llamado "transformismo" no fue sino la expresión parlamentaria de esa acción hegemónica intelectual, moral y política. Se puede incluso decir que toda la vida italiana desde 1848 está caracterizada por el transformismo, o sea, por la elaboración de una clase dirigente cada vez más amplia dentro de los marcos fijados por los moderados desde 1848 y a partir del hundimiento de las utopías neogüelfas y federalistas, con la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos de varia eficacia, de los elementos activos salidos de los grupos aliados y hasta de los grupos adversarios y que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política se ha convertido en un aspecto de la función de dominio, porque la absorción de las élites de los grupos enemigos lleva a la decapitación de éstos y a su aniquilación por un período a menudo muy largo. En la política de los moderados aparece claramente que puede y debe haber una actividad hegemónica incluso antes de llegar al poder, y que no se tiene que contar sólo con la fuerza material que da el poder para ejercer una dirección eficaz; precisamente la brillante solución de estos problemas ha posibilitado el Risorgimento en las formas y con los límites que ha tenido, sin "terror", como "revolución" sin "revolución", o sea, como "revolución pasiva", por utilizar una expresión de Cuoco [166] en un sentido un poco distinto del que él le da.

166 Vincenzo Cuoco, 1770-1823. Miembro del círculo ilustrado revolucionario de Nápoles (1787). Tuvo una función de segunda fila en la República Partenopea. A la restauración de los Borbones fue condenado a veinte años de destierro y confiscación de bienes. Durante su exilio en Europa escribió su ensayo histórico sobre la Revolución napolitana. De vuelta a Nápoles en 1806. el rey José Bonaparte y luego Murat le confían cargos políticos que parcialmente le confirmaron los Borbones tras la segunda restauración. La obra cultural de Cuoco, inspirada por motivos historicistas análogos a los de la escuela de Savigny, contribuyó a difundir en la Italia del norte la tradición intelectual del sur (especialmente Vico). Con la expresión "revolución pasiva" se refiere Cuoco a la napolitana de 1799, realizada tras la llegada de los franceses y con escasa intervención popular. Cuoco usa la expresión peyorativamente.

¿En qué formas y con qué medios consiguieron los moderados asentar el aparato (el mecanismo) de su hegemonía intelectual, moral y política? En formas y con medios que se pueden llamar "liberales", o sea, por medio de iniciativas individuales, "moleculares", "privadas" (no mediante un programa de partido elaborado y constituido según un plan antes de la acción práctica y organizativa). Por lo demás, eso era "normal", dada la estructura y la función de los grupos sociales representados por los moderados, de los cuales los moderados eran la capa dirigente, los intelectuales en sentido orgánico.

Para el Partito d'Azione el problema se planteaba de manera distinta, y él mismo habría debido utilizar sistemas organizativos distintos. Los moderados eran intelectuales "condensados" ya naturalmente por la organicidad de sus relaciones con los grupos sociales cuya expresión eran (para toda una serie de ellos se tenía una identidad de representado y representante, o sea, los moderados eran una vanguardia real, orgánica, de las clases altas, porque ellos mismos pertenecían económicamente a las clases altas: eran intelectuales y organizadores políticos y, al mismo tiempo, jefes de empresa, grandes terratenientes o administradores de grandes fincas, empresarios comerciales e industriales, etc.). Dada esa condensación o concentración orgánica, los moderados ejercían una poderosa atracción, de forma "espontánea", sobre toda la masa de intelectuales de cualquier grado que existían en la península en estado "difuso", "molecular", por las necesidades, satisfechas aunque fuera elementalmente, de instrucción y administración. Aquí se aprecia la solidez metodológica de un criterio de investigación histórico-política: no existe una clase independiente de intelectuales, sino que cada grupo social tiene su propia capa de intelectuales o tiende a formársela; pero los intelectuales de la clase históricamente (y realistamente) progresiva, en las condiciones dadas, ejercen una tal atracción que acaban por someter, en último análisis, como subordinados, a los intelectuales de los demás grupos sociales y, por tanto, llegan a crear un sistema de solidaridad entre todos los intelectuales, con vínculos de orden sicológico (vanidad, etc.) y a menudo de casta (técnico-jurídicos, corporativos, etc.). Este hecho ocurre "espontáneamente" en los períodos históricos en los cuales el grupo social dado es realmente progresivo, o sea, empuja realmente la sociedad entera hacia adelante, satisfaciendo no sólo sus exigencias existenciales, sino también la tendencia a la ampliación de sus cuadros para la toma de posesión de nuevas esferas de la actividad económico-productiva. Apenas el grupo social dominante ha agotado su función, el bloque ideológico tiende a desintegrarse, y entonces la "espontaneidad" puede ser sustituida por la "coacción", en formas cada vez menos disimuladas e indirectas, hasta llegar a las medidas de policía propiamente dichas y a los golpes de Estado. (C.V.; R. 69-72; es el fragmento inicial de un largo apunte.)

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