Freud y el hombre colectivo. El núcleo más sano y más inmediatamente aceptable del freudismo es la exigencia de estudiar los contragolpes morbosos que tiene toda construcción de un "hombre colectivo", de todo "conformismo social", de todo nivel de civilización, especialmente en las clases que "fanáticamente" hacen del nuevo tipo humano que hay que alcanzar una "religión", una mística, etc. Hay que estudiar si el freudismo no tenía que cerrar necesariamente el período liberal, el cual se caracteriza precisamente por una mayor responsabilidad (y sentido de la misma) de grupos seleccionados en la construcción de "religiones" no autoritarias, espontáneas, libertarias, etc. Un soldado de quinta no sentirá por las posibles muertes cometidas en guerra el mismo tipo de remordimiento que un voluntario, etc. (dirá: me lo mandaron, no podía evitarlo, etc.). Lo mismo puede observarse respecto de las distintas clases: las clases subalternas tienen menos "remordimientos" morales, porqué lo que hacen no les afecta más que en sentido lato, etc. Por eso el freudismo es una "ciencia" más aplicable a las clases superiores, y podría decirse, parafraseando un epigrama de Bourget (o sobre Bourget), que el "inconsciente" no empieza sino a partir de tantos miles de liras de renta. También la religión se siente menos como causa de remordimientos en las clases populares, las cuales tal vez no estén lejos de creer que, en cualquier caso, Jesucristo mismo ha sido crucificado por los pecados de los ricos. Se plantea el problema de si es posible crear un "conformismo", un hombre colectivo, sin desencadenar en alguna medida el fanatismo, sin crear tabúes, críticamente, en suma, como conciencia de una necesidad libremente aceptada porque "prácticamente" reconocida como tal, por un cálculo de medios y fines que hay que adecuar, etc. (C. II; PP 216-217.)

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