Religión, filosofía, política. El discurso de Croce en la sección de Estética del Congreso filosófico de Oxford (resumido en la Nuova Italia del 20 de octubre de 1930) desarrolla de una forma extrema las tesis sobre la filosofía de la práctica expuestas en la Storia della Storiografia italiana nel secolo XIX. Este reciente punto de vista crítico de Croce sobre la filosofía de la práctica (que innova completamente el sostenido en su volumen Materialismo storico ed Economia marxistica), ¿cómo puede juzgarse críticamente? Habrá que juzgarlo no como juicio de filósofo, sino como acto político de alcance práctico inmediato.

Es verdad que se ha formado en la filosofía de la práctica una corriente inferior, la cual puede considerarse respecto de la concepción de los fundadores de la doctrina como el catolicismo popular respecto del teológico o del catolicismo de los intelectuales: del mismo modo que el catolicismo popular puede traducirse a un lenguaje de paganismo o de religiones inferiores al catolicismo, por las supersticiones y las brujerías que las dominaban o las dominan, así también la inferior filosofía de la práctica puede traducirse a un lenguaje "teológico" o trascendental, o sea, propio de las filosofías prekantianas y precartesianas. Croce se comporta como los anticlericales masones y racionalistas vulgares que combaten precisamente el catolicismo con esas comparaciones y con esas traducciones del catolicismo vulgar a un lenguaje "fetichista". Croce cae en la misma posición intelectualista que Sorel reprochaba a Clemenceau: juzgar un movimiento histórico por su literatura de propaganda, y no comprender que también unos folletos vulgares pueden ser expresión de movimientos sumamente importantes y vitales *.

* A este juicio de Sorel sobre Clemenceau hay que agregar el de Croce sobre Giovanni Botero en el volumen Storia dell'età barocca in Italia. Croce reconoce que los moralistas del siglo XVII, por pequeña que fuera su estatura en comparación con Maquiavelo, "representaban en la filosofía política un estadio ulterior y superior". Es, en efecto, un prejuicio de intelectuales el medir los movimientos históricos y políticos con el metro del intelectualismo, de la originalidad, de la "genialidad", o sea, de la consumada expresión literaria y de las grandes personalidades brillantes, en vez de hacerlo con el de la necesidad histórica y el arte político, esto es, con el de la capacidad concreta y actual de adecuar el medio al fin. Este prejuicio es también popular en ciertos estadios de la organización política (estadio de los hombres carismáticos), y se confunde a menudo con el prejuicio del "orador"; el hombre político tiene que ser un gran orador o un gran intelectual, ha de tener el "carisma". del genio, etc. Así se llega al estadio inferior de ciertas regiones campesinas o de negros, en las cuales para tener seguidores era necesario tener barba.

¿Es para una filosofía una fuerza o una debilidad el haber rebasado los comunes límites de las restringidas capas intelectuales y difundirse en las grandes masas, aunque sea adaptándose a la mentalidad de éstas y perdiendo poco o mucho de su nervio? ¿Y qué significa el hecho de una concepción del mundo que de este modo se difunde y arraiga y tiene constantemente momentos de renovación y de nuevo esplendor intelectual? Es una manía de intelectuales fosilizados el creer que una concepción del mundo puede quedar destruida por críticas de carácter racional: ¿cuántas veces se ha hablado de "crisis" de la filosofía de la práctica? ¿Y qué significa esa crisis permanente? ¿No significa tal vez la vida misma, la cual procede por negaciones de negaciones? Ahora bien: ¿qué es lo que ha conservado la fuerza para las sucesivas renovaciones teóricas, si no la fidelidad de las masas populares que habían hecho suya la concepción, aunque fuera en formas supersticiosas y primitivas? A menudo se habla de que, en algunos países, la falta de una oportuna reforma religiosa ha sido causa de involución en todos los campos de la vida civil, y sin embargo no se observa que precisamente la difusión de la filosofía de la práctica es la gran reforma de los tiempos modernos, una reforma intelectual y moral que realiza a escala nacional lo que el liberalismo no ha conseguido hacer más que para reducidas capas de la población. Precisamente el análisis que ha hecho Croce de las religiones en la Storia di Europa y el concepto de religión por él elaborado sirve para comprender mejor la significación histórica de la filosofía de la práctica y las razones de su resistencia a todos los ataques y a todas las deserciones.

La posición de Croce es la del hombre del Renacimiento respecto de la Reforma protestante, con la diferencia de que Croce repite una posición que históricamente ha resultado ser falsa y reaccionaria, y cuyo carácter falso y reaccionario ha contribuido a mostrar él mismo*. Puede entenderse que Erasmo dijera de Lutero: "Donde aparece Lutero, muere la cultura". Pero no se entiende que Croce repita hoy la posición de Erasmo, porque Croce ha visto cómo de la primitiva grosería intelectual del hombre de la Reforma nacía de todos modos la filosofía clásica alemana y el amplio movimiento cultural del que se ha originado el mundo moderno. Además, todo el estudio que en la Storia di Europa hace Croce del concepto de religión es una crítica implícita de las ideologías pequeño-burguesas (Oriani, Missiroli, Gobetti, Dorso, etc.) que explican las debilidades del organismo nacional y estatal italiano por la falta de una Reforma religiosa entendida en un sentido estrechamente confesional. Ampliando y precisando el concepto de religión, Croce muestra el carácter mecánico, esquemático y abstracto de esas ideologías, que no eran más que construcciones de literatos. Pero precisamente por eso es más grave la acusación que hay que dirigirle de no haber comprendido que la filosofía de la práctica, con su amplio movimiento de masas, ha representado y representa concretamente un proceso histórico semejante al de la Reforma, en contraposición con el liberalismo, que reproduce un Renacimiento estrechamente reducido a pocos grupos intelectuales y que, llegado cierto momento, ha capitulado ante el catolicismo, hasta el punto de que el único partido liberal eficaz llegó a ser el Partito Popolare, o sea, una nueva forma de catolicismo liberal.

* Y sus discípulos: Cfr., especialmente, el volumen de De Ruggiero sobre Rinascimento e Riforma.

Croce reprocha a la filosofía de la práctica su "cientificismo", su superstición "materialista", un presunto volver a la "Edad Media intelectual". Son los reproches que Erasmo dirigía al luteranismo en el lenguaje de su época. El hombre del Renacimiento y el hombre creado por el desarrollo de la Reforma se han fundido en el intelectual moderno del tipo de Croce; pero, mientras que el tipo en cuestión sería incomprensible sin la Reforma, él mismo no consigue ya comprender el proceso histórico por el cual se llegó necesariamente del "medieval" Lutero a Hegel, y por eso, puesto ante la gran reforma intelectual y moral representada por la difusión de la filosofía de la práctica, este tipo de intelectual reproduce mecánicamente la actitud de Erasmo.

Esta posición de Croce se puede estudiar con mucha precisión en su actitud práctica respecto de la religión confesional. Croce es esencialmente anticonfesional (no podemos decir antirreligioso, a causa de su definición del hecho religioso), y para un amplio grupo de intelectuales italianos y europeos su filosofía, especialmente en sus manifestaciones menos sistemáticas (como las reseñas, las notas, etc., recogidas en volúmenes como Cultura e vita morale, Conversazioni critiche, Frammenti di Etica, etc.), ha sido una verdadera reforma intelectual y moral de tipo renacentista. "Vivir sin religión" (y se entiende sin confesión religiosa) fue el jugo que obtuvo Sorel de la lectura de Croce *. Pero Croce no ha "ido al pueblo", no ha querido convertirse en un elemento nacional (como tampoco lo hicieron los hombres del Renacimiento, a diferencia de los luteranos y de los calvinistas), no ha querido crear un ejército de discípulos que, en lugar suyo (suponiendo que él hubiera querido reservar su energía para la creación de una alta cultura), pudieran popularizar su filosofía, intentando convertirla en un elemento educador ya a partir de la escuela elemental (y educativo, por tanto, ya para el simple obrero y el campesino, o sea, para el simple hombre del pueblo). Tal vez fuera eso imposible, pero valía la pena intentarlo, y el no haberlo intentado significa también algo.

* Cfr. Lettere di G. Sorei a R. Croce, publicadas en la Critica de 1927 y siguientes.

En algún libro ha escrito Croce cosas de este tenor: "No se puede arrebatar la religión al hombre del pueblo sin sustituirla inmediatamente con algo que satisfaga las mismas exigencias por las cuales nació y todavía subsiste la religión". Hay una verdad en esa afirmación, pero ¿no contiene, además, una confesión de la impotencia de la filosofía idealista para convertirse en una concepción del mundo integral (y nacional)? *. Efectivamente: ¿cómo se podría destruir la religión en la conciencia del hombre del pueblo sin sustituirla al mismo tiempo? ¿Es en este caso posible destruir sin crear? Es imposible. El mismo anticlericalismo masónico-vulgar sustituye la religión que destruye (en cuanto realmente la destruye) por una nueva concepción, y si esta nueva concepción es grosera y baja, eso significa que la religión sustituida era realmente todavía más grosera y más baja. Por tanto, la afirmación de Croce no puede ser más que un modo hipócrita de volver a presentar el viejo principio de que la religión es necesaria para el pueblo. Gentile, menos hipócrita y más consecuentemente, ha vuelto a introducir la enseñanza [de la religión] en las escuelas elementales (y la cosa ha ido más allá de lo que quería el mismo Gentile: se ha extendido la enseñanza religiosa también a las escuelas medias) y ha justificado su acto con la concepción hegeliana de la religión como filosofía de la infancia de la humanidad, concepción que se ha convertido en un puro sofisma al aplicarla a los tiempos actuales, y en un modo de prestar servicio al clericalismo **.

* 'Nacional' es, en mi opinión, errata o lapsus por 'racional'. (N. del T.).

** Hay que estudiar el programa escolar de Croce, derrotado por las vicisitudes parlamentarias del gobierno Giolitti en 1920-21, pero que respecto de la religión no era, si recuerdo bien, muy distinto de lo que ha sido el programa Gentile.

Hay que recordar el "fragmento de Etica" dedicado a la religión. ¿Por qué no ha sido desarrollado? Tal vez porque era imposible desarrollarlo. La concepción dualista y de la "objetividad del mundo externo", tal como se ha arraigado en el pueblo por obra de las religiones y de las filosofías tradicionales hechas "sentido común", no puede desarraigarse y sustituirse más que por obra de una nueva concepción del mundo que se presente en íntima fusión con un programa político y con una concepción de la historia que el pueblo reconozca como expresión de sus necesidades vitales. No es posible pensar en la vida y en la difusión de una filosofía que no sea al mismo tiempo política actual, íntimamente ligada a la actividad preponderante en la vida de las clases populares, ligada al trabajo, y que no se presente, por tanto, dentro de ciertos límites, como necesariamente enlazada con la ciencia. Posiblemente esta nueva concepción tome al principio formas supersticiosas y primitivas, como las de las religiones mitológicas, pero la concepción encontrará en sí misma y en las fuerzas intelectuales que el pueblo segregará de su seno los elementos para superar esa fase primitiva. Esta concepción relaciona al hombre con la naturaleza por medio de la técnica, y mantiene la superioridad del hombre y la exalta en el trabajo creador, con lo que exalta el espíritu y la historia. (C. XXXIII; I.M.S. 223-227; es aproximadamente, la mitad primera del apunte) *.

* Véase el artículo de M. Missiroli sobre la ciencia, publicado por L.O.N. con comentario de Palmiro Togliatti.

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