Filosofía e historia. Qué hay que entender por filosofía, por filosofía en una época histórica, y cuál es la importancia y la significación de las filosofías de los filósofos en cada una de esas épocas históricas. Admitiendo la definición de la religión propuesta por Croce, o sea, la idea de una concepción del mundo que llega a ser norma de vida, como norma de vida no puede entenderse en sentido libresco, sino como actuada en la vida práctica, se puede decir que la mayor parte de los hombres son filósofos, en cuanto que actúan prácticamente y su actuar práctico (las líneas directrices de su conducta) contiene implícitamente una concepción del mundo, una filosofía. La historia de la filosofía tal como corrientemente se entiende, o sea, como historia de las filosofías de los filósofos, es la historia de los intentos y de las iniciativas ideológicas de una determinada clase de personas para cambiar, corregir y perfeccionar las concepciones del mundo existentes en cada época determinada, y para modificar, por tanto, las normas de conducta coherentes con ellas, o sea, para alterar la actividad práctica en su conjunto. Desde el punto de vista que nos interesa, el estudio de la historia y de la lógica de las varias filosofías de los filósofos no es suficiente. Al menos como orientación metódica, hay que llamar la atención sobre las demás partes de la historia de la filosofía, o sea, sobre las concepciones del mundo de las grandes masas, de los grupos dirigentes más restringidos (o intelectuales) y, por último, sobre los vínculos entre esos varios complejos culturales y la filosofía de los filósofos. La filosofía de una época no es la filosofía de tal o cual filósofo, ni la de tal o cual grupo de intelectuales, ni la de tal o cual gran parte de las masas populares: es una combinación de todos esos elementos, que culmina en una dirección determinada a lo largo de la cual ésa su culminación se hace norma de acción colectiva, o sea, se hace "historia" concreta y completa (integral).

La filosofía de una época histórica no es, pues, más que la "historia" de esa misma época, la masa de variaciones que el grupo dirigente ha conseguido determinar en la realidad anterior; historia y filosofía son inseparables en este sentido, forman un "bloque". Pero se pueden "distinguir" los elementos filosóficos propiamente dichos, y en sus diversos grados: como filosofía de los filósofos, como concepciones de los grupos dirigentes (cultura filosófica) y como religiones de las grandes masas, y se puede ver que cada uno de esos grados presenta formas diversas de "combinación" ideológica. (C. XXXIII; I.M.S. 21-22.)

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A pesar de todo, a pesar de la elaboración experimentada en estos últimos años, ¿puede decirse que no haya restos de la filosofía de la práctica en la concepción de Croce? * ¿Verdaderamente no hay ya en el historicismo de Croce ninguna influencia de su experiencia intelectual de los años que van de 1890 a 1900? La posición de Croce a este respecto se desprende de varios escritos; son de especial interés el prólogo de 1917 a la nueva edición del Materialismo storico, la sección dedicada al materialismo histórico en la Storia della Storiografia italiana nel secolo XIX y el Contributo alla Critica di me stesso. Pero, aunque interesa lo que Croce piensa de sí mismo, eso no es suficiente ni agota la cuestión.

* Sobre los "residuos" o supervivencias (que en realidad son elaboraciones que tienen su peculiar organicidad) de la doctrina de la filosofía de la práctica en la filosofía de Croce se está constituyendo una cierta literatura; cfr., por ejemplo, el ensayo de Enzo Tagliacozzo, "In memoria di Antonio Labriola" (Nuova Italia, 20 de diciembre- de 1934, 20 de enero de 1935, especialmente la segunda entrega), y el ensayo de Edmondo Cione "La logica dello Storicismo", Napoli, 1933. (Por una reseña de este ensayo, publicada en la Nuova Rivista Storica, enero-febrero de 1935, página 132-134, parece que para Cione Croce no se libera completamente de las supervivencias de la filosofía de la práctica hasta la Storia d'Europa. Hay que ver éste y otros ensayos de Cione. En una reseña de algunas publicaciones de Guido Calogero (Critica, mayo de 1935), Croce alude al hecho de que Calogero llama "filosofía de la práctica" a una interpretación suya del actualismo gentiliano. Cuestiones de terminología (pero acaso no sólo de terminología), que es necesario aclarar.

Según Croce, su actitud respecto de la filosofía de la práctica es la de un desarrollo ulterior (una superación) por el cual la filosofía de la práctica se ha convertido en un momento de una concepción más elaborada; pero el valor de esa experiencia sería sólo negativo, en el sentido de que habría contribuido a destruir prejuicios, residuos pasionales, etc. Por utilizar una metáfora tomada del lenguaje de la física: la filosofía de la práctica habría actuado en la mentalidad de Croce como un cuerpo catalítico, que es necesario para obtener el nuevo producto, pero del cual no queda huella alguna en el producto mismo. ¿Es eso verdad? A mí me parece que bajo la forma y el lenguaje especulativos es posible rastrear más de un elemento de la filosofía de la práctica en la concepción de Croce. Tal vez pudiera decirse más, y este estudio sería de grandísima significación histórica e intelectual en la época presente, esto es: así como la filosofía de la práctica ha sido la traducción del hegelianismo a un lenguaje historicista, así también la filosofía de Croce es en medida muy notable una retraducción del historicismo realista de la filosofía de la práctica a un lenguaje especulativo. En febrero de 1917 y en una breve nota que precedía a la reproducción del escrito de Croce, Religione e serenità, recientemente aparecido entonces en la Critica, yo escribí que al modo como el hegelianismo había sido la premisa de la filosofía de la práctica en el siglo XIX, en los orígenes de la civilización contemporánea, así también la filosofía crociana podía ser la premisa de un resurgir de la filosofía de la práctica en nuestros días, para nuestra generación. La cuestión estaba simplemente aludida, de una forma sin duda primitiva y desde luego inadecuada, porque en aquella época no tenía yo claro el concepto de la unidad entre la teoría y la práctica, entre la filosofía y la política, y yo era tendencialmente más bien crociano. Pero ahora, aunque no sea con la madurez y la capacidad que serían necesarias para este asunto, me parece que hay que recoger esa posición y presentarla en forma más elaborada críticamente. O sea: hay que volver a hacer para la concepción filosófica de Croce la misma reducción que los primeros teóricos de la filosofía de la práctica hicieron con la concepción hegeliana. Este es el único modo históricamente fecundo de determinar una recuperación adecuada de la filosofía de la práctica, de levantar esta concepción, que se ha ido "vulgarizando" por las necesidades de la vida práctica inmediata, a la altura que ha de alcanzar para la solución de las tareas, mucho más complejas, que le propone el desarrollo actual de la lucha, o sea, a la altura de la creación de una nueva cultura integral que tenga los caracteres de masa de la Reforma protestante y de la Ilustración francesa y tenga los caracteres de clasicidad de la cultura griega y del Renacimiento italiano, una cultura que, recogiendo las palabras de Carducci, haga la síntesis de Maximiliano Robespierre y Manuel Kant, de la política y de la filosofía, en una unidad dialéctica intrínseca a un grupo social no sólo francés o alemán, sino europeo y mundial.

Es necesario que la herencia de la filosofía clásica alemana no sea sólo objeto de inventario, sino que vuelva a ser viva y activa, y para conseguir eso hay que pasar cuentas con la filosofía de Croce; esto quiere decir que, para nosotros los italianos, ser herederos de la filosofía clásica alemana significa ser herederos de la filosofía crociana, la cual representa el momento mundial actual de la filosofía clásica alemana.

Croce combate con demasiado encarnizamiento la filosofía de la práctica, y recurre en su lucha a aliados paradójicos, como el mediocrísimo De Man. Ese encarnizamiento es sospechoso, y puede revelarse como una coartada para negarse a esa rendición de cuentas. Pero hay que llegar a ésta, y del modo más amplio y profundo posible. Un trabajo de ese género, un Anti-Croce que pudiera tener en la atmósfera de la cultura moderna la significación y la importancia que ha tenido el Anti-Dühring para la generación anterior a la Primera Guerra Mundial, merecería que un entero grupo de hombres le dedicase diez años de actividad.

Nota I. Las huellas de la filosofía de la práctica pueden encontrarse especialmente en la solución dada por Croce a problemas particulares. Un ejemplo típico me parece ser la doctrina del origen práctico del error. En general, se puede decir que la polémica contra la filosofía del acto puro de Giovanni Gentile ha obligado a Croce a un mayor realismo y a sentir cierto fastidio, o impaciencia al menos, por las exageraciones del lenguaje especulativo, hecho ya jerga y "ábrete sésamo" por los hermanitos mínimos actualistas.

Nota II. Pero la filosofía de Croce, a pesar de todo, no puede examinarse con independencia de la de Gentile. Un Anti-Croce tiene que ser también un Anti-Gentile; el actualismo gentiliano dará los erectos de claroscuro al cuadro, necesarios para un mayor relieve.

(C. XXXIII; I.M.S. 198-200.)

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