CARTA A TATIANA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 6-VII-1933; L.C. 797-799.]

Carissima Tania,

he pedido permiso para escribirte esta carta suplementaria. Creo que a estas horas habrás recibido ya la carta que te escribí el domingo, y que te habrá dolido. Me he vuelto medio loco y no estoy seguro de no llegar a estarlo del todo dentro de poco. Te suplico que observes escrupulosamente lo que te voy a escribir. Tal vez sea el único procedimiento para que no me vuelva loco del todo. 1) Mira a ver si te conceden una visita en cuanto recibas esta carta. Como tengo que pedirte que salgas inmediatamente para Roma, y como permiten siempre una visita de despedida, es posible que te pueda hablar personalmente. 2) Si no te conceden la visita, te pido que salgas inmediatamente para Roma, sin esperar por ninguna razón ni dejarte desviar por frivolidades o cosas secundarias. Tienes que hacer una gestión urgente para que me trasladen lo antes posible de la cárcel de Turi a la enfermería de alguna otra cárcel en la que haya especialistas que puedan someterme a un examen suficiente para determinar cuál es el complejo de enfermedad que me afecta y puedan hacerme la radiografía pulmonar que resuelva las dudas del profesor Arcangeli y del inspector penal, doctor Saporito [127]. Te ruego que creas que no puedo aguantar más. El dolor por el cerebelo y por todo el cráneo me saca de quicio. También se me ha agravado, y se agrava progresivamente, la dificultad en el uso de las manos, lo cual no puede deberse simplemente a arterioesclerosis. Ha venido a visitarme un inspector de la administración de las cárceles, el cual me ha dado amplias garantías de que a partir de ahora se me tratará médicamente y de que se eliminarán las desastrosas condiciones higiénicas, desde el punto de vista del sistema nervioso, en las cuales he enfermado y me he agravado. No tengo razón alguna para poner en duda que tengan las mejores intenciones de ayudarme. Pero, por una experiencia de dos años, creo que eso es insuficiente antes de que un reconocimiento serio fije con exactitud qué es lo que me hace sufrir tan atormentadamente y ya de modo insoportable, y antes de que médicos competentes y conscientes den indicaciones precisas de tratamiento. Si no hubiera venido el inspector, yo mismo habría pedido permiso para mandar una instancia al Jefe del Gobierno, puesto que tú has dejado pasar cuatro buenos meses sin decidirte a hacer lo que enseguida te pedí que hicieras, y has contribuido así a prolongar este período de atroz agonía en que he vivido hasta ahora. El inspector me ha asegurado que el Ministerio se propone estudiar mi caso. Espero de este modo que no sea difícil obtener una cosa tan sencilla como la de que le manden a uno a una enfermería penal organizada de un modo moderno. Es una cosa que se hace a menudo. No puedo darte indicaciones porque no sé nada seguro; he oído hablar de las enfermerías de Roma y de Civitavecchia, pero el sitio me interesa poco. Lo que me interesa es que me arranquen de este infierno en el que muero poco a poco. Si te preguntan si el traslado de Turi ha de ser definitivo o no, creo que no se debe contestar taxativamente.

127 El doctor Umberto Arcangeli había reconocido a Gramsci el 20 de marzo, y había identificado el proceso tuberculoso ocultado por el doctor Cisternino (cfr. nota 104).

Lo importante es que se me traslade en seguida, que me reconozcan seria y metódicamente y que me pongan en condiciones de superar la anemia cerebral con un poco de descanso. Luego, que decidan adónde tienen que mandarme, considerando los informes de los médicos. Creo que te he explicado lo que tienes que hacer. Te ruego que lo hagas enseguida, sin titubeos ni vacilaciones, ni a medias. Te daré alguna explicación de la carta anterior. Estaba constantemente en un estado de ánimo de expectativa por tu marcha de Turi; si nada más llegar me hubieras advertido de que ibas a quedarte tanto tiempo, yo habría tomado mis decisiones y no habría dejado pasar tanto tiempo inútilmente. Pero lo que me ha exasperado ha sido tu alusión al profesor Fumarola y a los somníferos; te había explicado de qué se trataba, tú me habías dicho incluso que habías sido "estúpida" al no entenderlo, y luego me vuelves a hablar de Quadro Nox y de otros medicamentos que no me sirvieron para nada, cono no sea para agravarme el mal al hacer más brusco y desconcertante el despertar forzado. Recibí ayer tu postal, en la que escribes lo que te ha dicho el abogado; pero ¿a qué se refiere? Por lo demás, no me importa nada que el Tribunal Especial pueda o no disminuir en algún año la condena. Me das la impresión del que contempla cómo se ahoga uno y en vez de sacarlo del agua se preocupa primero de comprarle ropa nueva y hasta de encontrarle otro oficio en el que no corra el peligro de caerse al agua. Y mientras tanto el otro se ahoga. Por lo demás, te ruego que en cuanto recibas esta carta, si no te conceden la visita, me telegrafíes si estás dispuesta a hacer inmediatamente lo que te he escrito. Si no lo estás, lo haré yo mismo en cuanto me sea posible, dadas las formalidades corrientes. Si no hubiera caído en la situación de embrutecimiento en que me he encontrado durante los pasados meses, lo habría hecho yo de cualquier manera y habría sido mejor. Es una lección para el futuro. ¡Y pensar que yo mismo escribí a Giulia la fábula del hombre que se cayó en la fosa [128] Espero respuesta tuya. Te abrazo,

Antonio.

[128] Gramsci alude a una narración del escritor de la proletkult, Lucien Jean (Lucien Dieudonné), publicada en L.O.N. semanal del 6 de diciembre de 1919. Es la historia de un hombre que cae en una zanja, pasa toda la noche en ella y, llegada la mañana, pide socorro. Acuden sucesivamente un científico, un campesino, un artista y un sacerdote, y ninguno de ellos le ayuda a salir. "Y así el hombre seguía en la fosa, hasta que miró en torno suyo, vio con exactitud el lugar en que había caído, se desprendió de las ramas, se encogió, buscó apoyo para los brazos y las piernas, se puso en pie y salió de la zanja por sus propias y solas fuerzas". (Carta a Julia Schucht, 27 de junio de 1932, L.C. 644)

www.gramsci.org.ar