CARTA A JULIA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 19-XII-1932; L.C. 719-720.]

Carissima Iulca,

he recibido tu carta del 2. Por lo que me escribe Tania, parece que tú, en cambio, no has recibido algunas cartas mías (una, por ejemplo, dirigida a Delio). A decir verdad, no me molesta mucho que se pierda alguna, pero, desgraciadamente, las pérdidas serán por fuerza casuales, no inteligentes. Quiero decir que tras haber escrito algunas cartas yo mismo me siento disgustado de ellas, hasta tal punto noto el tono pedante que tomo y que, para ti, debe ser muchas veces cómico. Eso depende de muchas circunstancias ligadas a mis condiciones de vida, a ciertos acontecimientos de los años pasados y también al hecho de que en tus cartas hay pocas cosas que provoquen respuesta. Eres demasiado abstracta y genérica, mientras que yo necesitaría más concreción. He perdido mucha capacidad de imaginación, y la mayor parte de los contactos con el flujo de la vida real; mis recuerdos, aunque vivos, son ya de hace seis años y ¿cuántas cosas no habrán cambiado en estos seis años? Por fuerza tengo que ser "anacrónico" en todo, y entonces, como siempre ocurre, me refugio en la pedantería y en la predicación, porque a pesar de todo quiero decir algo y fingir que te ayudo, cuando en realidad no puedo de hecho ayudarte a superar la actual fase de tu existencia, que me parece la de una convaleciente que hace mil proyectos de actividad y no sabe por dónde empezar. Eso me hace suponer que también tú tienes algo anacrónico, que también a ti, aunque en una forma muy distinta de la mía, te ha ocurrido eso de quedarse durante unos años a la orilla del flujo de la vida, y que ahora no sabes cómo volver a sumirte en él (o crees que no lo sabes, cuando acaso no te das cuenta de que has vuelto a empezar a trabajar hace ya un rato). Una vez te aconsejé que reanudaras el trabajo con la música, igual que yo volvería a empezar mis estudios de filología. Como el estudio de la música ha sido el punto de partida de tus experiencias, yo creía que volviendo a él podrías revivir el pasado con mayor conciencia crítica y volver a emprender las etapas de tu existencia, no para repetirlas mecánicamente, sino para volver a recorrerlas intensamente y soldar el eslabón roto de la cadena (caso de que haya algún eslabón roto). No sé si has entendido mi consejo en este sentido, o si lo has visto sólo como consejo encaminado a proponerte un relleno cualquiera para lo que tú llamas el estado de inercia en el cual te encuentras desde hace demasiado tiempo. Muchas veces ocurre que, volviendo a las experiencias pasadas con todo el enriquecimiento posterior, se logran descubrimientos interesantes, se da uno cuenta de que se desvió ligeramente de la línea que habría permitido un despliegue mayor de sus propias fuerzas y, por tanto, una aportación mayor, como colaborador, al desarrollo de las fuerzas históricas vitales; pero la ligera desviación inicial se ha ido haciendo luego cada vez mayor y ha constreñido la personalidad, de modo que el rectificar la desviación podría significar un nuevo arranque más normal, fecundo y rico de valores. Como ves, también éstas son observaciones abstractas, inevitablemente genéricas. Infórmame exactamente, por lo demás, de tu nuevo intento de tratamiento. Me alegro de que este otoño los niños hayan estado inmunes a todas las enfermedades de la estación, y me alegro también... de que hayas escrito con mi pluma. (Pero ten en cuenta que hay que cargarla con tinta fluida para estilográfica, no con tinta corriente, que deja depósito y obstruye los conductos.) Te abrazo, cara, junto con los niños,

Antonio.

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