El hombre individuo y el hombre masa. El proverbio latino Senatores boni viri senatus mala bestia se ha convertido en un lugar común. ¿Qué significa ese proverbio, y qué significación ha ido tomando? Que una muchedumbre de personas dominadas por los intereses inmediatos o víctimas de la pasión producida por las impresiones del momento acríticamente transmitidas de boca en boca se unifica en torno a la decisión colectiva peor, la que corresponde a los más bajos instintos bestiales. La observación es acertada y realista cuando se refiere a las muchedumbres casuales, reunidas como "un gentío bajo techado durante un aguacero", compuestas por hombres no atados por vínculos de responsabilidad para con otros hombres o grupos de hombres, o respecto de una realidad económica concreta cuya disgregación redundara en un desastre para los individuos. Por eso puede decirse que en muchedumbres así no sólo no se supera el individualismo, sino que éste se exaspera por la certidumbre de la impunidad y de la irresponsabilidad.

Pero también es observación común que una asamblea "bien ordenada" de individuos agitados e indisciplinados se unifica en torno a decisiones colectivas superiores a la media individual; la cantidad se hace en estos casos cualidad. Si así no fuera, no sería posible el ejército, por ejemplo; ni serían posibles los sacrificios inauditos que saben realizar grupos humanos bien disciplinados en ocasiones determinadas, cuando su sentido de responsabilidad social se despierta lúcidamente por la percepción inmediata del peligro común, y el porvenir se presenta como más importante que el presente.

Puede aducirse el ejemplo de un mitin en la plaza, distinto del que se celebra en una sala cerrada, y del mitin sindical de categoría profesional, etc. Una sesión de oficiales de Estado Mayor será muy distinta de una asamblea de soldados de una unidad, etc.

Tendencia al conformismo en el mundo contemporáneo, más amplia y más profunda que en el pasado: la standardización del modo de pensar y de obrar toma extensión nacional o hasta continental.

La base económica del hombre-colectivo: grandes fábricas, taylorización, racionalización, etc. Pero en el pasado, ¿existía o no existía el hombre-colectivo? Existía en la forma de la dirección carismática, por usar la expresión de Michels [110], o sea, se obtenía una voluntad colectiva bajo el impulso y la sugestión inmediata de un "héroe", de un hombre representativo; pero esa voluntad colectiva se debía a factores extrínsecos y se componía y se descomponía constantemente. El hombre-colectivo actual se forma, por el contrario, de un modo que procede esencialmente de abajo a arriba, en base a la posición que ocupa la colectividad en el mundo de la producción: el hombre representativo sigue teniendo hoy una función en la formación del hombre-colectivo, pero una función inferior en mucho a la del pasado, hasta el punto de que puede desaparecer sin que el cemento colectivo se deshaga y sin que se hunda la construcción.

110 Crítico de la democracia parlamentaria desde un punto de vista sociológico formal emparentado con las concepciones de Max Weber. Por los años 20 y 30 se difundió mucho su tesis (compartida por el italiano Mosca, también muy leído entonces) de la oligarquía de las élites dominantes de los partidos políticos. (Die Soziologie cíes Parteiwesens, 1era. ed., Leipzig, 1911).

Se dice que "los científicos occidentales sostienen que la sique de las masas no es más que el resurgir de los antiguos instintos de la horda primordial y, por tanto, un retroceso a estadios culturales superados hace mucho tiempo"; esto tiene que relacionarse con la llamada "sicología de las masas", o sea, de las muchedumbres casuales, y la afirmación es seudocientífica y está vinculada con la sociología positivista.

Sobre el "conformismo" social hay que observar, además, que la cuestión no es nueva, y que la alarma lanzada por ciertos intelectuales es pura y simplemente grotesca. El conformismo ha existido siempre: lo que pasa es que hoy se trata de una lucha entre "dos conformismos", de una lucha por la hegemonía, de una crisis de la sociedad civil. Los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que pierden terreno bajo los pies, se dan cuenta de que sus "sermones" se están reduciendo precisamente a "sermones", a cosas ajenas a la realidad, a pura forma sin contenido, a larva sin espíritu; a eso se deben su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras; como la forma particular de civilización, de cultura, de moralidad que ellos han representado está descomponiéndose, ellos proclaman la muerte de toda civilización, de toda cultura, de toda moralidad, y piden al Estado que tome medidas represivas, y se constituyen en grupo de resistencia apartado del proceso histórico real, aumentando así la duración de la crisis porque el ocaso de un modo de vivir y de pensar no puede realizarse sin crisis. Los representantes del nuevo orden en gestación, por su parte, difunden utopías y planes extravagantes por puro odio "racionalista" a lo viejo. ¿Cuál es el punto de referencia para el nuevo mundo en gestación? Es el mundo de la producción, el trabajo. El máximo utilitarismo tiene que ponerse en la base de todo análisis de los institutos morales e intelectuales que hay que crear, y de los principios que hay que difundir: la vida colectiva e individual tiene que organizarse para el rendimiento máximo del aparato productivo. El desarrollo de las fuerzas económicas sobre las bases nuevas y la instauración progresiva de la nueva estructura sanearán las contradicciones que inevitablemente se presentarán y, tras haber creado un nuevo "conformismo" desde abajo, permitirán nuevas posibilidades de autodisciplina, o sea, de libertad también individual. (C. VII; M. 149-151.)

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Habrá que ver si la famosa teoría de Bronstein [111] sobre la permanencia del movimiento no es el reflejo político de la teoría de la guerra de movimiento o maniobra (recordar la observación del general de cosacos Krasnov), y, en último análisis, reflejo de las condiciones generales económico-culturales-sociales de un país en el cual los cuadros de la vida nacional son embrionarios y laxos, y no pueden convertirse en "trinchera o fortaleza". En este caso se podría decir que Bronstein, que se presenta como un "occidentalista", era, en cambio, un cosmopolita, o sea, superficialmente nacional y superficialmente occidentalista o europeo. En cambio, Ilici [Lenin] era profundamente nacional y profundamente europeo.

111 Trotski (Lev Davidóvic Bronstein).

Bronstein recuerda en sus memorias que de su teoría dijeron que había demostrado su bondad... al cabo de quince años, y contesta a ese epigrama con otro. En realidad, su teoría como tal no era buena ni quince años antes ni quince años después; como les ocurre a los testarudos de que habla Guicciardini. Bronstein adivinó en general, o sea, tuvo razón en cuanto a la previsión práctica más general; lo cual es como predecir a una niña de cuatro años que llegará a ser madre y luego, cuando es realmente madre, concluir: "ya os lo había dicho yo", sin recordar que cuando tenía cuatro años quería estuprar a la niña, seguro de que se habría convertido en madre. Me parece que Ilici, por el contrario, había comprendido que era necesario pasar de la guerra de movimiento, victoriosamente aplicada en Oriente el año 17, a la guerra de posición o de trinchera, que era la única posible en Occidente, tierra en la cual, como observa Krasnov, los ejércitos podían acumular en poco espacio y tiempo interminables cantidades de municiones, y los cuadros sociales eran todavía y por sí mismos capaces de convertirse en trincheras pertrechadísimas. Esto me parece ser el significado de la fórmula del "frente único", que corresponde a la concepción de un solo frente de la Entente bajo el mando único de Foch.

Sólo que Ilici no tuvo tiempo de profundizar su fórmula, aparte de que no podía profundizarla sino teóricamente, mientras que la tarea fundamental era nacional, o sea, exigía un reconocimiento del terreno y una determinación de los elementos de trinchera y de fortaleza, representados por los elementos de la sociedad civil, etc. En Oriente, el Estado lo era todo, la sociedad civil era primaria y gelatinosa; en Occidente, en cambio, había una correlación eficaz entre el Estado y la sociedad civil, y en el temblor del Estado podía de todos modos verse en seguida una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado era sólo una trinchera avanzada, detrás de la cual se encontraba una robusta cadena de fortalezas y fortines; con diferencias entre los Estados, naturalmente, pero eso era precisamente lo que requería un cuidadoso reconocimiento de carácter nacional.

La teoría de Bronstein puede compararse con la de ciertos sindicalistas franceses sobre la huelga general, o con la teoría de Rosa [112] en el folleto traducido por Alessandri. El folleto de Rosa y las teorías de Rosa han influido, por lo demás, en los sindicalistas franceses, como se aprecia en ciertos artículos de Rosmer sobre Alemania en la Vie Ouvrière (primera serie de folletos): también depende en parte de la teoría de la espontaneidad. (C. VII; M. 67-68.)

112 Rosa Luxemburg.

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