Economía e ideología. La pretensión (presentada como postulado esencial del materialismo histórico) de presentar y exponer toda fluctuación de la política y de la ideología como expresión inmediata de la estructura tiene que ser combatida en la teoría como un infantilismo primitivo, y en la práctica hay que combatirla con el testimonio auténtico de Marx, escritor de obras políticas e históricas concretas. A este respecto son de especial importancia el 18 Brumario y los escritos acerca de la Cuestión oriental, pero también otros (Revolución y contrarrevolución en Alemania, La guerra civil en Francia y otros menores). Un análisis de esas obras permite fijar mejor la metodología histórica marxista, integrando, iluminando e interpretando las afirmaciones teóricas dispersas por todas las obras.

Así podrá observarse cuántas cautelas reales introduce Marx en sus investigaciones concretas, cautelas que no podían formularse en las obras generales *. Entre esas cautelas podrían enumerarse como ejemplo las siguientes:

* Esas cautelas no podían exponerse más que en una exposición metódica sistemática, del tipo del libro de Bernheim, y éste podrá tenerse en cuenta como "tipo" de manual escolar o "ensayo popular" del materialismo histórico, en el cual, además del método filológico y erudito (al cual se atiene por programa Bernheim, aunque su tratamiento implique una concepción del mundo), debería tratarse explícitamente la concepción marxista de la historia.

1) La dificultad que tiene el identificar en cada caso, estáticamente (como imagen fotográfica instantánea), la estructura; la política es de hecho en cada caso reflejo de las tendencias de desarrollo de la estructura, pero no está dicho que esas tendencias vayan a realizarse necesariamente. Una fase estructural puede estudiarse y analizarse concretamente sólo cuando ya ha superado todo su proceso de desarrollo, y no durante el proceso mismo, salvo por hipótesis y declarando explícitamente que se trata de hipótesis.

2) De lo anterior se deduce que un determinado acto político puede haber sido un error de cálculo de los dirigentes de las clases dominantes, error que el desarrollo histórico corrige y supera a través de las "crisis" parlamentarias gubernativas de las clases dirigentes; el materialismo histórico mecánico no considera la posibilidad de error, sino que entiende todo acto político como determinado por la estructura de un modo inmediato, o sea, como reflejo de una modificación real y permanente (en el sentido de adquirida) de la estructura. El principio del "error" es complejo: se puede tratar de un impulso individual por equivocación de cálculo, o también de manifestaciones de los intentos de determinados grupos o grupitos de hacerse con la hegemonía dentro de la agrupación dirigente, intentos que pueden fracasar.

3) No se considera lo suficiente el hecho de que muchos actos políticos se deben a necesidades internas de carácter organizativo, o sea, que están vinculados a la necesidad de dar coherencia a un partido, a un grupo, a una sociedad. Esto resulta claro, por ejemplo, en la historia de la Iglesia católica. Estaríamos frescos si quisiéramos encontrar en la estructura la explicación inmediata, primaria, de toda lucha ideológica en el seno de la Iglesia: por esa razón se han escrito muchas novelas político-económicas. Es evidente, por el contrario, que la mayor parte de esas discusiones obedecen a necesidades sectarias, de organización. En la discusión entre Roma y Bizancio acerca de la procesión del Espíritu Santo sería ridículo explicar por la estructura del Oriente europeo la afirmación de que el Espíritu Santo procede sólo del Padre, y por la estructura de Occidente la afirmación de que procede del Padre y del Hijo. Las dos Iglesias, cuya existencia y cuyo conflicto dependen de la estructura y de toda la historia, han planteado cuestiones que son un principio de distinción y de cohesión interna para cada una de ellas; pero podía ocurrir perfectamente que cada una de las dos Iglesias afirmara precisamente lo que afirmó la otra; el principio de distinción y de conflicto se habría mantenido igual, y lo que constituye el problema histórico es precisamente ese problema de la distinción y del conflicto, no la casual bandera de cada una de las partes.

Nota II. El "asterisco" que escribe folletones ideológicos en Problemi del Lavoro (y que debe ser el malfamado Franz Weiss), habla precisamente de esas controversias de los primeros tiempos cristianos en su divertida fábula "el dumping ruso y su significación histórica", y dice que estuvieron relacionadas con las condiciones materiales inmediatas de la época, y que si no conseguimos hoy identificar esa relación directa es porque los hechos son remotos o por nuestra debilidad intelectual. La posición es cómoda, pero no tiene ninguna importancia científica. En realidad, toda fase histórica real deja huella de sí en las fases posteriores, que en cierto sentido llegan a ser su mejor documento. El proceso de desarrollo histórico es una unidad en el tiempo, por lo cual el presente contiene todo el pasado, y en el presente se realiza del pasado todo lo que es "esencial", sin residuo "incognoscible" que sea la verdadera "esencia". Lo que se ha "perdido", o sea, lo que no se ha transmitido dialécticamente en el proceso histórico, era ya en sí mismo sin importancia, era "escoria" casual y contingente, crónica y no historia, episodio superficial omitible en último análisis. (C. VII; I.M.S. 96-98.)

*

La afirmación de Feuerbach: "El hombre es lo que come", puede interpretarse de diversos modos si se la toma en sí misma. Interpretación burda y estúpida: el hombre es en cada momento lo que materialmente come, o sea, los alimentos tienen una inmediata influencia determinante en su modo de pensar. Recordar la afirmación de Amadeo [108], según la cual, si se supiera lo que ha comido un hombre antes de pronunciar un discurso, por ejemplo, se podría interpretar mejor el discurso mismo. Afirmación infantil e incluso ajena, de hecho, a la misma ciencia positiva, porque el cerebro no se alimenta de habas ni de trufas, sino que los alimentos llegan a reconstituir las moléculas del cerebro una vez transformados en sustancias homogéneas y asimilables, que tienen ya, esto es, la "misma naturaleza" potencial que las moléculas cerebrales. Si esa afirmación fuese verdadera la historia tendría su matriz determinante en la cocina y las revoluciones coincidirían con los cambios radicales de la alimentación de las masas. La verdad histórica es al revés: que las revoluciones y el complejo desarrollo histórico modifican la alimentación y crean los sucesivos "gustos" en la elección de alimentos. No ha sido la siembra regular del trigo lo que ha terminado con el nomadismo, sino que, al contrario, han sido las condiciones que surgieron contra el nomadismo las que movieron a la siembra regular, etc. *.

* Comparar esta afirmación de Feuerbach con la campaña de S. E. Marinetti contra la pastasciutta. y la polémica de S. E. Bontempelli en su defensa. Y eso en 1930, en pleno desarrollo de la crisis mundial.

[108] Amadeo Bordiga.

Por otra parte, también es verdad que "el hombre es lo que come", en cuanto la alimentación es una de las expresiones de las relaciones sociales en su conjunto, y toda agrupación social tiene una alimentación fundamental; pero del mismo modo puede decirse que "el hombre es su vestido", "el hombre es su casa", "el hombre es su particular modo de reproducirse, o sea, su familia", porque, junto con la alimentación, el vestido, la casa y la reproducción son los elementos de la vida social en que más evidente y difusamente (o sea, con extensión de masa) se manifiesta el complejo de las relaciones sociales.

El problema ¿qué es el hombre? es, pues, siempre el problema llamado de la "naturaleza humana", o del llamado "hombre en general", o sea, el intento de crear una ciencia del hombre (una filosofía) que parta de un concepto inicialmente "unitario", de una abstracción en la cual pueda contenerse todo lo "humano". Pero ¿es lo "humano" un punto de partida o un punto de llegada, como concepto y hecho unitario? ¿O no es más bien esa búsqueda un resto "teológico" y "metafísico" si se pone como punto de partida? La filosofía no puede reducirse a una "antropología" naturalista, esto es: la unidad del género humano no está dada por la naturaleza "biológica" del hombre: las diferencias humanas que cuentan en la historia no son las biológicas (razas, conformación del cráneo, color de la piel, etc., y a eso se reduce en sustancia la afirmación "el hombre es lo que come" --come trigo en Europa, arroz en Asia, etc.-- y que se reduce al final a esta última afirmación: "el hombre es el país en que vive", puesto que la mayor parte de los alimentos está, en general, vinculada a la tierra habitada), y tampoco la "unidad biológica" ha contado nunca mucho en la historia (el hombre es el animal que se ha comido a sí mismo, precisamente cuando más cerca estaba del "estado natural", o sea, cuando no podía multiplicar "artificialmente" la producción de los bienes naturales). Tampoco "la facultad de razonar" o el "espíritu" ha creado unidad ni puede ser reconocido como hecho "unitario", porque es un concepto sólo formal, de categoría. Lo que une o diferencia a los hombres no es el "pensamiento", sino lo que realmente se piensa.

La respuesta más satisfactoria es que la "naturaleza humana" es el "complejo de las relaciones sociales", porque incluye la idea de devenir: el hombre deviene, cambia continuamente al cambiar las relaciones sociales, y porque esa respuesta niega al "hombre en general". Efectivamente, las relaciones sociales son producidas por diversos grupos de hombres que se presuponen, cuya unidad es dialéctica, no formal. El hombre es aristócrata en cuanto es siervo de la gleba, etc. También se puede decir que la naturaleza del hombre es la "historia" (y en este sentido, identificando historia con espíritu, también puede decirse que la naturaleza del hombre es el espíritu), con la condición de dar a "historia" la significación de "devenir", en una "concordia discors" que no parte de la unidad, sino que contiene las razones de una unidad posible; por eso la "naturaleza humana" no puede identificarse en ningún hombre en particular, sino en la historia entera del género humano (y tiene su significación el que se utilice la palabra "género", de carácter naturalista), mientras que en cada individuo se encuentran caracteres subrayados por la contradicción con los de otros. La concepción de "espíritu" de las filosofías tradicionales, como la de "naturaleza humana" que se encuentra en la biología, tendrían que explicarse como "utopías científicas" que han sustituido a la utopía mayor de la "naturaleza humana" buscada en Dios (los hombres hijos de Dios) y que sirven para indicar el continuo esfuerzo de la historia, una aspiración racional y sentimental, etcétera. Es verdad que tanto las religiones que afirman la igualdad de los hombres como hijos de Dios cuanto las filosofías que afirman su igualdad como partícipes de la facultad de razonar han sido expresiones de complejos movimientos revolucionarios (la transformación del mundo clásico --la transformación del mundo medieval--) que han introducido los eslabones más fuertes del desarrollo histórico.

En la base de las últimas filosofías utópicas, como la de Croce, se encuentra la idea de que la dialéctica hegeliana ha sido el último reflejo de esos grandes nudos históricos, y que la dialéctica debe convertirse, de expresión que era de las contradicciones sociales, en una pura dialéctica del concepto al desaparecer dichas contradicciones.

La "igualdad" real, o sea, el grado de "espiritualidad" conseguido por el proceso histórico, se identifica en la historia con el sistema de asociaciones "privadas y públicas", "explícitas e implícitas" que se entretejen en el "Estado" y en el sistema político mundial: se trata de "igualdades" sentidas como tales por los miembros de una asociación, y de "desigualdades" sentidas entre las diversas asociaciones: igualdades y desigualdades que valen en la medida en que haya conciencia de ellas, individual o de grupo. Así se llega a la igualdad o ecuación entre "filosofía y política", entre pensamiento y acción, o sea, a una filosofía de la práctica. Todo es político, incluso la filosofía o las filosofías *, y la única "filosofía" es la historia en acto, o sea, la vida misma. En este sentido puede interpretarse la tesis del proletariado alemán como heredero de la filosofía clásica alemana, y puede afirmarse que la teorización y la realización de la hegemonía hechas por Ilici [109] han sido también un gran acontecimiento "metafísico" (C. VII; I.M.S. 30-32.)

* Cfr. las notas sobre el carácter de las ideologías.

109 Lenin (Vladimir Ilich Ulianov). La letra c seguida de i o e simboliza en italiano el sonido representado en castellano por ch.

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