Estatolatría. Actitud de todo grupo social respecto de su Estado. El análisis no sería exacto si no se tuviera en cuenta la duplicidad de formas en la cual se presenta el Estado en el lenguaje y en la cultura de las épocas determinadas, o sea, como sociedad civil y como sociedad política, como "autogobierno" y como "gobierno de los funcionarios". Se da el nombre de "estatolatría" a una determinada actitud respecto del "gobierno de los funcionarios" o sociedad política, que, en el lenguaje común, es la forma de vida estatal a la que se da el nombre de Estado y que vulgarmente se entiende como la totalidad del Estado. La afirmación de que el Estado se identifica con los individuos (con los individuos de un grupo social), como elemento de cultura activa (o sea, como movimiento para crear una nueva civilización, un tipo nuevo de hombre y de ciudadano), tiene que servir para determinar la voluntad de construir en el marco de la sociedad política una sociedad civil compleja y bien articulada, en la cual el individuo se gobierne por sí mismo sin que por ello su autogobierno entre en conflicto con la sociedad política, sino convirtiéndose, por el contrario, en su continuación normal, en su complemento orgánico. Para algunos grupos sociales que antes de llegar a la vida estatal autónoma no han tenido un largo período de desarrollo cultural y moral propio e independiente (posibilitado en la sociedad medieval y en las monarquías absolutas por la existencia jurídica de los estamentos u órdenes privilegiados) es necesario y hasta oportuno un período de estatolatría; esta "estatolatría" no es sino la forma normal de "vida estatal", de iniciación, al menos, a la vida estatal autónoma y a la creación de una "sociedad civil" que no fue posible históricamente crear antes de llegar a la vida estatal independiente. De todos modos, esa "estatolatría" no tiene que dejarse entregada a sus propias fuerzas, ni tiene, sobre todo, que convertirse en fanatismo teórico y concebirse como "perpetua": tiene que ser criticada, precisamente para que se desarrolle y produzca formas nuevas de vida estatal en las cuales la iniciativa de los individuos y de los grupos sea "estatal", aunque no debida al "gobierno de los funcionarios" (esto es conseguir que la vida estatal se haga "espontánea"). (C. XXVIII; PP 165-166.)

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La revolución introducida por la clase burguesa en la concepción del derecho y, por tanto, en la función del Estado, consiste especialmente en la voluntad de conformismo (de aquí la eticidad del derecho y del Estado). Las clases dominantes anteriores eran esencialmente conservadoras en el sentido de que no tendían a elaborar una transición orgánica de las demás clases a la suya, o sea, a ampliar "técnica" e ideológicamente su esfera de clase: su concepción era la de la casta cerrada. La clase burguesa se pone a sí misma como organismo en movimiento continuo, capaz de absorber toda la sociedad, asimilándola a su nivel cultural y económico: toda la función del Estado se transforma; el Estado se hace "educador", etc.

Explicar cómo se produce luego un parón y se vuelve a la concepción del Estado como pura fuerza, etc. La clase burguesa está "saturada": no sólo no se difunde, sino que se disgrega; no sólo no asimila nuevos elementos, sino que desasimila una parte de sí misma (o, por lo menos, las desasimilaciones son enormemente más numerosas que las asimilaciones). Una clase que se ponga a sí misma como capaz de asimilar toda la sociedad y que sea al mismo tiempo realmente capaz de expresar ese proceso lleva a la perfección esta concepción del Estado y del derecho, hasta el punto de concebir la futura inutilidad de los fines del Estado y del derecho, por haber agotado su tarea y haber quedado absorbidos en la sociedad civil. (C. XXVIII; M. 129-130.)

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