"Contradicciones" del historicismo y expresiones literarias de las mismas (ironía, sarcasmo). [...] Parece evidente que la actitud "irónica" no puede ser la del jefe político o militar ante las pasiones y los sentimientos de los que le siguen o a los que dirige. La "ironía" puede ser adecuada para la actitud de intelectuales particulares, aislados, o sea, sin responsabilidad inmediata ni siquiera en la construcción de un mundo cultural, o para indicar la distancia del artista respecto del contenido mental de su creación (contenido que él puede "sentir", pero del que no puede participar, o del que puede participar, pero sólo en una forma intelectualmente más refinada); pero en el caso de la acción histórica el elemento "ironía" sería sólo literario o intelectualista, e indicaría una forma de distanciación relacionada en realidad con el escepticismo más o menos dilettante debido a la desilusión, al cansancio o a la "superhombría".

El elemento estilístico adecuado en el caso de la acción histórico-política, la actitud característica de la distanciación-comprensión, es, en cambio, el "sarcasmo", y precisamente en una forma determinada: el "sarcasmo apasionado". En los fundadores de la filosofía de la práctica se encuentra la expresión ética y estéticamente más alta del sarcasmo apasionado. Otras formas. Frente a las creencias e ilusiones populares (creencia en la justicia, en la igualdad, en la fraternidad, o sea, en los elementos ideológicos difundidos por las tendencias democráticas herederas de la Revolución francesa), hay un sarcasmo apasionadamente "positivo", creador, progresivo: se entiende que no se pretende destruir el sentimiento más íntimo de aquellas ilusiones o creencias, sino su forma inmediata, vinculada con un determinado mundo que ha de perecer, el hedor de cadáver que atraviesa los afeites de los profesionales de los "inmortales principios". Porque existe también un sarcasmo de "derecha", que pocas veces es apasionado, pero siempre "negativo", escéptico y destructor no sólo de la "forma" contingente, sino también del contenido "humano" de aquellos sentimientos y aquellas creencias. Y, a propósito del atributo "humano", puede verse en algunos libros, especialmente en La Sagrada Familia [118 De Marx y Engels.] qué significado hay que darle. Se intenta dar al núcleo vivo de las aspiraciones contenidas en aquellas creencias una forma nueva (de innovar, pues, de determinar mejor aquellas aspiraciones), y no de destruirlas. En cambio, el sarcasmo de derecha intenta destruir precisamente el contenido de las aspiraciones (y no, desde luego, en las masas populares, porque entonces destruiría también el cristianismo popular, sino en los intelectuales), y por eso el ataque a la forma no es más que un expediente "didáctico".

Como siempre ocurre, las primeras manifestaciones originales del sarcasmo han tenido imitadores y papagallos; el estilo se ha convertido en una "estilística", se ha transformado en una especie de mecanismo, en lenguaje cifrado, en jerga, que podría suscitar observaciones divertidas (por ejemplo, los que utilizan la palabra "civilización" anteponiéndole siempre el adjetivo "sedicente" permiten sospechar que ellos creen en la existencia de una "civilización" ejemplar, abstracta, o, por lo menos, se comportan como si lo creyeran, con lo cual pasan de la mentalidad crítica e historicista a la mentalidad utópica). En su forma originaria el sarcasmo tiene que entenderse como una expresión que subraya las contradicciones de un período de transición; se intenta mantener el contacto con las expresiones humanas subalternas de las viejas concepciones y, al mismo tiempo, se acentúa la distanciación respecto de las concepciones dominantes y dirigentes, a la espera de que las nuevas concepciones, con la solidez conquistada a través del desarrollo histórico, dominen hasta adquirir la fuerza de las "creencias populares". El que utiliza el sarcasmo posee ya con solidez esas nuevas concepciones, pero éstas tienen que expresarse y divulgarse con una actitud polémica, pues en otro caso serían una "utopía" porque parecerían "arbitrariedad" individual o de secta; por otra parte, y ya por su propia naturaleza, el "historicismo" no puede concebirse a sí mismo como expresable en forma apodíctica o predicativa, y ha de crear un gusto nuevo, y hasta un lenguaje nuevo como medios de lucha intelectual. El "sarcasmo" (como la "ironía" en el terreno literario reducido de la educación de grupos pequeños) aparece, por tanto, como componente literario de una serie de exigencias teóricas y prácticas que superficialmente pueden aparecer como insanablemente contradictorias: su elemento esencial es la "pasionalidad" hecha criterio de la potencia estilística individual (de la sinceridad, de la convicción profunda por oposición al lorismo y al mecanicismo).

Desde este punto de vista hay que examinar las últimas anotaciones de Croce en el prólogo de 1917 al volumen sobre el Materialismo histórico, en donde se habla de la "maga Alcina", y algunas observaciones acerca del estilo de Loria. También hay que ver en el texto alemán el ensayo de Mehring sobre la "alegoría". (C. XIII; M. 154-156.)

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