CARTA A TATIANA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 3-VIII-1931; L. C. 458-461]

Carissima Tatiana,

me parece que has dramatizado mi expresión sobre los "hilos cortados" y quiero precisar mejor mi actual estado de ánimo. Tengo la impresión, impresión que cada vez echa más raíces y adquiere la forma de una convicción, de que el "mundo" de mis relaciones afectivas se ha acostumbrado ya a la idea de que estoy en la cárcel. Eso no deja de tener su contrapartida; también yo me habitúo a la idea de que los demás se han acostumbrado, etc., y eso precisamente constituye mi estado de ánimo. Te he escrito que en el pasado eso me ha ocurrido ya alguna vez (aunque no con referencia a la cárcel, naturalmente), y es verdad. Pero en el pasado esas "roturas de hilos" casi me llenaban de orgullo, tanto que no sólo no intentaba evitarlas, sino que las promovía voluntariamente. En realidad, entonces eran hechos progresivos necesarios para la formación de la personalidad y la conquista de la independencia; eran, en efecto, cosas que no se podían conseguir sin romper una cierta cantidad de hilos, porque se trataba de alterar completamente el terreno en el cual tenía que desarrollar mi vida posterior. Hoy las cosas no son así; hoy se trata de cosas más vitales; como no hay por mi parte cambio de terreno cultural, se trata de sentirme aislado en el terreno mismo que tendría que suscitar sin más vínculos afectivos. No creas que el sentimiento de estar personalmente aislado me suma en la desesperación ni en ningún otro estado de ánimo de tragedia. De hecho no he sentido nunca necesidad de una aportación exterior de fuerzas morales para vivir intensamente la vida mía, incluso en las condiciones peores; aun menos hoy, cuando siento que mi fuerza de voluntad ha adquirido un grado más alto de concreción y validez [101 bis]. Pero mientras que en el pasado, como te he dicho, me sentía casi orgulloso de encontrarme aislado, ahora, en cambio, siento toda la mezquindad, la aridez, la miseria de una vida que sea exclusivamente voluntad. Este es mi actual estado de ánimo. Me parece que no has recibido, o que has recibido con mucho retraso, una carta mía de hace unas semanas; eran unos pocos renglones para ti y otros pocos para mi hermana Teresina. ¿Sabes que hace mucho tiempo que no escriben de casa ni me mandan noticias de la salud de mi madre? Estoy muy preocupado por eso. He echado un primer vistazo al artículo del príncipe Mirschi [102] sobre la teoría de la historia y de la historiografía, y me parece que se trata de un ensayo muy interesante y apreciable. Ya había leído hace meses un ensayo de Mirschi sobre Dostoievski, publicado en un número único de Cultura dedicado al escritor. También ese ensayo era muy agudo, y es sorprendente que Mirschi se haya asimilado con tanta inteligencia y penetración una parte al menos del núcleo central del materialismo histórico. Me parece que su posición científica es tanto más digna de nota y de estudio cuanto que resulta libre de ciertos prejuicios y ciertas incrustaciones culturales que habían ido infiltrándose parasitariamente en el campo de los estudios de teoría de la historia, a causa de la gran popularidad del positivismo a finales del siglo pasado y a principios de éste. He recibido ya las Prospettive Economiche, de Mortara; en cualquier caso, es un escándalo científico ese cambio tan radical de un año al siguiente. Puede decirse que ahora ya no tengo un verdadero programa de estudios y de trabajo, lo cual, naturalmente, tenía que ocurrir. Yo me había propuesto reflexionar acerca de una cierta serie de cuestiones, pero tenía que ocurrir que, llegado a un cierto punto, esas reflexiones reclamaran el paso a una fase de documentación y, por tanto, a una fase de trabajo y de elaboración que requiere grandes bibliotecas. Eso no quiere decir que pierda completamente el tiempo, pero el hecho es que no tengo ya grandes curiosidades en determinadas direcciones generales, al menos por ahora. Te daré un ejemplo: uno de los temas que más me han interesado estos últimos años era el de fijar algunos aspectos característicos de la historia de los intelectuales italianos. Este interés nació, por una parte, del deseo de profundizar el concepto de Estado y, por otra parte, del de darme plena cuenta de algunos aspectos del desarrollo histórico del pueblo italiano. Aun reduciendo la investigación a sus líneas esenciales, sigue siendo formidable. Hay que remontarse necesariamente al Imperio romano y a la primera concentración de intelectuales "cosmopolitas" ("imperiales") que el Imperio determinó: estudiar luego la organización clerical cristianopapal, que da a la herencia del cosmopolitismo intelectual del Imperio una forma de casta europea, etc. Sólo así se explica, en mi opinión, el que sólo pasado el 1700, o sea, pasado el comienzo de las primeras luchas entre el Estado y la Iglesia con el problema de las jurisdicciones, se pueda hablar de intelectuales italianos "nacionales": hasta entonces los intelectuales italianos eran cosmopolitas, ejercían una función universalista (para la Iglesia o para el Imperio), anacional, contribuían a organizar otros estados nacionales en calidad de técnicos y especialistas, ofrecían "personal dirigente" a toda Europa y no se concentraban como categoría nacional, como grupo especializado de las clases nacionales. Como ves, este tema podría dar pie a toda una serie de ensayos, pero para eso hace falta una investigación erudita. Lo mismo ocurre con otras investigaciones. Hay que tener, además, en cuenta que el hábito de disciplina filológica severa adquirido durante los estudios universitarios me ha dejado con una reserva, quizá excesiva, de escrúpulos metodológicos. Todo eso suscita dificultades para indicarte libros muy especializados. Por lo demás, ahora te digo dos libros que querría leer: 1) Un trentennio di lotte politische (1894-1922), del profesor De Viti De Marco (Collezione Meridionale), Roma; 2) Lucien Laurat, L'Accumulation du capital d'après R. Luxembourg, París, Rivière. Lo que me escribes acerca del nuevo reglamento de cárceles y de la posibilidad de hacer traducciones en la cárcel es un proyecto sin base; no quiero comprometerme a trabajar de un modo regular, porque no siempre estoy en condiciones de hacerlo; por lo demás, en los establecimientos especiales [103], no creo que pueda imponerse el trabajo obligatorio. Carissima, he intentado escribirte lo más por lo largo posible. Te abrazo tiernamente,

Antonio.

101 bis Aquel mismo día, en la madrugada, había tenido Gramsci el primer vómito de sangre.

102 Aristócrata ruso, oficial zarista en la guerra civil rusa, luego emigrado. En Inglaterra se hizo comunista. Fue profesor de literatura rusa en el King's College. Volvió a la U. R. S. S. Murió víctima de las persecuciones estalinianas en 1937.

103 La cárcel de Turi era un establecimiento penal para reclusos enfermos.

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