CARTA A TATIANA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 20-X-1930; L. C. 373-374]

Carissima Tania,

he recibido las fotografías, y todos tus comentarios y tus observaciones no han conseguido que mejoraran; son fotografías pésimas y me parece que lo iluminan todo falsamente. Me parece que lo que escribes acerca de las condiciones de salud de Giulia no es exacto, y que, por el contrario, es peligroso, o inoportuno al menos, plantear así la cuestión; creo que las conversaciones con la señorita Nilde han contribuido a desorientarte. Es evidente que Giulia sufre de agotamiento nervioso y de anemia cerebral, que tienden a hacerse crónicos porque ella no quiere o no sabe tratarse. Giulia se está situando insensiblemente en las mismas condiciones en que estaba Genia en 1919, o sea, no quiere convencerse de que un determinado ritmo de trabajo no es posible sino con ciertas compensaciones que recompongan el organismo y con un cierto método de vida, y de que, en cualquier caso, lo que era por lo menos explicable en 1919 no es en 1930 sino romanticismo absurdo. Me parece que el aspecto grave de la cuestión consiste en el hecho de que se me presenta como irresoluble: ¿qué podemos hacer, en efecto, tú o yo? Sermones, advertencias genéricas que serán infructuosas. En mi opinión, dadas esas condiciones, el único remedio consiste en una justa combinación de los medios persuasivos con los coactivos; pero ésta es precisamente la cuestión: ¿quién puede ejercer esa coacción necesaria? Creo, en cualquier caso, que tu modo de ver el problema es equivocado y que si quieres intervenir tienes que cambiar de punto de vista. Lo digo en serio, pues conozco muy bien la situación porque la he observado atentamente. Yo escribiré a Giulia una carta larga, que por fuerza tomará la forma de la "disertación", aunque sea una forma odiosa; pero no veo qué otra cosa puedo hacer. Por otra parte, no se trata de un fenómeno individual; desgraciadamente está bastante difundido y tiende a difundirse cada vez más, como se ve por las publicaciones científicas respecto de los nuevos sistemas de trabajo introducidos desde América. No sé si sigues esa literatura. Es interesante también desde el punto de vista psicológico, como son interesantes las medidas tomadas por los mismos industriales americanos, como Ford, por ejemplo. Ford tiene un cuerpo de inspectores que controlan la vida de los empleados y trabajadores y les imponen un régimen determinado; controlan hasta la alimentación, la cama, las dimensiones de las habitaciones, las horas de descanso e incluso asuntos más íntimos; el que no se doblega a eso queda despedido y deja de tener los seis dólares de jornal mínimo. Ford da seis dólares como mínimo, pero quiere gente que sepa trabajar y que esté siempre en condiciones de hacerlo, o sea, que sepa coordinar el trabajo con el régimen de vida. Nosotros, europeos, somos todavía demasiado bohemios, creemos que podremos hacer cualquier trabajo y vivir como nos apetezca, como bohemios; por eso, como es natural, el maquinismo nos tritura, y entiendo el maquinismo en sentido general, como organización científica incluso del trabajo de concepto. Somos demasiado románticos, de un modo absurdo, y por no querer ser pequeño-burgueses caemos en la forma más típica del espíritu pequeño-burgués, que es precisamente la bohemia. Ya he empezado a disertar incluso contigo. Te abrazo tiernamente,

Antonio.

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