CARTA A JULIA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 6-X-1930; L.C. 372]

Carissima Giulia,

he recibido dos cartas tuyas: una del 16 de agosto y otra posterior, me parece que de septiembre. Habría querido escribirte largo, pero no me es posible porque, en ciertos momentos, no consigo coordinar los recuerdos y las impresiones suscitadas al leer tus cartas. Y no puedo escribir sino en días y a horas que no determino yo, y que a veces coinciden con momentos de depresión nerviosa. Me ha satisfecho mucho lo que me escribes: que releyendo cartas mías del 28 y del 29 has comprobado la identidad de nuestros pensamientos. Pero me gustaría saber en qué circunstancias y respecto de qué objeto has notado especialmente esa identidad. Pues en nuestra correspondencia falta precisamente una "correspondencia" efectiva y concreta: nunca hemos conseguido poner en marcha un "diálogo": nuestras cartas son una serie de "monólogos" que no siempre consiguen enlazar ni siquiera en las líneas generales; si a éstos se añade el elemento tiempo, que hace olvidar lo que anteriormente se ha escrito, se refuerza la impresión del "monólogo" puro. ¿No te parece? Esto me recuerda un cuento popular escandinavo: tres gigantes viven en Escandinavia, lejos unos de otros como las grandes montañas. Luego de miles de años de silencio, el primer gigante grita a los otros dos: "Oigo mugir una vacada". Al cabo de trescientos años interviene el segundo gigante: "También yo he oído los mugidos". Y al cabo de trescientos años más el tercero les conmina: "Si seguís armando tanto jaleo, me voy". Bueno. Realmente no tengo ganas de escribir; está soplando un siroco que da la impresión de que uno esté borracho. Te abrazo tiernamente junto con los niños,

Antonio.

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