CARTA A TATIANA SCHUCHT

[Cárcel de Turi, 24-II-1930; L. C. 325-326]

Carissima Tania,

he recibido tu carta del 16. Me parece que has recaído en las fantasías del año pasado, cuando hacías proyecto tras proyecto de viajes Italia arriba e Italia abajo. Creo que tienes que decidirte de una vez a volver a Milán, a no cansarte más y a encontrarte en las mejores condiciones físicas para reunirte con tu familia. Si sigues con el viejo sistema de no tener decisiones firmemente tomadas y racionalmente preparadas, temo que también este año pase como el pasado y sigas haciendo proyectos y castillos en el aire. Discúlpame que sea un poco rudo, pero es que tu carta me ha dado la impresión de que te encuentras en un estado de marasmo intelectual. ¿Cómo puedes interesarte incluso por los anuncios de los periódicos? En mi opinión, el anuncio del Corriere no puede tomarse en serio de ninguna manera; en Italia el traducir y el escribir reseñas no ha sido nunca una ocupación ventajosa, y es trabajo propio de estudiantes que quieran reunir unas cuantas liras más, o de funcionarios del Estado que quieran redondear el sueldo y verse el nombre impreso en un trozo de papel. Por eso no entiendo por qué te interesan esas cosas: puedes volver a tu empleo en Milán, ¿no? Y abandona toda idea de establecerte en Bari, Tarento o lo que sea. De verdad que tienes que ser más juiciosa y razonable. Yo creo que éste tiene que ser tu último viaje a Turi. No ha sido muy afortunado; paciencia. Pero ¿no crees que es mejor, también para mí, el saberte en un lugar más adecuado que éste? Más cómoda, sin tartas mezquindades, con la posibilidad de cuidarte más racionalmente. Esto me parece lo principal. También para mí, créeme. Me acosan más ansias y preocupaciones cuando estás en Turi que cuando estás en Milán. Aquí me parece como si forzosamente tuviera que haber una prisión también para los que no son presos, y en cierto sentido tiene por fuerza que ser así.

¿Has recibido los libros que pedí que te entregaran? He pensado que al cabo de tanto tiempo no tendrías ya nada que leer, y que te podían ayudar a pasar el tiempo. Puedes mandárselos a mi hermano o tirarlos después de leerlos; o llevártelos tú (el libro de Croce es muy interesante y podrías llevárselo a Giulia: acaso alguna vez se interese por la filosofía de Hegel y por la revisión que hizo de ella Croce). En cualquier caso, a mí ya no me hacen falta. (He recibido ya antes el Cemento, de Gladkov; procura, por tanto, no mandarme libros que yo no te haya pedido.) Escribe, en cambio, a la librería para que me manden las Prospective economiche per il 1930, del profesor Giorgio Mortara, que han salido estos días, y recuerda que había pedido que me suscribieran a La Nuova Italia (de la S. E. Nuova Italia, Perusa-Venecia), que sustituye a una revista muerta el año pasado; no he recibido nada todavía y por eso me parece oportuno recordarlo. Carissima Tatiana, espero verdaderamente verte restablecida dentro de poco, y de nuevo enérgica y llena de voluntad. Te abrazo tiernamente.

Antonio.

Manda a mi hermano la parte que le corresponde. Recibí ayer dos tarjetas tuyas muy censuradas cuando ya había escrito la carta. Como no me gusta ver tachones, te recomiendo que no escribas más que noticias familiares absolutamente claras. Paciencia. Te abrazo,

Antonio.

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