CARTA A JULIA SCHUCHT

[Ustica, 8-I-1927; L.C. 39-40]

Mia carissima Julca,

he recibido tus cartas del 20 y el 27 de diciembre y la tarjeta del 28 con la firma auténtica de Delio. He intentado varias veces escribirte, pero no me ha salido. Veo por tus cartas que Tania te ha explicado el motivo de ello, que es, verdaderamente, un poco pueril, pero ha sido decisivo hasta ahora. Me había propuesto escribir para ti una especie de diario, una serie de pequeños cuadros de toda mi vida en este período original y de bastante interés: sin duda lo haré. Quiero intentar darte todos los elementos necesarios para que puedas representarte mi vida en su conjunto y hasta en los detalles de más relieve. Lo mismo deberás tú hacer para mí. Me gustaría mucho saber qué relaciones se van desarrollando entre Delio y Giuliano, cómo concibe y expresa Delio su función de hermano mayor y más rico de experiencias.

Querida Giulia, pregúntale al Braco [92] de qué fuente le llegó la noticia de que yo me he encontrado en malas condiciones de salud. La verdad es que no creía tener un almacén tan bien surtido de fuerza física y de energía. Bordiga y yo no hemos sufrido nada desde el momento de la detención; todos los demás, unos de una manera y otros de otra, han sufrido crisis, a veces gravísimas, de nervios, todas del mismo género. Molinelli ha tenido en la cárcel de Palermo tres crisis durante el sueño en una sola noche, con convulsiones que duraban hasta veinte minutos y sin que fuera posible llamar a nadie. Aquí en Ustica un amigo abruzo, Ventura, que duerme en mi misma habitación, se despertaba muchas noches repetidamente, víctima de salvajes pesadillas que le hacían gritar y temblar de una manera impresionante. Yo no he sufrido ningún malestar, excepto el del insomnio, cosa que no es nueva y que, por lo demás, no podía tener las consecuencias de antes, dada la inercia forzada a que estaba reducido, y, sin embargo, mi viaje ha sido el más incómodo y atormentado, porque el mar tempestuoso impidió por tres veces realizar el viaje hasta Ustica. Estoy muy orgulloso de esta virtud de resistencia física que no creía tener; por eso te hablo de ella; también es un valor positivo en mi situación actual, y no de los más despreciables.

Te escribiré muy largamente y te describiré con minucia toda mi vida. Tú también me escribirás, o harás que me escriban Genia o tu madre, sobre la vida de los niños y la vuestra en general; tú debes de estar muy ocupada y cansada. Os siento a todos muy próximos. Te abrazo tiernamente,

Antonio.

92 Esta es la primera de varias alusiones de Gramsci a un asunto que parece haberle preocupado mucho en la cárcel. Por la escasa o nula entidad que tiene, resulta uno de los indicios más concluyentes del pernicioso efecto del encarcelamiento en la psique de Gramsci.

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