CARTA A TATIANA SCHUCHT

[Ustica, 3-I-1927; L.C. 33-35]

Tania carissima,

he recibido tu carta de 28-29. No he conseguido entender la razón por la cual estás preocupada y nerviosa. Las alusiones que contiene la carta me resultan enigmáticas. Ni yo ni mi amigo hemos recibido nada que pueda preocuparnos lo más mínimo. En suma, no comprendo, pero estoy preocupado porque me doy cuenta de que tú estás muy agitada. Es necesario que me informes claramente del asunto, partiendo de la base de que yo lo ignoro todo.

Querida Tania, no tienes que perder nunca la calma y la tranquilidad por causa mía. Te aseguro que yo estoy muy bien y que mi existencia discurre óptimamente. He recibido muchos libros de Milán, de modo que también estoy perfectamente desde este punto de vista. Puedo leer y estudiar. Además, hemos organizado una escuela de cultura general; yo enseño historia y geografía y asisto al curso de alemán. Me he suscrito a tres periódicos y a unas quince revistas; el servicio ha empezado ya a funcionar. Tengo que recibir de Milán otro montón de libros, porque he utilizado ampliamente la cuenta corriente de librería que me ha abierto el amigo Sraffa, el cual ha añadido más libros y más revistas a la lista que yo mandé a la librería en la que él compra. Por tanto, no importa nada el que se retrasen mucho mis libros de Roma. Igualmente puedo estudiar y ocupar el tiempo útilmente. En resumen: tienes que convencerte de que no carezco de nada y tienes que evitar toda agitación y todo nerviosismo. El amigo Sraffa me escribe insistiendo en que me dirija a él también para ayuda en dinero y para recibir ropa interior y comestibles; para empezar me mandará leche condensada suiza. Yo pienso recurrir a él en caso de necesidad, primero porque él es rico y no sufrirá perjuicios por ayudarme, y segundo porque su ofrecimiento no es de pura cortesía y académico; ya espontáneamente me ha mandado mil liras en libros. Así que puedes estar tranquila.

Querida Tatiana, deseo que me escribas tan frecuentemente como puedas. La correspondencia es lo que más se agradece aquí por todos. He recibido las dos fotografías: mándame también las otras y una foto tuya. También a mí me ha disgustado mucho no haber podido verte y abrazarte antes de mi marcha. Te contaré toda la historia, que es una pequeña novela desde el punto de vista de un preso. A las once de la mañana del 24 de noviembre recibí el aviso de que partiría el 26 y de que estaba autorizado a telegrafiar. Como me pareció sorprender cierto empacho en la expresión del guardia que me trajo la comunicación, no telegrafié inmediatamente. Como la cárcel es una especie de caja de resonancia en la cual se comunican por hilos invisibles y múltiples a todas las celdas las noticias que interesan o puedan interesar a todos los detenidos, me puse en contacto con esos fluidos misteriosos y supe que mi partida sería el 25 por la mañana, y no el 26, es decir, al día siguiente. Si hubiera telegrafiado en seguida habría dado, pues, una indicación falsa. Conseguí permiso para salir de la celda y acudir a una autoridad que me confirmó que iba a salir el 25; el guardia, que estaba presente, se disculpó de haberme engañado pretextando una confusión entre mí y otros detenidos. Por eso el telegrama salió a las dos de la tarde. Estaba seguro de que acudirías si recibías la comunicación a tiempo, pero no sabía si tú conocías el dato de que las comunicaciones estaban autorizadas hasta las once; tampoco sabía si te autorizarían a comunicar. A partir de las siete, que es la hora de acostarse, empecé una lucha con el carcelero, que me mandaba meterme en la cama, mientras que yo quería seguir en pie para poder bajar a la primera llamada. Lo conseguí, y hasta logré bajar a las oficinas a las diez; quería tomar medidas contra todos los trucos que pudieran impedirme el coloquio posible. Llovía a cántaros. A las once me fui a la cama, pero no conseguí dormir; salí a las tres de la mañana, tomando como saco de viaje aquella funda de almohada que me mandaste y que me ha servido espléndidamente hasta Ustica: la podía llevar cómodamente incluso con las esposas puestas, mientras que una maleta, al chocar constantemente con las piernas, me habría sido muy molesta.

Querida Tania, la próxima vez escribiré una larga carta para Giulia; todavía no me siento capaz. Escríbeme en seguida y mándame las fotografías, y no te preocupes de nada más.

Te abraza afectuosamente,

Antonio.

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