CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 20 de noviembre de 1926; L.C. 5]

Mia carissima Julca:

¿Recuerdas una de tus últimas cartas? (Era, al menos, la última carta que yo he  recibido y leído.) Me escribías que somos aún lo suficientemente jóvenes para poder esperar que veremos juntos crecer a nuestros hijos. Ahora tienes que recordar eso intensamente, tienes que pensar intensamente en eso cada vez que pienses en mí y me relaciones con los niños. Estoy seguro de que serás fuerte y valiente, como siempre lo has sido. Tendrás que serlo aun más que en el pasado, para que los niños crezcan bien y sean en todo dignos de ti. He pensado mucho en estos días. He intentado imaginarme cómo será vuestra vida a partir de ahora, porque sin duda yo estaré mucho tiempo sin vuestras noticias, y he vuelto a pensar en el pasado, tomando de él razones de fuerza y de confianza infinita. Yo soy y seré fuerte. Te quiero mucho y quiero volver a ver a nuestros pequeños niños. Me preocupa un poco la cuestión material: ¿podrá tu trabajo bastar para todo? Creo que no seria indigno de nosotros ni ningún exceso pedir un poco de ayuda. Querría convencerte de ello para que me hicieras caso y acudieras a mis amigos. Estaría más tranquilo y tendría más fuerza si te supiera a cubierto de cualquier eventualidad desagradable. Como ves, siguen atormentándome mis responsabilidades de padre serio.

Carissima mia, no querría preocuparte en absoluto: estoy un poco cansado porque duermo poquísimo, y por eso no consigo escribir todo lo que querría ni como yo quisiera. Quiero que sientas muy fuertemente todo mi amor y toda mi confianza. Abraza a todos los de tu casa; yo te abrazo con la mayor ternura junto con los niños,

Antonio.

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