CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 4-XI-1926; 2000 II; 84-85]

Mia carissima Julca,

he recibido tu carta del 26 de octubre. Por un incidente he tenido que volver a Roma [87], y así he recibido tu carta y aún puedo contestarte; pero mi carta anterior queda confirmada en sus líneas generales.

87 Gramsci había salido de Roma en tren el 31 de octubre o el 1 de noviembre, para asistir a una reunión clandestina de la dirección del P.C.d'I. en Valpolcevera, cerca de Génova. Tema principal del orden del día era la discusión de los problemas rusos con un delegado de la Internacional (Jules Humbert-Droz). Durante el viaje Gramsci se dio cuenta de que no podría sustraerse a la vigilancia policíaca de que era objeto. Interrumpió viaje en Génova y volvió a Roma. Tres días después se desencadenaban los efectos de la definitiva legislación fascista (disolución de los partidos políticos, etc.).

Querría acariciarte y tomarte la pobre cabeza. Y tranquilizarte: no es verdad que se me hayan ocurrido y me nazcan constantemente tantas ideas negras. Creo que se trata simplemente de esto: las ideas que se me ocurren, dada la extrema soledad afectiva en que vivo, toman una forma esquemática y fría cuando intento expresarlas. Transmitidas a ti, que vives, en cambio, en un mundo de impresiones siempre frescas y vivas, en esa forma obsesiva y quejumbrosa, tienen que hacerte una impresión desastrosa y... terrorífica, como tú dices. Pero tienes que comprender que ese efecto no es razonable, tienes que intentar reconstruir mis estados de ánimo según la realidad que conoces [88] y según mi temperamento, que se ha formado en unos veinte años de soledad familiar y de ejercicio exclusivo de las facultades críticas y volitivas. ¿No te parece justo lo que digo? Sería realmente un desgraciado si no consiguiera que me comprendieras, hacerte sentir que bajo la fría corteza de mis expresiones está toda la inmensidad de mi amor y de mi serena confianza.

Tal vez haya sido nuevamente torpe; pero querría contribuir a hacerte todavía más fuerte de lo que eres, para que conserves la serenidad en medio de los acontecimientos y consigas, por tanto, dominarlos. Espero que en el momento en que leas estas palabras Delka esté ya restablecido, lo mismo que Genia, y que puedas esperar mi llegada sin más graves preocupaciones; querría encontraros a todos tranquilos, acaso por egoísmo mío, por deseo irrefrenable de poder disfrutar, de vez en cuando, paréntesis de alegría. Te abrazo estrechamente, liubimaia, con los niños [89].

Antonio.

88 Julia Schucht había vuelto a la U. R. S. S. un mes antes, tras su estancia en Italia.

89 Esta es la última carta a Julia Schucht escrita por Gramsci en libertad. Cuatro días después fue detenido, a las veintidós treinta horas del 8 de noviembre de 1926, e ingresado en régimen de incomunicación en la cárcel romana de Regina Coeli.

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