Carta de Gramsci a Togliatti

26 de octubre de 1926

Queridísimo Ercoli,

Recibí tu carta del 18. Respondo a ella a título personal, aunque estoy convencido de expresar también la opinión de los demás compañeros.

Tu carta me parece demasiado abstracta y demasiado esquemática en el modo de razonar. Hemos partido del punto de vista --que me parece correcto-- de que en nuestros países no existen solamente los partidos, entendidos como organización técnica, sino también las grandes masas trabajadoras, políticamente estratificadas de manera contradictoria, pero globalmente tendientes a la unidad. Uno de los elementos más vigorosos de este proceso unitario es la existencia de la URSS, ligada a la actividad real del PC de la URSS y a la convicción general de que la URSS está orientada en la vía del socialismo. En la medida en que nuestros partidos representan el conjunto de fuerzas dinámicas de la URSS, ejercen una determinada influencia sobre todos los estratos políticos de la gran masa, representan su tendencia unitaria, se mueven en un terreno histórico fundamentalmente favorable a pesar de las contradicciones superestructurales.

Pero no hay que creer que este elemento que hace del PC de la URSS el organizador de masas más potente que haya aparecido jamás en la historia, existirá en adelante de manera estable y determinante: muy al contrario. Es siempre inestable. No hay que olvidar que la revolución rusa tiene ya nueve años de existencia y que su actividad actual es un conjunto de acciones parciales y de actos de gobierno que sólo una conciencia teórica y política muy desarrollada puede captar como conjunto y en su movimiento general hacia el socialismo. No sólo para las grandes masas trabajadoras, sino además para una parte considerable de los afiliados a los partidos occidentales, que se diferencian de las masas sólo por este paso, radical pero inicial, hacia una conciencia desarrollada, que es el ingreso en el partido, el movimiento global de la revolución rusa está representado concretamente por el hecho de que el partido ruso se mueve unitariamente, que juntos actúan y se mueven los hombres representativos que nuestras masas conocen y se han habituado a conocer. La cuestión de la unidad, no sólo del partido ruso sino también del núcleo leninista, es por lo tanto una cuestión de la máxima importancia en el campo internacional; es, desde el punto de vista de la masa, la cuestión más importante en este período histórico de intensificado proceso contradictorio hacia la unidad. Es posible y probable que no se pueda conservar la unidad, por lo menos en la forma que ésta revistió en el pasado. También es cierto, sin embargo, que el mundo no se desplomará y que es preciso hacer todo lo posible para preparar a los compañeros y las masas a la nueva situación. Eso no quita que nuestro deber absoluto sea apelar a la conciencia política de los compañeros rusos y advertirles enérgicamente sobre los peligros y las debilidades a que los exponen sus actitudes. Haríamos un pobre papel de revolucionarios irresponsables si permaneciésemos pasivos ante los hechos consumados, justificando a priori su carácter inevitable.

Que cumplir con nuestro deber nos lleve indirectamente a servir también a los intereses de la oposición es algo que nos debe preocupar sólo hasta cierto punto; en efecto, nuestro fin es contribuir a la elaboración y al apoyo de un plan unitario, dentro del cual las diferentes tendencias y las diversas personalidades puedan acercarse entre sí y fundirse, incluso ideológicamente. Pero no creo que en nuestra carta --la que, evidentemente, debe ser leída globalmente y no a través de fragmentos fuera de contexto-- haya algún riesgo de debilitar la posición de la mayoría del comité central. En todo caso, y precisamente en vista de eso y de la posibilidad de un riesgo de ese tipo, en una nota adjunta te había autorizado a efectuar modificaciones de forma: podías muy bien haber permutado las dos partes, insertando en el comienzo nuestra afirmación sobre la "responsabilidad" de la oposición. Tu manera de razonar, pues, me ha dado una impresión penosísima.

Y quisiera decirte que en nosotros no hay el menor alarmismo, sino sólo una reflexión serena y equilibrada. Estamos seguros de que en ningún caso el mundo se vendrá abajo: pero sería absurdo actuar solamente cuando el mundo se estuviera por venir abajo, me parece. Por eso ninguna frase hecha modificará nuestra convicción de estar en la línea correcta, en la línea leninista en cuanto a nuestra manera e abordar las cuestiones rusas. La línea leninista consiste en luchar por la unidad del partido, y no sólo por una apariencia de unidad, sino por aquella un poco más profunda que consiste en impedir que se constituyan en el partido dos líneas políticas completamente divergentes en todas las cuestiones. La unidad del partido es una condición esencial, no sólo en nuestros países, por lo que se refiere a la dirección ideológica y política de la Internacional, sino también en Rusia, en cuanto a la hegemonía del proletariado, es decir, al contenido social del estado.

Tú confundes los aspectos internacionales de la cuestión rusa, que son un reflejo del hecho histórico de la vinculación de las masas trabajadoras con el primer estado socialista, y los problemas de organización internacional en el terreno sindical y político. Los dos órdenes de hechos están estrechamente relacionados, pero son, sin embargo, distintos. Las dificultades que surgen y que se han ido constituyendo en el campo más estrictamente organizativo, dependen de las fluctuaciones que se verifican en el terreno más vasto de la ideología general de masa, es decir, de la disminución de la influencia y del prestigio del partido ruso en algunas zonas populares. Por una cuestión de método no quisimos referirnos más que a los aspectos más generales: tratamos de no caer en las chapucerías escolásticas que lamentablemente afloran en algunos documentos de otros partidos y quita seriedad a sus intervenciones.

Así, pues, no es cierto, como tú dices, que seamos demasiado optimistas sobre la bolchevización real de los partidos occidentales. Al contrario. El proceso de bolchevización es tan lento y difícil que el menor obstáculo lo frena o retarda. La discusión rusa y la ideología de las oposiciones desempeña en esa detención y ese retardo un papel tanto más importante cuanto que las oposiciones representan en Rusia todos los viejos prejuicios del corporativismo de clase y del sindicalismo que pesan sobre la tradición del proletariado occidental y frenan su desarrollo ideológico y político. Todas nuestras observaciones estaban dirigidas contra las oposiciones. Es cierto que las crisis de los partidos e incluso la del partido ruso están ligadas a la situación objetiva, ¿pero qué significa eso? ¿Que por ese motivo debemos dejar de luchar, debemos cesar de esforzarnos por modificar en un sentido favorable los elementos subjetivos? El bolchevismo consiste también en no perder la cabeza, en mostrar firmeza ideológica y política incluso en las situaciones difíciles. Tu observación, pues, es floja y carece de valor, así como la del punto 5, ya que nosotros hablábamos de las grandes masas y no de la vanguardia proletaria. Por lo demás, incluso para esta última el problema subsiste, pues no está suspendida del aire, sino unida a la masa: y el problema es aún mayor ya que el reformismo, con sus tendencias al corporativismo de clase --es decir a la no comprensión del papel dirigente de la vanguardia, papel que debe ser defendido a costa de sacrificios--, está mucho más arraigado en Occidente que cuanto lo estuvo en Rusia. Además te olvidas fácilmente las condiciones técnicas en que se desenvuelve el trabajo en muchos partidos, que no permiten la difusión de las cuestiones teóricas de más alto nivel fuera de pequeños círculos obreros. Todo tu razonamiento está viciado de "burocratismo": hoy, nueve años después de octubre de 1917, no es ya el hecho de la toma del poder por los bolcheviques lo que puede revolucionar a las masas en Occidente, porque se trata de una situación que se da por descontada y que ha producido sus efectos; hoy lo que tiene un impacto ideológico y político es la convicción (si existe) de que el proletariado, después de tomar el poder, puede construir el socialismo. La autoridad del partido depende de esta convicción, que no se puede inculcar a las grandes masas con métodos de una pedagogía escolástica sino sólo con los de una pedagogía revolucionaria, o sea, sólo a partir del hecho político de que el conjunto del partido ruso está convencido y lucha unitariamente.

Lamento sinceramente que nuestra carta no haya sido comprendida, por ti en primer lugar y que, en todo caso, partiendo de las indicaciones de mi nota personal, no hayas tratado de comprender mejor: toda nuestra carta era una requisitoria contra las oposiciones, pero su redacción no estaba hecha en términos demagógicos y precisamente por eso era más eficaz y más seria. Te ruego que adjuntes a las actas, además del texto italiano de la carta y de mi nota personal, también la presente.

Saludos cordiales.

ANTONIO

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