Carta de Togliatti a Gramsci

Queridísimo Antonio,

Por la presente quisiera exponerte sucintamente mi opinión sobre la carta del buró político del Partido Comunista de Italia al comité central del Partido Comunista de la URSS. No estoy de acuerdo con esa carta por algunas razones que te voy a indicar muy esquemáticamente.

1. El defecto esencial de la carta reside en su planteo. Se pone en primer plano la escisión que tuvo lugar en el grupo dirigente del Partido Comunista de la Unión, relegándose al segundo plano la cuestión de saber si la línea seguida por la mayoría del comité central es justa o no. Éste es un procedimiento característico de la manera en que muchos compañeros de los partidos occidentales consideran y juzgan los problemas del Partido Comunista de la Unión, pero no corresponde a un planteamiento exacto de dichos problemas. Es indudable que la unidad del grupo dirigente del Partido Comunista ruso tiene mayor importancia que la de los grupos dirigentes de otros partidos. Esta importancia está ligada a la función histórica que asumió ese grupo en la constitución de la Internacional. Pero por grande que sea, no debe llevarnos a juzgar las cuestiones del partido comunista ruso en base a una línea distinta de aquella en que se basan los principios y las posiciones políticas. Los riesgos que implica la posición que ustedes han adoptado en su carta son muy grandes, pues a partir de ahora la unidad de la vieja guardia leninista no podrá sin duda mantenerse mucho tiempo o encontrará muchas dificultades para hacerlo de manera durable. En el pasado, el factor determinante de esa unidad era el enorme prestigio y la autoridad personal de Lenin. Este es un elemento irremplazable. La línea del partido se fijará a través de discusiones y debates. Debemos habituarnos a controlar los nervios e incitar a los compañeros de la base a hacer otro tanto. Y debemos iniciarnos, nosotros y los militantes del partido, en el conocimiento de los problemas rusos, de modo de poder juzgarlos desde el ángulo de los principios y de las posiciones políticas. En este estudio de las cuestiones rusas y no en una apelación a la unidad del grupo dirigente consiste la ayuda que deben brindar al partido comunista ruso los demás partidos de la Internacional. Ustedes tienen razón en hablar de la necesidad de una intervención de estos partidos en el conflicto entre el comité central y la oposición, pero esta intervención sólo puede tener lugar bajo la forma de una contribución que tienda a determinar y a confirmar, sobre la base de nuestra experiencia revolucionaria, la correcta línea leninista en la solución de los problemas rusos.

Si nuestra intervención se efectúa sobre otras bases, existe el riesgo de que no sea útil, sino perjudicial.

2. Se puede considerar que una consecuencia de ese punto de vista erróneo está en el hecho de que, en la primera mitad de su carta, precisamente aquella en que insisten en los efectos que puede tener para el movimiento occidental una escisión en el partido ruso (y en su núcleo dirigente), ustedes hablan indiferentemente de todos los compañeros dirigentes, sin hacer, en definitiva, ninguna distinción entre los compañeros que están al frente del comité central y los jefes de la oposición.

En la página dos de las cuartillas escritas por Antonio se invita a los compañeros rusos a reflexionar y a ser "más conscientes de su responsabilidad". No hay nada que aluda a una distinción entre ellos.

En la página 6 se dice:

"Consideramos que es nuestro deber de internacionalistas llamar especialmente la atención de los compañeros más responsables del Partido Comunista de la URSS acerca de este elemento del problema. Compañeros, ustedes han sido en estos nueve años de historia mundial el elemento organizador y propulsor de las fuerzas revolucionarias de todos los países; la función que han desarrollado no tiene precedentes en toda la historia del género humano que puedan igualarla ni en amplitud ni en profundidad. Pero hoy están destruyendo su obra, degradando y corriendo el riesgo de anular la función dirigente que el Partido comunista de la URSS había conquistado por el impulso de Lenin; nos parece que la violenta pasión de las cuestiones rusas les hace perder a ustedes de vista los aspectos internacionales de las mismas cuestiones rusas, les hace olvidar que sus deberes de militantes rusos no pueden ni deben satisfacerse fuera del marco de los intereses del proletariado internacional".

Tampoco en este caso se encuentra el menor elemento de diferenciación. La única conclusión que cabe es que el buró político del Partido Comunista italiano considera que todos son responsables y que todos deben ser llamados al orden. Es cierto que hacia el final de la carta se corrige esta actitud. Se dice que Zinóviev, Kámenev y Trotski son los "mayores" responsables, y se añade:

"Queremos estar seguros de que la mayoría del comité central del Partido Comunista de la URSS no desea una victoria aplastante en esta lucha, sino que está dispuesta a evitar las medidas excesivas".

La expresión "queremos creer" tiene un valor limitativo; con ella se quiere decir que no se está seguro.

Ahora bien, independientemente de toda consideración sobre la oportunidad de una intervención en la controversia actual que impute ciertos errores al comité central, independientemente del hecho de que esa toma de posición sólo puede redundar en total beneficio de la oposición, al margen, pues, de todas estas cuestiones de oportunidad, ¿se puede afirmar que el comité central cometió ciertos errores? No lo creo. Lo prueban las tentativas realizadas, antes del XIV congreso, para llegar a un acuerdo y, lo que es más importante, la política seguida después del XIV congreso, que fue prudente y a la que de ningún modo se puede acusar de haberse orientado a ciegas en una dirección. En cuanto a la vida interna del partido, la central rusa no es más responsable de la discusión, del fraccionismo de la oposición, de la gravedad de la crisis, etc., de lo que nosotros mismos, central italiana, lo somos del fraccionismo de Bordiga, de la constitución y de la actividad del comité de entendimiento, etc. En la vida interna del Partido Comunista de la URSS hay, sin duda, cierto rigor. Pero éste es necesario. Si los partidos occidentales quisieran intervenir ante el grupo dirigente para hacer desaparecer ese rigor, cometerían un error muy grave. Realmente en ese caso la dictadura del proletariado podría verse comprometida.

Creo, pues, que la primera mitad de la carta de ustedes y las expresiones finales vinculadas a ella, constituyen un error político. Este error menoscaba los aspectos positivos de la carta (e incluso de su primera parte).

Una observación más sobre este punto. Es justo que los partidos extranjeros vean con preocupación la agudización de la crisis del partido comunista ruso, y es justo que traten, en lo que esté a su alcance, de hacerla menos aguda. Pero es evidente que cuando se está de acuerdo con la línea del comité central, la mejor manera de contribuir a superar la crisis consiste en expresar adhesión a dicha línea, sin ninguna limitación. Si la oposición rusa no hubiese contado con el apoyo de algunos grupos de oposición o de partidos enteros de la Internacional, no habría tenido la actitud que asumió después del XIV congreso. La experiencia demuestra que la oposición utiliza las mínimas oscilaciones que se manifiestan hasta en los juicios emanados de grupos y partidos a los que se sabe de acuerdo con el comité central.

3. En el pasaje que antes cité, donde se llama a los compañeros rusos a su responsabilidad, se dice que pierden de vista los aspectos internacionales de las cuestiones rusas. En esta afirmación se omite el hecho de que, después del XIV congreso, la discusión rusa se ha desplazado de los problemas predominantemente rusos a los internacionales. La omisión de este hecho explica que en la carta no se aluda a esos problemas internacionales, lo que constituye un tercer grave error.

4. Vuestra carta es demasiado optimista cuando habla de la bolchevización que se venía cumpliendo después del V congreso, y pareciera que ustedes atribuyen sólo a la discusión rusa la detención del proceso de consolidación de los partidos comunistas. También en este caso el juicio que ustedes formulan es unilateral y les hace cometer un error de apreciación. Por un lado, hay que reconocer que la firmeza bolchevique de algunos grupos dirigentes puestos al frente de nuestros partidos por el V congreso era sólo aparente (Francia, Alemania, Polonia); por esa razón las crisis que siguieron fueron inevitables. Por otro lado, hay que advertir que estas crisis están mucho más ligadas a los cambios de la situación objetiva y a sus repercusiones sobre la vanguardia de la clase obrera que a las cuestiones rusas. La crisis rusa depende asimismo de estos cambios, del mismo modo que todas las crisis y controversias precedentes, y en particular aquella a la que puso fin el X congreso y que tiene una profunda analogía con la crisis actual.

5. En cambio la carta es demasiado pesimista no sólo en lo que se refiere a las repercusiones de la cuestión rusa, sino de una manera más general en cuanto a las capacidades de la vanguardia proletaria para comprender cuál es la línea del partido comunista ruso y para hacérsela comprender a las masas obreras. En este sentido ustedes sobrevaloran los efectos negativos de la discusión rusa en el seno del proletariado occidental, y ese pesimismo deja entender que para ustedes no es enteramente justa la línea del partido. Si esta línea es justa y adecuada a las condiciones objetivas, debemos estar en condiciones de hacerles comprender a las masas todo su valor y debemos también estar en condiciones de mantener la cohesión de las masas alrededor de Rusia y del partido bolchevique, a pesar de las controversias. Fue a través de discusiones y escisiones que el partido bolchevique llegó a conquistar la dirección del proletariado ruso. Tengo la impresión de que hoy el punto de vista de ustedes sobre la función histórica del partido y de la revolución rusa es superficial. Es menos la unidad del grupo dirigente (que en definitiva nunca fue total) que el hecho de que el partido ruso condujera a la clase obrera a la conquista y la conservación del poder, lo que ha convertido a ese partido en el organizador y el promotor del movimiento revolucionario mundial de la posguerra. ¿La línea actual del partido lo condena, sí o no, a faltar a esa misión histórica? En estos términos debe plantearse la cuestión de la posición del partido ruso en el movimiento obrero internacional si no se quiere caer de lleno en los argumentos de la oposición.

Éstas no son más que algunas observaciones formuladas a toda prisa. Pero creo que son fundamentales. Quisiera conocer lo que piensas al respecto.

Fraternalmente,

PALMIRO TOGLIATTI

http://www.gramsci.org.ar