ALGUNOS TEMAS SOBRE LA CUESTION MERIDIONAL.

Este ensayo fue publicado por primera vez en París en la revista Lo Stato Operaio (año IV, nro. 1, enero de 1930, pp. 9-26), con la siguiente nota de presentación: "En 1926, durante los meses que precedieron inmediatamente a su arresto, el camarada Gramsci preparaba la publicación de una revista ideológica para nuestro partido. En los primeros números de esta revista debía abordar la cuestión meridional a través de una serie de artículos que ya había redactado y leído a algunos camaradas del comité central. Publicamos aquí uno de esos artículos, en el estado en que nos ha llegado después de mil vicisitudes. El texto no está completo, y su autor sin duda lo habría retocado en diversos pasajes." Los demás artículos a los que se hace mención no pudieron ser hallados.

Al reimprimirlo en La Rinascita (año II, nro. 2, febrero de 1945), Togliatti pone puntos suspensivos al final del escrito y advierte: (aquí se interrumpe el manuscrito). Aunque no deba excluirse que Gramsci hubiera retocado el manuscrito para su publicación, una simple lectura. del material muestra que, aun desde el punto de vista formal, estaba concluido y listo para su impresión. Por lo que la insistencia en su virtual estado de borrador abre el interrogante sobre qué cosas hubieran deseado ver modificadas quienes lo publicaron en 1930 y 1945.

Estas notas se originan en la publicación de un artículo sobre el problema meridional, firmado por Ulenspiegel,* y aparecido en Quarto stato ** del 18 de septiembre, al que la redacción de la revista presentó con una introducción más bien graciosa. Ulenspiegel informa, en su artículo, de la aparición del libro de Guido Dorso *** (La Rivoluzione meridionale, Turín, Piero Gobetti; 1925) y alude a la opinión de Dorso sobre la actitud de nuestro partido a propósito de la cuestión del Mezzogiorno; en su introducción, la redacción de Quarto stato, que declara estar compuesta de "jóvenes que conocen perfectamente en sus líneas generales [sic] el problema meridional", protesta colectivamente por la posibilidad de que se le reconozcan "méritos" al Partido Comunista. Hasta aquí, no hay nada que objetar; en todo tiempo y lugar, jóvenes del tipo Quarto stato han inferido al papel muchas otras opiniones y protestas sin que el papel se rebelase. Pero a continuación los "jóvenes" agregan textualmente: "No hemos olvidado que la fórmula mágica de los comunistas turineses era: división del latifundio entre los proletarios rurales. Esa fórmula está en las antípodas de toda visión sana y realista del problema meridional". Y aquí hay que poner las cosas en su sitio, pues lo único "mágico" es el descaro y el superficial diletantismo de los "jóvenes" escritores de Quarto stato.

* Seudónimo de Tommaso Fiore, colaborador de La Rivoluzione Liberale. [E.]

** Quarto stato, revista de inspiración liberal-socialista, fundada y dirigida por C. Rosselli y publicada en Milán entre marzo y octubre de 1926. [E.]

*** Guido Dorso, en el marco del movimiento meridionalista, representa, junto a Gobetti, la tentativa más audaz de la corriente liberal para encontrar una solución a la crisis del estado italiano después de la guerra. [E.]

La "fórmula mágica" es un invento puro y simple. Muy poca consideración deben tener los "jóvenes" de Quarto stato por sus cultivados lectores si se atreven a distorsionar la verdad con esa enfática pedantería. Aquí está un pasaje de L’Ordine Nuovo (nro. 3, enero de 1920) en el que se resume el punto de vista de los comunistas turineses:

"La burguesía septentrional ha sojuzgado a la Italia meridional y las islas, reduciéndolas a colonias explotadas; el proletariado septentrional, al emanciparse de la esclavitud capitalista, emancipará a las masas campesinas meridionales, sometidas a la banca y al industrialismo parasitario del Norte. No hay que buscar la regeneración económica y política de los campesinos en una división de las tierras incultas o mal cultivadas, sino en la solidaridad del proletariado industrial, para el cual es necesario, a su vez, la solidaridad de los campesinos, pues su ‘interés’ consiste en que el capitalismo no renazca económicamente de la propiedad territorial y en que la Italia meridional y las islas no se conviertan en una base militar de la contrarrevolución capitalista. Al imponer el control obrero sobre la industria, el proletariado orientará a ésta hacia la producción de máquinas agrícolas para los campesinos, de telas y calzados para los campesinos, de energía eléctrica para los campesinos, impedirá que la industria y la banca sigan explotando a los campesinos, sometiéndolos como esclavos a sus cajas fuertes. Al derrocar la autocracia en la fábrica y el aparato opresivo del estado capitalista, instaurado el estado obrero que someta a los capitalistas a la ley del trabajo útil, los obreros destrozarán todas las cadenas que tienen atado al campesino a su miseria, a su desesperación; instaurando la dictadura obrera y controlando las industrias y los bancos, el proletariado pondrá la enorme potencia de la organización estatal al servicio de los campesinos en su lucha contra los propietarios, contra la naturaleza, contra la miseria; otorgará créditos a los campesinos, establecerá cooperativas, garantizará la seguridad de las personas y de los bienes contra el pillaje; realizará obras públicas de saneamiento e irrigación. Y hará todo esto porque es de su interés incrementar la producción agrícola, porque es de su interés tener y conservar la solidaridad de las masas campesinas, porque es de su interés orientar la producción industrial al trabajo útil y fraterno entre la ciudad y el campo, entre el Norte y el Mezzogiorno".

Esto fue escrito en enero de 1920. Han pasado siete años y, políticamente, también hemos envejecido siete años; hoy podríamos expresar mejor algún concepto, podríamos --y deberíamos-- distinguir mejor el período inmediatamente posterior a la conquista del estado, caracterizado por el simple control obrero de la industria, y los períodos siguientes. Pero lo que importa consignar aquí es que el concepto fundamental de los comunistas turineses no ha sido la "fórmula mágica" de la división del latifundio, sino el de la alianza política entre obreros del norte y campesinos del sur para derrocar el poder estatal de la burguesía; más aún, los comunistas turineses (sin dejar de sostener que la división de las tierras estaba subordinada a la acción solidaria de las dos clases) ponían en guardia precisamente contra las ilusiones que podía suscitar la distribución mecánica de los latifundios, como una solución "milagrosa". En el mismo artículo del 3 de enero de 1920 se lee:

"¿Qué gana un campesino pobre con invadir una tierra inculta o mal cultivada? Sin máquinas, sin una vivienda en el lugar de trabajo, sin crédito para esperar la época de la cosecha, sin instituciones cooperativas que adquieran esa cosecha (en el caso de que llegue a la cosecha sin antes haberse ahorcado en el arbusto más fuerte del bosque o en la higuera silvestre menos raquítica de la tierra inculta), salvándolo de las garras de los usureros. ¿Qué puede ganar un campesino pobre con la invasión?"

Nosotros apoyábamos la fórmula más realista y en absoluto "mágica": la tierra a los campesinos; pero queríamos que estuviese encuadrada en una acción revolucionaria general de las dos clases aliadas, bajo la dirección del proletariado industrial. Los escritores de Quarto stato inventaron pura y simplemente la "fórmula mágica" atribuida a los comunistas turineses, demostrando así su poca seriedad de publicistas y su escaso escrúpulo de intelectuales de botica; también éstos son elementos políticos que pesan y traen consecuencias.

En el campo proletario, los comunistas turineses han tenido un "mérito" indiscutible: impusieron la cuestión meridional a la atención de la vanguardia obrera, presentándola como uno de los problemas esenciales de la política nacional del proletariado revolucionario. En este sentido han contribuido prácticamente a sacar a la cuestión meridional de su caracterización global, intelectualista, supuestamente "concreta",* para hacerla entrar en una nueva caracterización. El protagonista de la cuestión meridional era ahora el obrero revolucionario de Turín y de Milán, y no ya los Giustino Fortunato, los Gaetano Salvemini, los Eugenio Azimonti, los Arturo Labriola,** para no citar sino los nombres de los santones que aprecian los "jóvenes" de Quarto stato.

* Concretista en el original. Con este término, Gramsci designa el procedimiento que consiste en abordar el problema del Mezzogiorno fraccionándolo en una multitud de cuestiones particulares y parciales, es decir, perdiendo de vista el contenido político global del problema. Su expresión más completa y, en un sentido, más válida, fue la experiencia de L’Unità, orientada por Gaetano Salvemini. [E.]

** Giustino Fortunato, liberal-conservador, fue uno de los representantes más importantes del movimiento "meridionalista". Eugenio Azimonti, técnico agrícola, fue uno de los colaboradores de la Rivoluzione Liberale de Piero Gobetti y de L’Unità de Gaetano Salvemini. Arturo Labriola, dirigente socialista napolitano, fue en Italia uno de los representantes más importantes del sindicalismo revolucionario. [E.]

Los comunistas turineses se plantearon concretamente la cuestión de la "hegemonía del proletariado", o sea de la base social de la dictadura proletaria y del estado obrero. El proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el estado burgués a la mayoría de la población trabajadora, lo cual quiere decir en Italia, dadas las reales relaciones de clase existentes en Italia, en la medida en que consigue obtener el consenso de las amplias masas campesinas. Pero la cuestión campesina está en Italia históricamente determinada, no es la "cuestión campesina y agraria en general"; en Italia la cuestión campesina tiene, por la determinada tradición italiana, por el determinado desarrollo de la historia italiana, dos formas típicas y peculiares: la cuestión meridional y la cuestión vaticana. Conquistar la mayoría de las masas campesinas significa, por tanto, para el proletariado italiano dominar esas dos cuestiones desde el punto de vista social, comprender las exigencias de clase que representan, incorporar esas exigencias a su programa revolucionario de transición, plantear esas exigencias entre sus reivindicaciones de lucha.

El primer problema que debían resolver los comunistas turineses era la modificación de la orientación política y la ideología general del mismo proletariado, como elemento nacional que vive en el conjunto de la vida estatal y sufre inconscientemente la influencia de la escuela, de la prensa y de la tradición burguesas. Es conocida la ideología que en múltiples ramificaciones difunden los propagandistas de la burguesía entre las masas del norte: el Mezzogiorno es el lastre que impide que progrese más rápidamente el desarrollo civil de Italia; los meridionales son seres biológicamente inferiores, semibárbaros o bárbaros completos, por destino natural; si el Mezzogiorno está atrasado, la culpa no es del sistema capitalista o de cualquier otra causa histórica, sino de la naturaleza que ha hecho a los meridionales holgazanes, inservibles, criminales, bárbaros, compensándose este cruel destino con la explosión puramente individual de grandes genios, solitarias palmeras en un árido y estéril desierto. El Partido Socialista fue en gran parte el difusor de esta ideología burguesa en el proletariado septentrional; el Partido Socialista convalidó toda la literatura "meridionalista" de la camarilla de escritores de la llamada escuela positivista, como los Ferri, los Sergi, los Niceforo, los Orano* y discípulos menores que en artículos, ensayos, cuentos, novelas, libros de impresiones y recuerdos repitieron en diversas formas el mismo estribillo; una vez más la "ciencia" servía para humillar a los miserables y los explotados, pero esta vez se revestía de los colores socialistas, pretendía ser la ciencia del proletariado.

* Sergi, Niceforo, Orano, Lombroso y Ferri fueron los representantes de la corriente "antropológica" en la cuestión meridional. Sus teorías, de inspiración positivista, encontraron un amplio eco dentro del mismo Partido Socialista. [E.]

Los comunistas turineses reaccionaron enérgicamente contra esta ideología, particularmente en Turín, donde los relatos y las descripciones de los veteranos de guerra contra el "bandolerismo" en el Mezzogiorno y en las islas habían influenciado en mayor medida la tradición y el espíritu popular. Reaccionaron enérgicamente, en forma práctica, logrando obtener resultarlos concretos de inmenso alcance histórico, logrando el surgimiento, sobre todo en Turín, de embriones de lo que será la solución del problema meridional.

Por otra parte, ya antes de la guerra se había verificado en Turín un episodio que contenía en potencia toda la acción y la propaganda que después de la guerra desarrollarían los comunistas. Cuando en 1914, a raíz de la muerte de Pilade Gay, quedó vacante el IV colegio electoral de la ciudad y se planteó la cuestión del nuevo candidato, un grupo de la sección socialista integrado por los futuros redactores de L’Ordine Nuovo sometió el proyecto de presentar como candidato a Gaetano Salvemini. Salvemini era entonces el exponente más radicalmente avanzado de las masas campesinas del Mezzogiorno. Estaba fuera del Partido Socialista y más bien llevaba a cabo contra él una campaña virulenta muy peligrosa, ya que sus afirmaciones y acusaciones se convertían, entre las masas trabajadoras meridionales, en causa de odio no sólo contra los Turati, los Treves, los D’Aragona sino además contra el conjunto del proletariado industrial. (Muchas de las balas que la guardia real descargó en los años 1919, 1920, 1921, 1922 contra los obreros estaban hechas con el mismo plomo que sirvió para imprimir los artículos de Salvemini.)* A pesar de esto, con el nombre de Salvemini el grupo turinés quería hacer una afirmación en el sentido que le comunicó al propio Salvemini el compañero Ottavio Pastore, quien se trasladó a Florencia para obtener su aceptación a la candidatura: "Los obreros de Turín quieren elegir a un diputado para los campesinos de Puglia. Los obreros de Turín saben que en las elecciones generales de 1913, los campesinos de Molfetta y de Bitonto eran, en su inmensa mayoría, favorables a Salvemini; la presión administrativa del gobierno Giolitti y la violencia de los matones y de la policía impidieron expresarse a los campesinos de Puglia. Los obreros de Turín no le piden a Salvemini compromiso alguno, ni de partido ni de programa, ni de disciplina al grupo parlamentario; una vez electo, Salvémini se deberá a los campesinos de Puglia, no a los obreros de Turín, quienes harán la propaganda electoral de acuerdo a sus propios principios y no estarán en ningún modo comprometidos por la actividad política de Salvemini."

* Salvemini, en su introducción a los Scritti sulla questione meridionale (Turín, 1954) discute esta afirmación. Pero es evidente que Gramsci se refiere a las relaciones objetivas entre el pretexto ideológico de la crítica que hace Salvemini del "parasitismo rojo" o, de manera más general, del corporativismo socialista, y las represiones contra los obreros. [E.]

Salvemini no quiso aceptar la candidatura, aunque la propuesta lo impresionó e incluso lo conmovió (en aquella época todavía no se hablaba de la "perfidia" comunista, y en las costumbres había honestidad y buen humor); propuso como candidato a Mussolini * y se comprometió a ir a Turín a sostener al Partido Socialista en la lucha electoral. Participó, en efecto, de dos grandiosos mítines en la cámara del trabajo y en la plaza Estatuto, en medio de la masa que veía y aplaudía en él al representante de los campesinos meridionales oprimidos y explotados en forma más odiosa y bestial que el proletariado septentrional.

* Mussolini era en esa época director de Avanti!, órgano oficial del partido socialista y coincidía con Salvemini en su crítica a los socialistas reformistas. [E.]

La orientación potencialmente contenida en este episodio que no tuvo mayores prolongaciones por voluntad de Salvemini, fue retomada y aplicada por los comunistas en el período de la posguerra. Queremos recordar los hechos más salientes y sintomáticos.

En 1919 se formó la asociación "Joven Cerdeña",* comienzo y premisa del futuro partido sardo de acción. La "Joven Cerdeña" se proponía unir a todos los sardos de la isla y del continente en un bloque regional capaz de ejercer una presión eficaz sobre el gobierno para obtener que se mantuvieran las promesas hechas a los soldados durante la guerra; el organizador de "Joven Cerdeña" en el continente era un tal profesor Pietro Nurra, socialista, que muy probablemente hoy forme parte del grupo de "jóvenes" que todas las semanas descubre, en Quarto stato, algún nuevo horizonte para explorar. Con el entusiasmo que crea toda posibilidad nueva de conseguir medallas, cruces y galones, el movimiento obtuvo la adhesión de abogados, profesores, funcionarios. La asamblea constituyente, convocada en Turín por los sardos que habitaban el Piamonte, fue imponente por la cantidad de participantes. En su mayoría era gente pobre, gente de pueblo sin calificación particular, peones, jubilados, ex carabineros, ex carceleros, ex funcionarios de aduana que ejercían una multitud de pequeños negocios; a todos los exaltaba la idea de reencontrarse entre coterráneos, de escuchar hablar sobre su tierra, a la que continuaban ligados por innumerables lazos de parentesco, de amistad, de recuerdos, de sufrimientos, de esperanzas: la esperanza de volver a su tierra, pero a una tierra más próspera y rica, que brindase las condiciones necesarias para vivir, aunque fuera modestamente.

* Movimiento autonomista, formado por antiguos combatientes, fundado en 1919 por Emilio Lussù. [E.]

Los comunistas sardos asistentes a la reunión, que fueron exactamente ocho, presentaron a la presidencia una moción en la que solicitaban la posibilidad de hacer un contrainforme. Después del discurso inflamado y retórico del relator oficial, aderezado con todas las cursilerías de la oratoria regionalista, después que los participantes hubieron llorado los recuerdos de los dolores pasados y de la sangre derramada en la guerra por los regimientos sardos, exaltándose hasta el delirio con la idea del bloque compacto formado por todos los hijos generosos de Cerdeña, era muy difícil "meterles" un contrainforme; las previsiones más optimistas anticipaban, si no un linchamiento, por lo menos un paseíto hasta la comisaría de policía, después de haber sido salvados de la "noble indignación de la muchedumbre". El contrainforme, aunque suscitó una gran sorpresa, fue escuchado sin embargo con atención, y una vez roto el encanto se llegó rápida pero metódicamente a la conclusión revolucionaria: ¿están ustedes, pobres diablos sardos, por un bloque con los señores de Cerdeña que los han arruinado y son los guardianes locales de la explotación capitalista, o están por un bloque con los obreros revolucionarios del continente, que aspiran a suprimir todas las formas de explotación y a emancipar a todos los oprimidos? Se hizo penetrar esta alternativa en la cabeza de los asistentes. El voto por división fue un éxito formidable: por un lado un grupito de señores elegantes, de funcionarios con sombreros de copa, de profesionales lívidos de rabia y de miedo, apoyados por unos cuarenta policías, y por otro la multitud de pobres diablos y de mujercitas endomingadas rodeando a la minúscula célula comunista. Una hora después, se constituía en la Cámara del Trabajo el Círculo Educativo Socialista Sardo, con 256 inscritos; en cuanto a "joven Cerdeña" su constitución fue postergada sine die y nunca tuvo lugar.

Fue ésa la base política en que se basó la acción realizada entre los soldados de la brigada Sassari,* brigada de composición casi totalmente regional. La brigada Sassari había participado en la represión del movimiento insurreccional de Turín, en agosto de 1917; se tenía la seguridad de que nunca fraternizaría con los obreros, en razón de los recuerdos de odio que toda represión deja en la masa y que se dirigen también contra los instrumentos materiales de la represión, y también en los regimientos, que recuerdan a los soldados caídos bajo los golpes de los insurgentes.

* La brigada Sassari, llamada a Turín en ocasión de la ocupación de fábricas (1920) había servido, en 1917, para reprimir las rebeliones del proletariado turinés "por el pan y contra la guerra". [E.]

La brigada fue acogida por una multitud de señores y señoras que ofrecían a los soldados flores, cigarros, frutas. El estado de ánimo de los soldados está caracterizado por este relato de un obrero curtidor de Sassari, que se ocupó de los primeros sondeos de propaganda: "Me acerqué a un campamento de la plaza X (durante los primeros días los soldados sardos acamparon en las plazas, como en una ciudad conquistada) y hablé con un joven campesino que me recibió cordialmente porque era de Sassari, como yo. ‘¿Qué vinieron a hacer a Turín?’ ‘Vinimos a tirar contra los señores que hacen huelga’. ‘Pero los que hacen huelga no son los señores, sino los obreros y los pobres’. ‘Aquí todos son señores: tienen cuello y corbata; ganan 30 liras por día. Yo conozco a los pobres y sé cómo están vestidos, en Sassari sí que hay muchos pobres; todos nosotros, que trabajamos con la azada, somos pobres y ganamos 1.50 por día’. ‘Pero yo también soy obrero y soy pobre’. ‘Tú eres pobre porque eres sardo’. ‘Pero si hago huelga con los demás, ¿tirarás contra mí?’ El soldado reflexionó un momento y luego, poniéndome una mano en la espalda, me dijo: ‘Escucha, cuando hagas huelga con los demás. ¡quédate en tu casa!’"

Ese era el espíritu de la gran mayoría de la brigada, en la que sólo había unos pocos obreros mineros de la cuenca de Iglesias. No obstante, pocos meses después, en vísperas de la huelga general del 20-21 de julio, la brigada fue alejada de Turín, los soldados antiguos fueron licenciados y la formación dividida en tres: se envió un tercio a Aosta, un tercio a Trieste y un tercio a Roma. Se hizo partir a la brigada de noche, repentinamente; no había ninguna multitud elegante para despedirlos en la estación; y si bien entonaban cantos de guerra, éstos ya no tenían el mismo contenido de los que cantaban a su llegada.

¿Estos acontecimientos no dejaron secuelas? Sí, han dado resultados que aún hoy persisten y continúan actuando profundamente en las masas populares. Han iluminado fugazmente a mentes que nunca antes habían reflexionado en esa dirección y que han quedado impresionadas, radicalmente modificadas. Se han dispersado nuestros archivos; nosotros mismos destruimos muchos documentos para evitar arrestos y persecuciones. Pero recordamos que a la redacción turinesa de Avanti! llegaban decenas y centenares de cartas de Cerdeña; cartas frecuentemente colectivas, firmadas por ejemplo por todos los ex combatientes de la Sassari de una determinada región. Por vías incontroladas e incontrolables, se difundía nuestra posición política; ésta, a su vez, influyó fuertemente en la base del recientemente constituido Partido Sardo de Acción, y a este respecto pueden recordarse episodios ricos en contenido y significado.

La última repercusión notoria de esta acción tuvo lugar en 1922 cuando, con los mismos propósitos con que nos dirigimos a la brigada Sassari, se invitó a Turín a 300 carabineros de la legión de Cagliari. En la redacción de L’Ordine Nuovo recibimos una declaración de principios, firmada por una gran parte de estos carabineros, que se hacía eco de todo nuestro planteamiento del problema meridional, y que constituía la prueba decisiva de que nuestra orientación era la correcta.

El proletariado debía hacer suya esa orientación para dar a la misma una eficiencia política: esto es obvio. Ninguna acción de masa es posible si la propia masa no está convencida de los fines que quiere alcanzar y de los métodos que debe aplicar. Para ser capaz de gobernar como clase, el proletariado tiene que despojarse de todo residuo corporativo, de todo prejuicio o de incrustación sindicalista. ¿Qué significa eso? Que no sólo hay que superar las distinciones que existen entre las diversas profesiones, sino que, para conquistar la confianza y el consenso de los campesinos y de algunas categorías semiproletarias de las ciudades, hay que superar también algunos prejuicios y vencer ciertos egoísmos que pueden subsistir y subsisten en la clase obrera como tal, aunque en su seno hayan desaparecido ya los particularismos profesionales. El metalúrgico, el carpintero, el albañil, etc., tienen que pensar no ya sólo como proletarios, y no como metalúrgico, carpintero, albañil, etc., sino que tienen que dar un paso más: tienen que pensar como obreros miembros de una clase que tiende a dirigir a los campesinos y a los intelectuales, como miembros de una clase que puede vencer y puede constituir el socialismo sólo si está ayudada y seguida por la gran mayoría de esos estratos sociales. Si no se obtiene eso, el proletariado no llega a ser clase dirigente, y esos estratos, que en Italia representan la mayoría de la población, se quedan bajo dirección burguesa y dan al estado la posibilidad de resistir al ímpetu proletario y de debilitarlo.

Y bien: lo que se ha verificado en el terreno de la cuestión meridional, demuestra que el proletariado ha comprendido cuál es su deber. Hay que consignar dos hechos, uno de los cuales tuvo lugar en Turín y el otro en Reggio Emilia, es decir en la ciudadela del reformismo, del corporativismo de clase, del proteccionismo obrero que los "meridionalistas" toman como ejemplo en su propaganda entre los campesinos el sur.

Después de la ocupación de las fábricas, la dirección de la Fiat propuso a los obreros que asumieran la gestión de la empresa en forma de cooperativa. Como es natural, los reformistas estuvieron de acuerdo. Se perfilaba una crisis industrial y el espectro de la desocupación angustiaba a las familias obreras. La transformación de la Fiat en cooperativa podía garantizar cierta seguridad de empleo al personal y especialmente a los obreros políticamente más activos, persuadidos de que iban a ser dejados cesantes.

La sección socialista conducida por los comunistas intervino enérgicamente en esta cuestión. Se dijo a los obreros: una gran empresa cooperativa como la Fiat puede ser asumida por los obreros sólo en el caso de que éstos estén dispuestos a incorporarse al sistema de fuerzas políticas burguesas que hoy gobierna en Italia. La propuesta de la dirección de Fiat está dentro del plan político de Giolitti. ¿En qué consiste este plan? Antes de la guerra, la burguesía ya no podía gobernar tranquilamente. La insurrección de los campesinos sicilianos en 1894 y la insurrección de Milán en 1898 fueron el experimentum crucis de la burguesía italiana. Después de la década sangrienta de 1890-1900, la burguesía debió renunciar a una dictadura demasiado excluyente, demasiado violenta, demasiado directa: contra ella se rebelaban, simultáneamente, aunque no en forma coordinada, los campesinos meridionales y los obreros del norte. En el nuevo siglo, la clase dominante inauguró una nueva política de alianzas de clases, de bloques políticos de clases, es decir de democracia burguesa. Debía optar entre una democracia rural, o sea una alianza con los campesinos meridionales, una política de libertad aduanera, de sufragio universal, de descentralización administrativa, de bajos precios en los productos industriales; y un bloque industrial capitalista-obrero, sin sufragio universal, con proteccionismo aduanero, con el mantenimiento de la centralización estatal (expresión del dominio burgués sobre los campesinos, especialmente los del Mezzogiorno y las islas), con una política reformista de salarios y de libertades sindicales. Escogió, y no es casual que lo haya hecho, la segunda solución. Giolitti encarnó el dominio burgués y el Partido Socialista se convirtió en el instrumento de la política giolittiana. Si se observa con atención, en la década de 1900-1910 se verifican las crisis más radicales en el movimiento socialista y obrero: las masas reaccionan espontáneamente contra la política de los jefes reformistas. Surgió el sindicalismo,* que es la expresión instintiva, elemental, primitiva, pero sana, de la reacción obrera contra el bloque integrado con la burguesía y a favor de un bloque integrado con los campesinos y en primer lugar con los campesinos meridionales. Más bien, en cierto sentido, el sindicalismo es una débil tentativa de los campesinos meridionales, representados por sus intelectuales, de dirigir al proletariado. ¿Cómo está constituido el núcleo dirigente del sindicalismo italiano? ¿Cuál es la esencia ideológica del sindicalismo italiano? El núcleo dirigente del sindicalismo está constituido casi exclusivamente por meridionales: Labriola, Leone, Longobardi, Orano. La esencia ideológica del sindicalismo es un nuevo liberalismo más enérgico, más agresivo, más belicoso que el tradicional. Si se observa bien, hay dos motivos fundamentales alrededor de los cuales sobrevienen las sucesivas crisis del sindicalismo y el paso gradual de los dirigentes sindicales al campo burgués: la emigración y el librecambio, dos motivos estrechamente ligados al meridionalismo. El fenómeno de la emigración hace nacer la concepción de la "nación proletaria" de Enrico Corradini;** la guerra de Libia *** es vista por todo un estrato de intelectuales como el comienzo de la ofensiva de la "gran nación proletaria" contra el mundo capitalista y plutocrático. Todo un grupo de sindicalistas pasa al nacionalismo; más aun, en sus orígenes, el Partido Nacionalista se constituye con intelectuales ex sindicalistas (Monicelli, Forges-Davanzati, Maraviglia). El libro de Labriola, Storia di 10 anni (los diez años que transcurren entre 1900 y 1910) es la expresión más típica y característica de este neoliberalismo antigiolittiano y meridionalista.

* Movimiento revisionista de inspiración soreliana, al que adhirieron en Italia Arturo Labriola, Enrico Leone, Paolo Orano. Este movimiento sindicalista cayó en su mayor parte en el fascismo, después de haber adoptado una posición netamente favorable a la intervención, en vísperas de la primera guerra mundial. [E.]

** Enrico Corradini fue el gran teórico de lo que Gramsci llamó el "socialismo nacional", doctrina que desnaturalizaba el carácter social de la lucha de clases convirtiéndola en una lucha entre naciones. En la concepción de Corradini, Italia era la "nación proletaria" y debía imponer por las armas su derecho a las demás naciones. [E.]

*** La campaña de Libia (1911) sirvió a Giolitti para asegurarse el apoyo de la derecha nacionalista y de importantes fuerzas económicas, y para reforzar su sistema político. Terminó con la paz de Lausana (octubre de 1912), celebrada después de la ocupación paralela de Rodas y de otras islas del Dodecaneso. [E.]

En estos diez años el capitalismo se fortalece y desarrolla, reorientando una parte de su actividad en la agricultura del Valle del Po. El rasgo más característico de estos diez años son las huelgas de masa de los obreros agrícolas del Valle del Po. Esto conmueve considerablemente a los campesinos septentrionales y se verifica una profunda diferenciación de clase (el número de jornaleros aumenta en un 50%, de acuerdo a los datos del censo de 1911) a la que corresponde una redefinición de las corrientes políticas y de las actitudes mentales. La democracia cristiana * y el mussolinismo ** son los dos productos más salientes de la época: la Romaña es el crisol regional de estas dos nuevas actividades y al parecer el jornalero se ha convertido en el protagonista social de la lucha política. La democracia social en sus organismos de izquierda (L’Azione, de Cesena) e incluso el mussolinismo caen rápidamente bajo el control de los "meridionalistas". L’Azione de Cesena es una edición regional de L’Unità de Gaetano Salvemini. El Avanti! dirigido por Mussolini se ha ido transformando, lenta pero seguramente, en una tribuna de escritores sindicalistas y meridionalistas. Los Fancello, los Lanzillo, los Panunzio, los Ciccotti son sus asiduos colaboradores; el mismo Salvemini no disimula su simpatía por Mussolini, que es asimismo el niño mimado de La Voce de Prezzolini.*** Todos recordarán que cuando Mussolini abandona Avanti! y el Partido Socialista, está rodeado por esta cohorte de sindicalistas y meridionalistas.

* Gramsci alude aquí al origen del Partido Popular Italiano, fundado en 1919 por el clérigo siciliano Luigi Sturzo, que marcó la entrada del movimiento católico en la escena política. El partido adquirió muy pronto un carácter de masa: apoyó las reivindicaciones campesinas, sobre todo en el centro y el norte, así como los intereses de los grupos conservadores o reaccionarias. [E.]

** Mussolini, que había sido expulsado del Partido Socialista en vísperas de la primera guerra mundial, constituyó en Milán, el 23 de marzo de 1919, el movimiento fascista, que se transformó en partido en 1921. Originariamente, el movimiento no tenía un carácter político bien definido; mezclaba en su programa declaraciones revolucionarias, antiburguesas, y un ardiente nacionalismo. [E.]

*** Revista de crítica literaria y de cultura política que apareció entre 1908 y 1916. [E.]

La repercusión más notable de este período en el campo revolucionario es la semana roja de junio de 1914: la Romaña y las Marcas son el epicentro de la semana roja. En el campo de la política burguesa la repercusión más notable es el pacto Gentiloni.* Como el Partido Socialista, por efecto de los movimientos agrarios del Valle del Po, había retomado --después de 1910-- la táctica intransigente, el bloque industrial, sostenido y representado por Giolitti, pierde eficiencia. Giolitti cambia de hombro el fusil y sustituye la alianza entre burgueses y obreros por la alianza entre burgueses y católicos, los cuales representan a las masas campesinas de la Italia septentrional y central. En virtud de esta alianza, el partido conservador de Sonnino queda completamente destruido, conservando sólo una pequeña célula en la Italia meridional, en torno a Antonio Salandra.** La guerra y la posguerra han asistido al desarrollo de una serie de procesos moleculares en la clase burguesa que tiene la mayor importancia. Salandra y Nitti *** fueron los dos primeros jefes de gobierno meridionales (para no hablar, naturalmente de los sicilianos, como Crispi, que fue el más enérgico representante de la dictadura burguesa en el siglo XIX); ambos trataron de poner en práctica el programa burgués industrial-agrario meridional, Salandra en el terreno conservador y Nitti en el campo democrático (tanto uno como otro jefe de gobierno fueron apoyados decididamente por el Corriere della Sera, o sea por la industria textil lombarda). Ya durante la guerra, Salandra intentó desplazar a favor del Mezzogiorno las fuerzas técnicas de la organización estatal, es decir, sustituir el personal giolittiano del estado por un nuevo personal que encarnase el nuevo curso político de la burguesía. Se recordará que La Stampa realizó, especialmente en 1917-1918, una campaña por una estrecha colaboración entre giolittianos y socialistas, para impedir que "los de Puglia" ocuparan el estado: esa campaña estuvo orientada en La Stampa por Francesco Ciccotti, o sea que era una expresión del acuerdo existente entre Giolitti y los reformistas. La cuestión no era insignificante, y los giolittianos, en su encarnizada defensa, terminaron por transgredir los límites admitidos a un partido de la gran burguesía, llegando a efectuar esas manifestaciones de antipatriotismo y de derrotismo que están en la memoria de todos. Actualmente Giolitti está nuevamente en el poder, y nuevamente la burguesía le renueva su confianza, por el pánico que la invade ante el impetuoso movimiento de las masas populares. Giolitti quiere domesticar a los obreros de Turín. Dos veces los ha derrotado: en la huelga de abril pasado y en la ocupación de las fábricas con la ayuda de la Confederación General del Trabajo, es decir, del reformismo corporativo. Ahora piensa que puede encuadrarlos dentro del sistema burgués estatal. En realidad qué ocurrirá si el personal de Fiat acepta la propuesta de la dirección? Las actuales acciones industriales pasarán a ser obligaciones, de modo que la cooperativa deberá pagar a los portadores de obligaciones un dividendo fijo, cualquiera sea la evolución de las operaciones. La empresa Fiat soportará la imposición de toda clase de cargas por parte de los organismos crediticios, que siguen en manos de los burgueses, los cuales están interesados en reducir a los obreros a su poder discrecional. La masa de obreros deberá ligarse necesariamente al estado, que "acudirá en ayuda de los obreros" a través de la obra de los diputados obreros, mediante la subordinación del partido político obrero a la política gubernativa. En eso consistiría la plena aplicación del programa de Giolitti. El proletariado turinés dejará de existir como clase independiente y será sólo un apéndice del estado burgués. Triunfará el corporativismo de clase, pero el proletariado habrá perdido su posición y su función de dirigente y de guía; la masa de los obreros más pobres lo verán como un privilegiado y los campesinos como un explotador en la misma medida que los burgueses, porque la burguesía, como siempre ha hecho, presentará ante las masas campesinas a los núcleos obreros privilegiados como la única causa de sus males y de su miseria.

* El pacto Gentiloni marcó el punto culminante de las negociaciones que se desarrollaban entre la Unión Electoral Católica Italiana, presidida por el conde V. Gentiloni, y Giolitti. Sobre la base de este acuerdo, los electores católicos quedaban invitados a votar por los candidatos liberales que se habían comprometido a respetar los siete puntos del acuerdo, es decir por el mismo Giolitti. [E.]

** Sidney Sonnino y Antonio Salandra, dirigentes del partido conservador y ambos presidentes del consejo, respectivamente en 1906 y en 1914. En vísperas de la primera guerra mundial, estuvieron entre los "intervencionistas" más vigorosos. [E.]

*** Hombre político liberal, electo presidente del consejo en 1919: su ministerio trató de hacer frente a la situación de crisis social y al avance del movimiento fascista mediante el libre juego democrático en el seno del parlamento. Pero la incapacidad de su gobierno para controlar la situación entrañó la crisis definitiva del estado liberal italiano. [E.]

Los trabajadores de la Fiat aceptaron casi unánimemente nuestro punto de vista y rechazaron las proposiciones de la dirección. Pero este experimento no podía ser suficiente. El proletariado turinés había demostrado, con toda una serie de acciones, que poseía un altísimo grado de madurez y de capacidad política. Los técnicos y los empleados de fábrica, en 1919, pudieron mejorar sus condiciones sólo porque contaban con el apoyo de los obreros. Para truncar la agitación de los técnicos, los industriales propusieron a los obreros que nombraran ellos mismos, efectivamente, nuevos capataces y jefes de taller; los obreros rechazaron la propuesta, aunque tuviesen varios motivos de conflicto con los técnicos, que siempre habían sido un instrumento patronal de represión y de persecución. La prensa desencadenó entonces una furiosa campaña para aislar a los técnicos, haciendo resaltar sus altísimos salarios, que llegaban hasta las 7.000 liras mensuales. Los obreros calificados contribuyeron a la agitación de los peones, que sólo de ese modo lograron imponerse: dentro de las fábricas se barrió con todos los privilegios y las formas de explotación que favorecían a las categorías más calificadas en desmedro de las menos calificadas. A través de estas acciones, la vanguardia proletaria se conquistó una posición social de avanzada, y ésta es la base del desarrollo del Partido Comunista en Turín. ¿Y fuera de Turín? Nuestro propósito es justamente trasladar la consideración de la cuestión fuera de Turín, y especialmente a Reggio Emilia, donde existía la mayor concentración de reformismo y de corporativismo de clase.

Reggio Emilia fue siempre el blanco de los "meridionalistas". Una frase de Camillo Prampolini:* "Italia está dividida en nordici y sudici" ** era como la expresión más característica del odio violento que se desarrollaba entre los meridionales hacia los obreros del norte. En Reggio Emilia se presentó una situación similar a la de la Fiat: una gran fábrica debía pasar a manos de los obreros como empresa cooperativa. Los reformistas de Reggio estaban entusiasmados con el acontecimiento y lo celebraban estrepitosamente en su prensa y en sus reuniones. Un comunista Turinés *** fue a Reggio, tomó la palabra en una asamblea de la fábrica, exponiendo en sus líneas generales la cuestión entre el norte y el sur, y se produjo el "milagro": los obreros, en su gran mayoría, rechazaron la tesis reformista y corporativa. Se demostró así que los reformistas no representaban el espíritu de los obreros de Reggio; sólo representaban su pasividad y otros aspectos negativos. Habían logrado instaurar un monopolio político, dada la notable concentración en sus filas de organizadores y propagandistas de cierto valor profesional, lo que les permitió impedir el desarrollo y la organización de una corriente revolucionaria; pero bastó la presencia de un revolucionario capaz para ponerlos en su lugar, dejando en claro que los obreros de Reggio son valerosos combatientes y no cerdos cebados con el forraje del gobierno.

* Nacido en Reggio Emilia, figuró entre los fundadores del Partido Socialista Italiano (1892). [E.]

** Como ya se dijo, se trata de un juego de palabras en el que la expresión sudici (sucios) connota también fonéticamente la palabra "sud". [E.

*** Se trata de Umberto Terracini. [E.]

En abril de 1921, 5.000 obreros revolucionarios fueron dejados cesantes por la Fiat, se abolieron los consejos de fábrica, se redujeron los salarios. En Reggio Emilia debe haber sucedido algo similar. Es decir los obreros fueron derrotados. ¿Pero fue acaso inútil el sacrificio que habían realizado? Creemos que no; más bien estamos seguros de que no fue inútil. Ciertamente es difícil registrar toda una serie de grandes acontecimientos de masas que prueben la eficacia inmediata y fulminante de esas acciones. Por lo demás, en lo que se refiere a los campesinos ese registro es siempre difícil y casi imposible; y aún más difícil en lo que se refiere a la masa campesina del Mezzogiorno.

El Mezzogiorno puede definirse como una gran disgregación social; los campesinos, que son la gran mayoría de su población, no tienen ninguna cohesión propia. (Está claro que hay que introducir excepciones en Apulia, Cerdeña y Sicilia, que tienen características especiales dentro del gran cuadro de la estructura meridional.) La sociedad meridional es un gran bloque agrario constituido por tres estratos sociales: la gran masa campesina amorfa y disgregada, los intelectuales de la pequeña y media burguesía rural, los grandes terratenientes y los grandes intelectuales. Los campesinos meridionales se encuentran perpetuamente en fermentación, pero, como masa, son incapaces de dar una expresión centralizada a sus aspiraciones y a sus necesidades. El estrato medio de los intelectuales recibe de la base campesina los impulsos de su actividad política e ideológica. Los grandes propietarios, en el terreno político, y los grandes intelectuales, en el terreno ideológico, centralizan y dominan, en última instancia, todo ese conjunto de manifestaciones. Como es natural, la centralización se verifica con mayor eficacia y precisión en el campo ideológico. Por eso Giustino Fortunato [78] y Benedetto Croce [79] representan las llaves del sistema meridional y, en cierto sentido, son las dos figuras máximas de la reacción italiana.

78 Giustino Fortunato, 1848-1932. Político y publicista conservador, especialmente interesado por el problema del sur italiano (Il Mezzogiorno e lo Stato Italiano, 1911).

79 Benedetto Croce, 1866-1952, filósofo, publicista, senador, figura intelectual que domina la cultura italiana durante varios decenios de un modo excepcionalmente amplio, desde el pensamiento filosófico e historiográfico, hasta la política, la estética, la crítica y el gusto literarios. Su filosofía es un idealismo de origen hegeliano que, tras un paso por la lectura de Marx, sin duda más breve y frívolo de lo que pudo parecerle a Gramsci, tendió a desembocar en una filosofía de la cultura, coincidiendo con tendencias muy generales del idealismo de la época (Rickert, Dilthey, etc.), pese a conservar Croce casi íntegro el vocabulario hegeliano del «Espíritu». Sus obras más influyentes no son sólo las filosóficas (Filosofía dello Spirito, 4 vols., 1902-1917; Saggi filosofici, 8 vols., 1910-1936), sino muy a menudo las de estética (Breviario di estetica, 1913) y las de tema ético-político (Cultura e vita morale, 1914). Su revista, La Crítica (fundada en 1903), tuvo una gran influencia en el país.

Croce ha influido en la formación de Gramsci principalmente en su condición de renovador de la cultura italiana, a la que arrancó de su enclaustramiento provinciano, determinado por la hegemonía de la Iglesia, y abrió al pensamiento europeo (de modo parecido a como Ortega lo hizo con la cultura castellana). Pero también influyó en Gramsci por su fase equívocamente marxista y por el moralismo humanista irreligioso de sus primeros escritos.

Políticamente Croce inspira el liberalismo conservador italiano. Tras ciertas vacilaciones en el momento de la gran crisis social italiana de principios de los años 20, con evidentes simpatías por el fascismo mientras la clase obrera no quedó aplastada, luego Croce se retiró de la vida política y asumió una actitud de oposición individual al fascismo.

El filósofo vivía aún, ya viejo, cuando se publicaron los primeros textos de la cárcel de Antonio Gramsci. Acogió las Cartas con emoción, las calificó de pieza clásica de la literatura italiana y contribuyó sin duda con ese juicio a la gran fortuna de esas páginas gramscianas. Al aparecer los Cuadernos, tan abundantes en críticas de su obra, Croce reaccionó, en cambio, negativamente.

Los intelectuales meridionales son un estrato social de los más interesantes y más importantes de la vida nacional italiana. Basta pensar en que más de las tres quintas partes de la burocracia estatal está constituida por meridionales para aceptar esa afirmación. Ahora bien, para comprender la particular sicología de los intelectuales meridionales hay que tener presentes algunos datos de hecho:

1. En todos los países el estrato de los intelectuales ha quedado radicalmente modificado por el desarrollo del capitalismo. El viejo tipo de intelectual era el elemento organizativo de una sociedad de base campesina y artesana predominantemente; para organizar el estado, para organizar el comercio, la clase dominante cultivaba un determinado tipo de intelectual. La industria ha introducido un tipo nuevo de intelectual: el organizador técnico, el especialista de la ciencia aplicada. En las sociedades en las cuales las fuerzas económicas se han desarrollado en sentido capitalista hasta absorber la mayor parte de la actividad nacional, este segundo tipo de intelectual ha prevalecido, con todas sus características de orden y disciplina intelectual. En cambio, en los países cuya agricultura ejerce una función todavía notable o incluso preponderante, sigue prevaleciendo el viejo tipo, el cual da la mayor parte del personal del estado y ejerce también localmente, en el pueblo y en el burgo rural, la función de intermediario entre el campesino y la administración en general. En la Italia meridional predomina este tipo con todas sus características: democrático en su cara campesina, reaccionario en la cara que dirige al gran propietario y al gobierno, politicastro, corrompido, desleal; no se comprendería la tradicional figura de los partidos políticos meridionales si no se tuvieran en cuenta los caracteres de este estrato social.

2. El intelectual del sur procede principalmente de una capa que es todavía considerable allí: el burgués rural, o sea, el propietario pequeño y medio de tierras que no es campesino, que no trabaja la tierra, que se avergonzaría de ser labrador pero que, de la poca tierra que tiene y que da en arriendo o en simple aparcería, quiere obtener lo suficiente para vivir bien, para mandar los hijos a la universidad o al seminario, para constituir la dote de las hijas que tienen que casarse con un oficial o con un funcionario civil del estado. Los intelectuales reciben de esa capa una áspera aversión al campesino trabajador, considerado como máquina de trabajo que hay que roer hasta el hueso y que se puede sustituir fácilmente dada la superpoblación trabajadora, y reciben también el sentimiento atávico e instintivo de un pánico loco al campesino y a sus violencias destructivas, y, por tanto, una costumbre de refinada hipocresía y una refinadísima habilidad para engañar y domesticar a las masas campesinas.

3. Como el clero pertenece al grupo social de los intelectuales, es necesario anotar la diversidad de características entre el clero meridional y el clero septentrional. El cura septentrional comúnmente es hijo de artesano o de campesino; tiene sentimientos democráticos, está más ligado a la masa de los campesinos; moralmente es más correcto que el cura meridional, el que a menudo convive casi abiertamente con una mujer, y por esto ejerce un oficio espiritual más completo socialmente, es un dirigente de toda la actividad de una familia. En el norte la separación de la iglesia y el estado y la expropiación de los bienes eclesiásticos fue más radical que en el Mezzogiorno, donde las parroquias y los conventos o conservaron o reconstituyeron importantes propiedades inmobiliarias y mobiliarias. En el Mezzogiorno el cura aparece ante el campesino: 1°] como un administrador de tierras con el que el campesino entra en conflicto por el problema de los alquileres; 2°] como usurero que pide elevadísimas tasas de interés y hace jugar el elemento religioso para cobrar con seguridad el alquiler o la usura; como un hombre sometido a las pasiones comunes (mujeres y dinero) y que, por lo tanto, espiritualmente no da garantías de discreción y de imparcialidad. La confesión ejerce una escasísima labor dirigente y el campesino meridional, si a menudo es supersticioso en sentido pagano, no es clerical. Todo este complejo explica el porqué en el Mezzogiorno el Partido Popular (exceptuada alguna zona de Sicilia) no tuvo una posición importante, no tuvo ninguna red de instituciones ni de organizaciones de masa. La posición del campesino hacia el clero está resumida en el dicho popular: "El cura es cura en el altar; afuera es un hombre como todos los demás."

El campesino meridional está ligado al gran terrateniente por los oficios del intelectual. Los movimientos de campesinos, en cuanto se unen, no en organizaciones de masa autónomas e independientes aunque fuera formalmente (es decir, capaces de seleccionar cuadros campesinos de origen campesino y de registrar y acumular las diferenciaciones y progresos que en el movimiento se realizan), terminan por sistematizarse siempre en las ordinarias articulaciones del aparato estatal --comunas, provincias, cámara de diputados-- a través de composiciones y descomposiciones de los partidos locales, cuyo personal está constituido por intelectuales, pero que son controlados por los grandes propietarios y sus hombres de confianza, como Salandra, Orlando, Di Cesarò.* La guerra pareció introducir un elemento nuevo en este tipo de organización con el movimiento de los ex combatientes, en el que los campesinos-soldados y los intelectuales-oficiales formaban un bloque más unido entre sí y en cierta medida antagónico con los grandes propietarios. No duró demasiado y el último residuo de esto es la Unión Nacional creada por Amendola,** que tiene una sombra de existencia por su antifascismo; sin embargo, dada la falta de tradición y de organización explícita de los intelectuales democráticos en el Mezzogiorno, también esta agrupación debe ser considerada y tenida en cuenta, porque puede convertirse de pequeño hilo de agua en caudaloso y crecido torrente, dentro de otras condiciones políticas generales. La única región donde el movimiento de los ex combatientes asumió un perfil más preciso y logró crearse una estructura social más sólida, es Cerdeña. Y es comprensible, porque justamente en Cerdeña la clase de los grandes propietarios terratenientes es muy débil, no desarrolla función alguna y no tiene las antiquísimas tradiciones culturales y gubernativas del Mezzogiorno continental. La presión de abajo, ejercida por las masas de campesinos y pastores, no encuentra un contrapeso sofocante en el estrato social superior de los grandes propietarios; los intelectuales dirigentes soportan de lleno esa presión y dan pasos adelante más firmes que los de la Unión Nacional. Tanto respecto a Cerdeña, como al Mezzogiorno, la situación siciliana tiene características diferenciales muy profundas. Allí los grandes propietarios están mucho más cohesionados y afirmados que en el Mezzogiorno continental; por otro lado, existe cierta industria y un comercio desarrollado (Sicilia es la región más rica de todo el Mezzogiorno y una de las más ricas de Italia); las clases superiores son bien conscientes de su importancia en la vida nacional y la hacen sentir. Sicilia y el Piamonte son las dos regiones que han dado el mayor número de dirigentes políticos al estado italiano, son las dos regiones que han tenido un papel de primer orden desde 1870 en adelante. Las masas populares sicilianas son más avanzadas que en el Mezzogiorno, pero su progreso ha asumido una forma típicamente siciliana; existe un socialismo de masas siciliano que tiene toda una tradición y un desarrollo peculiar; en la cámara de 1922 contaba con cerca de 20 diputados sobre un total de 52 electos en la isla.

* El duque G. Colonna Di Cesarò, representante de la Democracia Social, expresión política de la gran propiedad territorial meridional. [E.]

** Hombre político liberal y antifascista, guió la oposición constitucional llamada "del Aventino". Fue asesinado por los fascistas, [E.]

Hemos dicho que el campesino meridional está ligado al gran terrateniente por medio del intelectual. Este tipo de organización es el más difundido en todo el Mezzogiorno continental y en Sicilia. Forma un monstruoso bloque agrario que en su conjunto funciona cono intermediario y guardián del capitalismo septentrional y los grandes bancos. Su único fin es el de conservar el statu quo. En su seno no hay ninguna luz intelectual, ningún programa, ningún interés por mejoras o progreso. Cuando aparecen algunas ideas o algún programa hay que buscar su origen fuera del Mezzogiorno, en los grupos políticos agrarios conservadores, especialmente de la Toscana, que en el parlamento eran los aliados de los conservadores del bloque agrario meridional. Sonnino y Franchetti estuvieron entre los pocos burgueses inteligentes que se plantearon el problema meridional como un problema nacional y establecieron un programa de gobierno para solucionarlo. ¿Cuál fue el punto de vista de Sonnino y Franchetti? La necesidad de crear en la Italia meridional un estrato medio independiente de carácter económico que cumpliera la función, como entonces se decía, de "opinión pública’’ y por un lado limitase los crueles abusos de los propietarios y por otro moderase las tendencias insurreccionales de los campesinos pobres. Sonnino y Franchetti estaban muy alarmados por la popularidad que tenían en el Mezzogiorno las ideas del bakunimsmo de la I Internacional. La alarma que experimentaban les hizo cometer a menudo torpezas grotescas. Por ejemplo, en una publicación suya aluden a que una hostería o una fonda popular de una región de Calabria (citamos de memoria) se llamaba "a los huelguistas" [scioperanti], para demostrar la difusión y el arraigo que allí tenían las ideas internacionalistas. El hecho, de ser cierto (y debe serlo, dada la probidad intelectual de los autores) tiene una explicación más sencilla si recordamos que en el Mezzogiorno hay numerosas colonias de albaneses y que la palabra skipetari sufrió, al pasar a los dialectos, las deformaciones más curiosas y extrañas (por ejemplo, en algunos documentos de la república veneciana se habla de formaciones militares de "S’ciopetà"). Pero en el Mezzogiorno no estaban tan difundidas las teorías de Bakunin aunque la situación misma podía haber inspirado probablemente a Bakunin sus teorías: los campesinos pobres meridionales pensaban, por cierto, en el sfascio [desbarajuste] mucho antes que en la mente de Baktuiin hubiese germinado la teoría de la "pandestrucción".

El programa gubernativo de Sonnino y Franchetti nunca tuvo ni siquiera un comienzo de realización. Y no podía tenerlo. Es tal la imbricación de relaciones entre el norte y el Mezzogiorno en la organización de la economía nacional y del estado, que resulta imposible el surgimiento de una clase media difusa de naturaleza económica (es decir, en el fondo, de una difusa burguesía capitalista). El sistema fiscal y aduanero impide toda acumulación de capitales y de ahorro en el nivel local, y por otro lado los capitalistas propietarios de empresas no transforman localmente sus ganancias en nuevo capital, porque no son de la región. Cuando la emigración asumió en el siglo XX proporciones gigantescas y las primeras remesas comenzaron a afluir desde América, los economistas liberales exclamaron triunfalmente: el sueño de Sonnino se realiza. En el Mezzogiorno se verificó una silenciosa revolución que, lenta pero seguramente, modificaría toda la estructura económica y social de la región. Pero intervino el estado y la revolución silenciosa fue sofocada al nacer. El gobierno ofreció bonos del tesoro con interés garantizado y los emigrantes y sus familias se transformaron de agentes de la revolución silenciosa en agentes del estado, al que le suministraban medios financieros para subsidiar las industrias parasitarias del norte. Francesco Nitti, adepto a un programa democrático y formalmente ajeno al bloque agrario meridional, pudo aparecer como un activo realizador del programa de Sonnino, pero en cambio fue el mejor agente del capitalismo septentrional para arrasar con los últimos recursos del ahorro meridional. Los millones engullidos por el banco de descuentos provenían casi todos del Mezzogiorno: los 400.000 acreedores del banco italiano de descuento eran en su inmensa mayoría ahorristas meridionales.*

* A la expansión originada en la guerra, sucedió una grave crisis que afectó también a los bancos, en esa época "mixtos", que habían realizado las mayores inversiones financieras en la industria. Fue así como el banco italiano de descuentos debió cerrar sus puertas, haciendo perder a los ahorristas un tercio de sus depósitos; como observa Gramsci, esto dio lugar a un proceso de expropiación de los pequeños ahorristas. [E.]

Por sobre el bloque agrario en el Mezzogiorno funciona un bloque intelectual que prácticamente sirvió hasta ahora para impedir que las resquebrajaduras del bloque agrario se volviesen demasiado peligrosas y determinasen un derrumbe. Exponentes de este grupo intelectual son Giustino Fortunato y Benedetto Croce, quienes pueden ser juzgados como los reaccionarios más activos de la península.

Hemos dicho que la Italia meridional es una gran disgregación social. Esta fórmula puede referirse a los intelectuales, y no sólo a los campesinos. Es notable el hecho de que en el sur, junto a las grandísimas propiedades, hayan existido y sigan existiendo grandes acumulaciones culturales y de inteligencia en individuos sueltos o en reducidos grupos de grandes intelectuales, mientras que, en cambio, no existe una organización de la cultura media. En el sur existe la casa editorial Laterza, y existe la revista La Critica, existen academias y empresas culturales de gran erudición; no existen revistas medias y pequeñas, no existen casas editoriales alrededor de las cuales se agrupen formaciones medias de intelectuales meridionales. Los meridionales que han intentado salirse del bloque agrario y plantear la cuestión meridional de una forma radical han encontrado hospitalidad y se han agrupado en torno a revistas impresas fuera del Mezzogiorno. Puede incluso decirse que todas las iniciativas culturales debidas a intelectuales medios ocurridas en el siglo XX en la Italia central y septentrional se han caracterizado por el meridionalismo, porque estaban intensamente influidas por intelectuales meridionales. Todas las revistas de los intelectuales florentinos, La Voce, L’Unità [80]; las revistas de los demócratas cristianos, como L’Azione de Cesena; las revistas de los jóvenes liberales de la Emilia y de Milán, de G. Borelli, como La Patria de Bolonia o L’Azione de Milán, y, por último, La Rivoluzione Liberale de Gobetti.* [81] Ahora bien, los supremos moderadores políticos e intelectuales de todas esas iniciativas han sido Giustino Fortunato y Benedetto Croce. En un ámbito más amplio que el muy sofocante del bloque agrario han conseguido que el planteamiento de los problemas del sur no rebasara ciertos límites, no se hiciera revolucionario. Hombres de gran cultura e inteligencia, nacidos en el terreno tradicional del sur pero ligados a la cultura europea y, por tanto, a la mundial, tenían todo lo necesario para dar satisfacción a las necesidades intelectuales de los representantes más honrados de la juventud culta del Mezzogiorno, para consolar sus inquietas veleidades de rebelión contra las condiciones existentes, para orientarlos según una línea media de serenidad clásica del pensamiento y de la acción. Los llamados neoprotestantes o calvinistas no han entendido que en Italia, como no pudo darse una reforma religiosa de masas, por las condiciones modernas de la civilización, sólo se ha verificado la única reforma históricamente posible, con la filosofía de Benedetto Croce: ha cambiado la orientación y el método del pensamiento, se ha construido una nueva concepción del mundo que superaba al catolicismo y a cualquier otra religión mitológica. En este sentido Benedetto Croce ha cumplido una altísima función "nacional": ha separado a los intelectuales radicales del sur de las masas campesinas, permitiéndoles participar de la cultura nacional y europea, y a través de esta cultura los ha hecho absorber por la burguesía nacional y, por tanto, por el bloque agrario.

80 Gramsci se refiere al periódico del meridionalista Gaetano Salvemini, no al órgano del P.C.d'I., cuyo nombre, propuesto por Gramsci, se inspira, sin duda, en aquél.

81 Piero Gobetti, liberal progresista, amigo personal de Gramsci, al que éste confió la crítica teatral de L.O.N. diario. La consideración de la persona y la obra de Gobetti más adelante puede considerarse no sólo como una exposición política, sino también como personal homenaje de Gramsci al amigo Gobetti, refugiado en Francia, fue asesinado en París por fascistas italianos el 15 de febrero de 1926. Habla nacido en 1901.

* Hombre político liberal y resueltamente antifascista, fundó y dirigió, entre 1922 y 1925. la revista La Rivoluzione Liberale. Fue asesinado por los fascistas en 1926. [E.]

L’Ordine Nuovo y los comunistas turineses, aunque en cierto sentido pueden ser vistos en relación con las formaciones intelectuales a que hemos aludido y aunque han sufrido, por tanto, la influencia intelectual de Giustino Fortunato y de Benedetto Croce, representan, sin embargo, al mismo tiempo, una ruptura completa con esa tradición y el comienzo de un nuevo desarrollo que ya ha dado frutos y que los dará todavía. Como ya se ha dicho, presentaron al proletariado urbano como protagonista moderno de la historia italiana y, por tanto, también de la cuestión meridional. Habiendo servido de intermediarios entre el proletariado y determinados estratos de intelectuales de izquierda, han conseguido modificar notablemente, si no completamente, la orientación mental de éstos. Este es el elemento principal de la figura de Piero Gobetti, si bien se piensa. El cual no era un comunista y probablemente no lo habría sido nunca, pero había entendido la posición social e histórica del proletariado y no conseguía ya pensar prescindiendo de este elemento. En el común trabajo del periódico, Gobetti se encontró por obra nuestra en contacto con un mundo vivo que antes no había conocido más que por las fórmulas de los libros. Su característica más destacada era la lealtad intelectual y la falta completa de toda vanidad y mezquindad de orden inferior; por eso tuvo que convencerse de que toda una serie de modos de ver y pensar tradicionales respecto del proletariado eran injustos y falsos. ¿Qué consecuencias tuvieron para Gobetti esos contactos con el mundo proletario? Ellos fueron el origen y el impulso de una concepción que no vamos a discutir y profundizar, que en gran parte enlaza con el sindicalismo y con el modo de pensar de los sindicalistas intelectuales: los principios del liberalismo se proyectan en ella desde el orden de los fenómenos individuales al orden de los fenómenos de masa. Las cualidades de excelencia y de prestigio características de la vida de los individuos se trasponen a las clases, concebidas casi como individualidades colectivas. Esta concepción lleva generalmente a los intelectuales que la comparten a la pura contemplación y registro mental de méritos y deméritos, a una odiosa y sosa posición de árbitro de la pelea, de adjudicadores de premios y castigos. Prácticamente Gobetti no sucumbió a ese destino. Resultó ser un organizador cultural de gran valía y tuvo en ese último período una función que no debe olvidarse ni subestimarse por parte de los obreros. El abrió una trinchera más allá de la cual no retrocedieron ya los grupos de intelectuales más honrados y sinceros que en 1919, 1920 y 1921 vieron que el proletariado había sido como clase dirigente superior a la burguesía. De buena fe y honradamente algunos, y otros de malísima fe y sin honradez alguna, fueron diciendo que Gobetti no era más que un comunista camuflado, un agente, si no del Partido Comunista, sí al menos del grupo comunista de L’Ordine Nuovo. No hace ni siquiera falta desmentir esas charlatanerías insulsas. La figura de Gobetti y el movimiento que él representó fueron productos espontáneos del nuevo clima histórico italiano: en eso estriba su significación y su importancia. Algunas veces, camaradas del partido nos han reprochado el que no lucháramos contra la corriente de ideas de La Rivoluzione Liberale: el que no hubiera lucha con él pareció prueba de una relación orgánica maquiavélica (como suele decirse) entre Gobetti y nosotros. Pero el hecho es que no podíamos combatir a Gobetti porque él representaba un movimiento que no debe combatirse, al menos en principio. No comprender esto significa no comprender la cuestión de los intelectuales y la función que éstos desarrollan en la lucha de clases. Gobetti nos servía prácticamente como enlace: 1] con los intelectuales nacidos en el terreno de la técnica capitalista y que habían adoptado una actitud de izquierda, favorable a la dictadura del proletariado, en 1919-1920; 2] con una serie de intelectuales meridionales que, mediante vinculaciones más complejas, planteaban la cuestión meridional de modo diverso del tradicional, introduciendo en ella al proletariado del norte: Guido Dorso [82] es la figura más completa e interesante de estos intelectuales. ¿Por qué íbamos a luchar contra el movimiento de La Rivoluzione Liberale? ¿Por el hecho de que no estaba compuesto por comunistas que hubieran aceptado desde la A hasta la Z nuestro programa y nuestra doctrina? Eso habría sido política e históricamente una paradoja. Los intelectuales se desarrollan lentamente, mucho más lentamente que cualquier otro grupo social, por su misma naturaleza y función histórica. Los intelectuales representan toda la tradición cultural de un pueblo, cuya historia entera quieren asumir y sintetizar: esto se ha dicho especialmente del intelectual de viejo tipo, del intelectual nacido en el terreno campesino. Creer posible que vaya a romper como masa con todo el pasado y a ponerse completamente en el terreno de una nueva ideología es absurdo. Es absurdo por lo que hace a los intelectuales como masa, y tal vez absurdo respecto de muchísimos intelectuales tomados individualmente, pese a todos los honrados esfuerzos que ellos hagan y quieran hacer. Ahora bien, a nosotros nos interesan los intelectuales como masa, y no sólo como individuos. Es sin duda importante y útil para el proletariado que uno o más intelectuales, individualmente, se adhieran a su programa y a su doctrina, se fundan con el proletariado, se conviertan en parte de él y se sientan parte de él. El proletariado es, como clase, pobre en elementos organizativos, y no tiene ni puede formarse un estrato propio de intelectuales sino muy lentamente, muy fatigosamente, y sólo después de la conquista del poder estatal. Pero también es importante que en la masa de los intelectuales se produzca una fractura de carácter orgánico, históricamente caracterizada; que se forme, como formación de masas, una tendencia de izquierda en el sentido moderno de la palabra, o sea orientada hacia el proletariado revolucionario. La alianza del proletariado con las masas campesinas exige esa formación, aún más lo exige la alianza del proletariado con las masas campesinas del sur. El proletariado destruirá el bloque agrario meridional en la medida en que consiga, por medio de su partido, organizar en formaciones autónomas e independientes a masas cada vez más considerables de campesinos pobres; pero conseguirá cumplir más o menos esa tarea obligada según su capacidad, entre otras cosas, de disgregar el bloque intelectual que es la armadura flexible, pero muy resistente, del bloque agrario. Piero Gobetti ayudó al proletariado en esa tarea, y creemos que los amigos del muerto continuarán, también sin su guía, la obra emprendida, que es gigantesca y difícil, pero precisamente por eso digna de todos los sacrificios (incluso del de la vida, como ha sido el caso de Gobetti), por parte de aquellos intelectuales (que son muchos, más de los que se cree) del norte y del sur que han comprendido que hay dos únicas fuerzas esencialmente nacionales y portadoras del futuro: el proletariado y los campesinos.

82 Guido Dorso, 1892-1947, escritor político (La rivoluzione meridionale, 1925), relacionado con Gobetti y con la corriente ilustrada y revolucionaria del primer Partito d'Azione.

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