UN EXAMEN DE LA SITUACION ITALIANA

[Texto que Gramsci somete a discusión preliminar, antes de desarrollarlo, como informe, en la reunión del Comité Directivo del Partido Comunista del 2-3 de agosto de 1926 (APCI, 396/13-17). La primera parte fue publicada en Stato Operaio (marzo de 1928, pp. 82-88) con pequeñas variantes con respecto al texto que aquí reproducimos. Todo el documento fue publicado en Rinascita, el 14 de abril de 1967, pp. 21-22. EE.PP.]

I. De la situación política italiana es necesario examinar tres elementos fundamentales:

1] El elemento positivo revolucionario, es decir los progresos realizados por la táctica del frente único. La situación actual de la organización de los comités de unidad proletaria y las tareas de la fracción comunista en estos comités.

2] El elemento político representado por la disgregación del bloque agrario burgués fascista. Situación interna del partido dominante y significado de la crisis que atraviesa.

3] El elemento político representado por la tendencia a constituir un bloque democrático de izquierda que tiene su eje en el Partido Republicano en cuanto es la componente republicana quien debe constituir el terreno de esta coalición democrática.

El examen del primer punto debe ser hecho también con la finalidad de verificar la justeza de la línea política fijada por el III congreso. El III congreso de nuestro partido no sólo ha planteado genéricamente el problema de la necesidad de lograr la dirección del Partido Comunista en el seno de la clase obrera y de la población trabajadora italiana. Lo característico de él es que también ha tratado de concretar prácticamente los elementos políticos a través de los cuales puede efectivizarse esta dirección, es decir ha tratado de individualizar a aquellos partidos y a aquellas asociaciones a través de las cuales se despliega la influencia burguesa, y que son posibles de un cambio, de una inversión de los valores clasistas. Así, es necesario verificar por los resultados la justeza del terreno organizativo fijado por el partido como el más apropiado para el inmediato reagrupamiento de las fuerzas puestas en movimiento por la táctica del frente único, los comités de agitación.

Puede afirmarse con toda seguridad que nuestro partido ha logrado conquistar una clara posición de iniciativa política en medio de las masas trabajadoras. En este último período, todos los órganos periodísticos de los partidos que controlan a las masas populares italianas han sido colmados de polémicas contra la acción de conquista de nuestro partido. Todos estos partidos están a la defensiva contra nuestra acción, y en realidad se hallan indirectamente conducidos por nosotros, pues por lo menos el sesenta por ciento de su actividad está dedicado a rechazar nuestra ofensiva o se ve determinado en el sentido de dar a sus masas una satisfacción que las aleje de nuestra influencia.

Es evidente que, en las condiciones de opresión y de control representadas por la política fascista, los resultados de nuestra táctica no pueden medirse estadísticamente sobre la escala de las grandes masas. Sin embargo, no puede negarse que, cuando determinados elementos de partidos democráticos y socialdemócratas se desplazan aun en mínima parte hacia el terreno táctico preconizado por los comunistas, este desplazamiento no puede ser casual y de significado puramente individual. Prácticamente, la cuestión puede ser representada así: en todo partido, pero especialmente en los partidos democráticos y socialdemócratas, donde el aparato organizativo está muy relajado, hay tres estratos. El estrato superior muy restringido, que habitualmente está constituido por parlamentarios y por intelectuales casi siempre estrechamente ligados a la clase dominante. El estrato inferior, constituido por obreros y campesinos, por pequeños burgueses urbanos, como masa de partido o como masa de población influida por el partido. Un estrato intermedio, que en la situación actual tiene una importancia aun superior a la que tenía en los períodos normales, en cuanto representa a menudo el único estrato activo y políticamente vivaz de estos partidos. Es este estrato intermedio el que mantiene la ligazón entre el grupo dirigente superior y las masas del partido y de la población influida por el partido. Y es sobre la solidez de este estrato medio que los grupos dirigentes cuentan para una futura recuperación de los diversos partidos y para una reconstrucción de los mismos sobre una base amplia. Pero es justamente sobre una buena parte de estos estratos medios de los diversos partidos de carácter popular donde se ejerce la influencia del movimiento por el frente único. Es en este estrato medio donde se verifica ese fenómeno íntimo de disgregación de las viejas ideologías y de los viejos programas políticos, y allí también se ven los comienzos de una nueva formación política en el terreno del frente único. Viejos obreros reformistas o maximalistas que ejercen una amplia influencia en ciertas fábricas o en ciertos barrios urbanos; elementos campesinos que, en las aldeas o en los pueblos de provincia representan las personalidades más avanzadas del mundo rural, y a los cuales recurren sistemáticamente los campesinos de la aldea o del pueblo, en busca de consejos o de directivas prácticas; pequeños intelectuales de ciudad que como exponentes del movimiento católico de izquierda irradian en la provincia una influencia que no puede ni debe ser medida por su modestia, sino por el hecho de que en la provincia aparecen como una tendencia de aquel partido al que los campesinos solían seguir. Estos son los elementos sobre los cuales nuestro partido ejerce una atracción cada vez más creciente, y cuyos exponentes políticos son un índice seguro de movimientos en su base habitualmente más radicales de lo que pueda ser sugerido por los desplazamientos personales.

Debemos conceder una particular atención a la función que desarrolla nuestra juventud en la actividad por el frente único. Para ello, es necesario tener presente que se debe permitir en la acción de la juventud una elasticidad mayor que la consentida al partido. Es evidente que el partido no puede llegar a fusiones con otros grupos políticos o a la aceptación de nuevos miembros sobre la base del frente único, tendiente a crear la unidad de acción de la clase obrera y la alianza entre obreros y campesinos, pero que no puede ser la base de formaciones del partido. En cambio para los jóvenes la cuestión se plantea de otro modo. Por su misma naturaleza, los jóvenes representan el estadio elemental de formación del partido. Para entrar a la "juventud" no se puede exigir la condición de comunista en el sentido completo de la palabra, sino sólo el poseer una voluntad de lucha y el querer convertirse en comunista. Por eso, este punto debe servir como referencia general para fijar mejor la táctica propia de los jóvenes. Hay un elemento al que es necesario tener muy en cuenta, porque posee un estimable valor histórico: es importante el hecho de que un maximalista, un reformista, un republicano, un popular, un sardista, un demócrata meridional adhieran al programa del frente único proletario y de la alianza entre obreros y campesinos. Pero mucha mayor importancia tiene el hecho de que a un programa como ese adhiera un miembro de la Acción Católica como tal. Los partidos de oposición, aun en formas engañosas e inadecuadas tienden a crear y a mantener una separación entre las masas populares y el fascismo. En cambio, la Acción Católica representa hoy una parte integrante del fascismo; tiende a dar al fascismo, a través de la ideología religiosa, el consenso e amplias masas populares; y, en un cierto sentido, está destinada, dentro de las intenciones de una fortísima tendencia del partido fascista (Federzoni. Rocco, etc.), a sustituir al partido fascista mismo en la función de partido de masa y de organismo de control político sobre la población. Por lo tanto, cada uno de nuestros éxitos en el campo de la Acción Católica, aun limitado, significa que logramos impedir el desarrollo de la política fascista en un campo que parecía vedado a cualquier iniciativa proletaria.

Para concluir sobre este punto, podemos afirmar que la línea política del III congreso ha sitio verificada como justa, y el balance de nuestra acción por el frente único es ampliamente positivo.

Es necesario fijar un punto especial para la acción sindical, en el sentido de la posición actualmente ocupada por nosotros en los sindicatos de clase, como así también en el sentido de una actividad sindical real a desarrollar y en el de nuestra posición hacia las corporaciones.

Sobre el punto segundo es necesario fijar con exactitud la situación interna del bloque burgués agrario fascista y de la organización fascista propiamente dicha.

Las dos tendencias del fascismo

De una parte la tendencia Federzoni, Rocco, Volpi, que quiere extraer las conclusiones de todo este período posterior a la marcha sobre Roma. Ella quiere liquidar al partido fascista como organismo político e incorporar al aparato estatal la situación de fuerza burguesa creada por el fascismo en sus luchas contra todos los partidos restantes. Trabaja de acuerdo con la corona y con el estado mayor. Quiere incorporar a las fuerzas centrales del estado, por una parte a la Acción Católica, es decir al Vaticano, poniendo término de hecho y posiblemente también de derecho a la disidencia entre la Casa de Saboya y el Vaticano; por otra parte, a los elementos más moderados del ex Aventino. Es cierto que, mientras el fascismo en su ala nacionalista, dado el pasado y las tradiciones del viejo nacionalismo italiano; trabaja hacia la Acción Católica, por el otro lado la Casa de Saboya busca explotar una vez más sus tradiciones para atraer a las esferas gubernativas a los hombres del grupo de Di Cesarò y el grupo Amendola.

La otra tendencia está personificada oficialmente por Farinacci. Ella, objetivamente, representa dos contradicciones del fascismo: 1] la contradicción entre agrarios y capitalistas en las divergencias de intereses especialmente aduaneros. Es verdad que el fascismo actual representa típicamente al claro predominio del capital financiero en el estado, un capital que quiere sujetar a sí mismo todas las fuerzas productivas del país. 2] La segunda contradicción es de lejos la más importante y se trata de la contradicción existente entre la pequeña burguesía y el capitalismo. La pequeña burguesía fascista ve en el partido el instrumento de su defensa, su parlamento, su democracia. A través del partido quiere presionar sobre el gobierno para impedir que el capitalismo la aplaste. Es necesario tener en cuenta un elemento: la total sujeción por Norteamérica a que el gobierno fascista ha llevado a Italia. En la liquidación de las deudas de guerra, tanto para Inglaterra como para los Estados Unidos, el gobierno fascista no se ha preocupado por tener garantía alguna sobre la comerciabilidad de las obligaciones italianas. La bolsa y la banca italianas están expuestas en todo momento a la extorsión política de los gobiernos inglés y norteamericano, que cuando quieren pueden lanzar al mercado mundial enormes cantidades de valores italianos. Por otro lado, el préstamo Morgan ha sido contraído en condiciones todavía peores. Sobre los cien millones de dólares del préstamo, el gobierno italiano sólo tiene a su disposición 33 millones; de los otros 67 millones, puede disponer solamente con el alto consentimiento personal de Morgan: ello significa que el verdadero jefe del gobierno italiano es Morgan. Estos elementos pueden servir para dar a la pequeña burguesía, en la defensa de sus intereses a través del partido fascista como tal, una entonación nacionalista contra el viejo nacionalismo y contra la actual dirección del partido, que ha sacrificado la soberanía nacional y la independencia política del país a los intereses de un restringido grupo de plutócratas. Al respecto, uno de los objetivos de nuestro partido debe ser la particular insistencia sobre la consigna de los estados unidos soviéticos de Europa como medio de iniciativa política entre las filas fascistas.

En general, puede afirmarse que la tendencia Farinacci en el partido fascista adolece de falta de unidad, de organización, de principios generales. Se trata más de un estado de ánimo extendido que de una verdadera tendencia. Al gobierno no le resultará muy difícil disgregar sus núcleos constitutivos. Lo importante desde nuestro punto de vista es que esta crisis, en cuanto representa el alejamiento de la pequeña burguesía de la coalición burgués agraria fascista, no puede dejar de ser un elemento de debilidad militar del fascismo.

La crisis económica general es el elemento fundamental de la crisis política. Es necesario examinar los elementos de esta crisis, porque entre ellos hay algunos inherentes a la situación general italiana, y funcionarán negativamente aun en el período de dictadura proletaria. Estos elementos principales pueden ser fijados así: de los tres elementos que tradicionalmente constituyen el activo de la balanza italiana, dos, las remesas de los emigrados y la industria extranjera, se han derrumbado. El tercer elemento, la exportación, sufre una crisis. Si a los dos factores negativos --remesas de los emigrados e industria extranjera-- y al tercer factor parcialmente negativo --exportación-- se agrega la necesidad de fuertes importaciones de granos por el fracaso de la cosecha, es evidente que las perspectivas para los próximos meses se presentan como catastróficas. Hace falta tener en cuenta estos cuatro elementos para comprender la impotencia del gobierno y de la clase dirigente. Es cierto que el gobierno nada puede hacer, o casi nada, para aumentar las remesas de los emigrados (tener en cuenta la iniciativa proyectada por el señor Giuseppe Zuccoli, presunto sucesor de Volpi en el ministerio de finanzas) y para hacer prosperar la industria extranjera. Pero, en cambio, algo puede hacer para aumentar la exportación. En este sentido, todavía existe la posibilidad de una gran política que si bien no cure la herida, por lo menos tienda a cicatrizarla. Alguien piensa en la posibilidad de cierta política basada en el inflacionismo. Naturalmente, no debe excluirse en sentido absoluto dicha posibilidad, pero: 1] aun si se verificara, sus resultados en el campo económico serían relativamente mínimos; 2] sus resultados en el campo político, en cambio, serían catastróficos. Efectivamente, es necesario tener en cuenta estos elementos:

1] La exportación representa en la balanza italiana sólo una parte de la actividad, a lo sumo las dos terceras partes. 2] Para equilibrar la balanza, no sólo haría falta llevar la actual base productiva a su máximo rendimiento, sino ampliar esa misma base productiva comprando en el exterior nuevas maquinarias, lo que empeoraría más la balanza. 3] Las materias primas para la industria italiana son importadas del exterior y deben ser pagadas con moneda no desvalorizada. Un aumento de la producción en amplia escala llevaría a la necesidad de una enorme masa de capital circulante para la adquisición de las materias primas. 4] Es necesario tener en cuenta que el fascismo, como fenómeno general, en Italia ha llevado al mínimo los salarios y los estipendios de la clase trabajadora. La inflación es comprensible en un país de altos salarios, como sustituto del fascismo, para rebajar el nivel de vida de las clases trabajadoras y dar entonces nuevamente elasticidad a la burguesía. No es comprensible en Italia, donde el tenor de vida de la clase obrera ya está tocando el hambre.

Entre los elementos de la crisis económica: la nueva organización de las sociedades por acciones con los votos privilegiados, que es uno de los elementos de ruptura entre pequeña burguesía y capitalismo; el hecho del desnivel que se ha ido verificando en este último tiempo entre la masa del capital de las sociedades anónimas, que se va concentrando en pocas manos, y la masa del ahorro nacional. Este desnivel muestra cómo las fuentes del ahorro se van secando, porque los actuales réditos ya no son suficientes para las necesidades.

Sobre el tercer elemento político. Es evidente que en el campo de la democracia se da un cierto reagrupamiento con caracteres más radicales que en el pasado. La ideología republicana se vigoriza, entendiendo lo que decimos en el mismo sentido que para el frente único, es decir en los estratos medios de los partidos democráticos y, en este caso, aun en buena parte de los estratos superiores.

Viejos jefes ex aventinianos rechazaron la invitación a retomar los contactos con la casa real. Se dice que el mismo Amendola en el último período de su vida se había vuelto completamente republicano, haciendo en este sentido propaganda personal. Los populares también se habrían vuelto tendencialmente republicanos, etc. Es cierto que se realiza un gran trabajo para determinar en el terreno republicano un reagrupamiento neodemocrático, que debería tomar el poder en el momento de la catástrofe fascista, instaurando un régimen de dictadura contra la derecha reaccionaria y contra la izquierda comunista. Los últimos acontecimientos europeos, como la aventura Pilsudski en Polonia y las convulsiones preagónicas del "cartel" francés, han contribuido a este despertar democrático republicano. Nuestro partido debe plantearse el problema general de las perspectivas de la política nacional. Los elementos pueden ser establecidos así: ningún partido o coalición intermedia está en condiciones de dar una satisfacción aun mínima a las exigencias económicas de las clases trabajadoras que irrumpirían violentamente en la escena política en el momento de la ruptura de las relaciones existentes. Por lo tanto, es verdad que políticamente el fascismo puede tener como sucesora una dictadura del proletariado. Pero no existe la certeza ni tampoco la probabilidad de que el pasaje del fascismo a la dictadura del proletariado sea inmediato. Es necesario tener en cuenta que las fuerzas armadas existentes, dada su composición, no son conquistables inmediatamente, y que serán el elemento decisivo de la situación. Pueden formularse hipótesis a las que, en cada oportunidad, podríamos atribuirles un mayor carácter de probabilidad. Es posible que del gobierno actual se pase a un gobierno de coalición, en el cual hombres como Giolitti, Orlando, Di Cesarò, De Gasperi proporcionarían una elasticidad mayor. Los últimos acontecimientos parlamentarios franceses demuestran de qué elasticidad es capaz la política burguesa cuando se trata de alejar la crisis revolucionaria, desplazar a los adversarios, desgastarlos, disgregarlos. Una crisis económica repentina y fulminante, no improbable en una situación como la italiana, podría llevar al poder a la coalición democrática republicana, pues ella se presentaría a los oficiales del ejército, a una parte de la misma milicia y a los funcionarios del estado en general --elemento muy importante en situaciones como la nuestra-- con la capacidad de frenar la revolución. Estas hipótesis tienen para nosotros sólo un valor general de perspectiva; y nos sirven para fijar los siguientes puntos:

1] Nosotros, desde hoy, debemos reducir al mínimo la influencia y la organización de los partidos que pueden constituir la coalición de izquierda, a fin de tornar cada vez más probable una caída revolucionaria el fascismo, en cuanto los elementos enérgicos y activos de la población se hallan en nuestro terreno en el momento de la crisis. 2] En todo caso, debemos tratar de que el intermedio democrático sea el más breve posible, habiendo dispuesto desde hoy a nuestro favor el mayor número de condiciones favorables.

Es de estos elementos de donde debemos extraer la norma para nuestra actividad práctica inmediata. Intensificar la actividad general del frente único y la organización de siempre nuevos comités de agitación para centralizarlos, por lo menos en escala regional y provincial. En los comités, nuestras fracciones deben tratar de obtener ante todo el máximo de representaciones de las distintas corrientes políticas de izquierda, evitando sistemáticamente todo sectarismo partidario. Las cuestiones deben ser planteadas objetivamente por nuestras fracciones, como expresión de los intereses de la clase obrera y de los campesinos.

Táctica hacia el partido maximalista.

Necesidad de plantear con mayor energía el problema meridional. Si nuestro partido no se pone a trabajar seriamente en el Mezzogiorno, esta región será la base más fuerte de la coalición de izquierda.

Táctica frente al Partido Sardo de Acción, ante la perspectiva de su próximo congreso.

Para la Italia meridional y para las islas, creación de los grupos de trabajo regionales en el resto de Italia.

II. En lo que se refiere a la situación internacional, me parece que gira fundamentalmente en torno a la cuestión de la huelga general inglesa y de las consecuencias a extraer respecto de la misma. La huelga inglesa ha planteado dos problemas fundamentales para nuestro movimiento:

1] El problema de las perspectivas generales, es decir el problema de una precisa evaluación de la fase actual atravesada por el capitalismo. ¿Ha terminado el período de la llamada estabilización? ¿En qué punto nos encontramos respecto de la capacidad de resistencia del régimen burgués? Es evidente que, no sólo desde el punto de vista teórico y científico, sino también desde el punto de vista práctico e inmediato, resulta interesante y necesario verificar con exactitud cuál es el punto preciso de la crisis capitalista. Pero también es evidente que sería estúpida toda orientación política sobre la base de una evaluación distinta del grado preciso de la crisis capitalista, si esta evaluación distinta no se refleja de inmediato en directivas políticas y organizativas realmente diferentes. Creo que el problema a plantear es el siguiente: en el campo internacional, eso significa prácticamente dos cosas: 1] en el campo de aquel grupo de estados capitalistas que son la llave maestra del sistema burgués; 2] en el campo de aquellos estados que representan algo así como la periferia del mundo capitalista: ¿estamos por pasar de la fase de organización política de las fuerzas proletarias a la fase de organización técnica de la revolución? O bien, ¿estamos por pasar de la primera de las dos fases citadas a una fase intermedia, en la cual una determinada forma de organización técnica puede acelerar la organización política de las masas y acelerar por tanto el tránsito a la fase decisiva de la conquista del poder? A mi parecer, estos problemas deben ser puestos en discusión, pero es evidente que su solución no resulta posible en un plano puramente teórico: dicha solución sólo es posible sobre la base de datos concretos relativos a la eficiencia real tanto de las fuerzas revolucionarias como de las fuerzas burguesas.

En la base de este examen debemos colocar una serie de observaciones y de criterios:

La observación de que la clase dominante posee en los países de capitalismo avanzado reservas políticas y organizativas que no poseía en Rusia, por ejemplo. Ello significa que aun las crisis económicas gravísimas no tienen repercusiones inmediatas en el campo político. La política está siempre en retardo, y en gran retardo respecto de la economía. El aparato estatal es mucho más resistente de lo que a menudo suele creerse y logra organizar, en los momentos de crisis, fuerzas fieles al régimen, y más de lo que podría hacer suponer la profundidad de la crisis. Ello se refiere especialmente a los estados capitalistas más importantes. En los estados periféricos típicos del grupo, como Italia, Polonia, España y Portugal, las fuerzas estatales son menos eficientes. Pero en estos países se verifica un fenómeno que debe ser tenido muy en cuenta. A mi parecer, el fenómeno es este: en dichos países, entre el proletariado y el capitalismo se extiende un amplio estrato de clases intermedias que quieren, y en cierta medida logran, llevar una política propia, con ideologías que a menudo influyen sobre vastos estratos de proletariado, pero que tienen una particular sugestión sobre las masas campesinas. Incluso Francia, aun cuando ocupa una posición eminente en el primer grupo de estados capitalistas, participa por algunas de sus características de la situación de los estados periféricos.

Hay algo que creo característico de la fase actual de la crisis capitalista: a diferencia de los años 1920-1922, hoy, las formaciones políticas y militares de las clases medias tienen un carácter radical de izquierda o por lo menos se presentan ante las masas como radicales de izquierda. Creo que la situación italiana, dados sus caracteres particulares, en cierto sentido puede dar el modelo para las distintas fases atravesadas por los otros países. En 1919 y1920 las formaciones militares y políticas de las clases medias estaban representadas entre nosotros por el fascismo primitivo y por D'Annunzio. Es sabido que en aquellos años tanto el movimiento fascista como el dannunziano estaban dispuestos aun a aliarse con las fuerzas proletarias para derribar al gobierno de Nitti, que aparecía en carácter de intermediario del capital italiano para el sometimiento de Italia (Nitti ha sido en Europa el precursor de Dawes). La segunda fase del fascismo --1921 y 1922--, es netamente reaccionaria. Desde 1923 se inicia un movimiento molecular por el cual los elementos más activos de las clases medias se desplazan del campo reaccionario fascista al campo de las oposiciones aventinianas. Este proceso se precipita en una cristalización que podía ser fatal para el fascismo en el período de la crisis Matteotti. A causa de la debilidad de nuestro movimiento, debilidad que por otro lado tenía de por sí un significado, el fenómeno es interrumpido por el fascismo, y las clases medias quedan rechazadas en una nueva pulverización política. Hoy, el fenómeno molecular se ha reanudado, en una escala muy superior al que se había abierto en 1923, y está acompañado por un fenómeno paralelo de reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias alrededor de nuestro partido: ello asegura que una nueva crisis tipo Matteotti difícilmente podrá tener un nuevo 3 de enero. Estas fases atravesadas por Italia, en una forma que llamaremos clásica y ejemplar, aparece en casi todos los países a los que hemos denominado periféricos del capitalismo. La fase actual italiana, es decir un reagrupamiento hacia la izquierda de las clases medias, aparece en España, en Portugal, en Polonia, en los Balcanes. Solamente en dos países, Francia y Checoslovaquia, encontramos una continuidad en la vigencia del bloque de izquierda: un hecho que, a mi parecer, debería ser estudiado en particular. Estas observaciones, naturalmente, deben ser perfeccionadas y expuestas en forma sistemática. De todas maneras, creo posible extraer una conclusión: realmente nosotros entramos en una fase nueva del desarrollo de la crisis capitalista. Esta fase se presenta en formas distintas en los países de la periferia capitalista y en los países de capitalismo avanzado. Entre estas dos series de estados, Francia y Checoslovaquia representan los dos anillos de unión. En los países periféricos se plantea el problema de la fase que he llamado intermedia entre la preparación política y la preparación técnica de la revolución. En los otros países, y aun en Francia y Checoslovaquia, creo que el problema es todavía el de la preparación política. Para todos los países capitalistas se plantea un problema fundamental, el del tránsito de la táctica del frente único, entendido en sentido general, a una táctica determinada, que se plantee los problemas concretos de la vida nacional y actúe sobre la base de las fuerzas populares tal como están determinada históricamente.

Técnicamente se trata del problema de las consignas de orden y aun de las formas de organización. Si no tuviera un cierto temor de proclamar el ordinovismo, diría que hoy, uno de los problemas más importantes que se plantea especialmente en los grandes países capitalistas es el de los consejos de fábrica y del control obrero, como base de un reagrupamiento proletario que permita una lucha mejor contra la burocracia sindical y que también facilite el encuadramiento de considerables masas desorganizadas, no sólo en Francia, sino también en Alemania y en Inglaterra. De todos modos, en el caso inglés creo que el problema del reagrupamiento de las masas proletarias puede ser planteado también en el mismo terreno sindical. Nuestro partido inglés debe tener un programa de reorganización democrática de las Trade-Unions. Sólo en la medida en que los sindicatos ingleses se coordinen como nuestras Cámaras del Trabajo y den a esas cámaras poderes adecuados será posible: 1] liberar a los obreros ingleses de la influencia de la burocracia sindical: 2] reducir la influencia ejercida en el Labour Party por el partido de MacDonald (ILP), que hoy funciona precisamente como fuerza centralizadora local en la pulverización sindical; 3] crear un terreno en el que sea posible a los elementos organizados de nuestro partido el ejercicio de una directa influencia sobre la masa obrera inglesa. Yo pienso que una reorganización de las Trade-Unions en tal sentido, bajo el impulso de nuestro partido, tendría el significado y la importancia de una verdadera germinación de tipo soviética. Por otro lado, estaría en la línea de la tradición histórica de la clase obrera inglesa, desde el cartismo hasta los comités de acción de 1919.

2] El segundo problema fundamental planteado por la huelga general inglesa es el del Comité anglo-ruso. Yo pienso que, a pesar de la indecisión, la debilidad y si se quiere la traición de la izquierda inglesa durante la huelga general, el Comité anglo-ruso deberá ser mantenido, porque es el terreno mejor para revolucionar no sólo el mundo sindical inglés, sino también los sindicatos de Amsterdam. En un solo caso debería darse una ruptura entre los comunistas y la izquierda inglesa: si Inglaterra estuviera en los umbrales de la revolución proletaria con nuestro partido tan fuerte corno para poder conducir por sí solo la insurrección.

NOTA. Estas notas fueron escritas sólo para preparar las labores del Comité Directivo. Distan mucho de ser definitivas, pues representan sólo el cañamazo para una nueva discusión.

http://www.gramsci.org.ar