LA SITUACION ITALIANA Y LAS TAREAS DEL PCI (TESIS DE LYON)

[Las Tesis de Lyon fueron redactadas por Gramsci y Togliatti para el III congreso del partido comunista italiano, que tuvo lugar en Lyon en 1926 y sancionó la derrota del extremismo de Bordiga. Las Tesis, en efecto, representan sobre todo una ruptura con los extremistas de ultraizquierda y Bordiga, la primera tentativa de dotar al PCI, recientemente fundado, de una línea y de un programa orgánico basado en el análisis de la realidad italiana, de una comprensión histórica de los objetivos políticos del proletariado revolucionario, con una real voluntad política de ligarse a las masas. El rechazo del dogmatismo, del sectarismo, de una visión puramente intelectualista del leninismo; es decir, el rechazo de un "purismo ideológico" al que no correspondía ninguna línea de masas y ninguna posibilidad práctica de que el partido pudiera arraigarse en las masas, y encabezarlas: en esta posición se originaron las Tesis de Lyon corno una tentativa de conciliación fecunda entre la verdad del leninismo y el conocimiento del estado particular de las relaciones de clase en Italia.

Las Tesis parten., pues, de la teoría y de la aplicación concreta de ésta contra la línea bordiguista, mayoritaria en el partido. Por lo demás --y ése es el otro gran mérito de las Tesis--, se presentan como la primera tentativa, orgánica y global de efectuar una ruptura con las posiciones extremistas, sin caer por eso en el reformismo y el revisionismo.

En las Tesis de Lyon que, tengámoslo en cuenta, son la penúltima obra de Gramsci antes de su encarcelamiento, la última será La cuestión meridional, inconclusa), volvemos a encontrar todos los temas del pensamiento gramsciano: su interpretación de la historia italiana, la cuestión meridional, los conceptos de hegemonía, de alianzas de clases, de fuerzas motrices de la revolución, de dictadura del proletariado, de partido, de centralismo democrático, el análisis del fascismo, etc. Es lo que explica la gran importancia de las Tesis y, en muchos aspectos, su actualidad. EE.PP.]

1. En el momento actual podemos considerar que la transformación de los partidos comunistas --donde se concentra la vanguardia de la clase obrera-- en partidos bolcheviques es el objetivo fundamental de la Internacional Comunista. Es preciso conectar este objetivo con el desarrollo histórico del movimiento obrero internacional, y en particular con la lucha que se desarrolló en su seno entre el marxismo y las corrientes que constituían una desviación de los principios y de la práctica de la lucha de clases revolucionaria.

En Italia, el objetivo de crear un partido bolchevique adquiere todo su preciso sentido cuando se toman en consideración las vicisitudes del movimiento obrero desde sus inicios y las deficiencias fundamentales que se revelaron en él.

2. El nacimiento del movimiento obrero tuvo lugar en los diferentes países en formas diversas. Lo que tuvieron en común fue la espontánea rebelión del proletariado contra el capitalismo. Esta rebelión asumió, sin embargo, en cada nación una forma específica, que fue el reflejo y la consecuencia de las particulares características nacionales de aquellos elementos que, provenientes de la pequeña burguesía y del campesinado, habían contribuido a formar la gran masa del proletariado industrial.

El marxismo constituyó el elemento consciente, científico, superior al particularismo de las diversas tendencias de carácter y origen nacional y contra ellas luchó en el campo teórico y en el terreno de la organización. Todo el proceso formativo de la I Internacional tuvo como eje esta lucha, que concluyó con la expulsión del bakuninismo de la Internacional. En el momento en que la I Internacional dejó de existir, el marxismo había triunfado en el movimiento obrero. De hecho los partidos que constituyeron la II Internacional reivindicaban en su totalidad el marxismo, considerándolo el fundamento de su táctica en todas las cuestiones esenciales.

Después de la victoria del marxismo, las tendencias de carácter nacional a las que había derrotado trataron de manifestarse por otra vía, resurgiendo en el seno mismo del marxismo como formas de revisionismo. Este proceso se vio favorecido por el desarrollo de la fase imperialista del capitalismo. A este fenómeno están estrechamente ligados estos tres hechos: la desaparición progresiva, en las filas del movimiento obrero, de la crítica del estado, parte esencial de la doctrina marxista, que fue sustituida por las utopías democráticas; la formación de una aristocracia obrera; un nuevo desplazamiento masivo de la pequeña burguesía y del campesinado hacia el proletariado, y por tanto, una nueva difusión entre el proletariado de corrientes ideológicas de carácter nacional, contrarias al marxismo. El proceso de degeneración de la II Internacional asumió así la forma de una lucha contra el marxismo que se desarrollaba dentro del propio marxismo. Ese proceso culminó en el desastre provocado por la guerra.

El único partido que se salvó de la degeneración fue el partido bolchevique, que logró mantenerse a la cabeza del movimiento obrero de su propio país, expulsó de sus filas a las tendencias antimarxistas y elaboró, a través de las experiencias de tres revoluciones, el leninismo, que es el marxismo de la época del capitalismo monopolista, de las guerras imperialistas y de la revolución proletaria. Así se determina históricamente la posición del partido bolchevique en la fundación y conducción de la III Internacional, y se plantea el problema de la formación de partidos bolcheviques en cada país, que requiere que la vanguardia del proletariado asuma la doctrina y la práctica del marxismo revolucionario, superando y liquidando completamente toda corriente antimarxista.

3. En Italia, los orígenes y las vicisitudes del movimiento obrero no dieron lugar a que se constituyera, antes de la guerra, una corriente de izquierda marxista que tuviese permanencia y continuidad. El carácter originario del movimiento obrero italiano fue muy confuso; confluyeron en él tendencias diversas, del idealismo mazziniano al genérico humanitarismo de los cooperativistas y los partidarios de la mutualidad y el bakuninismo, el cual sostenía que en Italia existían, aun antes de un desarrollo capitalista, las condiciones para pasar inmediatamente al socialismo. El origen tardío y la debilidad del industrialismo explican la ausencia del elemento clarificador dado por la existencia de un proletariado fuerte; otra consecuencia fue que incluso la ruptura entre anarquistas y socialistas se realizó con veinte años de atraso (1892, congreso de Génova).

El Partido Socialista Italiano que surgió del congreso de Génova comprendía dos corrientes dominantes. Por un lado, había un grupo de intelectuales que sólo representaban la tendencia a una reforma democrática del estado: su marxismo no iba más allá del propósito de suscitar y organizar las fuerzas del proletariado para ponerlas al servicio de la instauración de la democracia (Turati, Bissolati, etc.). Por otro, un grupo más directamente ligado al movimiento proletario y que representaba una tendencia obrera, pero carecía de toda conciencia teórica adecuada (Lazzari). Hasta 1900, el partido sólo se propuso fines de carácter democrático. Después de 1900, conquistada la libertad de organización e iniciada una fase democrática, fue evidente la incapacidad de todos los grupos que lo componían para darle la fisonomía de un partido marxista del proletariado.

Al contrario: los elementos intelectuales se apartaron cada vez más de la clase obrera, y tampoco dio resultado la tentativa, debida a otro estrato de intelectuales y pequeños burgueses, de constituir una izquierda marxista que se basase en el sindicalismo. Como reacción a esta tentativa, triunfó dentro del partido la fracción integralista que, en su vacío verbalismo conciliador, expresó una característica fundamental del movimiento obrero italiano, explicable asimismo por la debilidad del industrialismo y la deficiente conciencia crítica del proletariado. El revolucionarismo de los años anteriores a la guerra mantiene intacta esta característica; nunca logró superar los límites del genérico populismo para proponerse la construcción de un partido de la clase obrera y la aplicación del método de la lucha de clases.

Dentro de esta corriente revolucionaria comenzó a diferenciarse, ya antes de la guerra, un grupo de "extrema izquierda" que sostenía las tesis del marxismo revolucionario, aunque esporádicamente y sin lograr ejercer una influencia real sobre el desarrollo del movimiento obrero.

Así se explica el carácter negativo y equívoco que tuvo la oposición del Partido Socialista a la guerra y también se explica que después de ésta el partido se encontrara ante una situación revolucionaria inmediata, sin haber resuelto ni planteado ninguno de los problemas fundamentales que la organización política del proletariado debe resolver para realizar sus objetivos: en primer lugar, el problema de la "opción de clase" y de la forma organizativa adecuada a ella; luego el problema del programa del partido, el de su ideología, y finalmente los problemas de estrategia y táctica, cuya resolución debe conducir a reagrupar alrededor del proletariado a las fuerzas que son sus aliadas naturales en la lucha contra el estado y a guiar a aquél a la conquista del poder.

Sólo después de la guerra se inicia en Italia la acumulación sistemática de una experiencia que pueda contribuir positivamente a la resolución de estos problemas. Recién en el congreso de Livorno se asientan las bases constitutivas del partido de clase del proletariado, el cual, para convertirse en un partido bolchevique y cumplir plenamente su función, debe liquidar todas las tendencias antimarxistas que son, tradicionalmente, propias del movimiento obrero.

Análisis de la estructura social italiana

4. El capitalismo es el elemento predominante en la sociedad italiana y la fuerza que prevalece en la determinación de su desarrollo. De este dato fundamental se desprende la consecuencia de que no existe en Italia la posibilidad de una revolución que no sea la revolución socialista. En los países capitalistas, la única clase que puede realizar una transformación social real y profunda es la clase obrera. Sólo la clase obrera es capaz de poner en práctica los cambios de carácter económico y político que son necesarios para que las energías de nuestro país encuentren completa libertad y posibilidades de desarrollo. La manera en que cumplirá esta función revolucionaria está en relación con el grado de desarrollo del capitalismo en Italia y con la estructura social correspondiente.

5. El industrialismo, que constituye la parte esencial del capitalismo, es muy débil en Italia. Sus posibilidades de desarrollo están limitadas por la situación geográfica y la falta de materias primas. Por eso no llega a absorber a la mayoría de la población italiana (4 millones de obreros industriales contra 3 millones y medio de obreros agrícolas y 4 millones de campesinos). Al industrialismo se opone una agricultura que se presenta como la base natural de la economía del país. Las variadísimas condiciones del suelo y las consiguientes diferencias de cultivos y sistemas de arrendamiento, provocan sin embargo una fuerte diferenciación de las capas rurales, con un predominio de los estratos pobres, más próximos a las condiciones del proletariado y más susceptibles de sufrir su influencia y de aceptar su conducción. Entre las clases industriales y agrarias se interpone una pequeña burguesía urbana bastante extensa, cuya importancia es considerable. Está compuesta predominantemente de artesanos, profesionales y empleados del estado.

6. La debilidad intrínseca del capitalismo obliga a la clase industrial a apelar a distintos recursos para asegurarse el control de toda la economía del país. Esos recursos consisten, en definitiva, en un sistema de compromisos comerciales entre una parte de los industriales y una parte de las clases agrícolas, más precisamente los grandes terratenientes. Es decir, no existe la tradicional lucha económica entre industriales y agrarios, ni la rotación de grupos dirigentes que ella determina en otros países. Por lo demás, los industriales no tienen necesidad de sostener, contra los agrarios, una política económica que asegure una afluencia continua de mano de obra del campo a las fábricas, porque esta afluencia está garantizada por la superabundancia de población agrícola pobre, que es característica de Italia. El acuerdo industrial-agrario se basa en una solidaridad de intereses entre algunos grupos privilegiados, en desmedro de los intereses generales de la producción y de la mayoría de los trabajadores. Ese acuerdo determina una acumulación de riqueza en manos de los grandes industriales, que es la consecuencia de una expoliación sistemática de categorías enteras de la población y de regiones enteras del país. Los resultados de esta política económica son de hecho el déficit del balance económico, el estancamiento del desarrollo económico de regiones enteras (el Mezzogiorno, las islas), la traba al surgimiento y desarrollo de una economía más adaptada a la estructura del país y a sus recursos, la miseria creciente de la población trabajadora, la existencia de una corriente migratoria permanente y el consiguiente empobrecimiento demográfico.

7. Así como no controla, por su naturaleza, toda la economía, la clase industrial tampoco logra organizar por sí sola la sociedad global y el estado. Sólo le resulta posible construir un estado nacional cuando puede explotar factores de política internacional (el llamado Risorgimento). Para reforzar el estado y para defenderlo, necesita establecer compromisos con las clases sobre las que la industria ejerce una hegemonía limitada, particularmente los agrarios y la pequeña burguesía. Esa situación origina una heterogeneidad y una debilidad de toda la estructura social, así como del estado, que es su expresión.

7 bis. Encontramos un reflejo típico de la debilidad de la estructura social en el ejército, antes de la guerra. Un círculo restringido de oficiales, carentes del prestigio de los jefes (viejas clases dirigentes agrarias, nuevas clases industriales) tiene a sus órdenes a una casta de oficiales subalternos burocratizada (pequeña burguesía), incapaz de servir de nexo con la masa de soldados, indisciplinada y abandonada a sí misma. En la guerra todo el ejército debió reorganizarse desde abajo, después de una eliminación de los grados superiores y de una transformación de la estructura organizativa que corresponde al surgimiento de una nueva categoría de oficiales subalternos. Este fenómeno prefigura la transformación análoga que realizará el fascismo, en una escala más amplia, respecto al estado.

8. Las relaciones entre la industria y la agricultura, que son esenciales para la vida económica de un país y para la determinación de las superestructuras políticas, tienen en Italia una base territorial. En el norte se conglomeran, en algunos grandes centros, la producción y la población agraria. En consecuencia, todos los conflictos inherentes a la estructura social del país contienen un elemento que concierne al estado y amenaza su unidad. Los grupos dirigentes burgueses y agrarios buscan la solución del problema a través de un compromiso. Ninguno de estos grupos posee, por su naturaleza, un carácter unitario y una función unitaria. Por otra parte, el carácter del compromiso con el que se preserva la unidad hace aún más grave la situación y coloca a las poblaciones trabajadoras del Mezzogiorno en una posición análoga a la de las poblaciones coloniales. La gran industria del norte desempeña, respecto a ellas, la función de las metrópolis capitalistas; en cambio, los grandes terratenientes y la propia burguesía media meridional están en la situación de las categorías que en las colonias se alían a la metrópoli para mantener sometida a la masa del pueblo trabajador. La explotación económica y la opresión política se unen, pues, para hacer de la población trabajadora del Mezzogiorno una fuerza constantemente movilizada contra el estado

9. El proletariado tiene en Italia una importancia superior a la que posee en otros países europeos, incluso en los de un capitalismo más avanzado, y es sólo comparable a la que tenía en Rusia antes de la revolución. Esto se debe sobre todo al hecho de que, en virtud de la escasez de materias primas, la industria se apoya preferentemente en la mano de obra (trabajadores especializados) y en segundo lugar a la heterogeneidad y los conflictos de intereses que debilitan a la clase dirigente. Frente a esta heterogeneidad, el proletariado se presenta como el único elemento que, por su propia naturaleza, tiene una función unificadora y coordinadora de toda la sociedad. Su programa de clase es el único programa "unitario", es decir, el único cuya realización no conduce al ahondamiento de los conflictos entre los diversos elementos de la economía y de la sociedad y no entraña una amenaza para la unidad del estado. Junto al proletariado industrial existe, además, una gran masa de proletarios agrícolas, concentrada sobre todo en el valle del Po, muy propensa a recibir la influencia de los obreros de la industria, y por tanto, fácilmente movilizable en la hucha contra el capitalismo y el estado.

El caso de Italia constituye una confirmación de la tesis de que las condiciones más favorables para la revolución proletaria no se encuentran necesariamente siempre en los países donde el capitalismo y el industrialismo han llegado a su más alto grado de desarrollo, sino que pueden existir en cambio allí donde el tejido del sistema capitalista ofrece menor resistencia, por sus debilidades estructurales, al embate de la clase revolucionaria y de sus aliados.

La política de la burguesía italiana

10. El objetivo que se propusieron alcanzar las clases dirigentes italianas, desde los orígenes del estado unitario en adelante, fue el de mantener sometidas a las grandes masas de la población trabajadora, impidiendo que, al organizarse en torno al proletariado industrial y agrícola, se convirtieran en una fuerza revolucionaria capaz de realizar una completa trasformación social y política que haga nacer un estado proletario. Pero la debilidad intrínseca del capitalismo las obligó a basar el ordenamiento de la economía y del estado burgués en una unidad obtenida por vía de compromisos entre grupos no homogéneos. En una amplia perspectiva histórica, este sistema se demostró inadecuado al fin que perseguía. Toda forma de compromiso entre los diversos grupos dirigentes de la sociedad italiana se resolvió en realidad en un obstáculo puesto al desarrollo de una u otra parte de la economía del país. Esa situación da lugar a nuevos conflictos y nuevas reacciones de la mayoría de la población, que obligan a acentuar la presión sobre las masas impulsando a éstas cada vez con mayor decisión a la movilización y a la rebelión contra el estado.

11. El primer período de vida del estado italiano (1870-1890) es el de su mayor debilidad. Las dos partes que integran la clase dirigente, los intelectuales burgueses y los capitalistas, están unidos en un propósito de mantener la unidad, pero divididos en cuanto a la forma que se debe dar al estado unitario. Falta entre ellos una homogeneidad positiva. Los problemas que el estado se plantea son limitados y se refieren más a la forma que a la esencia del dominio político de la burguesía; entre ellos predomina el del equilibrio presupuestario, que es un problema de pura conservación. La conciencia de la necesidad de ampliar la base de las clases que dirigen el estado sólo llega con los inicios del "transformismo". La mayor debilidad del estado está dada en este período por el hecho de que, fuera de él, el Vaticano reúne a su alrededor a un bloque reaccionario y antiestatal constituido por los agrarios y por la gran masa de campesinos atrasados, controlados y dirigidos por ricos propietarios y por clérigos. El programa del Vaticano consta de dos partes: por un lado se propone luchar contra el estado burgués unitario y "liberal" y al mismo tiempo, está dispuesto a constituir, con los campesinos, un ejército de reserva contra el avance del proletariado socialista suscitado por el desarrollo de la industria. El estado reacciona al sabotaje del que es víctima por parte del Vaticano, e instaura toda una legislación de contenido y de objetivos anticlericales.

12. En el periodo que transcurre entre 1890 y 1900, la burguesía se plantea resueltamente el problema de organizar su propia dictadura, y lo resuelve con una serie de medidas de carácter político y económico que determinarán en lo sucesivo la historia italiana.

Ante todo, se resuelve la contradicción entre la burguesía intelectual y los industriales: un signo de ello es la llegada al poder de Crispi. La burguesía así consolidada resuelve la cuestión de sus relaciones con el exterior (Triple alianza) y se siente bastante fuerte corno para intentar intervenir en el campo de la competencia internacional, con el fin de conquistar mercados coloniales. En el terreno interno, la dictadura burguesa se establece políticamente restringiendo el derecho del voto, lo que reduce el cuerpo electoral a poco más de un millón de electores sobre 30 millones de habitantes. En el campo económico, la introducción del proteccionismo industrial-agrario corresponde al propósito del capitalismo de obtener el control de toda la riqueza nacional. Con ese fin se celebra una alianza entre industriales y terratenientes. Esta alianza arranca al Vaticano una parte de las fuerzas que había logrado reunir, sobre todo entre los propietarios de tierras del Mezzogiorno, y las incorpora al marco del estado burgués. Por lo demás, el mismo Vaticano advierte la necesidad de acentuar más la parte de su programa reaccionario que contempla la resistencia al movimiento obrero, y toma posición contra el socialismo con la encíclica Rerum Novarum. Frente a la amenaza que el Vaticano sigue representando para el estado, las clases dirigentes reaccionan dándose una organización unitaria con un programa anticlerical, a través de la masonería.

En ese período es cuando aparecen los primeros progresos reales del movimiento obrero. La instauración de la dictadura industrial-agraria plantea en sus términos reales el problema de la revolución, determinando sus factores históricos. Surge en el norte un proletariado industrial y agrícola, mientras en el sur la población rural, sometida a un sistema de explotación "colonial", es mantenida en su estado de sojuzgamiento mediante una opresión política cada vez más acentuada. En este período se plantean con toda claridad los términos de la "cuestión meridional". De manera espontánea, sin que intervenga el factor consciente, y sin que tampoco el Partido Socialista extraiga de este hecho una indicación para su estrategia de partido de la clase obrera, se verifica por primera vez la confluencia de tentativas insurreccionales del proletariado septentrional con una rebelión de campesinos meridionales (brigadas sicilianas).

13. Una vez derrotadas las primeras tentativas insurreccionales del proletariado y de los campesinos contra el estado, la burguesía italiana consolidada está en condiciones de adoptar, para obstaculizar los progresos del movimiento obrero, los métodos exteriores de la democracia y los de la corrupción política con el sector privilegiado de la población trabajadora (aristocracia obrera) para hacerlo cómplice de la dictadura reaccionaria que continúa ejerciendo e impedirle que se convierta en el centro de la insurrección popular contra el estado (giolittismo). Se produce, no obstante, entre 1900 y 1910, una fase de concentración industrial y agraria. El proletariado rural se incrementa en un 50% en detrimento de las categorías ligadas por contrato, aparceros y arrendatarios. Esto da lugar a tanta ola de movimientos rurales y a una nueva orientación de los campesinos que obliga al propio Vaticano a reaccionar con la fundación de la Acción Católica y con un movimiento ''social'' que, en sus formas extremas, llega a asumir las apariencias de una reforma religiosa (modernismo)*. Esta reacción del Vaticano que tiende a retener a las masas se corresponde con el acuerdo de los católicos con las clases dirigentes para consolidar las bases del estado (abolición del non expedit, pacto Gentiloni). También hacia el final de este tercer período (1914) los diversos movimientos parciales del proletariado y de los campesinos culminan en una nueva tentativa espontánea de unificación de las diversas fuerzas de masa antiestatales en una insurrección contra el estado reaccionario. A partir de esta tentativa se plantea ya con suficiente relieve un problema que aparecerá en toda su amplitud en la posguerra: la necesidad de que el proletariado organice, por sí mismo, un partido de clase que le permita encabezar y dirigir la insurrección.

* Vasto movimiento nacido entre 1904 y 1905 en el interior del catolicismo, hostil a las posiciones políticas conservadoras sostenidas por la iglesia, y tendiente a una profunda reforma en la conciencia católica. En Italia, el sacerdote Romolo Murri dirigió este movimiento, condenado por el Papa Pío X en 1907. [E.]

14. En la posguerra se produce la máxima concentración económica en el campo industrial. El proletariado alcanza el grado más alto de organización, paralelamente a la máxima disgregación de las clases dirigentes y del estado. Todas las contradicciones inherentes al organismo social afloran con la máxima crudeza bajo el efecto del despertar de las masas, incluso de las más atrasadas, a la vida política, como consecuencia de la guerra y de sus secuelas inmediatas. Y, como siempre, el avance de los obreros de la industria y del agro va acompañado de una profunda agitación de las masas campesinas, tanto en el Mezziogiorno como en otras regiones. Las grandes huelgas y la ocupación de las fábricas se desarrollan contemporáneamente a la ocupación de las tierras. La resistencia de las fuerzas reaccionarias se ejerce todavía según la dirección tradicional. El Vaticano acepta que, junto a la Acción Católica, se constituya un verdadero partido que se propone integrar a las masas campesinas en el marco del estado burgués, respondiendo así en apariencia a sus aspiraciones de redención económica y de democracia política. Las clases dirigentes, a su vez, ponen en práctica un vasto plan de corrupción y de disgregación interna del movimiento obrero usando como señuelo, ante los dirigentes oportunistas, la posibilidad de que una aristocracia obrera colabore con el gobierno en una tentativa de solución "reformista" del problema del estado (gobierno de izquierda). Pero en un país pobre y desunido como Italia, el sólo hecho de que se entrevea una solución "reformista" del problema del estado provoca inevitablemente la disgregación de la cohesión estatal y social, que no puede resistir la colisión de los numerosos grupos en los que se fraccionan las mismas clases dirigentes y las clases intermedias. Cada grupo tiene sus propias exigencias de protección económica y de autonomía política, y, en ausencia de un núcleo de clase homogéneo que sepa imponer, con su dictadura, una disciplina de trabajo y de producción a todo el país, derrotando y eliminando a los explotadores capitalistas y agrarios, el gobierno resulta imposible y la crisis del poder permanece continuamente abierta.

La derrota del proletariado revolucionario se debe, en este período decisivo, a las deficiencias políticas, organizativas, tácticas y estratégicas del partido de los trabajadores. Como consecuencia de estas deficiencias, el proletariado no logra ponerse al frente de la insurrección de la gran mayoría de la población para hacerla desembocar en la creación de un estado obrero; al contrario, él mismo sufre la influencia de otras clases sociales que paralizan su acción. Por tanto, hay que considerar que la victoria del fascismo, en 1922, no es una victoria sobre la revolución, sino la consecuencia de la derrota sufrida por las fuerzas revolucionarias en razón de sus carencias intrínsecas.

El fascismo y su política

15. El fascismo, como movimiento de la reacción armada cuyo fin es la disgregación y la desorganización de la clase trabajadora para inmovilizarla, entra en el marco de la política tradicional de las clases dirigentes italianas, y en la lucha del capitalismo contra la clase obrera. Por eso se benefició en sus orígenes, en su organización y en su desarrollo, con el apoyo de todos los viejos grupos dirigentes y en particular de los terratenientes, que se sintieron más amenazados por la presión de las masas rurales. No obstarte, socialmente el fascismo encuentra su base en la pequeña burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria surgida, en ciertas regiones, de una transformación de la propiedad rural (fenómenos de capitalismo agrario en Emilia, formación de una capa intermedia de origen rural, "concesiones de tierras", nuevos repartos de terrenos). Esta circunstancia y el hecho de haber encontrado una unidad ideológica y organizativa en las formaciones militares en que revive la tradición de la guerra (arditismo)* y que son utilizadas en la guerrilla contra los trabajadores, permiten que el fascismo conciba y ponga en práctica un plan de conquista del estado en contraposición a las viejas capas dirigentes. Es absurdo hablar de revolución. Pero las nuevas categorías que se reagrupan alrededor del fascismo extraen de su origen una homogeneidad y una común mentalidad de "capitalismo en ascenso". Esto explica que su lucha contra los hombres políticos del pasado sea posible y que puedan justificarla con una construcción ideológica que contradice las teorías tradicionales del estado y de sus relaciones con los ciudadanos. En esencia, el fascismo modifica el programa conservador y reaccionario que siempre fue predominante en la política italiana sólo por una manera distinta de concebir el proceso de unificación de las fuerzas reaccionarias. La táctica de los acuerdos y compromisos es sustituida por el proyecto de realizar una unidad orgánica de todas las fuerzas de la burguesía, en un solo organismo político bajo el control de una central única que debería dirigir simultáneamente el partido, el gobierno y el estado. Este proyecto corresponde a la voluntad de resistir a fondo todo ataque revolucionario, lo que le permite al fascismo ganar la adhesión de la parte más resueltamente reaccionaria de la burguesía industrial y de los terratenientes.

* De la palabra italiana arditi (audaces): nombre dado durante la primera guerra mundial, en el ejército italiano, a destacamentos especiales destinados a golpes de mano y operaciones particularmente riesgosas. Los fascistas, reivindicando a esos grupos de arditi, organizaron a partir de 1919 grupos armados (las squadre d'azione) que desencadenaron una guerrilla extremadamente violenta contra los trabajadores, sus partidos y sus periódicos, hasta llegar a las "expediciones punitivas" y el asesinato de representantes de la izquierda. [E.]

16. El método fascista de defensa del orden, de la propiedad y del estado es, aún más que el sistema tradicional de los compromisos y de la política de izquierda, un factor disgregador de la cohesión social y de sus superestructuras políticas. Las reacciones que provoca deben ser examinadas en relación con su aplicación tanto en el campo económico como en el terreno político.

En primer lugar, en el terreno político, la unidad orgánica de la burguesía en el fascismo no se realiza inmediatamente después de la conquista del poder. Fuera del fascismo subsisten núcleos de oposición burguesa al régimen. Por un lado no adhiere a él el grupo que confía en una solución giolittiana del problema del estado. Este grupo está ligado a una parte de la burguesía industrial y, con un programa de reformismo "laborista", ejerce cierta influencia en algunas capas de obreros y de pequeños burgueses. Por otro lado, el programa tendiente a fundar el estado sobre una democracia rural del Mezzogiorno y sobre la parte "sana" de la industria septentrional (Corriere della Sera, liberalismo Nitti) tiende a convertirse en programa de una organización política de oposición al fascismo con base de masas en el Mezzogiorno (Unión nacional).

El fascismo está obligado a luchar enérgicamente contra estos grupos supérstites y a luchar con energía aún mayor contra la masonería, a la que considera razonablemente como un centro de organización de todas las fuerzas que tradicionalmente apoyan el estado. Esta lucha que es, quiérase o no, el índice de una fisura en el bloque de las fuerzas conservadoras y antiproletarias, puede favorecer, en determinadas circunstancias, el desarrollo y la afirmación del proletariado como tercer factor que tiene que desempeñar un papel decisivo en una situación política.

En el campo económico, el fascismo actúa corno instrumento de una oligarquía industrial y agraria para concentrar en manos del capitalismo el control de todas las riquezas del país. Esto no puede dejar de provocar un descontento en la pequeña burguesía, la cual, con el advenimiento del fascismo, creyó llegada la hora de su dominación.

El fascismo adopta toda una serie de medidas para favorecer una nueva concentración industrial (abolición del impuesto sobre las sucesiones, política financiera y fiscal, refuerzo del proteccionismo), que están acompañadas por otras medidas a favor de los terratenientes y contra los pequeños y medianos cultivadores (impuestos, gravámenes sobre los granos, "batalla del grano"). La acumulación determinada por estas medidas no constituye un incremento de la riqueza nacional, sino la expoliación de una clase en beneficio de otra, es decir, la expoliación de las clases trabajadoras y medias en beneficio de la plutocracia. El propósito de favorecer a la plutocracia aparece descaradamente en el proyecto de legalizar, en el nuevo código de comercio, el régimen de las acciones privilegiadas; un puñado de financistas se halla así en condiciones de poder disponer sin control alguno de ingentes masas del ahorro proveniente de la mediana y pequeña burguesía, a las que se priva del derecho de disponer de su riqueza. En el mismo programa, pero con consecuencias políticas más amplias, entra el proyecto de unificación de los bancos de emisión, es decir, en la práctica, de supresión de los dos grandes bancos meridionales. Estos dos bancos cumplen hoy la función de absorber los ahorros del Mezzogiorno y las remesas de los emigrantes (600 millones), o sea la función que desempeñaba en el pasado el estado con la emisión de bonos del tesoro y el banco de descuentos, en interés de una parte de la industria pesada del norte. Los bancos meridionales han estado controlados hasta ahora por las mismas clases dirigentes del Mezzogiorno, que han encontrado en este control una base real para su dominación política. La supresión de los bancos meridionales como bancos de emisión trasladará esta función a la gran industria del norte, la cual, a través del banco comercial, controla el Banco de Italia, reforzando así la explotación económica "colonial" y el empobrecimiento del Mezzogiorno, y acelerando por otro lado el lento proceso en virtud del cual incluso la pequeña burguesía meridional es desplazada del estado.

La política económica del fascismo se completa con medidas tendientes a reforzar el curso de la moneda, a sanear el presupuesto del estado, a pagar las deudas de guerra y a favorecer la intervención del capital inglés-norteamericano en Italia. En todos estos campos, el fascismo pone en práctica el programa de la plutocracia (Nitti) y de una minoría industrial-agraria en detrimento de la mayoría de la población, cuyas condiciones de vida empeoran progresivamente.

Lo que corona toda la propaganda ideológica y la acción política y económica del fascismo es su tendencia al "imperialismo". Esta tendencia expresa la necesidad que experimentan las clases dirigentes industriales-agrarias italianas de encontrar fuera del campo nacional los elementos para resolver la crisis de la sociedad italiana. Ella contiene los gérmenes de una guerra que será emprendida en nombre de la expansión italiana pero en la cual, en realidad, la Italia fascista será un instrumento en manos de uno de los grupos imperialistas que se disputan el dominio del mundo.

17. Consiguientemente, la política del fascismo determina profundas reacciones de las masas. El fenómeno más grave es el desplazamiento cada vez más marcado de las poblaciones agrarias del Mezzogiorno y de las islas del sistema de fuerzas que rigen el estado. La vieja clase dirigente local (Orlando, Di Cesarò, De Nicola, etc.) ya no ejerce de manera sistemática su función de intermediaria en las relaciones con el estado. La pequeña burguesía tiende, pues, a acercarse a los campesinos. El fascismo lleva al extremo el sistema de explotación y de opresión de las masas meridionales, lo que facilita la radicalización incluso de las categorías intermedias y plantea la cuestión meridional en sus términos reales, como cuestión que sólo puede resolver la insurrección de los campesinos aliados al proletariado en la lucha contra los capitalistas y contra los terratenientes.

También los campesinos medios y pobres de otras partes de Italia adquieren, aunque más lentamente, una función revolucionaria. El Vaticano --cuyo papel reaccionario ha sido asumido por el fascismo-- ya no controla las poblaciones rurales por completo a través de los sacerdotes, de la Acción Católica y del Partido popular; una parte de los campesinos, llamada a luchar para defender sus intereses por las mismas organizaciones autorizadas y dirigidas por las autoridades eclesiásticas, que ahora soporta la presión económica y política del fascismo, acentúa su propia orientación de clase y comienza a sentir que su suerte está ligada a la de la clase obrera. Un índice de esta tendencia es el fenómeno Miglioli.* Otro síntoma muy interesante es también el hecho de que las organizaciones blancas, que como fracción de la Acción Católica están dirigidas directamente por el Vaticano, han debido entrar en los comités intersindicales con las Ligas Rojas, expresión de ese período proletario que desde 1870 los católicos indicaban como inminente en la sociedad italiana.

* Guillo Miglioli: lider de la corriente de izquierda del Partido Popular y organizador sindical cristiano. [E.]

En cuanto al proletariado, la actividad disgregadora de sus fuerzas encuentra un límite en la resistencia activa de la vanguardia revolucionaria y en una resistencia pasiva de la gran masa, que sigue siendo fundamentalmente clasista y demuestra que se pone en movimiento apenas disminuye la presión física del fascismo y se hacen más fuertes los estímulos de sus intereses de clase. La tentativa de crear en él una división interna con los sindicatos fascistas, puede considerarse fracasada. Cambiando su programa, los sindicatos fascistas se convierten ahora en instrumentos directos de opresión reaccionaria al servicio del estado.

18. Frente a la amenaza que representan los virajes y el surgimiento de nuevas fuerzas, suscitados por su política, el fascismo reacciona imponiendo a toda la sociedad el peso de una fuerza militar y de un sistema de opresión que encadena a la población al hecho mecánico de la producción, sin posibilidad de tener una vida propia, de manifestar su propia voluntad y de organizarse para la defensa de sus intereses.

La llamada legislación fascista no se propone otro fin que el de consolidar y asegurar la permanencia de ese sistema. La nueva ley electoral política, las modificaciones del ordenamiento administrativo con la introducción del síndico para las comunas rurales, etc., tratan de poner fin a la participación de las masas en la vida política y administrativa del país. El control de que son objeto las asociaciones impide cualquier forma "legal" durable de organización de las masas. La nueva política sindical quita a la confederación del trabajo y a los sindicatos de clase la posibilidad de celebrar convenios, privándolos así del contacto con las masas que se habían organizado en torno a ellos. Se suprime la prensa proletaria. Se condena al partido de clase del proletariado a una vida completamente ilegal. Se utilizan sistemáticamente violencias físicas y persecuciones policiales, sobre todo en el campo, con el fin de instaurar el terror y de mantener una situación de estado de sitio.

El resultado de este conjunto de actividades reaccionarias y represivas es el desequilibrio entre la real relación de fuerzas sociales y la relación de las fuerzas organizadas, lo que hace que a un aparente retorno a la normalidad y a la estabilidad corresponda una agudización de conflictos prontos a estallar en cualquier momento bajo otras formas.

18 bis. La crisis que siguió al asesinato de Matteotti * ha probado que la aparente estabilidad del régimen fascista podía resultar amenazada hasta en sus fundamentos por la irrupción imprevista de conflictos económicos y políticos cuya agravación no se había advertido. Al mismo tiempo ha demostrado la incapacidad de la pequeña burguesía para hacer triunfar, en el actual período histórico, la lucha contra la reacción industrial-agraria.

* Giacomo Matteotti, diputado socialista, dirigente de la corriente reformista, expulsado del Partido Socialista en octubre de 1922. Después de la victoria de los fascistas en 1924, victoria obtenida gracias a una serie de falsificaciones e intimidaciones, Matteotti pronunció un discurso en el parlamento denunciando abiertamente las ilegalidades y las violencias fascistas. Al día siguiente, fue secuestrado por un grupo de fascistas y liquidado físicamente. El episodio suscitó en la opinión pública una ola de indignación que puso en peligro al régimen, pero la crisis fue rápidamente superada gracias al apoyo que el rey Víctor Manuel III no dejó de brindar a Mussolini. [E.]

Fuerzas motrices y perspectivas de la revolución

19. Las fuerzas motrices de la revolución italiana, tal como surge de nuestro análisis, son, en orden de importancia, las siguientes:

1] la clase obrera y el proletariado rural;

2] los campesinos del Mezzogiorno y de las islas y los campesinos del resto de Italia.

El desarrollo y la rapidez del proceso revolucionario sólo pueden ser apreciados a partir de una evaluación de ciertos elementos subjetivos, es decir, de la medida en que la clase obrera logre adquirir una personalidad política propia, una firme conciencia de clase y una independencia de todas las demás clases, de la medida en que logre organizar sus fuerzas, o sea, ejercer de hecho una función de conducción de los demás factores, comenzando por dar una expresión política concreta a su alianza con los campesinos.

En líneas generales, se puede afirmar --apoyándose además en la experiencia italiana-- que se pasará del período de preparación revolucionaria a un período revolucionario "inmediato" cuando el proletariado industrial y rural del norte haya logrado recuperar, por el desarrollo de la situación objetiva y a través de una serie de luchas particulares e inmediatas, un alto grado de organización y de combatividad.

En cuanto a los campesinos, hay que colocar a los del Mezzogiorno y las islas en la primera fila entre las fuerzas con las que debe contar la insurrección contra la dictadura industrial-agraria, aunque no se les debe atribuir una importancia decisiva fuera de una alianza con el proletariado. La alianza entre ellos y los obreros es el resultado de un proceso histórico natural y profundo, favorecido por todas las vicisitudes del estado italiano. Para los campesinos de otras partes de Italia el proceso de orientación hacia la alianza con el proletariado es más lento y deberá ser estimulado mediante una atenta acción política del partido del proletariado. Los éxitos ya obtenidos en Italia en este campo indican además que el problema de romper la alianza de los campesinos con las fuerzas reaccionarias también debe ser planteado, en gran medida, en otros países de Europa occidental, como un problema consistente en destruir la influencia de la organización católica sobre las masas rurales.

20. Los obstáculos al desarrollo de la revolución, además de los provenientes de la presión fascista, están en relación con la variedad de los grupos en que se divide la burguesía. Cada uno de esos grupos se esfuerza por ejercer una influencia sobre un sector de la población trabajadora para impedir que se extienda la influencia del proletariado, o sobre el mismo proletariado para hacerle perder su personalidad y su autonomía de clase revolucionaria. Se constituye así una cadena de fuerzas reaccionarias, que a partir del fascismo comprende los grupos antifascistas que no tienen gran base de masas (liberales), los que tienen una base entre los campesinos y en la pequeña burguesía (demócratas, ex combatientes, miembros del partido popular, republicanos) e incluso parcialmente en los obreros (partido reformista), y los que teniendo una base proletaria tienden a mantener a las masas obreras en una condición de pasividad, haciéndoles seguir la política de otras clases (partido maximalista). También el grupo que dirige la confederación del trabajo debe ser considerado del mismo modo, o sea como vehículo de una influencia disgregadora de otras clases sobre los trabajadores. Cada uno de los grupos que hemos indicado cuenta con el apoyo de una parte de la población trabajadora italiana. Una modificación de este estado de cosas sólo puede concebirse como consecuencia de una sistemática y permanente acción política de la vanguardia proletaria organizada en el partido comunista.

Hay que considerar con particular atención a los grupos y partidos que tienen una base de masas, o tratan de formársela como partidos democráticos o como partidos regionales, en la población agrícola del Mezzogiorno y de las islas (Unión Nacional, partidos de acción sardo, molisano, irpino, etc.). Estos partidos no ejercen una influencia directa sobre el proletariado, pero constituyen un obstáculo a la realización de la alianza entre obreros y campesinos. Al orientar a las clases agrícolas del Mezzogiorno hacia una democracia rural y a soluciones democráticas regionales, quiebran la unidad del proceso de liberación de la población trabajadora italiana, impiden que los campesinos triunfen en su lucha contra la explotación económica y política de la burguesía y de los terratenientes, y preparan su transformación en guardia blanca de la reacción. El éxito político de la clase obrera está relacionado, también en este campo, con la acción política del partido del proletariado.

21 La posibilidad de derrocar el régimen fascista mediante una acción de grupos antifascistas pretendidamente democráticos sólo existiría si estos grupos lograran, neutralizando la acción del proletariado, ponerse al frente de un movimiento de masas hasta conseguir controlar su desarrollo. La función de la oposición burguesa democrática consiste, en cambio, en colaborar con el fascismo para impedir la reorganización de la clase obrera y la realización de su programa de clase. En este sentido está en vías de realizarse un compromiso entre el fascismo y la oposición burguesa, que inspirará la política de toda formación "centralista" que surja de las ruinas del Aventino.* La oposición podrá volver a protagonizar la acción de defensa del régimen capitalista sólo cuando la propia represión fascista no logre controlar el estallido de los conflictos de clase, y la amenaza de una insurrección proletaria y su convergencia con una guerra de campesinos aparezca grave e inminente. La posibilidad de que la burguesía y el propio fascismo recurran a un sistema reaccionario encubierto por las apariencias de un "gobierno de izquierda" debe estar, pues, continuamente presente en nuestras perspectivas (división de funciones entre fascismo y democracia, Tesis del V Congreso mundial).**

* Después del asesinato de Matteotti, los disputados de la oposición recurrieron al rey Víctor Manuel III para impulsarlo a disolver la cámara y efectuar nuevas elecciones; ante el rechazo categórico del rey, que prefirió sostener a Mussolini, todos los grupos de oposición decidieron dejar de sesionar en la cámara: es lo que se llamó la "secesión del Aventino", por analogía con lo sucedido en Roma en el año 493 a.C. cuando una parte de la plebe, en el momento de su rebelión contra el patriciado, se retiró a una de las siete colinas de Roma. Allí, el cónsul Menenio Agrippa supo reducirlos a la obediencia, tras un discurso históricamente famoso. [E.]

Pero los diferentes grupos de la oposición no lograron encontrar un acuerdo sobre una acción común (el Partido Comunista propuso la creación de un antiparlamento, la movilización de las masas y la proclamación de la huelga general; los demás grupos prefirieron permanecer dentro de la "legalidad"): fue así como la oposición, demasiado débil y dividida, se disgregó, lo que permitió que Mussolini consolidase su régimen dictatorial, desembarazándose (mediante el asesinato, el arresto o el exilio) de los diputados de la oposición.

** El V Congreso de la Internacional tuvo lugar en Moscú (17 de junio al 8 de julio de 1924), fue entonces cuando comenzó la bolchevización de las secciones nacionales que se habían adherido a la Internacional comunista, y se confirmó la táctica del frente único contra el fascismo. No estando Gramsci presente, Togliatti y Bordiga fueron electos en el ejecutivo de la Internacional. Véase la exposición de la discusión editada por Cuadernos de Pasado y Presente: El V Congreso de la Internacional Comunista, Cuad. P. y P. números 55 y 56 Córdoba (Argentina), 1975 [E.]

22. De este análisis de los factores de la revolución y de sus perspectivas se desprenden los objetivos del Partido Comunista. De él dependen los criterios de su actividad organizativa y los de su acción política. De él derivan las líneas rectoras y fundamentales de su programa.

Objetivos fundamentales del Partido Comunista

23. Después de haber resistido victoriosamente a la ola reaccionaria que pretendía sumergirlo (1923), después de haber contribuido con su propia acción a poner un primer tope al proceso de dispersión de las fuerzas trabajadoras (elecciones de 1924), después de haber aprovechado la crisis Matteotti para reorganizar la vanguardia proletaria, que se opuso exitosamente a la tentativa de instaurar una supremacía pequeñoburguesa en la vida política (Aventino), y de asentar las bases de una auténtica política campesina del proletariado italiano, el partido se encuentra hoy en la fase de la preparación política de la revolución.

Su objetivo fundamental puede resumirse en estos tres puntos:

1] organizar y unificar al proletariado industrial y agrícola para la revolución.

2] organizar y movilizar alrededor del proletariado a todas las fuerzas necesarias para la victoria revolucionaria y para la fundación del estado obrero;

3] plantear al proletariado y a sus aliados el problema de la insurrección contra el estado burgués y de la lucha por la dictadura proletaria y conducirlo política y materialmente para la resolución de esa tarea mediante una serie de luchas parciales.

La construcción del Partido Comunista como partido "bolchevique"

24. La organización de la vanguardia proletaria en Partido Comunista es la parte esencial de nuestra actividad organizativa. Los obreros italianos han hecho su propia experiencia (en 1919-1920) de que, donde falta la conducción de un Partido Comunista construido como partido de la clase obrera y como partido de la revolución, no es posible que tenga un resultado victorioso la lucha por el derrocamiento del régimen capitalista. La construcción de un Partido Comunista que sea efectivamente el partido de la clase obrera y el partido de la revolución --es decir, que sea un partido "bolchevique"-- se conecta directamente con los siguientes puntos fundamentales:

1] la ideología del partido;

2] la forma de la organización, y su grado de cohesión;

3] la capacidad de funcionar en contacto con la masa;

4] la capacidad estratégica y táctica.

Cada uno de estos puntos está ligado estrechamente con los demás y, con rigor lógico, no puede desvincularse de ellos. Cada uno de ellos, en efecto, indica y comprende una serie de problemas cuyas soluciones interfieren y se implican recíprocamente. Su examen separado sólo será útil si se tiene presente que no se puede resolver ninguno sino a través de una formulación y una solución de conjunto.

La ideología del partido

25. El Partido Comunista requiere una unidad ideológica completa para poder desempeñar en todo momento su función de guía de la clase obrera. La unidad ideológica es la condición de la fuerza del partido y de su capacidad política; es indispensable para transformarlo en un partido bolchevique. La base de la unidad ideológica es la doctrina del marxismo y del leninismo, entendido este último como la doctrina marxista adaptada a los problemas del período del imperialismo y del comienzo de la revolución proletaria (Tesis sobre la bolchevización del ejecutivo ampliado de abril de 1925, núms IV y VI).*

* Las tesis sobre la bolchevización fueron publicadas en español en los Cuadernos de Pasado y Presente (Nro. 56, 1975, pp.. 183-211). [E.]

El Partido Comunista de Italia ha formado su ideología en la lucha contra la socialdemocracia (reformistas) y contra el centrismo político representado por el partido maximalista. Pero no encuentra en la historia del movimiento obrero italiano una vigorosa y permanente corriente de pensamiento marxista que le sirva de referencia. Falta además en sus filas un conocimiento profundo y ampliamente difundido de las teorías del marxismo y del leninismo. Son posibles, pues, las desviaciones.

La elevación del nivel ideológico del partido debe obtenerse mediante una sistemática actividad interna que se proponga llevar a todos sus miembros a tomar plenamente conciencia de los fines inmediatos del movimiento revolucionario, y a tener una cierta capacidad de análisis marxista de las situaciones y una capacidad correlativa de orientación política (escuela de partido). Hay que rechazar la concepción según la cuál los factores de conciencia y de madurez revolucionaria --que constituyen la ideología-- pueden realizarse en el partido sin que se hayan realizado ya en un amplio número de los miembros del mismo.

26. A pesar de que desde sus orígenes ha librado una lucha contra degeneraciones derechistas y centralistas, el peligro de desviaciones de derecha está presente en el Partido Comunista de Italia.

En el campo teórico, está representado por tentativas de revisión del marxismo hechas por el compañero Graziadei con el pretexto de una educación "científica" de algunos de los conceptos fundamentales de la doctrina de Marx. La tentativa de Graziadei no puede ciertamente conducir a la creación de una corriente y por tanto de una fracción que amenace la unidad ideológica y la cohesión del partido. No obstante, está implícita en ella un apoyo a corrientes y desviaciones políticas de derecha. De todos modos, la misma indica la necesidad de que el partido efectúe un profundo estudio del marxismo y adquiera una conciencia teórica más firme y elevada.

El peligro de que se cree una tendencia de derecha está ligado a la situación general del país. La opresión misma que impone el fascismo tiende a alimentar la opinión de que, como el proletariado está en la imposibilidad de derrocar rápidamente el régimen, una táctica mejor sería la que conduzca, si no a un bloque burgués-proletario por la eliminación constitucional del fascismo, por lo menos a una pasividad de la vanguardia revolucionaria, a una no intervención activa del Partido Comunista en la lucha política inmediata, a fin de permitir que la burguesía utilice al proletariado como masa de maniobra electoral contra el fascismo. Este programa se presenta con la fórmula de que el Partido Comunista debe ser "el ala izquierda" de una oposición de todas las fuerzas que conspiran para derrocar al régimen fascista. Es la expresión de un profundo pesimismo acerca de las capacidades revolucionarias de la clase trabajadora.

El mismo pesimismo y las mismas desviaciones conducen a interpretar erróneamente la naturaleza y la función histórica de los partidos socialdemócratas en el momento actual, a olvidar que aunque la socialdemocracia tenga aún su base social en gran medida en el proletariado, en lo que se refiere a su ideología y a la función política que cumple, debe ser considerada no como el ala derecha del movimiento obrero, sino corno el ala izquierda de la burguesía y como tal debe ser desenmascarada ante las masas.

El peligro de derecha debe ser combatido con la propaganda ideológica, con la oposición del programa revolucionario de la clase obrera y de su partido al programa de la derecha, y con las medidas disciplinarias habituales cada vez que se haga sentir su necesidad.

27. Existe igualmente un riesgo de desviación de izquierda de la ideología marxista y leninista, ligado a los orígenes del partido y a la situación general del país. Está representado por la tendencia extremista conducida por el compañero Bordiga. Esta tendencia se formó en la situación particular de disgregación e incapacidad programática, organizativa, estratégica y táctica en que se encontró el Partido Socialista Italiano desde fines de la guerra hasta el congreso de Livorno: su origen y su éxito se explican además por el hecho de que, siendo la clase obrera una minoría dentro de la población trabajadora italiana, es permanente el riesgo de que su partido sufra desviaciones debidas a una infiltración de otras clases, y en particular de la pequeña burguesía. Ante esta condición de la clase obrera y la situación del Partido Socialista Italiano, reaccionó la extrema izquierda con una ideología particular, es decir, con una concepción de la naturaleza del partido, de su función y de su táctica que es contraria a la del marxismo y el leninismo:

a] la extrema izquierda define al partido, subestimando o pasando por alto su contenido social, como un "órgano" de la clase obrera, que se constituye por síntesis de elementos heterogéneos. El partido debe ser definido, en cambio, poniendo de relieve sobre todo el hecho de que es una "parte" de la clase obrera. El error en la definición del partido lleva a formular equivocadamente los problemas organizativos y los problemas tácticos;

b] para la extrema izquierda la función del partido no consiste en guiar en todo momento a la clase esforzándose por mantenerse en contacto con ella a través de todas las modificaciones de la situación objetiva, sino en elaborar cuadros preparados para conducir a la masa cuando el desarrollo de la situación la haga acercarse al partido, haciéndole aceptar las posiciones programáticas y de principio fijadas por él;

c] en lo que se refiere a la táctica, la extrema izquierda sostiene que esta no debe estar determinada respecto a la situación objetiva y a la posición de las masas, de manera que adhiera siempre a la realidad manteniendo un contacto permanente con las capas más amplias de la población trabajadora, sino que debe definirse en base a preocupaciones formalistas. Es característica del extremismo la concepción de que las desviaciones de los principios de la política comunista no se evitan con la construcción de partidos "bolcheviques" que sean capaces de realizar, sin desviarse, todas las acciones políticas requeridas para movilizar a las masas y obtener la victoria revolucionaria, sino imponiendo a la táctica límites rígidos y formales de carácter exterior (en el campo organizativo: la "adhesión individual", o sea el rechazo de las "fusiones", las cuales, no obstante, siempre pueden ser, en determinadas condiciones, un medio muy eficaz para que el partido extienda su influencia; en el campo político: encubrimiento de los términos del problema de la conquista de la mayoría, frente único sindical y no político, ninguna diferenciación en la manera de luchar contra la democracia en función del grado de adhesión de las masas a formaciones democráticas contrarrevolucionarias y de la inminencia y gravedad de una amenaza reaccionaria, rechazo de la consigna de un gobierno obrero y campesino). Se apela pues a un análisis de la situación de los movimientos de masa únicamente para controlar una línea deducida en base a preocupaciones formalistas y sectarias: en la determinación de la política del partido nunca se tiene en cuenta el elemento particular; se quiebra la visión unitaria y global que es propia de nuestro método de investigación política (dialéctica); la actividad del partido y sus consignas pierden eficacia y valor, reduciéndose a actividades y consignas de simple propaganda.

La pasividad política del partido es una consecuencia inevitable de esa posición. Un aspecto de ella fue, en el pasado, el "abstencionismo", lo que permite acercar al extremismo de izquierda y al maximalismo a las desviaciones de derecha. Tal como las tendencias de derecha, es expresión de un escepticismo sobre la posibilidad de que la masa obrera organice por sí misma un partido de clase que sea capaz de conducir a las grandes masas esforzándose por mantenerse en todo momento ligado a ella.

La lucha ideológica contra el extremismo de izquierda debe librarse oponiéndole la concepción marxista y leninista del partido del proletariado como partido de masa y demostrando la necesidad de que éste adapte su táctica a las situaciones para estar en condiciones de modificarlas, para no perder el contacto con las masas y para ampliar su esfera de influencia.

El extremismo de izquierda fue la ideología oficial del partido italiano durante el primer período de su existencia. Lo sostienen compañeros que figuraron entre los fundadores del partido y que contribuyeron ampliamente a su construcción después de Livorno. Hay, pues, razones que explican por qué esa concepción estuvo tanto tiempo arraigada en la mayoría de los compañeros, aunque nunca fuera objeto de una evaluación crítica global, sino más bien la consecuencia de un generalizado estado de ánimo. Es evidente entonces que el peligro de extrema izquierda debe ser considerado como una realidad inmediata, como un obstáculo no sólo a la unificación y elevación ideológica, sino al desarrollo político del partido y a la eficacia de su acción. Debe ser combatido como tal, no sólo con la propaganda sino además con una acción política y eventualmente con medidas organizativas.

28. El nivel de conciencia internacionalista que impregna al partido es un elemento de su ideología. El mismo es bastante fuerte entre nosotros como espíritu de solidaridad internacional, aunque no tanto como conciencia de pertenecer a un partido mundial. Contribuye a esta debilidad la tendencia a presentar la concepción de extrema izquierda como una concepción nacional ("originalidad" y valor "histórico" de las posiciones de la "izquierda italiana") que se opone a la concepción marxista y leninista de la Internacional Comunista y trata de sustituirla. Esto da lugar a una especie de "patriotismo de partido" que se niega a encuadrarse en una organización mundial de acuerdo a los principios propios de esta organización (rechazo de cargos, lucha fraccionista internacional, etc.). Esta escasa conciencia internacionalista permite que repercuta en el partido la campaña que realiza la burguesía para presentar a la Internacional Comunista como un órgano del estado ruso. Algunas de las tesis de extrema izquierda a este respecto se unen a las tesis habituales de los partidos contrarrevolucionarios. Deben ser combatidas vigorosamente, con una propaganda que demuestre el papel históricamente predominante y dirigente del partido ruso en la creación de una Internacional Comunista y haga conocer la posición del estado obrero ruso --primera y única conquista real de la clase obrera en la lucha por el poder-- sobre el movimiento obrero internacional (Tesis sobre la situación internacional).

La base de la organización del partido

29. Todos los problemas de organización son problemas políticos. Su solución debe permitir al partido realizar su objetivo fundamental, hacer que el proletariado adquiera una completa independencia política, darle una fisonomía, una personalidad, una conciencia revolucionaria precisa, impedir toda infiltración e influencia disgregadora por parte de clases y elementos que, aunque tienen intereses contrarios al capitalismo, no están dispuestos a librar una lucha contra él hasta sus últimas consecuencias.

Hay, en primer lugar, un problema político: el de la base de la organización. La organización del partido debe construirse sobre la base de la producción y por tanto a partir del lugar de trabajo (células). Este principio es esencial para la creación de un partido "bolchevique" y se refiere a la necesidad de que el partido esté en condiciones de dirigir el movimiento de masa de la clase obrera, la cual está naturalmente unificada por el desarrollo del capitalismo según el proceso de producción.

Situando la base organizativa en el lugar de producción, el partido efectúa una elección a propósito de la clase en que se apoya. Se proclama un partido de clase y el partido de una sola clase, la clase obrera.

Todas las objeciones al principio que funda la organización del partido sobre la base de la producción parten de concepciones que están ligadas a clases ajenas al proletariado, aunque sean defendidas por compañeros y grupos que se dicen de "extrema izquierda". Se basan en una consideración pesimista de las capacidades revolucionarias del obrero y del obrero comunista, y expresan el espíritu antiproletario del pequeño burgués intelectual, que cree ser la sal de la tierra y ve en el obrero el instrumento material del trastrocamiento social y no el protagonista consciente e inteligente de la revolución.

Dentro del partido italiano se reproducen, a propósito de las células, las discusiones y conflictos que llevaron en Rusia a la escisión entre bolcheviques y mencheviques, en cuanto al mismo problema de la elección de la clase, del carácter de clase del partido y del modo de adhesión al partido de elementos no proletarios. Este hecho, en relación con la situación italiana, tiene además una notable importancia. Es la propia estructura social y son las condiciones y las tradiciones de la lucha política las que hacen que en Italia sea mucho más serio que en otros lugares el riesgo de edificar el partido en base a una "síntesis" de elementos heterogéneos, es decir, de dejar abierta la vía a la influencia paralizadora de otras clases. Se trata de un peligro que la misma política del fascismo agravará al desplazar hacia el terreno revolucionario a capas enteras de la pequeña burguesía.

Es evidente que el partido comunista no puede ser solamente un partido de obreros. La clase obrera y su partido no pueden prescindir de los intelectuales ni pueden pasar por alto la necesidad de reagrupar a su alrededor y de conducir a todos los elementos que por una u otra vía se ven impulsados a rebelarse contra el capitalismo. Así, pues, el partido comunista no puede cerrar las puertas a los campesinos; más bien debe tener campesinos y servirse de ellos para estrechar los vínculos políticos entre el proletariado y las clases rurales. Pero hay que rechazar enérgicamente, como contrarrevolucionaria, toda concepción que haga del partido una "síntesis" de elementos heterogéneos, en vez de sostener sin concesiones que él mismo es una parte del proletariado, que el proletariado debe imprimirle las características de su propia organización y que el proletariado debe tener asegurada en el partido una función directiva.

30. Son inconsistentes las objeciones prácticas a la organización sobre la base de la producción (células), según las cuales esta estructura organizativa no permitiría superar la competencia entre diversas categorías de obreros y dejaría la puerta abierta al funcionarismo.

La práctica de los consejos de fábrica (1919-1920) ha demostrado que sólo una organización implantada en el lugar y en el sistema de la producción permite establecer un contacto entre los estratos superiores y los estratos inferiores de la masa trabajadora (obreros calificados, no calificados y peones) y crear vínculos de solidaridad que socaven las bases a todo fenómeno de "aristocracia obrera".

La organización por células implica que en el partido se forme un estrato bastante amplio de elementos dirigentes (secretarios de célula, miembros de los comités de célula, etc.) que son parte de la masa y permanecen en ella aunque desempeñen funciones directivas, a diferencia de los secretarios de las secciones territoriales, que necesariamente están separados de la masa trabajadora. El partido debe ocuparse particularmente de la educación de estos compañeros que forman el tejido conjuntivo de la organización y son el instrumento de vinculación con las masas. Desde cualquier punto de vista que se considere, la transformación de la estructura sobre la base de la producción es el objetivo fundamental del partido en el momento actual y la única manera de resolver sus problemas más importantes. En ella hay que poner el acento e intensificar todo el trabajo ideológico y práctico que se requiere.

Cohesión de la organización del partido. Fraccionismo

31. La organización de un partido bolchevique debe ser, en cualquier momento de la vida del partido, una organización centralizada, dirigida por el comité central, no sólo en las palabras sino en los actos. Una férrea disciplina partidaria debe reinar en sus filas. Esto no quiere decir que el partido debe ser dirigido desde arriba con métodos autocráticos. Tanto el comité central como los órganos inferiores de dirección están constituidos en base a una elección y en base a una selección de elementos capaces, realizada a través de la prueba del trabajo y de la experiencia del movimiento. Este segundo elemento garantiza que los criterios para la formación de los grupos dirigentes locales y del grupo dirigente central no sean mecánicos, exteriores y "parlamentarios", sino que correspondan a un proceso real de formación de una vanguardia proletaria homogénea y ligada a las masas.

El principio de la elección de los órganos dirigentes --democracia interna-- no es absoluto, sino relativo a las condiciones de la lucha política. Aunque conozcan ciertas limitaciones, los órganos centrales y periféricos siempre deben considerar su poder no como superpuesto a la voluntad del partido sitio como emanando de ésta, esforzándose por acentuar su carácter proletario y multiplicando los lazos con la masa de los compañeros y con la clase obrera. Esta última necesidad se siente particularmente en Italia, donde la reacción impuso y sigue imponiendo una fuerte limitación a la democracia interna.

La democracia interna también es relativa al grado de capacidad política que poseen los órganos periféricos y los compañeros que trabajan en la periferia. La acción ejercida por el centro para incrementar esta capacidad hace posible una extensión de los sistemas "democráticos" y una reducción cada vez mayor del sistema de la "cooptación" y de las intervenciones de arriba para resolver las cuestiones organizativas locales.

32. La centralización y la cohesión del partido exigen que no existan en su seno grupos organizados que asuman un carácter de fracción. Un partido bolchevique se diferencia en esto profundamente de los partidos socialdemócratas, en los que hay una gran variedad de grupos y la lucha de fracciones es la forma normal de elaboración de las directivas políticas y de selección de los grupos dirigentes. Los partidos y la Internacional Comunista han nacido de la lucha de fracciones que se desarrolló dentro de la II Internacional. Al constituirse como partidos y como organización mundial del proletariado han establecido como norma de su vida interna y de su desarrollo no ya la lucha de fracciones, sino la colaboración orgánica de todas las tendencias a través de la participación en los órganos dirigentes.

La existencia y la lucha de fracciones son de hecho incompatibles con la esencia del partido del proletariado, cuya unidad se resiente de esa manera, quedando abierta la vía a la influencia de otras clases. Esto no significa que en el partido no puedan surgir tendencias y que éstas no busquen a veces organizarse en fracciones, sino que contra esta última eventualidad se debe luchar enérgicamente para reducir los conflictos de tendencias, las elaboraciones teóricas y la selección de dirigentes a la forma que corresponde a los partidos comunistas, o sea, a un proceso de desarrollo real y unitario (dialéctico) y no a una controversia y a luchas de carácter parlamentario".

33. La experiencia del movimiento obrero --cuyos fracasos son imputables a la impotencia del PSI, por la lucha de fracciones y por el hecho de que cada fracción llevaba adelante, independientemente del partido, su propia política, paralizando la acción de las demás fracciones y la de todo el partido--, esta experiencia ofrece un buen terreno para crear y mantener la cohesión y la centralización que deben ser características de un partido bolchevique.

Entre los diversos grupos que han dado origen al Partido Comunista de Italia subsisten algunas divergencias que deben desaparecer mediante una profundización de la común ideología marxista y leninista. Sólo entre los partidarios de la ideología antimarxista de extrema izquierda se ha mantenido durante largo tiempo una homogeneidad y una solidaridad de carácter fraccionista. Hubo incluso, con la creación del llamado "comité de entendimiento", un intento de pasar del fraccionismo larvado a la lucha abierta de fracción. La amplitud de la reacción del partido ante este nefasto intento de dividir sus fuerzas es la prueba más convincente de que, en este campo, todo intento de volver a los hábitos de la socialdemocracia está condenado al fracaso.

En cierta medida existe también un riesgo de fraccionismo a propósito de la fusión con los miembros del partido socialista adherentes a la III Internacional. Éstos no tienen una unidad ideológica, y mantienen entre sí lazos de carácter esencialmente corporativo, que se crearon en sus dos años de vida como fracción en el seno del PSI: estos lazos se han ido debilitando cada vez más y no será difícil eliminarlos por completo.

La lucha contra el fraccionismo debe ser, ante todo, difundida a través de principios organizativos justos, pero sólo tendrá éxito cuando el partido italiano llegue a considerar la discusión de sus problemas actuales y los de la Internacional como un hecho normal, orientando sus tendencias en relación a estos problemas.

El funcionamiento de la organización del partido

39. Un partido bolchevique debe estar organizado de manera de poder funcionar, en cualquier condición, en contacto con la masa. Este principio tiene para nosotros la mayor importancia, en razón de la represión que ejerce el fascismo con el fin de impedir que las relaciones de fuerzas reales se traduzcan en relaciones de fuerzas organizadas. Sólo con la máxima concentración e intensidad de la actividad del partido se puede lograr neutralizar, al menos en parte, este factor negativo e impedir que obstaculice profundamente el proceso de la revolución. Por eso hay que tomar en consideración:

a] el número de inscritos y su capacidad política; deben ser suficientemente numerosos para permitir una continua extensión de nuestra influencia. Hay que combatir la tendencia a restringir artificialmente los cuadros, porque nos conduce a la pasividad, a la atrofia. Pero todo inscripto debe ser un elemento políticamente activo, capaz de difundir la influencia del partido y traducir cotidianamente en los actos sus directivas, conduciendo a una parte de la masa trabajadora;

b] la utilización de todos los compañeros en un trabajo preciso;

c] la coordinación unitaria de los diversos tipos de actividad por medio de comités en los que se articula todo el partido como órgano de trabajo entre las masas;

d] el funcionamiento colegiado de los órganos centrales del partido, considerado como condición para la constitución de un grupo dirigente "bolchevique" homogéneo y compacto;

e] la capacidad de los compañeros de trabajar con las masas, de estar continuamente presentes entre ellas, de estar en primera fila en todas las luchas, de saber asumir en cada ocasión y defender la posición que corresponde a la vanguardia del proletariado. Se insiste en este punto porque los requerimientos del trabajo clandestino y la equivocada ideología de "extrema izquierda" han producido una limitación de la capacidad de trabajo entre las masas y con las masas;

f] la capacidad de los organismos periféricos y de los compañeros de enfrentar situaciones imprevistas y de tomar actitudes correctas incluso antes de que lleguen las instrucciones de los organismos superiores. Hay que combatir la forma de pasividad, también un residuo de las falsas concepciones organizativas del extremismo, que consiste en limitarse siempre a "esperar órdenes de arriba". El partido debe contar con una base capaz de "iniciativa", es decir, que los órganos de base deben saber reaccionar inmediatamente ante cada situación imprevista o inesperada;

g] la capacidad de efectuar un trabajo "subterráneo" (ilegal) y de defender al partido contra todas las formas de reacción sin perder el contacto con las masas, y haciendo de este mismo contacto con las capas más amplias de la clase trabajadora un medio de defensa. En la situación actual, el hecho de limitar la defensa del partido y de su aparato a una actividad de simple "organización interna" debe ser considerado como un abandono de la causa de la revolución.

Cada uno de estos puntos debe ser considerado con atención, pues indica tanto un defecto del partido como los progresos que debemos imprimir a su acción. Su importancia es tanto mayor cuanto que puede anticiparse que los golpes de la reacción seguirán debilitando el aparato de enlace entre el centro y la periferia, por muy grandes que sean los esfuerzos por mantenerlo intacto.

Estrategia y táctica del partido

35. La capacidad estratégica y táctica del partido es su capacidad de organizar y unificar alrededor de la vanguardia proletaria y de la clase obrera a todas las fuerzas necesarias a la victoria revolucionaria, y de conducirlas efectivamente a la revolución aprovechando las situaciones objetivas y los cambios en la relación de fuerzas que éstas provocan tanto entre la población trabajadora como entre los enemigos de la clase obrera. Con su estrategia y su táctica el partido "dirige a la clase obrera" en los grandes movimientos históricos y en sus luchas cotidianas. Ambas orientaciones de la dirección están entrelazadas y se condicionan mutuamente.

36. El principio de que el partido dirige a la clase obrera no debe ser interpretado mecánicamente. No hay que creer que el partido puede dirigir a la clase obrera mediante una imposición autoritaria externa; esto no es válido ni para el período precedente a la conquista del poder ni para el que le sigue. El error de una interpretación mecánica de este principio debe ser combatido en el partido italiano como una posible consecuencia de las desviaciones ideológicas de extrema izquierda; estas desviaciones conducen de hecho a una arbitraria sobrestimación formal del partido en lo que se refiere a la función de conducción de la clase. Afirmamos que la capacidad de dirigir a la clase no está en relación con el hecho de que el partido se "proclame" órgano revolucionario de la misma sino con que "efectivamente" logre, como una parte de la clase obrera, ligarse con todos los sectores de la clase e imprimir a la masa un movimiento en la dirección deseada y favorecida por las condiciones objetivas. Sólo como consecuencia de su acción entre las masas el partido podrá obtener que lo reconozcan como "su" partido (conquista de la mayoría) y sólo una vez cumplida esta condición puede afirmar que la clase obrera lo sigue. Las exigencias de esta acción entre las masas son superiores a todo "patriotismo" de partido.

37. El partido dirige a la clase penetrando en todas las organizaciones en las que se agrupa la masa trabajadora y realizando en ella y a través de ella una sistemática movilización de energías sobre la base del programa de la lucha de clases, y de una acción tendiente a que la mayoría adhiera a las directivas comunistas.

Las organizaciones en las que trabaja el partido y que tienden, por su propia naturaleza, a incorporar a toda la masa obrera, nunca pueden sustituir al partido comunista, que es la organización política de los revolucionarios, es decir, de la vanguardia del proletariado. Por eso está excluida toda relación de subordinación y de "igualdad" entre las organizaciones de masas y el partido (pacto sindical de Stuttgart, pacto de alianza entre el Partido Socialista Italiano y la Confederación General del Trabajo). La relación entre sindicatos y partido es una relación especial de dirección que se instaura a favor de la actividad que los comunistas despliegan dentro de los sindicatos. Los comunistas se organizan en fracción en los sindicatos y en todas las formaciones de masas y participan en primera fila en la vida de estas formaciones y en las luchas que emprenden, sosteniendo el programa y las consignas del partido.

Toda tendencia a apartarse de la vida de las organizaciones, cualesquiera sean éstas, en las que sea posible tomar contacto con las masas trabajadoras, debe ser combatida como una desviación peligrosa, índice de pesimismo y fuente de pasividad.

38. En los países capitalistas, los sindicatos son los órganos específicos donde se reagrupan las masas trabajadoras. La acción en los sindicatos debe considerarse esencial para alcanzar los fines del partido. El partido que renuncia a la lucha para ejercer su influencia en los sindicatos y para conquistar su dirección, renuncia de hecho a la conquista de la masa obrera y a la lucha revolucionaria por el poder.

En Italia, la acción en los sindicatos asume una importancia particular pues permite trabajar de manera más intensa y eficaz y con mejores resultados en esa reorganización del proletariado industrial y rural que debe asegurarle una posición de predominio frente a las demás clases sociales. Pero la represión fascista y especialmente la nueva política sindical del fascismo crean un estado de cosas muy particular. La Confederación del Trabajo y los sindicatos se ven privados de toda posibilidad de desarrollar, en las formas tradicionales, una actividad de organización y de defensa económica. Tienden a reducirse a simples oficinas de propaganda. Pero simultáneamente la clase obrera, bajo la presión de la situación objetiva, se ve llevada a reordenar sus propias fuerzas de acuerdo a nuevas formas de organización. El partido debe lograr, entonces, desarrollar una acción de defensa del sindicato de clase y reivindicar su propia libertad, mientras por otro lado apoya y favorece la tendencia a la creación de organismos representativos de masa vinculados con el sistema de producción. Paralizada la actividad del sindicato de clase, la defensa del interés inmediato de los trabajadores tiende a organizarse a través de una fragmentación de la resistencia y de la lucha a nivel de fábricas, categorías, sectores de trabajo, etc. El partido comunista debe estar en condiciones de seguir todas estas luchas y de ejercer una verdadera dirección de las mismas, impidiendo que ellas pierdan el carácter unitario y revolucionario de los conflictos de clase y tratando de explotarlos para favorecer la movilización de todo el proletariado y su organización en un frente de combate (Tesis sindicales).

39. El partido dirige y unifica a la clase obrera participando en todas las luchas de clase parciales, y formulando y agitando un programa de reivindicaciones de interés inmediato para la clase trabajadora. Debe considerar las acciones parciales y limitadas como momentos necesarios para llegar a la movilización progresiva y a la unificación de todas las fuerzas de la clase trabajadora.

El partido combate la concepción según la cual debería abstenerse de apoyar o de tomar parte en acciones parciales puesto que los problemas que interesan a la clase trabajadora sólo pueden resolverse con el derrocamiento del régimen capitalista y con una acción general de todas las fuerzas anticapitalistas. Es consciente de la imposibilidad de mejorar seria y duraderamente la condición de los trabajadores en el período del imperialismo y antes de que sea derrocado el régimen capitalista. La agitación de un programa de reivindicaciones inmediatas y el apoyo a las luchas parciales es, no obstante, la única manera de ganar a las grandes masas y de movilizarlas contra el capital. Por otra parte, toda agitación o victoria de las categorías obreras en el campo de las reivindicaciones inmediatas hace más aguda la crisis del capitalismo y acelera subjetivamente su caída en la medida en que vulnera el inestable equilibrio económico sobre el cual hoy basa su poder.

El partido comunista liga cada reivindicación inmediata a un objetivo revolucionario, se sirve de cada lucha parcial para inculcar en las masas la necesidad de la acción general, de la insurrección contra el dominio reaccionario del capital, y trata de lograr que toda lucha de carácter limitado sea preparada y dirigida de modo que conduzca a la movilización y unificación de las fuerzas proletarias y no a su dispersión. Defiende estas tesis dentro de las organizaciones de masas a las que corresponde la dirección de los movimientos parciales, o frente a los partidos políticos que toman esa iniciativa, o también las defiende tomando él mismo la iniciativa de proponer las acciones parciales, tanto dentro de las organizaciones de masa como de otros partidos (táctica de frente único). En cada caso se sirve de la experiencia del movimiento y de los resultados obtenidos gracias a sus propuestas para incrementar su influencia, demostrando en los hechos que su programa de acción es el único que responde a los intereses de las masas y a la situación objetiva, y para llevar a posiciones más avanzadas a los sectores atrasados de la clase trabajadora.

La iniciativa directa del partido comunista para una acción parcial puede tener lugar cuando, a través de los organismos de masa, controla una parte considerable de la clase trabajadora, o cuando está seguro de que su consigna será apoyada por una parte considerable de la clase trabajadora. Pero el partido no tomará esta iniciativa sino cuando, en relación con la situación objetiva, exista un desplazamiento a su favor de la relación de fuerzas, y represente un paso adelante en la unificación y movilización de la clase en el terreno revolucionario.

Está excluido que una acción violenta por parte de individuos o de grupos pueda servir para sacar a las masas obreras de su pasividad, si el partido no está profundamente ligado a ellas. En particular, la actividad de los grupos armados, incluso como reacción a la violencia física de los fascistas, sólo tiene valor cuando está vinculada a una reacción de las masas o tiende a suscitarla y prepararla, adquiriendo así, en el plano de la movilización de las fuerzas materiales, un valor comparable al de las huelgas y las reivindicaciones económicas parciales en el plano de la movilización general de las energías proletarias para la defensa de los intereses de clase del proletariado.

39 bis. Es un error suponer que las reivindicaciones inmediatas y las acciones parciales sólo pueden tener un carácter económico. Puesto que, al profundizarse la crisis del capitalismo, las clases dirigentes capitalistas y agrarias están obligadas, para mantener su poder, a limitar y suprimir la libertad de organización y las libertades políticas del proletariado, la reivindicación de esas libertades ofrece un excelente terreno para la agitación y las luchas parciales, las que pueden llegar a la movilización de vastas capas de la población trabajadora. Toda la legislación mediante la cual los fascistas suprimen en Italia hasta las más elementales libertades de la clase obrera, deben suministrar al partido comunista motivos para la agitación y la movilización de las masas. El objetivo que se propondrá el partido comunista será vincular cada una de las consignas que lance en este campo a las directivas generales de su acción: en particular, con la demostración práctica de la imposibilidad de que el régimen instaurado por el fascismo sufra limitaciones radicales y transformaciones en un sentido "liberal" y "democrático" sin que se desencadene contra él una lucha de masas, que inevitablemente deberá desembocar en la guerra civil. Esta evidencia sólo se impondrá a las masas a partir del momento en que, enlazando las reivindicaciones parciales de carácter político con las de carácter económico, logremos transformar los movimientos "revolucionarios democráticos" en movimientos revolucionarios obreros y socialistas.

En particular, habrá que llegar a esto en lo que se refiere a la agitación contra la monarquía. La monarquía es uno de los pilares del régimen fascista; es la forma estatal del fascismo italiano. La movilización antimonárquica de las masas de la población italiana es uno de los objetivos que debe proponer el partido comunista. Permitirá desenmascarar eficazmente a algunos de los titulados grupos antifascistas que se retiraron al Aventino. Pero su realización debe ser siempre paralela a la agitación y la lucha contra los otros pilares fundamentales del régimen fascista: la plutocracia industrial y los terratenientes. En la agitación antimonárquica el problema de la forma del estado será presentado además por el partido comunista en estrecha conexión con el problema del contenido de clase que los comunistas se proponen dar al estado. En el pasado reciente (junio de 1925), el partido logró conectar estos problemas fundando su acción política en las consignas: "Asamblea republicana basada en los comités obreros y campesinos; control obrero sobre la industria; la tierra a los campesinos".

40. La tarea de unificación de las fuerzas del proletariado y de toda la clase trabajadora sobre un terreno de lucha es la parte "positiva" de la táctica del frente único y representa en Italia, en las actuales circunstancias, la tarea fundamental del partido.

Los comunistas deben proponerse como objetivo concreto y real la unidad de la clase trabajadora, a fin de impedir que el capitalismo aplique su plan de disgregación permanente del proletariado para hacer imposible toda lucha revolucionaria. Deben estar en condiciones de trabajar de múltiples maneras para alcanzar este fin, y sobre todo deben mostrarse capaces de acercarse a los obreros de otros partidos y sin partido superando su hostilidad e incomprensión fuera de lugar, presentándose en todos los casos como los artífices de la unidad de la clase en la lucha por su defensa y su liberación.

El "frente único" de lucha antifascista y anticapitalista que los comunistas se esfuerzan por crear debe tender a ser un frente único organizado, es decir, a fundarse en organismos alrededor de los cuales las masas en su conjunto se reagrupen y se estructuren. Tales son los organismos representativos que las propias masas tienden a constituir, partiendo de las fábricas, y en ocasión de cada agitación, desde que los sindicatos dejan de poder funcionar en condiciones normales. Los comunistas deben tomar conciencia de esta tendencia de las masas y saberla estimular, desarrollando los elementos positivos que contiene y combatiendo las desviaciones particularistas a que puede dar lugar. La cuestión debe ser considerada sin fetichizar una determinada forma de organización, teniendo presente que nuestro objetivo fundamental es llegar a una movilización y una unidad orgánica cada vez más amplias de fuerzas. Para alcanzar este fin es preciso saber adaptarse a todos los terrenos que la realidad nos ofrece, explotar todos los motivos de agitación, insistir en una u otra forma de organización según las necesidades y las posibilidades de desarrollo de cada una de ellas (Tesis sindicales: capítulos relativos a las comisiones internas, a los comités de agitación, a las conferencias de fábricas).*

* Gramsci alude a las Tesis de Roma elaboradas para el II Congreso del Partido Comunista de Italia (20 al 24 de marzo de 1922). La resolución propuesta por el comité central que sintetizaba el informe que Granirci y Angelo Tasca habían presentado al congreso, planteó el problema de los sindicatos y sus relaciones con el partido. Cf. infra dichas tesis sindicales. [E.]

41. En la medida en que se propone crear un frente único organizado de la clase trabajadora, la consigna de los comités obreros y campesinos debe ser considerada como la fórmula que resume la acción del partido. Los comités obreros y campesinos son órganos de unidad de la clase trabajadora movilizada ya sea para una lucha de carácter inmediato como para acciones políticas de más largo alcance. La consigna de la creación de comités obreros y campesinos es, pues, una consigna de inmediata realización en todos aquellos casos en que el partido, con su acción, logra movilizar un sector bastante amplio de la clase trabajadora (más de una sola fábrica, más de una sola categoría en una localidad), pero es al mismo tiempo una solución política y una consigna agitativa que se adapta a todo un período de la vida y de la acción del partido. Da un carácter evidente y concreto a la necesidad en que se ven los trabajadores de organizar sus fuerzas, mientras las opone, en la práctica, a las de todos los grupos de origen y de naturaleza burguesa, a fin de poder convertirse en el elemento determinante y preponderante de la situación política.

42. La táctica del frente único, como acción política (maniobra) destinada a desenmascarar a los partidos y grupos que se autotitulan proletarios y revolucionarios y poseen una base de masas, está estrechamente ligada al problema de la dirección de las masas por parte del partido comunista y al problema de la conquista de la mayoría. En la forma en que ha sido definida por los congresos mundiales es aplicable en todos aquellos casos en que, en virtud de la adhesión de las masas a los grupos que combatimos, el enfrentamiento directo con estos últimos no nos permite obtener resultados rápidos y profundos. El éxito de esta táctica supone, previa o simultáneamente, un esfuerzo real de unificación y de movilización de las masas, esfuerzo desplegado por el partido mediante una acción que arranca de la base.

En Italia, el partido no debe renunciar a la táctica del frente único, teniendo en cuenta que aún está lejos de haber conquistado una influencia decisiva sobre la mayoría de la clase obrera y de la población trabajadora. Las particulares condiciones italianas aseguran la vitalidad de formaciones políticas intermedias, basadas en el equívoco y favorecidas por la pasividad de una parte de la masa (maximalistas, republicanos, unitarios). Una formación de este tipo será el grupo centrista que surgirá muy probablemente de las ruinas de Aventino. Para descartar por completo el peligro que representan estas formaciones, no hay otra posibilidad que la táctica del frente único. Pero no podemos anticipar un éxito sino en función del trabajo que simultáneamente desarrollemos para sacar a las masas de su pasividad.

42 bis. El problema del partido maximalista debe ser asimilado al de todas las demás formaciones intermedias que combate el partido comunista, como obstáculos a la preparación revolucionaria del proletariado: formaciones hacia las cuales adopta, teniendo en cuenta las circunstancias, la táctica del frente único. Es evidente que en algunas zonas, el problema de la conquista de la mayoría está ligado para nosotros específicamente al problema de la destrucción de la influencia del PSI y de su periódico. Por lo demás, los dirigentes del partido socialista se ubican cada vez más del lado de las fuerzas contrarrevolucionarias y brindan su apoyo al orden capitalista (campaña por la intervención del capital norteamericano; solidaridad de hecho con los dirigentes sindicales reformistas). Nada permite excluir por completo la posibilidad de su eventual acercamiento a los reformistas y, consiguientemente, su fusión con ellos. El partido comunista debe tener presente esta posibilidad y debe prepararse desde ahora a lograr que, si se produjera, las masas que aún controlan los maximalistas pero que han conservado su espíritu clasista, se desprendan resueltamente de ellos ligándose lo más estrechamente posible con las masas que agrupa la vanguardia comunista. Los buenos resultados de la fusión con la fracción de la III Internacional, decidida por el V congreso, han enseñado al partido italiano que, en determinadas condiciones, es posible obtener, mediante una acción política acertada, resultados a los que nunca se llegaría con la actividad corriente de propaganda y organización.

43. Mientras agita su programa de reivindicaciones clasistas inmediatas y concentra su actividad en la obtención de la movilización y unificación de las fuerzas obreras y trabajadoras, el partido puede presentar, con el fin de favorecer el desarrollo de su propia acción, soluciones intermedias sobre ciertos problemas de política general, difundiéndolos entre las masas que aún los adhieren a partidos y formaciones contrarrevolucionarias. Esta presentación y agitación de soluciones intermedias --tan alejadas de las consignas partidarias como del programa de inercia y pasividad de los grupos que queremos combatir-- permite reagrupar tras el partido a un mayor número de fuerzas, poner en contradicción las palabras de los dirigentes de los partidos de masas contrarrevolucionarios con sus intenciones reales, impulsar a las masas a soluciones revolucionarias y ampliar nuestra influencia (ejemplo: "antiparlamento" ). No se pueden prever todas estas soluciones intermedias, pues, en cada circunstancia, ellas deben ajustarse a la realidad. Pero deben ser de tal índole que puedan conectarse con las consignas del partido, y siempre debe ser evidente para las masas que su eventual realización conduciría a una aceleración del proceso revolucionario y a una radicalización de las luchas.

La presentación y agitación de estas soluciones intermedias es la forma específica de lucha que hay que utilizar contra los autotitulados partidos democráticos que son, en realidad, uno de los pilares más firmes del orden capitalista vacilante y como tales comparten el poder, alternativamente, con los grupos reaccionarios, cuando estos partidos están ligados a estratos importantes y decisivos de la población trabajadora (como en Italia en los primeros meses de la crisis Matteotti) y cuando es inminente y grave un peligro reaccionario (táctica adoptada por los bolcheviques respecto a Kerensky durante el golpe de Kornilov). En estos casos el partido comunista obtiene los mejores resultados agitando las mismas soluciones que correspondería adoptar a los supuestos partidos democráticos si éstos supiesen librar una lucha consecuente por la democracia, con todos los medios que la situación requiere. Ante la prueba de los hechos, estos partidos se desenmascaran ante las masas y pierden su influencia sobre ellas.

44. Todas las formas particulares de agitación que pone en práctica el partido y la actividad que despliega en cada dirección para movilizar y unificar a las fuerzas de la clase trabajadora, deben convergir y condensarse en una fórmula política de fácil comprensión para las masas, y que posea el máximo valor de agitación respecto a ellas. Esta fórmula es la del "gobierno obrero y campesino". Indica incluso a las masas más atrasadas la necesidad de la conquista del poder para la solución de los problemas vitales que le interesan y permite conducirlas al terreno propio de la vanguardia proletaria más evolucionarla (lucha por la dictadura del proletariado).

En este sentido es una fórmula de agitación, pero no corresponde a una fase real de desarrollo histórico sino al modo de las soluciones intermedias evocadas en la tesis precedente. Para el partido, en efecto, su realización no puede ser sino el preludio de una lucha revolucionaria directa, es decir, de la guerra civil emprendida por el proletariado aliado a los campesinos, para la toma del poder. El partido arriesgaría exponerse a graves desviaciones en su misión de guía de la revolución si interpretara que el gobierno obrero y campesino corresponde a una fase real de desarrollo de la lucha por el poder, es decir, si considerase que esta consigna indica la posibilidad de que el problema del estado se resuelva en interés de la clase obrera en una forma que no sea la de la dictadura del proletariado.

Lyon, enero de 1926

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