INTERVENCION EN LA COMISION POLITICA PREPARATORIA DEL III CONGRESO DEL PARTITO COMUNISTA D'ITALIA [77]

77 El texto aquí seleccionado y traducido es aproximadamente la mitad del acta de la reunión. Es evidente que el acta no es taquigráfica. Parece redactada por Gramsci o, más probablemente, por Togliatti. El texto recogido es la única intervención larga de Gramsci en la reunión. De los cuatro seudónimos, Ercoli es Togliatti, Rienzi es Tasca, Morelli es Scoccimarro. Ignoramos quiénes eran Massimo y los representantes de federaciones regionales.

En la reunión anunció Bordiga que la izquierda presentaría al Congreso tesis políticas distintas de las de la central o mayoría (gramsciana) de la dirección. Bordiga y Gramsci ignoran casi completamente en sus intervenciones a la derecha, manifiestamente anulada ya antes del Congreso. La reunión fecha la ruptura definitiva entre lo que Togliatti ha llamado "el núcleo dirigente del P.C.I.", encabezado por Gramsci y luego por él mismo, y el extremismo bordiguiano que Lenin había criticado en su libro sobre el tema. La reunión había sido precedida por numerosas actividades de Gramsci, Togliatti y los demás miembros del grupo de L.O.N., a los que se iba sumando el antes extremista Ruggiero Grieco, en preparación del III Congreso del partido. En agosto Gramsci había tenido una última discusión larga con Bordiga en Nápoles, residencia de éste y centro del extremismo italiano. La I.C. había dictado una resolución que ordenaba disolver (por fraccional) el comité de enlace de la izquierda. Y en septiembre Gramsci había terminado con Togliatti (del cual es probablemente la redacción definitiva) las tesis políticas para el III Congreso del P.C.d'I.

En este Congreso (Lyón, 20-26 de enero de 1926) las tesis de la mayoría ordinovista de la dirección obtuvieron el 90,8 por 100 de los votos presentes. La izquierda obtuvo el 9,2 por 100. La derecha no presentó tesis propias. Se computó un 18,9 por 100 de ausentes y no consultados. El nuevo comité ejecutivo era íntegramente internacionalista, sin un solo miembro de la derecha ni de la izquierda: Gramsci, Togliatti, Scoccimarro, Camilla Ravera, Ravazzoli, Terracini y Grieco. Gramsci fue elegido secretario general y Togliatti representante del P.C.d'I. en el C.E. de la I.C. Togliatti salió en marzo para Moscú. Gramsci volvió a Roma y fue detenido en noviembre,

[Finales de 1925; C. M., año 1, núms. 5-6; 302-308]

Asisten: Gramsci, Bordiga, Ercoli, Rienzi, Morelli, Massimo, Nápoles F. (no delegado al Congreso), Calabria, Turín 1, Turín 2, Milán, Emilia, Roma, Sicilia, Nápoles, Véneto.

Presidente: Milán; secretario: Ercoli.

Tras un breve intercambio de ideas acerca del orden de los trabajos se decide que antes del examen analítico del proyecto de tesis presentado por la Central se proceda a una discusión general acerca de los principios en que las tesis se inspiran.

Gramsci. --Expone brevemente los principios generales en los que se basa el proyecto de tesis presentado por la Central del partido al Congreso. Adelanta una justificación histórica del valor que tiene el trabajo de "bolchevización" de los partidos del proletariado, empezado después del V Congreso mundial y del Ejecutivo ampliado de abril de 1925. Hay una analogía fundamental entre el trabajo de "bolchevización" que hoy se está realizando y la acción ejercida por Carlos Marx en el movimiento obrero. Se trata, hoy como entonces, de luchar contra toda desviación de la doctrina y de la práctica de la lucha de clase revolucionaria, y la lucha se desarrolla en el campo ideológico, en el organizativo y en el que se refiere a la táctica y a la estrategia del partido del proletariado. Pero en nuestro partido la discusión más amplia se ha tenido en el plano organizativo: eso se explica porque hoy es ése el plano en el cual las consecuencias de las diversas posiciones ideológicas y tácticas parecen inmediatamente evidentes a todos los camaradas, incluso a los menos preparados para una discusión puramente teórica.

Todos los puntos de desacuerdo que existen entre la Central del partido y la extrema izquierda pueden reunirse alrededor de tres problemas fundamentales:

1. El problema de las relaciones entre el Centro dirigente del partido y la masa de los camaradas inscritos en él;

2. El problema de las relaciones entre el Centro dirigente y la clase obrera;

3. El problema de las relaciones entre la clase obrera y las demás clases anticapitalistas.

Todas esas relaciones deben establecerse de un modo exacto si se quiere llegar a la conclusión histórica de la dictadura del proletariado. Pues para llegar a esa conclusión es necesario que la clase obrera se convierta en clase dirigente de la lucha anticapitalista, que el Partido Comunista dirija a la clase obrera en esa lucha, y que esté construido internamente de tal modo que pueda cumplir ésa su función fundamental. Cada uno de los tres problemas indicados se relaciona, pues, con el problema fundamental de la realización de la tarea revolucionaria del Partido Comunista.

Con los dos primeros problemas se vincula la cuestión de la naturaleza del partido y de los órganos que los dirigen. Consideramos que al definir el partido es hoy necesario subrayar el hecho de que es una "parte" de la clase obrera, mientras que la extrema izquierda descuida y subestima este lado de la definición del partido, para dar, en cambio, importancia fundamental al hecho de que el partido es un "órgano" de la clase obrera. Nuestra posición deriva del hecho de que consideramos que hay que dar el mayor relieve a la circunstancia de que el partido está unido a la clase obrera no sólo por vínculos ideológicos, sino también por lazos de carácter "físico". Y esto está en estrecha relación con las tareas que deben atribuirse al partido respecto de la clase obrera.

Según la extrema izquierda, el proceso de formación del partido es un proceso "sintético"; para nosotros es, en cambio, un proceso de carácter histórico y político, estrechamente ligado con todo el desarrollo de la sociedad capitalista. La diversa concepción lleva a determinar de modo diverso la función y las tareas del partido. Todo el trabajo que el partido debe realizar para elevar el nivel político de las masas, para convencerlas y llevarlas al terreno de la lucha de clase revolucionaria, queda subestimado y obstaculizado por la errada concepción de la extrema izquierda, por la separación inicial que produce entre el partido y la clase obrera.

La equivocada concepción que tiene la extrema izquierda de la naturaleza del partido tiene innegablemente un carácter de clase. No ya que, como ocurrió en el Partido Socialista, se tienda a dar el predominio en la organización política del proletariado a la influencia de otras clases, sino en el sentido de que se da una estimación equivocada del peso que deben tener en el partido los diversos elementos que lo componen. La concepción de la extrema izquierda, que pone en el mismo plano a los obreros y a los elementos que proceden de otras clases sociales y no se preocupa de salvaguardar el carácter proletario del partido, corresponde a una situación en la cual los intelectuales eran los elementos política y socialmente más avanzados, y estaban, por tanto, destinados a ser los organizadores de la clase obrera. Hoy, según afirmamos nosotros, los organizadores de la clase obrera deben ser los obreros mismos. Por tanto, al definir el partido hay que subrayar particularmente la parte de la definición que da importancia a la intimidad de las relaciones que existen entre el partido y la clase de la cual surge.

Este problema de naturaleza teórica ha dado pie a la discusión sobre la organización por "células", o sea, según la base de la producción. Este ha sido incluso el punto tocado por el mayor número de camaradas en la discusión preparatoria del Congreso. Todos los argumentos de carácter práctico que hacen útil e indispensable la transformación de las organizaciones del partido sobre la base de las células han sido, pues, ampliamente expuestos, y los camaradas los conocen. La extrema izquierda presenta objeciones, las principales de las cuales consisten en una sobrestimación del problema que estriba en superar la concurrencia entre diversas categorías obreras, o sea, el problema de la unificación clasista del proletariado. Es verdad que existe ese problema, pero es un error hacer de él un problema fundamental que haya de determinar la forma que el partido dé a su organización. Además, ese problema ha encontrado ya en Italia una resolución en el terreno sindical, y la experiencia ha demostrado que la organización por fábricas permite luchar con la mayor eficacia contra todo residuo de corporativismo y de espíritu de categoría. En realidad, si el problema que la extrema izquierda parece presentar como fundamental y que determina sus preocupaciones fuera de verdad un problema esencial en el actual período histórico en Italia, entonces realmente los intelectuales estarían organizativamente en la vanguardia del movimiento revolucionario. Pero no es así.

Otra cuestión fundamental es la de las relaciones que deben establecerse entre la clase obrera y las demás clases anticapitalistas. Este es un problema que no puede ser resuelto sino por el partido de la clase obrera mediante su política.

En ningún país puede el proletariado conquistar y conservar el poder con sus solas fuerzas; por tanto, tiene que conseguir aliados, o sea, tiene que llevar a cabo una política que le permita ponerse en cabeza de las demás clases que tienen intereses anticapitalistas y guiarlas en la lucha por derribar la sociedad burguesa. La cuestión es de particular importancia en Italia, donde el proletariado es una minoría de la población trabajadora y está distribuido geográficamente de tal modo que no puede pensar en llevar adelante una lucha victoriosa por el poder sino después de haber dado una solución exacta al problema de sus relaciones con la clase de los campesinos. En el próximo futuro nuestro partido tendrá que dedicarse de un modo particular al planteamiento y la resolución de este problema. Por lo demás, existe una reciprocidad entre el problema de la alianza de obreros y campesinos y los problemas de la organización de la clase obrera y del partido; estos últimos se resolverán más fácilmente si el primero se encuentra en vías de solución.

El problema de la alianza entre los obreros y los campesinos ha sido ya planteado por la Central del partido, pero no puede decirse que todos los camaradas hayan comprendido bien sus términos y tengan la capacidad de trabajar por su resolución, especialmente en las zonas en que habría que trabajar más y mejor, o sea, en el sur. Así, por ejemplo, la extrema izquierda critica toda la acción que la Central ha desarrollado con Miglioli, dirigente de la izquierda campesina del Partito Popolare. Esas críticas demuestran que la extrema izquierda no entiende los términos ni la importancia del problema de las relaciones entre el proletariado y las demás clases anticapitalistas. La acción desarrollada por el partido con Miglioli se ha realizado, precisamente, con la finalidad de abrir camino a la alianza entre los obreros y los campesinos para la lucha contra el capitalismo y contra el Estado burgués. En el mismo plano se sitúa la cuestión del Vaticano como fuerza política contrarrevolucionaria. La base social del Vaticano se encuentra precisamente en los campesinos, considerados siempre por los clericales como el ejército de reserva de la reacción, por lo que se han esforzado siempre por mantenerlos bajo su control. La realización de la alianza de obreros y campesinos contra el capitalismo supone la destrucción de la influencia del Vaticano sobre los campesinos de la Italia central y septentrional sobre todo. La táctica seguida por el partido con Miglioli tiende precisamente a eso.

El problema de las relaciones entre el proletariado y las demás clases anticapitalistas no es más que uno de los problemas de la táctica y de la estrategia del partido. También sobre otros puntos existe un desacuerdo profundo entre la Central y la extrema izquierda. La Central estima que la táctica del partido debe determinarse por la situación y por el propósito de conquistar una influencia decisiva en la mayoría de la clase obrera, para poderla guiar realmente a la revolución. La extrema izquierda, en cambio, sostiene que la táctica tiene que determinarse por preocupaciones de naturaleza formal, y que el partido no debe plantearse en todo momento el problema de la conquista de la mayoría, sino limitarse durante largos períodos a una simple acción de propaganda de sus principios políticos generales.

El mejor ejemplo de la naturaleza y la amplitud del desacuerdo se tiene en la táctica seguida por el partido tras el delito Matteotti, y en las críticas que la extrema izquierda dirige a esa táctica. Es un hecho que en un primer momento, o sea, inmediatamente después del asesinato de Matteotti, la oposición constitucional era el factor dominante de la situación, y que su fuerza procedía esencialmente de la clase obrera y de los campesinos. Por tanto, era en sustancia la clase obrera la que se encontraba en una posición equivocada y se movía sin tener conciencia de su propia función y de la posición política que le correspondía en el cuadro de las fuerzas en pugna. Era necesario hacer cobrar a la clase obrera conciencia de su función y de su posición. ¿Qué actitud había de tomar con ese objeto nuestro partido? ¿Habría bastado con lanzar consignas de propaganda y con realizar una campaña de crítica ideológica y política contra el fascismo y contra la oposición constitucional (Aventino)? No, eso no habría sido suficiente. La propaganda y la crítica política que se realizan en los órganos del partido tienen un ámbito de influencia muy restringido: no llegan mucho más allá de la masa de los inscritos. Era necesario llevar a cabo una acción política, y esa acción política tenía que ser distinta respecto del fascismo y respecto de la oposición. De hecho, la misma extrema izquierda afirma que los factores de la situación en aquel momento eran tres: el fascismo, la oposición y el proletariado. Eso quiere decir que teníamos que hacer una distinción entre los dos primeros, y plantearnos --no sólo teóricamente, sino también prácticamente-- el problema de disgregar socialmente, y luego políticamente, la oposición, para arrebatarle la base que tenía en las masas. Con este objetivo se emprendió la acción política del partido respecto de la oposición. Es un hecho que para el proletariado y para nosotros en aquel momento existía un problema fundamental: derribar el fascismo. Las masas seguían en grandísima parte a la oposición precisamente porque querían derribar el fascismo con el método que fuera. Y, en realidad, no hay que negar que si el Gobierno Mussolini hubiera caído, cualquiera que fuera el medio con que se le derribara, se habría abierto en Italia una crisis política bastante profunda cuyos desarrollos no habría podido nadie prever ni frenar. Pero la oposición lo sabía también perfectamente, y por eso excluyó desde el primer momento "un" modo de derribar al fascismo, que era el único posible, a saber, la movilización y la lucha de masas. Excluyendo ese único modo posible de derribar el fascismo, la oposición sostuvo en realidad al fascismo, fue el puntal más eficaz del régimen en disolución. Pues bien, nosotros, con la acción política orientada a la oposición (salida del Parlamento, participación en la asamblea de la oposición, nacida de ella), conseguimos probar a las masas ese hecho, cosa que no se habría conseguido de ningún modo con una simple actividad de propaganda, de crítica, etc. Nosotros estimamos que la táctica del partido debe tener siempre el carácter que tuvo entonces nuestra táctica: el partido tiene que llevar a las masas los problemas de un modo real y político, si es que quiere obtener resultados.

El problema de la conquista de una influencia decisiva en la mayoría de la clase obrera y el de la alianza entre los obreros y los campesinos están estrechamente relacionados con el problema militar de la revolución, que hoy se nos plantea de un modo muy particular, dada la ordenación de las fuerzas armadas que tiene la burguesía italiana a su servicio. Ante todo, hay un ejército nacional extremadamente reducido y en el que existe un enorme porcentaje de oficiales para controlar la masa de los soldados. En la mejor de las hipótesis, y de acuerdo con lo que es posible prever, el ejército podría mantenerse neutral. Pero, además del ejército, están los cuerpos armados, numerosísimos (policía, carabineri, Milizia nazionale) y muy difícilmente influibles por el proletariado. En conclusión: de 600.000 hombres armados que la burguesía tiene a su servicio, 400.000 por lo menos son inconquistables para la política de la clase obrera. La correlación de fuerzas existente entre el proletariado y la burguesía no puede, por tanto, alterarse sino mediante una lucha política que lleve a cabo el partido de la clase obrera y que le lleve a vincularse con la mayoría de la población trabajadora y a dirigirla. La concepción táctica de la izquierda es un obstáculo para la realización de este deber.

Todos los problemas que se han presentado en la discusión entre la Central y la extrema izquierda están relacionados con la situación internacional y con los problemas de la organización internacional del proletariado, o sea, de la Internacional comunista. La extrema izquierda asume en este terreno una actitud singular, parcialmente análoga a la de los maximalistas, porque considera a la Internacional comunista como una mera organización de hecho a la que se opone la "verdadera" Internacional, que todavía habría que crear. Este modo de presentar las cuestiones contiene ya en sí potencialmente un problema de escisión. Las actitudes tomadas por la extrema izquierda en Italia antes y después de la discusión preparatoria del Congreso (fraccionismo) han dado, por lo demás, la prueba de ello.

Hay que examinar cuál es la situación de nuestro partido como organismo internacional. En 1921 nuestro partido se constituyó en el terreno indicado por las tesis y las resoluciones de los dos primeros Congresos de la Internacional comunista. ¿Quién se ha separado de esas tesis para tomar una posición en pugna con la de la Internacional? No la Central del partido --que es hoy fundamentalmente la misma que fue elegida en los Congresos de Livorno y de Roma--, sino un grupo de dirigentes del partido, los que constituyen la tendencia de extrema izquierda. La posición de este grupo es errada, y el partido, oponiéndose a ella y condenándola, no hace sino continuar su tradición política.

La amplitud de la discusión ya hecha y que aún se deberá hacer en el Congreso con los camaradas de extrema izquierda se debe al hecho de que estos camaradas, para individualizarse en el partido como fracción, han sentido la necesidad de diferenciarse a propósito de todos los problemas que podían ponerse en discusión, realizando al mismo tiempo una acción que habría podido llevar a la disgregación de la base del partido. Esa acción tendrá que ser condenada por el Congreso, y excluida su misma posibilidad para el futuro.

La discusión que se desarrollará en este Congreso tiene una importancia enorme porque afecta a todos los problemas de la revolución italiana e interesa, por tanto, profundamente al desarrollo de nuestro partido. Las decisiones que se tomen en él caracterizarán la actividad del partido durante todo un período histórico. Por tanto, es necesario que cada camarada tenga conciencia de la responsabilidad proletaria y revolucionaria que cae sobre él.

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