CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 1-VI-1925; 2000 II; 73-74]

Carissima,

he recibido tu carta del 10-21-V y no se si has recibido dos cartas mías ya mandadas. Creo que ha habido un poco de desorden y confusión en este período, tanto para ti cuanto para mí, en la distribución de la correspondencia.

La vida discurre por ahora tranquila en apariencia para mí, o sea, no se producen grandes escenas dramáticas. Pero los acontecimientos se desarrollan implacablemente y hay que fijar en ellos toda la atención para seguirlos, comprenderlos e intentar guiarlos. Las fuerzas sociales eficaces del país se alinean cada vez más o con los fascistas o con nosotros; los partidos intermedios mueren lentamente. La crisis les afecta a todos. Ya en algunos círculos de intelectuales, donde parecía que no podíamos penetrar de ninguna manera, empiezan a oírse voces que piden el frente único con los obreros revolucionarios. Se acentúan nuestros progresos en la organización de la clase obrera. Y así nos acercamos a una serie de puntos resolutivos: 1ero. la amenaza de los reformistas, que no quieren permitirnos la demostración pública de que somos el partido obrero relativamente más fuerte y esgrimen la escisión sindical; 2do. la amenaza de los fascistas de rompemos los huesos por la mismísima razón; 3ero. un trabajo interno de la extrema izquierda del partido para crear el fraccionismo [76]. Somos demasiado fuertes para no tener iniciativas que llevan al descubrimiento de nuestras fuerzas, y somos demasiado débiles para poder aceptar un choque pleno.

76- El mismo día 1 de junio de 1925 en que está fechada esta carta varios miembros del ala izquierda del P.C.d'I. dirigían una carta al órgano del partido, L'Unitá, anunciando la constitución de un comité de enlace de la izquierda del partido. Esta acción, dirigida por Bordiga, obedecía a la inminencia del III Congreso del P.C.d’I., en el que se planteó definitivamente la batalla política entre el grupo internacionalista y la izquierda.

Por eso la tranquilidad aparente está tejida de ansias y tensiones continuas. Y yo estoy solo, cara... Siento mi soledad más que cualquier otra cosa, incluso por causa de la organización ilegal del P., la cual impone un trabajo individual independiente. Intento escaparme de este desierto puramente político yendo a menudo a casa de Tatiana, que me hace pensar en ti. Todas las escenas que se me presentan a los ojos en el mundo que me rodea me recuerdan a ti y a Delio, y me hacen sentir más agudamente mi infelicidad. Por otra parte, no puedo lanzarme al trabajo de P. como sería necesario y como yo quisiera. El calor que empieza a notarse me agota los nervios y me ha devuelto el insomnio crónico. Pero no importa... Todo pasará, porque estoy seguro de que vendrás a Italia y de que todas nuestras fuerzas podrán expansionarse con el desarrollo de la vida de Delio. Te abrazo fuerte, fuerte, cara, junto con nuestro hijo,

Gr.

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