CARTA A JULIA SCHUCHT

[Roma, 25-V-1925; 2000 II; 72-73]

Carissima,

he encontrado la carta que te escribí al volver a Italia. Ya no te la mando, porque ha perdido toda significación para mí. No era más que un pequeño informe sin color de los pequeños contratiempos que tuve; nada importante. Pero me secuestraron en la frontera tu traducción del discurso de Stalin, prometiéndome devolución tras examen. No creo que me la devuelvan.

El trabajo sigue adelante, muy desordenado e inconexo. Esto se refleja en mi estado de ánimo, ya bastante desordenado. Las dificultades se multiplican: ahora tenemos una ley sobre (contra) las organizaciones, prólogo a todo un trabajo policíaco sistemático para disgregar nuestro partido. He debutado en el Parlamento a propósito de esta ley. Los fascistas me han concedido un trato de favor, y, por tanto, desde el punto de vista revolucionario, empiezo con un fracaso. Como tengo la voz débil, se han reunido a mi alrededor para escucharme y me han dejado decir lo que he querido, interrumpiéndome constantemente sólo para desviarme el hilo del discurso, pero sin voluntad de sabotaje. Me ha divertido escuchar lo que decían, pero no he sabido abstenerme de contestar, y así les he favorecido el juego, porque, cansándome, no conseguía ya seguir el planteamiento que pensaba dar a mi intervención.

En esta situación siento todavía más tu falta y la de Delio. Me parece que soy un resto de naufragio a merced de las olas. Ahora veo más plásticamente dificultades que antes sólo intuía intelectualmente, y siento desesperadamente mi insuficiencia. Tus noticias y las de Delio me consuelan, pero me aumentan también la perturbación general. No quiero esconderte nada de mis sentimientos, pero, al mismo tiempo, no consigo decir todo lo que querría.

Tatiana está bien, mejor que cuando salí. Me ha dicho que se propone conseguir que vengas a Italia con Delio y con Genia [75]. Yo carezco de voluntad sobre este punto, porque el mero pensarlo y estudiar sus dificultades me cansa mucho. Siento que te quiero tanto y más que antes, desde luego, porque te puedo pensar como madre y te puedo ver concretamente con nuestro hijo.

Te abrazo fuerte, fuerte, cara,

Gr.

75 Eugenia, la primera de las hermanas Schucht que Gramsci conoció, enferma, en el sanatorio de Serebriani Bor, durante su primera estancia en la U.R.S.S. Julia acudió efectivamente a Italia. Llegó a Roma, con Delio y Eugenia, en octubre de 1925. Y volvió encinta del segundo hijo, a la U. R. S: S., el 7 de agosto de 1926. Delio se quedó aún en Italia con el padre durante el mes de agosto de 1926. Gramsci pasó con Delio unos días en Trafòi (Bolzano). No volvió a ver Julia Schucht ni a Delio, ni conoció a su segundo hijo, Giuliano, que nació en la Unión Soviética el 30 de agosto de 1926.

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