CARTA A MAURO SCOCCIMARRO

[Viena, 5-I-1924; 2000 I 654-658]

Querido Negri [37]:

He recibido tu carta del 25-XII y la carta de Palmi del 29 del mismo mes. Contesto a los dos a la vez. Comunica a Palmi esta carta y, de ser posible, también a Lanzi y a Ferri.

37 "Negri" es Mauro Scoccimarro; "Palmi" es Palmiro Togliatti; "Lanzi" es Pietro Tresso; "Ferri" es Alfonso Leonetti.

Te diré sintéticamente por qué insisto en considerar imposible que yo firme el manifiesto [38 (ver al final de la carta)], incluso después de leer la segunda redacción. Para el manifiesto no existen ni el Ejecutivo ampliado de febrero del 22, ni el de junio del 22; ni el IV Congreso, ni el Ejecutivo de junio del 22. Para el manifiesto la historia termina en el III Congreso, al cual hay que retornar para seguir adelante [39: Ejecutivos y Congresos de la I. C.]. Todo eso puede ser plausible como opinión personal de un camarada suelto, y como expresión también de un grupo reducido; pero es simplemente de locos como orientación de una fracción mayoritaria que ha administrado el partido desde el III Congreso y que sigue administrándolo. Es de locos y absurdo porque, en todos los ejecutivos ampliados y en el IV Congreso, los representantes de la mayoría han pronunciado siempre las más amplias declaraciones en favor del centralismo, del partido único internacional, etc. En el Congreso de Roma [40 (ver al final de la carta)] se declaró que las tesis sobre la táctica se votarían a título consultivo, pero que, tras la discusión del IV Congreso, se anularían para no hablar más de ellas. En la primera mitad de marzo de 1922, el Ejecutivo del Komintern ha publicado un comunicado especial en el cual se refutan y rechazan las tesis del partido sobre la táctica, y un artículo del Estatuto de la Internacional dice que toda resolución del Ejecutivo es ley para las diversas secciones. Esto sea dicho por lo que hace al aspecto formal y jurídico de la cuestión, aspecto que tiene su importancia. En realidad, tras la publicación de ese manifiesto, la mayoría podría ser completamente descalificada y hasta expulsada del Komintern. Yo creo que se llegaría a la expulsión si no fuera por la situación política de Italia. A tenor de la concepción del partido que se implica en el mismo manifiesto, la expulsión debería ser taxativa. Si una federación nuestra hiciera sólo la mitad de lo que la mayoría del partido quiere hacer con el Komintern, su disolución sería inmediata. No quiero parecer un perfecto payaso firmando el manifiesto.

Pero tampoco estoy de acuerdo con la sustancia del mismo. Yo tengo otro concepto del partido, de su función, de las relaciones que deben fundarse entre el partido y las masas sin partido, entre el partido y la población en general. No creo en absoluto que esté equivocada la táctica desarrollada por los ejecutivos ampliados y por el IV Congreso. Ni en el planteamiento general ni en los detalles importantes. Creo que lo mismo opináis tú y Palmi, y por eso no puedo entender la ligereza con que os embarcáis en una barca tan peligrosa. Me parece que os encontráis en el mismo estado de ánimo en que me encontré yo en el período del Congreso de Roma. Tal vez porque mientras tanto he estado lejos del trabajo interno de partido, se me ha disipado ese estado de ánimo; en realidad se me ha disipado también por otras razones. Y una de las más importantes es ésta: no se puede de ninguna manera llegar a compromisos con Amadeo [41 Bordiga.]. Es una personalidad demasiado vigorosa y tiene una convicción tan profunda de poseer la verdad que resulta absurdo pensar en neutralizarle con un compromiso. El seguirá luchando y a cada oportunidad presentará siempre intactas sus tesis.

Creo que Palmi se equivoca al pensar que el momento no es propicio para empezar una acción nuestra independiente y suscitar una formación nueva cuyo carácter de centro sería sólo "territorial". Es innegable que la concepción hasta ahora oficial de la función del partido ha llevado a que todo cristalizara en las discusiones de organización, y, por tanto, a una verdadera pasividad política. En vez del centralismo, lo que se ha obtenido es un morboso movimiento minoritario, y si se habla con los camaradas emigrados se tiene la impresión de que para ellos el partido es en realidad muy poca cosa, y que estarían dispuestos a dar muy poco por él. La experiencia de la Escuela de Petrogrado es muy indicativa [42]. En realidad, he llegado a convencerme de que la fuerza mayor que sostiene al partido es el prestigio y la idealidad de la Internacional, y no los vínculos que haya podido producir la acción específica del partido, y precisamente en este terreno hemos posibilitado que se formara una minoría: se ha permitido que la minoría pueda honrarse con la calificación de verdadera representación de la Internacional en Italia.

[42] Escuela para comunistas exiliados. Contaba con dos secciones, una teórica y otra de preparación para la lucha antifascista.

Hoy precisamente, hoy que se ha decidido llevar la discusión a las masas, hay que adoptar una posición definitiva y perfilarla exactamente. Mientras las discusiones discurrían en un círculo reducidísimo y se trataba de organizar a cinco, seis o diez personas en un organismo homogéneo, era todavía posible --aunque ni siquiera entonces fuera totalmente justo-- llegar a compromisos individuales y descuidar ciertas cuestiones que no tenían actualidad inmediata. Pero hoy se va a las masas, se discute, se determinan formaciones de masa que tendrán vida propia, y no sólo de pocas horas. Pues bien, es necesario que ese hecho se produzca sin equívocos, sin sobrentendidos, que esas formaciones tengan organicidad y puedan desarrollarse y convertirse en la totalidad del partido. Por eso no firmaré el manifiesto. No sé aún exactamente qué hacer. No es la primera vez que me encuentro en estas condiciones, y Palmi recordará que en agosto de 1920 me separé también de él y de Umberto [43].

43 Terracini. En agosto de 1920 Gramsci, con un grupo de "Educación comunista", se había puesto al margen de la discusión entre los "abstencionistas" bordiguianos y el núcleo de L.0.N. en el seno de la sección turinesa del P.S.I.; explicó su actitud por la negativa a admitir como criterio de distinción entre tendencias el aprovechamiento de las elecciones parlamentarias o su recusación.

Era yo entonces el que prefería mantener relaciones con la izquierda más que con la derecha, mientras que Palmi y Umberto habían enlazado con Tasca, el cual se había separado de nosotros desde enero. Hoy parece que las cosas ocurran al revés. Pero en realidad la situación es muy diferente, y del mismo modo que entonces, dentro del Partido Socialista, había que apoyarse en los abstencionistas si se quería crear el núcleo fundamental del futuro partido, así hoy hay que luchar contra los extremistas si se quiere que el partido se desarrolle y deje de ser una mera fracción externa del Partido Socialista. En realidad, los dos extremismos, el de derecha y el de izquierda, al encapsular al partido en la discusión única y exclusiva de las relaciones con el Partido Socialista, lo han reducido a una función secundaria. Probablemente me quede solo. Como miembro del Comité Central del Partido y del Ejecutivo del Komintern, escribiré un informe en el cual combatiré contra los unos y contra los otros, acusando a los unos y a los otros de esa misma culpa y obteniendo de la doctrina y de la táctica del Komintern un programa de acción para el futuro de nuestra actividad. Eso es lo que quería decir. Os aseguro que ningún razonamiento vuestro conseguirá que me retire de esa posición. Como es natural, quiero seguir colaborando estrechamente con vosotros, y creo que la experiencia de estos años nos habrá servido a todos, al menos, para enseñarnos que dentro del partido se pueden tener opiniones diferentes y seguir, de todos modos, trabajando juntos con la máxima confianza recíproca.

Pide a los camaradas que están a tu alcance que aceleren el envío de los artículos que les he pedido. Palmi debería hacerme inmediatamente una "Batalla de las ideas" de tres columnas por lo menos (toda la página última). No sé qué libro o serie de libros u otras publicaciones indicarle. Podría hacer una crítica del punto de vista que sostiene Gobetti en La Rivoluzione liberale, demostrando que en realidad el fascismo ha planteado en Italia un dilema muy crudo y tajante: el de la revolución permanente y la imposibilidad no ya de cambiar la forma del Estado, sino incluso, simplemente, de cambiar el Gobierno, si no es por la fuerza armada. Y podría examinar la nueva corriente nacida en el movimiento de los ex-combatientes y cristalizada en torno a la Italia Libera. Creo que el movimiento de los ex-combatientes en general, por haber sido en realidad la formación del primer partido laico de los campesinos, sobre todo de la Italia central y del sur, ha tenido una gran importancia en la inversión de la vieja estructura política italiana y en la determinación de la debilitación extrema de la hegemonía burguesa parlamentaria, por tanto también en el triunfo de la pequeña burguesía fascista reaccionaria, incoherente, pero llena de aspiraciones y sueños utópicos de palingenesia. El nacimiento del movimiento Italia Libera, ¿qué significado tiene en ese cuadro general? No lo sé, y me alegría mucho que Palmi me ilustrara también a mí al respecto.

Como es natural, Palmi habrá de ser uno de los pilares de la revista, y tendrá que mandar también artículos generales que permitan sustancialmente el renacimiento del viejo Ordine Nuovo. No he dado nunca indicaciones para la colaboración de Valle [44 Angelo Tasca.], porque creo que querrá tener vía libre. Pero dile que querría disponer de un artículo sintético suyo sobre la cuestión de la reforma Gentile de la escuela. Sintético tiene, naturalmente, una significación lógica, no métrico-decimal. El artículo podría ser de hasta cinco columnas, y dar el núcleo central de un número.

Y Lanzi, ¿qué hace? También él tiene que colaborar. Especialmente sobre la cuestión sindical. Escríbele y adviértele que deseo saber algo de su actividad y de sus opiniones sobre los hechos que ocurren.

Saludos,

Gramsci.

38 Bordiga fue detenido el 3 de febrero de 1923, a su vuelta de Moscú, donde había asistido al IV Congreso de la I.C. En este Congreso, que había insistido en la política del frente único obrero y de gobierno obrero y campesino, admitiendo explícitamente la imposibilidad de pasar, en los países capitalistas occidentales, a la dictadura proletaria de un modo directo, Bordiga se había encontrado en minoría y en discrepancia ya abierta con Gramsci. En la cárcel escribió Bordiga un manifiesto que acusaba a la I.C. de imponer una política de renuncia a la revolución. Las vicisitudes de aplicación de la política de alianzas de la I.C. en Italia favorecían la iniciativa de Bordiga: tanto por su propia oposición cuanto por la del centro socialista, inspirado por Pietro Nenni, no se habían logrado ni la fusión del P.C.d'I. con la fracción "terzinternazionalista" del P.S.I. ni siquiera el bloque entre ambas formaciones. (El "pacto de unidad de acción" entre el P.C.d'I. y el P.S.I. no se concluyó hasta 1934. Y por curiosidad histórica es oportuno recordar que lo denunció a finales de los años cincuenta el mismo dirigente socialista que lo obstaculizara en los veinte, Pietro Nenni.) Por otra parte, la derecha del P.C.d'I., inspirada por el empirismo de Tasca, concebía la política de la I.C. como liquidación del P.C.d’I. y el P.S.I. y formación de una corriente popular socialcomunista. Esta visión liquidacionista de la derecha empujaba al núcleo de "centro" --o sea, el equipo gramsciano de L.O.N.-- a coincidir con el grupo izquierdista, pese a la diferencia política cada vez más patente entre ellos. Y así Togliatti, Scoccimarro y Terracini estuvieron inicialmente dispuestos a firmar el manifiesto de Bordiga en función de lucha contra la derecha. Gramsci, en cambio, que verosímilmente tenía ya construida su visión política de la situación y había reconocido el principio de la "lucha en dos frentes", se opuso resueltamente al manifiesto por razones, como se aprecia en el texto, más generales incluso que las características momentáneas de la situación italiana, a saber, por el convencimiento de que el extremismo de Bordiga equivalía a un estéril desconocimiento del desarrollo histórico en curso, y por preservar la unidad de la I.C. El incidente del manifiesto --de larga gestación, pues hubo dos versiones de él, gracias al interés de Bordiga por arrastrar a los "ordinovistas"-- acabó de hacer cuajar en Gramsci la decisión de reconstruir la dirección del P.C.d'I sobre la base del núcleo de L.O.N. Así lo escribió explícitamente en una carta a Togliatti del 18 de mayo de 1923: "Yo creo que [...] nuestro grupo debe quedarse a la cabeza del partido, porque estamos realmente en la línea del desarrollo histórico [...]". Tras varios incidentes, el grupo de L.O.N. siguió a Gramscí, no firmó el manifiesto de Bordiga, se separó así claramente de éste y sentó las bases del nuevo núcleo dirigente del P.C.d'I.

Amadeo Bordiga, ingeniero, único todavía (1968) en vida de los tres dirigentes que más característicamente representaron las tendencias del P.C.d'I. en sus comienzos, era entonces hombre de pensamiento esquemático y mecanicista (Gramsci recordará en los Cuadernos de la cárcel la tesis bordiguiana según la cual sabiendo lo que ha comido un orador es posible prever el contenido de su discurso). Pero al mismo tiempo un carácter íntegro, tenaz, combativo y generoso de sus energías. Los hombres de L.O.N. apreciaban mucho esas características suyas, especialmente al contrastarlas con la conducta, mucho más reservada, de los dirigentes derechistas, como Tasca o Graziadei. La respetaban, además, porque Bordiga había sido el más eficaz promotor de la constitución del P.C.d'I., y hasta el símbolo del Partido durante los primeros años de éste. Gramsci, la dimensión de cuya obra --y la tragedia de cuya vida-- le presentan hoy como un gigante al lado de Bordiga, era entonces mucho menos conocido que su apreciado contrincante. Todo eso explica que aún después de la dura batalla que libró contra él desde 1923 hasta 1926 Gramsci tratara a Bordiga con amistad en el común destierro de Ponza, y explica también el que todavía en 1930, un año antes de expulsarlo, la dirección togliattiana del P.C.d'I. hiciera gestiones para "recuperar" a Bordiga (cfr. Giorgio Amendola, "Rileggendo Gramsci", Quaderni de critica marxista, núm. 3, 1967, 6). En la pugna política con Gramsci, Bordiga aparece como un hombre cuyo pensamiento apenas cuenta más que con un motivo: la rígida definición de sí mismo, el "instinto político de secesión". Ese motivo dominante posibilitó su eficaz función en la constitución del P.C.d'I. por escisión del P.S.I. Y ese mismo motivo le incapacitó para cualquier esfuerzo político que no fuera la expectativa, a la vez mística y mecanicista, de la conflagración última de la lucha de clases. Bordiga fue liberado por Mussolini de la sanción de destierro que pesaba sobre él en 1929, y mientras Gramsci se enfrentaba con su pesada condena, Bordiga no fue ya procesado. Se retiró a la vida privada, al ejercicio de su profesión de ingeniero, y rechazó la petición aludida del P.C.d'I. de que aclarara su posición en el partido y volviera a actuar en él. El IV Congreso del P.C.d'I. (marzo de 1931) se basó en la consideración de esa conducta para expulsar a Bordiga precisamente en un momento en que el partido, bajó la influencia del VI Congreso de la I.C., realizaba una política muy sectaria, la más "bordiguiana" practicada jamás por el núcleo dirigente de origen gramsciano.

40 En el II Congreso del P.C.d'I., Roma, 20-24 de marzo de 1922. Gramsci y Tasca presentaron las tesis sobre el trabajo sindical. Bordiga y Terracini presentaron las tesis sobre la táctica ("Tesis de Roma"), que se oponían a la política de frente único de la I.C. y expresaban una concepción de la situación política basada en la contraposición entre comunistas y no-comunistas. La colaboración con los socialistas se aceptaba sólo en el terreno sindical. Las tesis rechazaban al mismo tiempo la idea del gobierno de transición hacia la dictadura del proletariado ("gobierno obrero y campesino") y la política de masas ("conquista de la mayoría"), actitudes que provocarían en Moscú una dura intervención de Lenin contra Terracini, representante de los italianos. Al ponerse de manifiesto la incompatibilidad con la política de la I.C., el Congreso italiano decidió dar a sus tesis un valor meramente "consultivo". Las tesis obtuvieron 31.089 votos (4.151 en contra). Quedó confirmado el C. E. (Bordiga, Grieco, Terracini, Fortichiari). Gramsci fue designado representante del P.C.d'I en el C.E. de la I.C. Los colaboradores de Gramsci le criticaron más tarde su "pasividad" ante la política extremista en el II Congreso. Y Giansiro Ferrata, basándose en el hecho de que Gramsci pudiera esbozar en las tesis sindicales, aunque en una versión breve, su concepción de los consejos de fábrica --siempre condenada por Bordiga--, ha formulado la hipótesis de un acuerdo previo entre ambos para tolerarse recíprocamente las posiciones políticas en discrepancia, cada uno en un sector de trabajo distinto: Bordiga en la "alta política", Gramsci en la organización de la clase obrera (2.000, I, 541-542 y notas a la 4ta. parte del vol.). Gramsci mismo, como recuerda Ferrata (ibíd., 543), escribió a Togliatti desde Viena el 9 de marzo de 1924 que había hecho modificar en el Congreso las "tesis 51 y 52 sobre la táctica", por las cuales no podía pasar. Esas tesis 51 y 52, que Gramsci aducirá varias veces como ejemplo característico del optimismo verbal extremista, afirmaban en 1922 la imposibilidad de una dictadura fascista en Italia.

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