CARTA A JULIA SCHUCHT

[Viena, 16-XII-1923; 2000 II 26-27]

Carissima:

¿Qué haces? ¿En qué piensas? ¿Qué tal trabajas? Han pasado ya más de quince días desde mi marcha y todavía no sé nada de ti. En la imposibilidad en que me he encontrado de escribirte durante este tiempo he esperado en vano recibir algo de ti.

Llegué felizmente, sin encontrar ninguna dificultad. No me han registrado el equipaje ni me han cacheado en todo el trayecto. Pero no he podido legalizar aquí mi situación y no sé qué ocurrirá. Las cosas van despacio; las organizaciones funcionan con enormes pérdidas de tiempo. Hay que moverse mucho, hacer largas travesías en tranvía (la ciudad es muy extensa), perder la jornada... para volver a empezar al día siguiente. También aquí es el mundo grande y terrible; pero, para acabarlo de arreglar, está encima en poder de los burgueses. Sabes, se tiene una sensación muy desagradable al pasar de territorio proletario a territorio burgués. Y para que la sensación fuera más inmediata y más plástica he tropezado en seguida con una huelga general de funcionarios de correos, telégrafos y teléfonos. Item más: vivo en casa de una "camarada" correctamente inscrita en el Komintern, porque es la mujer de un destacado funcionario del Partido local; pero la pobre siente amarga nostalgia de su buen viejo emperador; es una hebrea convertida al catolicismo que ha abjurado también de su religión segunda para casarse con un comunista, pero después del matrimonio ha reanudado las prácticas del culto. Maldice continuamente al Partido que la obliga a tener en su casa a personas tan molestas y antipáticas como yo, que podría procurarle líos con la policía, pero conserva el carnet del Partido porque, si no, la fracción dirigida por su marido en este desgraciadísimo partido perdería el uno por ciento de sus militantes. También este "fenómeno" me ha recordado de repente viejas cosas conocidas y que me había olvidado un poco al cabo de año y medio de lejanía.

Vivo muy aislado, y así tendré que seguir durante algún tiempo. Siento tu ausencia, un gran vacío a mi alrededor. Comprendo hoy más que ayer y más que anteayer lo mucho que te quiero, y que cada día se puede querer más que el anterior. ¿Cuándo será posible que vengas a vivir y trabajar conmigo? Tal vez pronto. El Gobierno fascista ha suprimido todos nuestros periódicos legales. Se hace sentir más urgentemente la necesidad de tener en el exterior un centro periodístico que funcione con eficacia plena.

Escríbeme larga y frecuentemente, aunque yo no podré contestarte tan a menudo como querría. Mándame una dirección a la que pueda enviarte cartas directamente por correo. En el calendario comunista para 1923 falta, por desgraciada casualidad, la dirección del Raikom [33] donde trabajas. Mándame noticias de la vida rusa, escríbeme las conversaciones que teníamos en Moscú. Leo breves noticias en los periódicos, pero no sé cómo interpretarlas. He leído que el 5 de diciembre ha habido una conferencia de Partido muy importante desde el punto de vista de la organización. Mándame tus impresiones, infórmame de las discusiones y de los artículos más importantes. Recuerdas el librito de Keryenzev sobre la organización. ¿Ha salido alguna publicación interesante sobre la conferencia de los Rabkor [34]? Si quieres mandarme algo (recortes de periódicos, publicaciones) entrégalo al camarada Terracini [35] (habitación número 9 del Lux); haz lo mismo con tus cartas, que espero.

Daragaia, milaia, liubimaia, Julca [36],

Gr.

33 Comité de radio (o distrito) del Partido Comunista.

34 Corresponsales obreros.

35 En la tercera sesión del C. E., ampliado de la I.C. --la que asignó a Gramsci su misión en Viena-- se decidió que Terracini le sustituyera en el Ejecutivo de la I.C.

36 En ruso: querida, buena, amada.

http://www.gramsci.org.ar