CARTA A TROTSKI

[Moscú, 8-IX-1922; 2000 I; 633]

He aquí las contestaciones a las preguntas que me ha hecho acerca del movimiento futurista italiano:

Después de la guerra el movimiento futurista en Italia ha perdido completamente sus rasgos característicos. Marinetti se dedica muy poco al movimiento. Se ha casado y prefiere dedicar sus energías a su mujer. Actualmente participan en el movimiento futurista monárquicos, comunistas, republicanos y fascistas. En Milán se ha fundado hace poco un semanario político, Il Principe, que representa o intenta representar las mismas teorías que predicaba Maquiavelo para la Italia del siglo XVI, o sea, que la lucha entre los partidos locales que llevan la nación al caos tiene que eliminarse por obra de un monarca absoluto, un nuevo César Borgia que se ponga en cabeza de todos los partidos que luchan entre ellos. El periódico está dirigido por dos futuristas: Bruno Corra y Enrico Settimelli. Aunque en 1920 le arrestaron por haber pronunciado un enérgico discurso contra el rey durante una reunión patriótica, Marinetti colabora actualmente en ese semanario.

Los representantes principales del futurismo de antes de la guerra se han hecho fascistas, con la excepción de Giovanni Papini, que se ha convertido al catolicismo y ha escrito una Historia de Cristo. Durante la guerra los futuristas han sido los propugnadores más tenaces de la "guerra a fondo" y del imperialismo. Sólo un futurista estuvo contra la guerra: Aldo Palazzeschi. Pero ahora ha roto con el movimiento, y, aunque fue uno de los escritores más interesantes del mismo, ha enmudecido como literato. Marinetti, que siempre había elogiado a troche y moche la guerra, publicó un manifiesto en el que argumentaba que la guerra era el único medio higiénico de que disponía el mundo. Intervino en la guerra como capitán de carros de combate, y su último libro, La alcoba de acero, es un himno entusiasta a la acción de los carros de combate en la guerra. Ha compuesto un opúsculo titulado Al margen del comunismo, en el que desarrolla sus doctrinas políticas, si es que puede darse genéricamente ese nombre a las fantasías de este personaje, a veces ingenioso y siempre notable. Antes de mi salida de Italia, la sección turinesa del Proletkult pidió a Marinetti que comentara la significación de una exposición de cuadros de obreros miembros de la organización, Marinetti aceptó gustosamente la invitación, visitó la exposición junto con los obreros y expresó su satisfacción al quedar convencido de que los obreros tenían mucha mayor sensibilidad que los burgueses para las cuestiones del futurismo. Antes de la guerra los futuristas eran muy populares entre los obreros. La revista Lacerba, que tiraba veinte mil ejemplares, se difundía en sus cuatro quintas partes entre obreros. Durante las muchas manifestaciones del arte futurista en los teatros de las grandes ciudades italianas ocurrió a veces que los obreros defendieron a los futuristas contra los jóvenes semi-aristocráticos o burgueses que se pegaban con ellos.

El grupo futurista de Marinetti ha dejado de existir. La vieja revista de Marinetti, Poesia, está dirigida ahora por un cierto Mario Dessí, hombre sin la menor capacidad intelectual ni organizativa. En el sur, especialmente en Sicilia, aparecen muchas publicaciones periódicas futuristas para las cuales escribe artículos Marinetti; pero son publicaciones de estudiantes que confunden el futurismo con la ignorancia de la gramática italiana. El grupo futurista más fuerte es el de los pintores. En Roma hay una exposición permanente de pintura futurista, organizada por un fotógrafo fracasado, un cierto Anton Giulio Bragaglia, agente cinematográfico y de actores. El pintor futurista más conocido es Giacomo Balla. D'Annunzio no ha tomado nunca posición oficial respecto del futurismo. Hay que indicar que en sus comienzos el futurismo tomó a menudo un carácter antidannunziano. Uno de los primeros libros de Marinetti se titula precisamente Les Dieux s'en vont, D'Annunzio reste. Los futuristas siguieron siendo antidannunzianos durante la guerra, a pesar de que los programas políticos de Marinetti y D'Annunzio coincidían en muchos puntos. No se interesaron casi por el movimiento de Fiume, aunque más tarde intervinieron en las manifestaciones.

Puede decirse que tras la conclusión de la paz el movimiento futurista ha perdido completamente su carácter y se ha disuelto en diversas corrientes formadas a consecuencia de la guerra. Los jóvenes intelectuales eran en general bastante reaccionarios. Los obreros, que veían en el futurismo los elementos de lucha contra la vieja cultura académica italiana, momificada y ajena al pueblo, tienen que luchar hoy con las armas y sienten escaso interés por las viejas disputas. En las grandes ciudades industriales el programa del Proletkult, que tiende a despertar el espíritu creador de los obreros en la literatura y en el arte, absorbe la energía de los que todavía tienen tiempo y ganas de ocuparse de semejantes cuestiones.

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