LOS PARTIDOS Y LA MASA

La crisis constitucional en que se debate el Partido Socialista interesa a los comunistas en cuanto que es el reflejo de la crisis constitucional aun más profunda en que se debaten las grandes masas del pueblo italiano. Desde este punto de vista la crisis del partido socialista no puede y no debe ser considerada en forma aislada: forma parte de un cuadro más complejo, que abarca también al Partido Popular y al fascismo.

Políticamente las grandes masas no existen sino encuadradas en los partidos políticos: los cambios de opinión que se verifican en las masas bajo el empuje de las fuerzas económicas determinantes son interpretadas por los partidos, que se dividen primero en tendencias y después en una multiplicidad de nuevos partidos orgánicos: A través de este proceso de desarticulación, de neoasociación, de fusión entre los homogéneos, se revela un profundo proceso interior de descomposición de la sociedad democrática, hasta llegar a la alineación definitiva de las clases en lucha por la conservación o la conquista del poder de estado y del poder sobre el aparato de producción.

En el período entre el armisticio y la ocupación de las fábricas, el Partido Socialista representó a la mayoría del pueblo trabajador italiano, constituida por tres clases fundamentales: el proletariado, la pequeña burguesía, los campesinos pobres. De estas tres clases, sólo el proletariado era esencialmente y por tanto permanentemente revolucionario; las otras dos clases eran "ocasionalmente" revolucionarias, eran "socialistas de guerra", aceptaban la idea de la revolución en general, por los sentimientos de rebelión antigubernamental germinados durante la guerra. Ya que el Partido Socialista estaba constituido en su mayoría por elementos pequeñoburgueses y campesinos, hubiera podido hacer la revolución sólo en un primer tiempo después del armisticio, cuando los sentimientos de revuelta antigubernamental eran todavía activos y vivaces; por otro lado, estando el Partido Socialista constituido en su mayoría por pequeñoburgueses y campesinos (cuya mentalidad no es muy diversa de la de los pequeñoburgueses de ciudad), no podía ser más que oscilante, dubitativo, sin un programa nítido y preciso, sin rumbo, y sin especialmente una conciencia internacionalista.

La ocupación de las fábricas, esencialmente proletaria, tomó desprevenido al Partido Socialista que era sólo parcialmente proletario, que estaba ya en una crisis de conciencia en sus otras partes constituyentes, gracias a los primeros golpes del fascismo. El fin de la ocupación de las fábrica. desordenó completamente al Partido Socialista; las creencias revolucionarias infantiles y sentimentales se derrumbaron completamente; los dolores de la guerra se habían atenuado en parte (¡no se hace una revolución con los recuerdos del pasado!); el gobierno burgués parecía todavía fuerte en la persona de Giolitti y en la actividad fascista; los jefes reformistas afirmaron que era una locura pensar en la revolución comunista en general; Serrati afirmó que era una locura pensar en la revolución comunista en Italia en ese período. Sólo la minoría del partido, formada por la parte más avanzada y culta del proletariado industrial, no cambió su punto de vista comunista e internacionalista, no se desmoralizó por los sucesos cotidianos, no se dejó ilusionar por las apariencias de robustez y de energía del estado burgués. Así nació el Partido Comunista, primera organización autónoma e independiente del proletariado industrial, de la sola clase popular esencial y permanentemente revolucionaria.

El Partido comunista no se convirtió inmediatamente en partido de las grandes masas. Ello prueba una sola cosa: las condiciones de gran desmoralización y de gran abatimiento en que habían caído las masas en seguida del fracaso político de la ocupación de las fábricas. La fe se había apagado en un gran número de dirigentes; lo que antes había sido exaltado, era despreciado hoy; los sentimientos más íntimos y delicados de la conciencia proletaria eran torpemente aplastados por esa subalterna oficialidad dirigente, transformada en escéptica y corrupta en el arrepentimiento y en el remordimiento de su pasado de demagogia maximalista.

La masa popular, que inmediatamente después del armisticio se había formado alrededor del Partido Socialista, se desmembró, se licuó, se dispersó. La pequeña burguesía que había simpatizado con el socialismo, simpatizó con el fascismo; los campesinos, sin apoyo ya en el Partido Socialista, tuvieron más bien simpatía para el Partido Popular. Pero esta confusión de los antiguos efectivos del Partido Socialista con los fascistas por un lado y con los populares por el otro, no se quedó sin consecuencias.

El Partido Popular se acercó al Partido Socialista: en las elecciones parlamentarias, las listas abiertas populares, acogieron en todas las circunscripciones a centenares y millares de candidatos socialistas; en las elecciones municipales que se desarrollaron en algunas regiones rurales, por su parte, los socialistas, en lo que va de las elecciones políticas hasta hoy, generalmente no presentaron listas de minoría sino que aconsejaron a sus partidarios depositar sus votos por la lista popular; en Bérgamo el fenómeno tuvo una manifestación clamorosa: los populares extremistas se separaron de la organización blanca y se fundieron con los socialistas, fundando la cámara del trabajo y un semanario dirigido y escrito por socialistas y populares juntos. Objetivamente este proceso de acercamiento popular-socialista representa un progreso. La clase campesina se unifica, adquiere conciencia y noción de su solidaridad difusa, rompiendo el envoltorio de la cultura anticlerical pequeñoburguesa que hay en el campo socialista. Debido a esta tendencia de sus efectivos rurales, el Partido Socialista se separa cada vez más del proletariado industrial y por tanto parece que se va a romper la fuerte ligazón unitaria que el Partido Socialista parecía que había creado entre ciudad y campo; pero como esta ligazón en realidad no existía, no se desprende ningún daño efectivo de la nueva situación. En cambio se hace evidente una ventaja real: el Partido Popular sufre una inclinación muy fuerte a la izquierda y se convierte cada vez más en laico; acabará por separarse de su ala derecha, constituida por grandes y medianos propietarios de tierras, es decir, entrará decididamente en el campo de la lucha de clases, ocasionando un formidable debilitamiento del gobierno burgués.

El mismo fenómeno se perfila en el campo fascista. La pequeña burguesía urbana, reforzada políticamente por los tránsfugas del Partido Socialista, después de la guerra, había intentado hacer fructificar la capacidad de organización y de acción militar adquirida durante la guerra. La guerra italiana fue dirigida, en ausencia de un estado mayor eficiente, por la oficialidad subalterna, es decir, por la pequeña burguesía. Las desilusiones sufridas en guerra habían desatado sentimientos muy fuertes de rebelión antigubernamental en esta clase, la cual, perdida la unidad militar de sus cuadros después del armisticio, se desparramó en los diversos partidos de masas, llevando consigo fermentos de rebelión, pero también incertidumbre, oscilaciones, demagogia. Una vez derrumbada la fuerza del Partido Socialista después de la ocupación de las fábricas, esta clase, con rapidez fulminante y bajo el empuje del mismo estado mayor que la había explotado en la guerra, reconstruyó militarmente a sus cuadros, se organizó nacionalmente. Maduración rapidísima, crisis constitucional rapidísima. La pequeña burguesía urbana, juguete en manos del estado mayor y de las fuerzas más retrógradas del gobierno, se alió con los propietarios agrarios y rompió por cuenta de ellos la organización de los campesinos. El pacto de Roma entre fascistas y socialistas marca el alto a esta política ciega y políticamente desastrosa para la pequeña burguesía urbana, que comprendió que estaba vendiendo su "primogenitura" por un plato de lentejas. Si el fascismo continuaba con sus expediciones punitivas como las hechas en Trevi, Sarzana, Roccastrada, la población se hubiera levantado en masa, y en el caso de una derrota popular, ciertamente, los pequeñoburgueses no hubieran tomado el poder sino el estado mayor y los latifundistas. El fascismo se acerca nuevamente al socialismo, la pequeña burguesía intenta romper sus ligas con la gran propiedad de la tierra, busca tener un programa que acaba por parecerse extrañamente al de Turati y D'Aragona.

Esta es la situación actual de las masas populares italianas: una gran confusión que siguió a la unidad artificial creada por la guerra y personificada en el Partido Socialista, una gran confusión que encuentra puntos de polarización dialéctica en el Partido Comunista, organización independiente del proletariado industrial; en el Partido Popular, organización de los campesinos; en el fascismo, organización de la pequeña burguesía. El Partido Socialista, que desde el armisticio hasta la ocupación de las fábricas representó la confusión demagógica de estas tres clases del pueblo trabajador, es hoy el máximo exponente y la víctima más conspicua del proceso de desarticulación (hacia un nuevo, definitivo asentamiento) que las masas populares italianas sufren como consecuencia de la descomposición de la democracia.

(L'Ordine Nuovo -diario-, 25 de septiembre de 1921.)

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